¿Sigues usando calzones viejos?
Updated: 1 day ago

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Lectura: Efesios 2:6-7 (RVR1960)
“…y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.”
Hace muchos años, cuando era niña, creo que tendría unos siete años, mi papá me levantó durante un día de vacaciones y me dijo que lo acompañara a la oficina.
Yo no quería ir. Me aburría mucho en su oficina y quería quedarme en casa.
Pero él insistió e insistió. Aunque lloré durante todo el camino, pronto me di cuenta de que no íbamos hacia la oficina.
Nos estábamos acercando a una tienda donde yo había visto una bicicleta rosada que me había enamorado. En pocos minutos llegamos y comprendí que él quería sorprenderme con aquella bicicleta, pero me había engañado diciéndome que me llevaría a la oficina.
Cuando vi la bicicleta, se acabaron las lágrimas y apareció una sonrisa gigante en mi rostro. No podía creer que la bicicleta de mis sueños ahora fuera mía.
Y sí, terminamos yendo a la oficina, pero lo bueno era que tenía un estacionamiento enorme que casi nunca se usaba, así que pude estrenar mi bicicleta allí.
Si me hubiera rebelado y me hubiera quedado en casa jugando con los mismos juguetes de siempre, me habría perdido la bendición de recibir una bicicleta nueva. Y no cualquier bicicleta, sino aquella con la que había soñado durante mucho tiempo: del color que yo quería y con todos los flecos y la escarcha posibles.
Así viven muchas mujeres: muertas en vida, aunque han sido resucitadas con Cristo.
Se conforman con lo que conocen e ignoran la nueva vida en Cristo que ya está disponible para ellas. Prefieren aferrarse a la comodidad de lo que han conocido y vivido toda su vida porque les da miedo recibir el maravilloso regalo que Dios les está ofreciendo.
Si esta eres tú, quédate para este episodio.
¿Estás viviendo como una mujer resucitada?
“…y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.”
¿Cómo estás viviendo hoy?
¿Estás disfrutando de la vida nueva que Cristo te dio?
¿Te sientes segura y plena?
¿Tienes paz, gozo y alegría?
¿Dónde estás construyendo tu vida: sobre los cimientos del pasado o sobre la esperanza del futuro?
Estas preguntas pueden ser difíciles de contestar porque nos confrontan, y muchas veces no queremos enfrentar nuestra realidad.
Estamos tan acostumbradas a vivir en el pasado y a conservar cosas que quizás no nos hacen bien que tememos abrirles la puerta a lo bueno y a lo nuevo.
¿Sigues usando calzones viejos cuando tienes nuevos en la gaveta?
Una de mis abuelas creció tan, pero tan pobre, que cuando era niña tenía que amarrarse los calzones porque su familia no tenía dinero para comprarle unos nuevos.
Cuando mi abuela se volvió adulta (y ya era abuela, por cierto), tenía un buen trabajo y buenos ingresos, así que decidió comprarse calzones nuevos. Pero, curiosamente, aquellos calzones nunca salían de su empaque.
Mi abuela continuaba usando los calzones viejos y rotos. Los amarraba con un elástico para que no se le cayeran.
Mi abuelo la regañaba y le decía:
“¡Mujer! Ponete los calzones nuevos y botá eso a la basura.”
Pero mi abuela estaba tan acostumbrada a sus calzones viejos que no lograba usar los nuevos. Se había acostumbrado a lo suavecito, a lo que tenía hoyos y a lo que le resultaba familiar y aparentemente seguro.
Aunque, en realidad, no era nada seguro, porque estaban tan flojos que en cualquier momento se le podían caer hasta las piernas.
No quería probar lo nuevo porque todavía no sabía que lo nuevo sería mucho mejor.
Y tú, ¿sigues usando calzones viejos?
Así pueden verse tus “calzones viejos”
Ya aceptaste a Cristo y tienes la promesa de una eternidad con Él, pero:
Prefieres conservar el resentimiento contra alguien que te hizo daño en lugar de perdonar.
Usas el chisme para sentir que tu enojo está justificado.
Compras compulsivamente porque la emoción momentánea de estrenar algo te ayuda a escapar de lo que sientes.
Permaneces en una relación que te aleja de Dios porque temes quedarte sola.
Dices: “Así soy yo” para no arrepentirte ni permitir que Dios transforme tu carácter.
Te aferras a tu vida anterior porque tienes miedo de que lo que Dios tiene para ti no sea “tan bueno” como lo que te presenta el mundo.
Cuando mis hijos no quieren probar algo nuevo que he cocinado o que les sirven en algún restaurante, mi esposo y yo les recordamos una regla:
“No puedes decir que no te gusta si no lo has probado.”
Tienen que probarlo al menos una vez antes de emitir una opinión.
Si continúas aferrada a tu vida anterior, aun después de haber confiado en Cristo, y no quieres soltar aquello que parece darte seguridad (el dinero, el estatus, el reconocimiento, las relaciones tóxicas o cualquier otra cosa) sin siquiera haber comenzado a vivir desde el “lugar celestial” que Dios te dio, amiga, ¡no sabes de lo que te estás perdiendo!
Dios te ofrece una nueva vida en Cristo
El pasaje de hoy nos confirma que Dios nos amó cuando estábamos muertas; es decir, cuando todavía usábamos los calzones viejos.
Aun así, sucias, estiradas y llenas de hoyos, Dios nos amó y nos sacó de la condición en la que estábamos para darnos calzones nuevos.
Y no son calzones de poliéster. Son calzones suavecitos, de algodón, de esos que ni siquiera sientes que los llevas puestos; que te sostienen en los lugares adecuados, pero no te dejan marcas; que permiten que tu piel respire y tampoco se te meten entre los cachetes.
La nueva vida en Cristo no significa que nunca tendrás problemas ni que todas tus circunstancias serán perfectas. Significa que ya no tienes que vivir definida por tu pecado, tu pasado, tus heridas ni tus viejas maneras de pensar.
Dios te resucitó con Cristo y te dio una nueva posición a Su lado. Pablo no está hablando únicamente de la eternidad que nos espera en el cielo, sino también de una realidad espiritual que comenzó desde el momento en que creímos.
Ahora perteneces a Cristo. Tienes acceso al Padre, una identidad nueva y la ayuda del Espíritu Santo para aprender a vivir como la mujer que Dios ya dice que eres.
Deja la bicicleta vieja
Así como en la historia que te conté al principio, Dios te está ofreciendo la bicicleta de tus sueños.
Pero tú, por rebeldía o por miedo, sigues aferrada a la bicicleta con los mangos quebrados, la llanta parchada y la pintura pelada. Te estás perdiendo la escarcha, los frenos que sí funcionan y las llantas que corren suavemente sobre el pavimento.
La pregunta no es si Dios ya te dio una vida nueva.
La pregunta es si estás dispuesta a vivirla.
¿Qué te impide recibir lo que Dios ya te está ofreciendo?
T
e voy a dar 24 horas para que lo pienses.
Pon esta pregunta en oración y pídele a Dios que te revele cuáles son las cadenas que todavía te atan. Pregúntale cuál es ese elástico vencido que te mantiene aferrada a los calzones viejos.
Luego, pídele que te muestre, por medio de Su Espíritu Santo, los pasos que necesitas dar para abrir el paquete de calzones nuevos y que te dé el valor para ponértelos.
Voy a dejarte con una canción que fue la primera que canté en la iglesia cuando tenía 13 años. Se llama “Un lugar celestial”, de Jaci Velásquez.
Mientras la escuchas, quiero que medites en sus palabras y repitas esta verdad de Efesios 2:6-7: Dios te resucitó con Cristo y te hizo sentar con Él en los lugares celestiales.
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