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¿Por qué estoy tan cansada todo el tiempo? A veces necesitas orar y también dormir

Mujer exhausta tirada en la cama

Lectura: 1 Reyes 19:4-8; Marcos 6:31


1 Reyes 19:4-8: “Y anduvo por un día en el desierto. Después se sentó debajo de un arbusto, y estaba tan triste que se quería morir. Le decía a Dios: «¡Dios, ya no aguanto más! Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».


Después se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido. Al rato, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come».


Elías miró y encontró cerca de su cabeza un pan recién horneado y una jarra de agua. Así que comió, bebió y se acostó de nuevo.


El ángel de Dios fue por segunda vez, tocó a Elías y le dijo: «Levántate y come, pues el viaje será largo y pesado».


Entonces Elías se levantó, comió y bebió. Esa comida le dio fuerzas para viajar durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que llegó al monte Horeb, que es el monte de Dios”.


Marcos 6:31: “Pero eran tantos los que iban y venían, que ni tiempo tenían para comer. Entonces Jesús les dijo: «Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas»”.


¿Por qué estoy tan cansada todo el tiempo?


¿Cómo está tu carga alostática? ¿Está muy pesada? ¿Has acumulado más estrés del que tu cuerpo puede sostener?


Tu carga alostática es, básicamente, el costo físico de vivir durante demasiado tiempo en modo de emergencia.


Hace unos cuantos episodios hablamos de la homeostasis, que es cuando tu cuerpo procura mantenerse estable. La alostasis no es lo contrario de la homeostasis, sino el proceso mediante el cual tu cuerpo realiza cambios temporales para responder a una necesidad y conservar su estabilidad.


Por ejemplo, cuando te enfrentas a una situación estresante, como correr una maratón, tu corazón late más rápido, aumentan el cortisol y la adrenalina, liberas energía rápidamente, tus músculos permanecen en alerta y tu digestión, reparación y otras funciones dejan de ser prioritarias.


Esta respuesta es normal y útil, pero se convierte en un problema cuando se activa constantemente o no logra apagarse completamente.


Y ahí es cuando te preguntas: ¿Por qué estoy tan cansada todo el tiempo?


Hoy veremos qué dice la ciencia y qué soluciones nos da la Palabra de Dios para que ya no te sientas cansada todo el tiempo.



Cuando mi cuerpo comenzó a pedirme descanso


Hace aproximadamente dos años comencé a tener problemas para dormir. Me levantaba a las dos de la mañana todos los días y mi mente comenzaba a recorrer toda mi lista de quehaceres como si fueran las ocho de la mañana.


Durante el día me sentía cansada, no podía concentrarme y mi sistema nervioso estaba alterado todo el tiempo. Me dolía todo: los codos, las rodillas, los pies y la espalda. Mi pelo se estaba comenzando a caer y a verse muerto y pastoso. Mis uñas estaban más débiles y mi piel se estaba poniendo más seca.


¿Perimenopausia? Sí. Tenía muchos de los síntomas que pueden aparecer durante esta etapa, aunque también pueden tener otras causas que deben evaluarse. Mi cuerpo estaba cambiando internamente y hormonalmente.


Pero mi problema era que yo me resistía a cambiar mi forma de vivir para poder acomodar o mejorar estos síntomas. Lo que yo quería era que alguien me diera una solución mágica que me aliviara todo y me devolviera mi “normal”.

Yo tenía mi empresa, que se estaba cayendo, y estaba luchando por todos los medios para mantenerla a flote. Servía en tres ministerios en mi iglesia, daba homeschool, era voluntaria para un grupo de ejercicio gratis y planificaba proyecto tras proyecto en cualquier lugar donde me necesitaran. Además, criaba a mis hijos, atendía a mi esposo y cuidaba de la casa.


Yo quería seguir haciendo todo eso a pesar de que mi cuerpo me decía que me detuviera. Quería que una pastillita mágica me devolviera la energía y el vigor de la noche a la mañana.


Pero Dios quería otra cosa. Dios quería enseñarme que tenía que escuchar a mi cuerpo y descansar.


El agotamiento físico, emocional y espiritual de Elías


A Elías le pasó algo similar, no la parte de la perimenopausia, sino la parte del desgaste físico, emocional y espiritual.


Elías había trabajado mucho para Dios. Se enfrentó prácticamente solo a los profetas de Baal en el monte Carmelo, corrió delante del carro del rey Acab hasta Jezreel y peleó grandes batallas. Todo esto lo hizo en obediencia a Dios y por medio del poder sobrenatural de Dios.


Pero, después de estas grandes victorias, Jezabel lo amenazó de muerte y Elías huyó al desierto temiendo por su vida.


En este pasaje vemos cómo Elías estaba aislado, amenazado, exhausto y profundamente desanimado.


1 Reyes 19:4-8: “Y anduvo por un día en el desierto. Después se sentó debajo de un arbusto, y estaba tan triste que se quería morir. Le decía a Dios: «¡Dios, ya no aguanto más! Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».

Después se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido. Al rato, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come».

Elías miró y encontró cerca de su cabeza un pan recién horneado y una jarra de agua. Así que comió, bebió y se acostó de nuevo.

El ángel de Dios fue por segunda vez, tocó a Elías y le dijo: «Levántate y come, pues el viaje será largo y pesado».

Entonces Elías se levantó, comió y bebió. Esa comida le dio fuerzas para viajar durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que llegó al monte Horeb, que es el monte de Dios”.


¿Cómo está tu carga alostática? ¿Te sientes exhausta? ¿Estás desanimada?

Elías había dejado que su cuenta bancaria de recuperación se vaciara. Su carga alostática se había acumulado y ya no podía continuar ni un minuto más. Tanto así que le pidió a Dios que lo dejara morir.


¿Cómo se acumula tu carga alostática?


Imagina que tienes una cuenta bancaria de recuperación.


Tienes una noche sin poder dormir. Ese es tu primer retiro de la cuenta.


Luego, a la mañana siguiente, como estás cansada y desvelada, te peleas con tu pareja. Ahí va otro retiro.


Vas tarde para el trabajo, no desayunas y te tomas solamente un café. Ese es tu tercer retiro.


Al salir de la oficina sientes que tienes que botar el estrés, entonces te vas al gym y entrenas con la mayor intensidad posible. Ese es tu cuarto retiro.


Al final de la semana, después de tanto estrés, tu cuerpo queda más vulnerable y te enfermas con el virus que anda dando por ahí. Ahí va tu quinto retiro.


¿Viste cómo funciona?


Una sola situación no te derrumba. Pero cuando los retiros se acumulan y casi no haces depósitos mediante sueño adecuado, alimentación correcta, descanso mental, seguridad emocional y apoyo, el cuerpo empieza a pagar el precio.


La carga alostática no es solamente cuánto estrés tienes, sino cuánto estrés has acumulado sin recuperarte adecuadamente.


Imagínate cómo se habrá sentido Elías física y emocionalmente para pedirle a Dios que lo dejara morir.


Señales de que podrías estar acumulando demasiado estrés


No existe un síntoma exclusivo de carga alostática, pero una carga elevada puede contribuir a que experimentes:


  • Cansancio que no desaparece fácilmente.

  • Dificultad para dormir o levantarte cansada aun después de haber dormido.

  • Irritabilidad y sensación de estar abrumada.

  • Problemas de concentración o niebla mental (brain fog).

  • Tensión muscular y dolores frecuentes.

  • Cambios en el apetito o problemas digestivos.

  • Menor tolerancia al ejercicio.

  • Mayor vulnerabilidad a enfermarte.


Con el tiempo, mantener una carga alostática elevada puede afectar varios sistemas del cuerpo, entre ellos el sistema nervioso, hormonal, inmunitario, cardiovascular y metabólico.


¿Cómo está tu carga alostática? ¿Tienes varios de estos síntomas?


A veces pensamos que un solo evento, como una crisis financiera, una enfermedad, un aumento de peso o la perimenopausia, fue lo que nos causó todos estos problemas.


Pero fíjate en Elías. Él venía acumulando años de confrontación y persecución, una responsabilidad espiritual intensa, experiencias extenuantes y esfuerzo físico. Después llegaron la huida, el aislamiento, el hambre y la falta de descanso.


La amenaza de muerte fue simplemente la gota que derramó el vaso.


La carga alostática es el desgaste que se acumula cuando tu cuerpo lleva demasiado tiempo respondiendo a las demandas de la vida sin recuperarse completamente. No siempre estás cansada por lo que hiciste hoy. A veces estás sintiendo el peso de todo lo que llevas meses, o incluso años, sosteniendo.


Considera esta pregunta:


¿Estoy cansada por lo que hice hoy o por todo lo que mi cuerpo lleva demasiado tiempo sosteniendo?

A veces necesitas orar y también dormir


Las mujeres guerreras, las fortachonas y las que somos independientes nos creemos la mentira de que siempre debemos resolver el cansancio haciendo más, esforzándonos más u orando con mayor intensidad.


Pero Dios nos muestra en estos dos pasajes lo contrario.


Elías necesitaba encontrarse con Dios, pero antes necesitó dormir, beber agua y comer.


En Marcos 6:31 dice:

“Pero eran tantos los que iban y venían, que ni tiempo tenían para comer. Entonces Jesús les dijo: «Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas»”.


Antes de este versículo, Jesús había enviado a los doce discípulos de dos en dos para predicar, llamar al arrepentimiento, expulsar demonios y sanar enfermos. En Marcos 6:30 regresaron y le contaron a Jesús “todo lo que habían hecho y enseñado”.


Habían realizado una obra importante y espiritualmente fructífera, pero también estaban físicamente agotados. Había tantas personas entrando y saliendo que ni siquiera tenían tiempo para comer.


Jesús entonces les dijo: “Vengan ustedes aparte, a un lugar desierto, y descansen un poco”.


La invitación fue dirigida específicamente a Sus discípulos: “ustedes aparte”. Jesús reconoció que quienes sirven también necesitan retirarse temporalmente de las demandas de otras personas.


Jesús sabía cuándo era tiempo de trabajar y cuándo era tiempo de descansar. El descanso no era contrario a la misión, sino necesario para continuar realizándola adecuadamente.

Y tú, ¿sabes cuándo es tiempo de trabajar y cuándo es tiempo de descansar? ¿Qué te ha dicho Dios al respecto?


¿Por qué estoy tan cansada todo el tiempo y qué puedo hacer?


Contestemos entonces la pregunta: ¿Por qué estoy tan cansada todo el tiempo?


Puede que sea necesario que revises tu carga alostática.


Siéntate un rato a solas. Pídele sabiduría a Dios y que te muestre de dónde está proviniendo tu estrés y cuáles son sus fuentes.


Coge un papel y un lápiz y escribe todas las fuentes de estrés que tienes en este momento. Seguramente hay unas que no podrás eliminar, pero también seguramente hay otras que sí.


Después de mucha oración, Dios me pidió eliminar muchas fuentes de estrés que yo creía que eran beneficiosas. Tuve que renunciar a varios puestos de voluntariado, cerrar mi negocio (puedes escuchar la historia completa del porqué en el episodio 28 del podcast), reorganizar mis entrenamientos y agendar descansos.


Puede que tu cansancio se deba a que tu cuerpo te está pidiendo que cambies algo, detengas algo, reevalúes algo o adoptes una rutina completamente diferente a la que llevas ahora mismo.


A veces pensamos que todo cansancio es falta de fe, disciplina o motivación. Pero Dios no trató el agotamiento de Elías con una reprimenda. Le permitió dormir y le dio alimento.


Jesús tampoco les dijo a Sus discípulos que ignoraran el hambre porque estaban haciendo la obra de Dios. Los invitó a detenerse y descansar.


El cuerpo también tiene límites, y reconocerlos no siempre es debilidad. Muchas veces es sabiduría.


Puede que hoy lo que necesites sea sentarte debajo de un árbol, como Elías, y aceptar el alimento y el descanso que solo Jesús puede darte.


Oremos


Padre Celestial, gracias por dejarnos ejemplos de hombres como Elías y tus discípulos, que fueron personas como nosotros, de carne y hueso, con cargas físicas y emocionales, para que pudiéramos encontrar las respuestas que necesitamos para resolver los problemas que vivimos hoy. Gracias por el ejemplo de Jesús, quien, aunque trabajaba duro para sanar enfermos, dar consuelo a los tristes y ayudar a los necesitados, siempre procuró retirarse a descansar y a pasar tiempo contigo. Algunas de nosotras estamos viviendo ese cansancio ahora mismo, y queremos sentirnos bien. Queremos que nuestro cuerpo deje de doler, que nuestra cabeza deje de correr todo el tiempo y que podamos respirar sin que se agite el corazón. Ayúdanos a reconocer todo lo que ya no pertenece en nuestras vidas, limpia nuestro calendario y danos uno nuevo que nos llene de energía y propósito, y que nos permita darle descanso a nuestra mente, cuerpo y espíritu. En el nombre de Jesús, amén.



PODCAST:



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