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Tu ciudadanía en el cielo

6 hours ago
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Tu ciudadanía en el cielo

Lectura: Efesios 2:18-22


18 Por medio de lo que Jesucristo hizo, tanto los judíos como los no judíos tenemos un mismo Espíritu, y podemos acercarnos a Dios el Padre. 19 Por eso, ante Dios ustedes ya no son extranjeros. Al contrario, ahora forman parte de su pueblo y tienen todos los derechos; ahora son de la familia de Dios. 20 Todos los miembros de la iglesia son como un edificio, el cual está construido sobre la enseñanza de los apóstoles y los profetas. En ese edificio Jesucristo es la piedra principal. 21 Es él quien mantiene firme todo el edificio y quien lo hace crecer, para que llegue a formar un templo dedicado al Señor. 22 Por su unión con Jesucristo, ustedes también forman parte de ese edificio, en donde Dios habita por medio de su Espíritu.


Hace aproximadamente 12 años me mudé a vivir a Estados Unidos. Creo que en uno de los primeros episodios te cuento parte de esta historia, así que, si quieres conocer más detalles, puedes ir a los primeros episodios del podcast.


La ciudad donde vivo es muy diversa. Hay personas de muchísimas nacionalidades: de la India, El Salvador, Pakistán, Japón, China, Vietnam, Venezuela, Chile, Argentina, Reino Unido, Francia, Alemania, Yemen, Afganistán, Australia… En fin, no terminaría de mencionar todos los países que están representados aquí.


Para vivir en este país como inmigrante, tienes que pasar por un arduo proceso que puede ser muy largo, dependiendo de la forma en que solicites tu estatus migratorio y, posteriormente, la ciudadanía. Hay personas que esperan muchos años para obtenerla. Otras la consiguen en menos tiempo, y todo esto puede cambiar porque las leyes cambian constantemente.


Para convertirse en ciudadano hay que tener mucha paciencia, mucha determinación y también dinero, porque no es barato.


Cuando ya estás en la etapa final del proceso de naturalización, te hacen un examen oral. Para prepararte, tienes que estudiar 100 preguntas. Estas abarcan la historia y el gobierno de Estados Unidos, así como algunos temas que pueden cambiar, por ejemplo, quién es el presidente, quién es el vicepresidente y quiénes son tus representantes.


Como ves, convertirse en ciudadano de un país nuevo no es fácil. Sin embargo, muchas personas lo hacen porque buscan un mejor futuro para sus familias, tal vez porque no pudieron encontrarlo en su país de origen.


Buscar la ciudadanía de un país diferente de aquel en el que naciste requiere sacrificios y mucho aprendizaje: nuevas costumbres, nuevas leyes, un nuevo idioma y nuevas formas de comportarse.


En el episodio de hoy hablaremos de una ciudadanía que puedes obtener de una manera mucho más sencilla, pero que requiere algo especial de ti.



El proceso que atravesamos para obtener nuestra ciudadanía


Mi esposo y yo finalmente nos convertimos en ciudadanos hace aproximadamente un año. Entramos a este país como inversionistas, pero un huracán nos arrebató el negocio y tuvimos que comenzar un trámite migratorio completamente nuevo.


Gracias a Dios, se abrieron las puertas para conseguir nuestra residencia permanente, que nos permitió, después de cinco años de residir en el país y pagar impuestos, solicitar la ciudadanía.


Ambos ya sabíamos hablar inglés, así que ese fue un beneficio que teníamos a nuestro favor cuando nos estábamos preparando para el examen oral que finalmente nos daría el privilegio de ser ciudadanos de este país.


Una de las preguntas que más nos dio que pensar durante el proceso fue, y parafraseo:


“¿Estarías dispuesto a defender a Estados Unidos y prestar servicio al país si la ley lo requiriera?”.

Piénsalo. Naciste y creciste en otro país. Ese país te dio de comer durante años. Ahí nacieron tus abuelos, tus padres y tus hermanos. Lo amaste y aún lo amas. Pero, por alguna razón, tuviste que emigrar y vivir en una tierra que originalmente no era la tuya.


Ahora, ese nuevo país te pide que jures lealtad y estés dispuesta a defenderlo.

Es una pregunta difícil, ¿cierto?


Pero si quieres obtener tu ciudadanía, debes ser leal a tu nuevo país. Debes adaptarte a sus costumbres, hablar su idioma y respetar y obedecer sus leyes. También recibes los derechos y asumes las responsabilidades correspondientes a tu nueva ciudadanía.


¿Qué significa obtener la ciudadanía del cielo?


Eso es lo que Pablo nos da a entender en este pasaje:


18 Por medio de lo que Jesucristo hizo, tanto los judíos como los no judíos tenemos un mismo Espíritu, y podemos acercarnos a Dios el Padre. 19 Por eso, ante Dios ustedes ya no son extranjeros. Al contrario, ahora forman parte de su pueblo y tienen todos los derechos; ahora son de la familia de Dios. 20 Todos los miembros de la iglesia son como un edificio, el cual está construido sobre la enseñanza de los apóstoles y los profetas. En ese edificio Jesucristo es la piedra principal. 21 Es él quien mantiene firme todo el edificio y quien lo hace crecer, para que llegue a formar un templo dedicado al Señor. 22 Por su unión con Jesucristo, ustedes también forman parte de ese edificio, en donde Dios habita por medio de su Espíritu.

Cuando aceptamos a Cristo en nuestro corazón, automáticamente nos convertimos en ciudadanas del cielo.


Esta ciudadanía no depende de tu pasado, ni necesita un trámite largo y engorroso.


Tampoco necesitas una cuenta bancaria con mucho dinero ni aprobar un examen de 100 preguntas para obtenerla.


Cuando aceptas a Cristo, ya no eres una extranjera. Ahora formas parte de su pueblo y tienes todos los derechos como miembro de su familia. Eres parte de una comunidad llamada iglesia, cuyos miembros siguen al líder principal, Cristo, y procuran imitarlo en todo.


Obtener tu ciudadanía del cielo requiere que tengas un corazón humilde y arrepentido; que le confieses a Dios tu incapacidad para salvarte por ti misma; que aceptes el perdón que Cristo te ofrece por medio de su sacrificio en la cruz y que te integres a su familia.


En cinco minutos puedes obtener tu ciudadanía del cielo, sin tener que hacer una fila ni esperar diez años o más.


Pero que sea fácil obtenerla no quiere decir que ahora puedas hacer lo que quieras, cuando quieras y como quieras.


Tu ciudadanía del cielo te convierte en parte de la familia de Dios


Mira lo que dicen los versículos 19-22. Esta es la traducción del inglés al español de la versión Amplificada:


19 Así que ya no son extranjeros ni forasteros [personas ajenas y sin derechos de ciudadanía], sino conciudadanos de los santos [el pueblo de Dios] y miembros de la familia de Dios,
20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la principal piedra angular,
21 en quien toda la estructura está unida y continúa creciendo hasta convertirse en un templo santo en el Señor [un santuario dedicado, apartado y consagrado a la presencia del Señor].
22 En Él [y en comunión unos con otros], ustedes también están siendo edificados juntos para convertirse en morada de Dios por medio del Espíritu.

Fuimos rescatadas para ser el pueblo elegido de Dios, apartadas para ser un santuario dedicado y consagrado a la presencia del Señor. Estamos siendo edificadas para convertirnos en morada de Dios por medio del Espíritu.


Obtener tu ciudadanía del cielo significa que ahora tienes que adoptar las costumbres de esta nueva familia, obedecer sus leyes y representar bien el lugar al que ahora perteneces.


En Alemania, por ejemplo, quienes solicitan la ciudadanía generalmente tienen que demostrar cierto dominio del alemán. Si no pueden comunicarse en el idioma, su proceso puede verse afectado.


En Canadá, los adultos de determinadas edades deben demostrar habilidades lingüísticas en uno de sus idiomas oficiales: inglés o francés.


En distintos países existen requisitos específicos para obtener la ciudadanía. Para obtener tu ciudadanía del cielo, el único requisito es un corazón arrepentido. Pero Dios te pide que, una vez que formes parte de su familia, lo representes bien.


¿Cómo representa una ciudadana del cielo a su Rey?


No podemos convertirnos en una iglesia unida si sus miembros no siguen el ejemplo de nuestro Buen Pastor.


Dios nos separó, nos apartó y nos consagró. Día tras día somos edificadas, corregidas y moldeadas para representar al Rey de reyes y Señor de señores.


Cuando una persona recibe la ciudadanía de un país, también recibe la responsabilidad de representarlo y obedecer sus leyes. De la misma manera, cuando nos convertimos en ciudadanas del cielo, nuestra conducta puede acercar a otras personas a Cristo o convertirse en una piedra de tropiezo para ellas.


Si viste el famoso documental en Netflix sobre la muerte de la esposa de un pastor, te diste cuenta de que el comportamiento y las palabras de una persona en una posición de liderazgo descarrilaron a toda una congregación.


¿Y sabes qué dicen algunas de las personas que no conocen a Cristo cuando ven ese documental?


“Por eso yo no soy cristiano. Por eso yo no voy a la iglesia. Por eso yo no creo en Dios”.

No estoy excusando a estas personas, porque su lógica no tiene sentido. Es como decir que Mozart o Beethoven son malos compositores y músicos solo porque fuiste a un concierto donde alguien desafinó mientras interpretaba una de sus composiciones.


Que un cristiano represente mal el nombre de Dios no significa que Dios sea malo. Sabemos que Dios es el mismo hoy y siempre, y que Él es amor, fidelidad, misericordia, gracia y mucho más.


Sin embargo, cuando nos convertimos en ciudadanas del cielo, asumimos una responsabilidad muy grande.


Esa responsabilidad incluye aprender el idioma, la Palabra de Dios, practicar sus costumbres, conducirnos de manera ejemplar, obedecer sus leyes y poner en práctica la Palabra de Dios.


Cuando no lo hacemos, podemos convertirnos en piedras de tropiezo para otras personas que aún no conocen su amor.


¿Estás representando bien tu ciudadanía del cielo?


Al obtener tu ciudadanía del cielo, te conviertes en un templo santo en el Señor. Eres dedicada, apartada y consagrada a Él. Renuncias a todo lo que eras y hacías, y ahora estás siendo edificada diariamente, junto con todos los santos, para convertirte en una morada digna del Espíritu Santo.


¿Estás representando bien tu nueva ciudadanía?


Oremos.


Oración.


Padre Celestial, gracias por habernos incluido en tu familia. Ya no somos extranjeras, ya no tenemos que sentarnos en el atrio separadas de ti por una pared. No tuvimos que llenar papeles, ni pagar montos altos, ni esperar años para integrarnos a tu pueblo. Gracias porque nos diste la oportunidad de pertenecer, de ser amadas, de vivir una eternidad a tu lado. Queremos ser buenas ciudadanas del cielo, queremos ser ejemplo de tu amor, gracia y misericordia para que otras personas puedan integrarse a tu familia. Ayúdanos a no ser piedras de tropiezo para todos aquellos que no te conocen, para que puedan conocer quién tú eres en realidad y el sacrificio enorme de amor que hiciste por ellos. Te pedimos esto en el nombre de Jesús, amén.




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