top of page

Ídolos del corazón: ¿qué está ocupando el lugar de Dios?

Oct 12
12 min read
Cuales son los idolos de tu corazon

¿Prefieres escuchar el episodio?


Escucha GRATIS en:




Lectura: Efesios 5:1-16, traducción de The Message


1-2 Observen lo que Dios hace y luego háganlo ustedes también, como los hijos que aprenden de sus padres la manera correcta de comportarse. Sobre todo, lo que Dios hace es amarlas. Manténganse cerca de Él y aprendan a vivir una vida de amor.


Observen cómo Cristo nos amó. Su amor no fue cauteloso, sino extravagante. Él no nos amó para obtener algo de nosotros, sino para entregarse por completo por nosotros. Amen de esa manera.


3-4 No permitan que el amor se convierta en lujuria y las arrastre por una pendiente hacia la promiscuidad sexual, las prácticas impuras o una codicia abusiva. Aunque a algunas lenguas les encanta saborear el chisme, quienes siguen a Jesús tienen mejores maneras de utilizar sus palabras. No hablen de manera obscena ni necia. Esa clase de conversación no va con nosotras. Nuestro idioma es la gratitud.


5 Pueden estar seguras de que utilizar a las personas, la religión o las cosas únicamente para obtener de ellas lo que desean, que son las variaciones comunes de la idolatría, no las llevará a ninguna parte; y mucho menos al reino de Cristo, el reino de Dios.


6-7 No permitan que las engañen con discursos religiosos atractivos. Dios se enfurece con las personas que están llenas de palabras religiosas persuasivas, pero no quieren tener nada que ver con Él. Ni siquiera se relacionen estrechamente con personas así.


8-10 En otro tiempo avanzaban a tientas en medio de aquella oscuridad, pero ya no. Ahora viven a plena luz. La brillante luz de Cristo hace que su camino sea claro. Así que dejen de andar tropezando. ¡Sigan adelante! Lo bueno, lo correcto y lo verdadero son las acciones propias de quienes viven a la luz del día. Descubran qué agrada a Cristo y luego háganlo.


11-16 No desperdicien su tiempo en trabajos inútiles, actividades que solo las mantienen ocupadas y búsquedas estériles propias de la oscuridad. Expongan esas cosas y muéstrenlas como el engaño que realmente son. Es vergonzoso que las personas desperdicien su vida haciendo en la oscuridad aquello que no quieren que nadie vea. Quítenles la cubierta a esos engaños y vean cuán atractivos parecen bajo la luz de Cristo.


¡Despiértate de tu sueño!¡Sal de entre los muertos!¡Cristo te mostrará la luz!


Por lo tanto, tengan mucho cuidado con la manera en que viven. Usen la cabeza.

Aprovechen al máximo cada oportunidad que reciban. ¡Vivimos tiempos desesperados!


¿Cuáles son los ídolos de tu corazón?


Seguramente se te vienen a la cabeza estatuillas de madera o de barro que mucha gente venera, o el becerro de oro de los israelitas y dices: yo no tengo ídolos.


Eso mismo creía yo, hasta que leí a profundidad este pasaje y me di cuenta de que todo pecado, en el fondo, es un problema de adoración. 


Y cuando adoramos algo o a alguien, lo colocamos en el lugar que solamente le corresponde a Dios. Esto es idolatría.



Cómo reconocer los ídolos del corazón


Todo pecado, en el fondo, es un problema de adoración. 


Las personas y las cosas pueden fácilmente convertirse en ídolos en nuestros corazones. 

¿Cuáles son las cosas que a veces “adoras” en tu propia vida?


Te voy a dar algunos ejemplos de la mía y de otras personas cercanas a mí:


El dinero como ídolo del corazón


Creemos que no podemos vivir sin él o que tenemos que trabajar sin descanso para obtener más, comprar más cosas o pagar más experiencias, porque solo así estaremos satisfechas y contentas.


Pero ¿qué dice Dios sobre el dinero y sobre el contentamiento y la satisfacción?


Jesús nos enseña en Mateo 6:31-34: “No se preocupen, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?... vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana.” 

Dios conoce nuestras necesidades y promete cuidar de nosotras. Por eso, cuando vivimos consumidas por la preocupación, trabajamos sin descanso por miedo a no tener suficiente o creemos que el dinero es nuestra única seguridad, le estamos pidiendo al dinero que haga lo que solamente Dios puede hacer. 


El dinero es una herramienta útil, pero es un pésimo dios. Puede comprar comodidad, pero no paz; experiencias, pero no contentamiento; una casa, pero no un hogar; atención médica, pero no la garantía de un mañana. Nuestra seguridad no está en cuánto tenemos guardado, sino en el Dios que conoce lo que necesitamos y nos llama a buscarlo primero.


Una aclaración importante: Dios promete suplir nuestras necesidades, no financiar todos nuestros deseos ni mantener el estilo de vida que creemos merecer. Filipenses 4:19 dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”


Los hijos como ídolos del corazón


¿Eres de las que controlan cómo se visten, cómo hablan, adónde van, con quién se relacionan, sus planes y su futuro?


Podemos convertir a nuestros hijos en ídolos cuando toda nuestra identidad, felicidad y sentido de valor dependen de ellos. 


Queremos controlar cada decisión para asegurarnos de que nunca sufran, nunca fracasen y nunca se alejen del camino que diseñamos. Entonces ya no los estamos criando como hijos que pertenecen a Dios, sino tratando de convertirlos en la prueba de que somos buenas madres.


Nosotras intentamos controlar cada aspecto de la vida de nuestros hijos y podemos terminar construyendo nuestra identidad alrededor de sus logros o decisiones. Pero Dios dice:


“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.” — Salmo 127:3

Nuestros hijos son una herencia que Dios nos confió, no una posesión que podemos controlar. Nuestra responsabilidad es criarlos, guiarlos y amarlos, pero reconociendo que le pertenecen a Dios y que Él los ama aún más que nosotras.


El esposo o una relación como ídolo


“Cuando me case, voy a ser feliz. Cuando encuentre al hombre correcto, voy a comenzar a vivir la vida perfecta”.


Una persona se convierte en ídolo cuando esperamos que nos dé toda la seguridad, aceptación, compañía y plenitud que solamente Dios puede darnos. Si su atención determina nuestro valor, si desobedecemos a Dios para conservar la relación o si sentimos que sin esa persona nuestra vida no tiene sentido, probablemente le hemos dado un lugar que no le corresponde.


Nosotras podemos esperar que otra persona nos haga sentir completas, seguras y valiosas. Pero Dios dice:


“Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. Él solamente es mi roca y mi salvación.” — Salmo 62:5-6

Nuestro esposo puede amarnos, acompañarnos y apoyarnos, pero no puede ser nuestra roca ni nuestra salvación. Ninguna persona puede cargar con la responsabilidad de llenar un lugar que solamente le corresponde a Dios.


La apariencia física como ídolo


Cuidar nuestro cuerpo no es idolatría. Pero puede convertirse en ella cuando el número en la báscula, nuestra talla, la juventud o la aprobación frente al espejo determinan nuestro ánimo y nuestro valor. 


¿Tu mal día se debe a que no te cerraron los pantalones?


¿Andas de mal humor porque te pesaste y la báscula dice que pesas 8 libras más?


O tal vez no te dio tiempo de ir al salón y no te pudiste arreglar el pelo como te lo imaginaste y ahora andas de un humor insoportable y te las desquitas con los demás.


Chicas, no me estoy inventando esto, a mí me ha sucedido.


Y si a ti te pasa también, es probable que tu apariencia física sea tu ídolo.

Nosotras miramos el peso, la talla, las arrugas y la opinión de otras personas para decidir cuánto valemos. Pero Dios dice:


“El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” — 1 Samuel 16:7

El mundo evalúa lo visible; Dios examina el corazón. Podemos cuidar nuestro cuerpo, arreglarnos bonitas e invertir en maquillaje y cremas sin convertirlo en la fuente de nuestra identidad. Nuestro valor no aumenta cuando bajamos de peso o andamos impecables, ni disminuye cuando nuestro cuerpo cambia o andamos en fachas.


La salud como ídolo del corazón


Te subes a cada trend que las redes sociales te muestran porque estás cuidando tu salud: gluten-free, dairy-free, la dieta cetogénica, el ayuno intermitente, evitar los azúcares, low-carb. 


Te tomas todos los suplementos que Facebook te muestra y constantemente estás en búsqueda de la poción mágica que te hará vivir por más tiempo.

Podemos convertir la salud en un ídolo cuando vivimos obsesionadas con evitar toda enfermedad, controlar cada ingrediente o interpretar cualquier síntoma como una amenaza. 


Pero Dios dice:


“Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” — Salmo 73:26

La salud es una bendición y debemos cuidarla, pero no podemos convertirla en nuestra salvación. Incluso cuando nuestro cuerpo falla, Dios continúa siendo nuestra roca, nuestra porción y nuestra esperanza.


Y ojo, no estoy diciendo que no cuides tu salud, que no comas bien, que no hagas ejercicio, que no tomes medicinas o que no investigues qué es lo mejor y qué no. 

Pero tenemos que tener cuidado de que este no se vuelva nuestro único tema de conversación o nuestra obsesión, porque sabemos que nuestro cuerpo no es eterno (al menos este) y que un día sí tendremos un cuerpo que no estará expuesto a enfermedades ni a la carcoma y estaremos a un lado del Padre en la eternidad. 


El trabajo o el ministerio como ídolo


Amiga, este me dio duro en un tiempo pasado. Estoy orgullosa de decir que ya aprendí a dejar el trabajo en manos de Dios y a dejar de creer que, si trabajo más horas, voy a escalar más rápido y ser más feliz.


Quiero decir algo que creo firmemente ahora que soy mamá: Ningún trabajo será más importante que pasar tiempo con tus hijos. Ninguno.


Sí, ya sé que me vas a decir que no puedes dejar de trabajar porque tu salario sustenta a tu familia. Y no estoy diciendo que dejes de trabajar. Lo que estoy diciendo es que dejes de vivir para trabajar. 


Llegas tarde a tu casa porque te quedaste más horas en el trabajo. Te pierdes de las funciones y eventos deportivos de tus hijos porque estás viajando o trabajando. Cuando llegas del trabajo, estás tan cansada que no quieres ni tener una conversación con tus hijos. El fin de semana prefieres adelantar en el trabajo para la semana que viene a dedicar tiempo a divertirte con tus hijos. No pides ni un permiso por miedo a que te corran, ni para ir al recital de piano ni al juego de fútbol de tus hijos. Te da miedo tomarte todas tus vacaciones porque tu jefe encontrará una forma de despedirte por no ser diligente. 


¿Te identificas con alguna de estas?


Todas son válidas, especialmente si vives y trabajas en países latinoamericanos. Muchas veces, la familia no es prioridad para las empresas ni para los empleadores, y muchas veces los ambientes laborales son injustos.


Pero quiero que cada vez que te entre este miedo te hagas esta pregunta: ¿Quién es el Rey y Señor dueño de todo el universo? ¿Quién creó el mundo en 7 días? 


Nosotras actuamos como si todo dependiera de nuestro esfuerzo y medimos nuestro valor por lo que logramos hacer. Pero Dios dice:


“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican… Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar.” — Salmo 127:1-2

Trabajar diligentemente es bueno; vivir como si los resultados dependieran completamente de nosotras no lo es. Podemos sembrar, organizar y servir, pero es Dios quien sostiene la obra y produce el fruto.


La aprobación de los demás como ídolo


Yo sé que esto no parece un ídolo. Pero buscar la aprobación de los demás se convierte en idolatría cuando modificamos nuestras convicciones para evitar críticas, decimos que sí cuando deberíamos decir que no o permanecemos calladas cuando Dios nos llama a hablar. En ese momento, agradar a las personas se vuelve más importante que obedecer a Dios.


Imagínate estar en una conversación en un grupo de amigos donde algunos creen en Dios y otros no. Uno de ellos hace un comentario como: “Ay, es que solo pasa publicando versos bíblicos ahora. No te vayas a hacer así.”


¿Qué le contestarías? Sé honesta contigo misma y con Dios. Dios no te deja de amar de ninguna forma.


Nosotras callamos, cambiamos nuestras convicciones o decimos que sí a todo para evitar el rechazo. Pero Pablo pregunta:


“¿Busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios?... Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” — Gálatas 1:10

No podemos obedecer plenamente a Dios y, al mismo tiempo, vivir gobernadas por la opinión de las personas. Cuando su aprobación se vuelve indispensable, sus voces comienzan a ocupar el lugar de la voz de Dios. Y esto es una forma de idolatría.


El control como ídolo del corazón


El control es uno de los ídolos más difíciles de reconocer porque suele disfrazarse de responsabilidad. 


Planeamos, anticipamos y tratamos de manejar a todos porque creemos que, si soltamos algo, todo se derrumbará. Pero detrás de ese control muchas veces hay una falta de confianza: actuamos como si nuestra vida estuviera más segura en nuestras manos que en las manos de Dios.


Yo soy de las que tiene un plan de contingencia para el plan de contingencia. Lo admito, me gusta tener el control de todo y Dios está enseñándome poco a poco a soltar y dejarlo todo a Su voluntad.


Nosotras tratamos de prever todos los problemas, controlar a las personas y asegurarnos de que cada detalle salga como queremos. Pero Dios dice:

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” — Proverbios 3:5-6

Planificar es sabio, pero controlar nace de creer que nuestra comprensión es suficiente. Dios no nos llama a tener todas las respuestas, sino a confiar en Él mientras damos el siguiente paso.


La comodidad como ídolo del corazón


La comodidad se convierte en ídolo cuando evitamos cualquier obediencia que nos cueste tiempo, dinero, energía o reputación. Queremos seguir a Jesús, siempre que no interrumpa nuestros planes, no nos incomode y no nos pida renunciar a nada.


Justo ayer me pasó algo por lo que Dios me regañó (con amor, por supuesto). Mi hijo y la hija de una amiga van a una iglesia a recibir unas clases especializadas. Mi hijo toma robótica y la hija de mi amiga teatro. Usualmente nos vemos por la mañana en un estudio bíblico para homeschoolers y por la tarde una de nosotras lleva a los niños a su clase que queda en otra parte de la ciudad. En otras palabras, hacemos carpool.


Pero ayer mi amiga no fue al estudio bíblico. Yo cogí mi carro y sin pensarlo fui a dejar a mi hijo. Cuando iba en el camino, Dios me dijo: ¿Por qué no llamaste a tu amiga para ver si pasabas por la niña?


En ese momento mi amiga me envió un mensaje de texto: ¿Quieres que lleve a tu hijo a clase?


¡Uff! Eso ardió más en mi corazón. 


Sé que no es un gran acto ministerial ni una misión en África, pero es en las pequeñas cosas, cuando nos negamos a una rutina cómoda y decidimos servir a los demás en las cosas sencillas que dejamos de servir al ídolo de la comodidad y ponemos a Cristo en su lugar.


Nosotras queremos seguir a Jesús siempre que no nos cueste demasiado, no interrumpa nuestros planes y no nos saque de nuestra zona segura. Pero Jesús dice:


“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” — Lucas 9:23

Jesús nunca prometió una vida cómoda. Nos llamó a negarnos a nosotras mismas, obedecerlo diariamente y seguirlo incluso cuando esa obediencia implique sacrificio.


¿Cómo descubrir los ídolos del corazón?


Y así puedo continuar con más ídolos que no parecen ídolos: la comida, las redes sociales, la imagen pública y otros. 


¿Cuáles son los ídolos de tu corazón? ¿Te identificaste con alguno de los que mencioné?

¿Qué es lo que temes perder porque sientes que sin eso ya no podrías estar bien?


Esta pregunta te ayudará a revelar tus ídolos.


Oremos.


Oración:


Padre Celestial, tú nos llamaste a vivir una vida centrada en ti y no en nosotras mismas. Nuestra naturaleza es incansablemente buscar la paz, la plenitud y la felicidad en las cosas que vemos y se nos olvida que el único que puede darnos todo lo que necesitamos eres tú. Queremos que nuestros pensamientos y deseos giren en torno a ti y solo a ti. Transforma nuestro corazón, y ayúdanos a eliminar estos ídolos y ponerte a ti en su lugar. No podemos hacerlo solas, necesitamos del poder que actúa en nosotros por medio del Espíritu Santo. Si el dinero en nuestro ídolo nos recuerda que tú eres el dueño del mundo y que tú provees para cada necesidad. Si nuestros hijos son nuestro ídolo, recuérdanos que tú nos cuidas debajo de tus alas y que nadie más que tú controla su destino. Si nuestra pareja es nuestro ídolo, llévanos completamente de ti porque solo tú eres nuestra roca y salvación. Si nuestra apariencia física es nuestro ídolo, recuérdanos que lo que importa es nuestro corazón. Si el trabajo es nuestro ídolo, recuérdanos para quién y por qué trabajamos y que solo lo que hacemos para ti es lo que vale la pena. Si la aprobación de los demás es nuestro ídolo, ayúdanos a servir al Maestro y agradarlo a Él. Si tener el control de todo es nuestro ídolo, recuérdanos que tu nos sostienes en tu mano y enderezas nuestras veredas. Si la comodidad es nuestro ídolo danos la valentía para negarnos a nosotras mismas y tomar nuestra cruz y seguirte y servir a los demás. En el nombre de Jesús, amén.


PODCAST:



Podcast F.I.T. Fe, Intención y Transformación

¿Ya escuchaste estos episodios en mi NUEVO Podcast F.I.T. - Fe, Intención y Transformación?


Si prefieres escuchar a leer, dale clic a tu plataforma de podcasts favorita, SUSCRÍBETE para que todos los días de lunes a viernes puedas escuchar los devocionales.


Ah, y un favor más: por favor dale un rating de al menos 5 estrellas al podcast para que las plataformas puedan mostrarlo a más personas.


¡Gracias!




Artículos relacionados:


👉 Únete Aquí a nuestro chat GRATIS en WhatsApp; recibirás todos los devocionales de lunes a viernes y tendrás un espacio donde solicitar oración.


Comments


bottom of page