¿Qué tan diverso es tu círculo?

Lectura: Efesios 3:1-13
Yo, Pablo, estoy preso porque sirvo a Jesucristo, y trabajo por el bien de ustedes, los que no son judíos. 2 Ustedes ya saben que Dios me encargó anunciarles el plan que, gracias a su gran amor, había preparado. 3 Dios me dio a conocer el plan que tenía en secreto, y del cual ya les he escrito brevemente. 4 Si leen lo que escribí, sabrán cómo entiendo ese plan que Dios ha llevado a cabo por medio de Jesucristo. 5 Tal secreto no se les dio a conocer a los que vivieron antes de nosotros; pero ahora, por medio de su Espíritu, Dios se lo ha mostrado a sus santos apóstoles y profetas. 6 Y éste es el plan secreto: por medio de Jesucristo, también los que no son judíos pueden recibir la salvación y las promesas dadas al pueblo de Israel, y formar con Israel un solo pueblo. Todo lo que ustedes tienen que hacer es aceptar esa buena noticia.
7-8 Dios ha sido bueno conmigo, y me ha dado el privilegio de anunciar a los que no son judíos la buena noticia de las bendiciones de Cristo, que son tantas que nadie las puede contar. Esto lo hizo gracias a su gran poder, y a pesar de que no lo merezco, pues soy la persona más insignificante en el pueblo de Dios. 9 También me encargó dar a conocer a todos el cumplimiento de su plan. Dios, creador del universo, mantuvo ese plan en secreto durante siglos. 10 Así, por medio de la iglesia, los ángeles y los espíritus poderosos de los aires sabrán ahora que Dios es sabio en todo. 11 Esto era lo que Dios había planeado desde el principio, y que ha hecho realidad por medio de Jesucristo nuestro Señor. 12 Gracias a Cristo, y porque confiamos en él, tenemos libertad para acercarnos a Dios sin temor. 13 Les ruego, entonces, que no se desanimen por mis sufrimientos, pues esto es más bien un honor para ustedes.
¿Qué significa la diversidad cristiana?
Hoy en día, cuando escuchas diversidad, lo primero que viene a la mente es la raza, el color de la piel o el género de las personas. ¿Cierto?
Nos han grabado tanto en la mente que la diversidad es un tema controvertido, difícil y del que no se habla lo suficiente, que a veces hasta tenemos miedo de decir la palabra.
No sé cómo es en el país donde tú vives, pero en Estados Unidos este tema es candente, y que te juzguen o no por tocarlo varía mucho según el estado en el que vivas.
Lo irónico es que este tema no es nuevo. Es algo de lo que se habla desde el tiempo de Jesucristo.
El tema del racismo y las clases sociales se veía desde entonces. Los judíos no se mezclaban con los samaritanos ni con ningún otro gentil. Los romanos veían a los judíos como inferiores. Y así hay muchos otros ejemplos en los que la diversidad no era aceptada.
Pero hay un secreto que Pablo nos revela hoy que cambia este problema completamente. Quédate para descubrirlo.
Lo que aprendí al tener un círculo diverso
Tengo un grupo de cinco amigas aquí en Estados Unidos que, si sumáramos los años entre todas, llegaríamos aproximadamente a 300 años.
Nunca me imaginé pertenecer a un grupo de amigas tan diverso. Hay señoras en sus 70, otras en sus 30 y otras como yo, en sus 40.
Cuando yo era joven, procuraba que todas mis amigas fueran de mi misma edad o, al menos, de la misma generación. No le veía sentido a ser amiga de mujeres mayores porque eran aburridas y no me entenderían. Tampoco le veía sentido a ser amiga de mujeres menores porque eran muy inmaduras, y ¿qué me iban a aportar a mí?
Pero eso no es lo que Dios nos enseña en su Palabra.
El plan de Dios para formar un solo pueblo
Mira lo que dicen los versículos de hoy. Son varios, así que tenme paciencia:
Yo, Pablo, estoy preso porque sirvo a Jesucristo, y trabajo por el bien de ustedes, los que no son judíos. 2 Ustedes ya saben que Dios me encargó anunciarles el plan que, gracias a su gran amor, había preparado. 3 Dios me dio a conocer el plan que tenía en secreto, y del cual ya les he escrito brevemente. 4 Si leen lo que escribí, sabrán cómo entiendo ese plan que Dios ha llevado a cabo por medio de Jesucristo. 5 Tal secreto no se les dio a conocer a los que vivieron antes de nosotros; pero ahora, por medio de su Espíritu, Dios se lo ha mostrado a sus santos apóstoles y profetas. 6 Y éste es el plan secreto: por medio de Jesucristo, también los que no son judíos pueden recibir la salvación y las promesas dadas al pueblo de Israel, y formar con Israel un solo pueblo. Todo lo que ustedes tienen que hacer es aceptar esa buena noticia.
7-8 Dios ha sido bueno conmigo, y me ha dado el privilegio de anunciar a los que no son judíos la buena noticia de las bendiciones de Cristo, que son tantas que nadie las puede contar. Esto lo hizo gracias a su gran poder, y a pesar de que no lo merezco, pues soy la persona más insignificante en el pueblo de Dios. 9 También me encargó dar a conocer a todos el cumplimiento de su plan. Dios, creador del universo, mantuvo ese plan en secreto durante siglos. 10 Así, por medio de la iglesia, los ángeles y los espíritus poderosos de los aires sabrán ahora que Dios es sabio en todo. 11 Esto era lo que Dios había planeado desde el principio, y que ha hecho realidad por medio de Jesucristo nuestro Señor. 12 Gracias a Cristo, y porque confiamos en él, tenemos libertad para acercarnos a Dios sin temor. 13 Les ruego, entonces, que no se desanimen por mis sufrimientos, pues esto es más bien un honor para ustedes.
Mira específicamente el versículo 6:
6 Y éste es el plan secreto: por medio de Jesucristo, también los que no son judíos pueden recibir la salvación y las promesas dadas al pueblo de Israel, y formar con Israel un solo pueblo. Todo lo que ustedes tienen que hacer es aceptar esa buena noticia.
Dios declaró desde un principio que todos podemos recibir la salvación y sus promesas, y que entre todos formamos un solo pueblo. Esta es la esencia de la diversidad cristiana.
Todas las razas, todas las edades, todos los géneros (femenino y masculino), todas las culturas, naciones, estatus sociales, todos.
Y si Dios acepta a todas las personas y nuestra labor es imitar a Cristo, ¿no deberíamos nosotros entonces aceptar y formar relaciones con todas las personas?
En este grupo de amigas, que es relativamente nuevo, he aprendido que todas las mujeres vivimos las mismas historias, luchamos las mismas batallas y sufrimos los mismos sufrimientos. Tal vez lo hacemos en distintas temporadas de nuestras vidas, pero eso es el “oro” de la relación.
Nos juntamos a cenar una vez al mes en la casa de una de las señoras mayores, que, por cierto, cocina para nosotras y arregla una mesa “de miedo”, espectacular.
En estas reuniones, cada una va contando lo que está en su corazón o pide oración por algo que está atravesando, y las que quieran brindar consejo lo hacen y las que no, solo escuchan. He aprendido tanto de los consejos de las mayores, y no son consejos forzados llenos de juicio, simplemente cuentan su historia de cuando ellas vivieron algo parecido y lo que hubiesen hecho distinto o lo que Dios les enseñó a través de esa situación.
Les llamo “lecciones de vida gratis”. Es decir, escuchar la historia de alguien que ya pasó por algo similar, seguir su consejo para evitar que yo sufra o aprenda la lección a las duras. Son gratis porque yo no tengo que perder ni pagar nada para aprender la lección.
Y esas son las mejores. Te ahorras un montón de lágrimas.
Pablo, quien escribió varias de sus cartas durante su encarcelamiento, sabía el valor de la diversidad, de la comunidad y de la iglesia. Por eso instaba y animaba tanto a los creyentes a que practicaran la comunidad y que incluyeran a todos y todas.
No puedo imaginarme cuánto ansiaba Pablo estar entre las personas durante su encarcelamiento.
Yo disfruto la soledad, pero por unos cuantos días. Después de 1-2 días yo tengo que salir, platicar, disfrutar de las personas. Si no, me vuelvo loca.
La diversidad cristiana nos fortalece en comunidad
No fuimos creadas para vivir en soledad. No fuimos creadas para ser islas aisladas.
Fuimos creadas para vivir en comunión con las demás personas.
¿Por qué crees que hoy en día hay tanta división en el mundo? Porque el enemigo sabe que en comunidad somos más fuertes. Sabe que es en la comunidad con nuestros hermanos y hermanas donde crecemos, maduramos, nos forjamos como el hierro y nos acercamos más a vernos como Cristo. Es en comunidad donde servimos a nuestro Padre Celestial.
Su trabajo es dividir, individualizar, separar. Porque cuando estamos solas, pensamos y pensamos… y mente ociosa, taller del diablo. Cuando estamos solas, nos creemos las más fuertes y nos enfocamos en el “YO” en lugar de enfocarnos en Dios.
El reto de la diversidad cristiana: ¿qué tan diverso es tu círculo?
Este devocional es un reto. ¿Qué tan diverso es tu círculo?
El reto no es que vayas y hables con personas de otras razas o culturas solo porque tienes que marcar una cajita. El reto es que no menosprecies a quien Dios te puso enfrente para crear comunidad y forjar una amistad.
Puede que Dios hoy te esté enviando un niño para darte un mensaje.
Puede que Dios te esté enviando una mujer anciana para darte un consejo.
Puede que Dios te esté enviando a un conserje en una moto para entablar una conversación.
Si el Espíritu Santo vive en ti, probablemente has sentido una vocecita por dentro que te dice “háblale”, “acércate” o “ayúdale”. Pero muchas veces ignoramos su llamado, decidimos no escuchar o estamos tan ocupadas que no le damos ni la oportunidad de hablarnos.
Te confieso que recientemente me pasó esto. Fui a hacerme exámenes de laboratorio muy temprano en la mañana y tenía el tiempo contado. Gracias a Dios me atendieron de inmediato y en 15 minutos yo ya estaba saliendo del lugar.
Justo cuando iba saliendo, una señora iba entrando y me preguntó si yo hablaba español. Le contesté que sí, en español, y me preguntó si yo sabía si en ese lugar hacían exámenes de drogas. Mi respuesta fue: “No lo sé, tendrá que preguntar adentro.” Me dio las gracias y yo me fui.
Cuando me subí al carro, sentí el regaño del Espíritu Santo diciéndome: regresa adentro ahora mismo y ayúdale. Pero no, yo renegué y dije: tengo que regresar a la casa, voy tarde. Pero Dios siguió insistiendo. Tanto insistió que cedí, apagué el carro y corrí de nuevo dentro. Pero la señora ya se había ido.
Perdí mi oportunidad de bendición. Por necedad y por falta de obediencia.
Y podría justificar mi decisión por mi falta de tiempo o porque en esta ciudad hay miles de personas que hablan español, y seguramente uno de los que atienden era latino y ella conseguiría ayuda.
Pero Dios me la mandó a mí. Ella me preguntó a mí. Y yo, en lugar de ser diligente y ayudarle a averiguar, decidí que mi agenda era más importante que el mandado que Dios me había enviado.
Así que hoy no seas como yo. Dios usa los momentos que menos esperas para diversificar tu comunidad, tu círculo, para que entre todos nos podamos bendecir y crecer en Su amor y Su Palabra.
¿Qué tan diverso es tu círculo? Si tienes el mismo grupo de amistades desde el colegio y no has salido de ahí, amiga, es tiempo de expandir tu círculo.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, gracias porque pensaste en todo. Gracias porque nos incluiste a todos y todas. Gracias porque nuestra raza, color de piel, edad, estatus social no son limitantes que nos impiden acercarnos a tu trono. Gracias porque a través de Jesucristo nos diste la entrada a tu reino y no hay excepción de personas. Queremos ser obedientes a tu llamado y crear y expandir nuestra comunidad, nuestro círculo. Queremos ser sensibles a las personas que nos pones enfrente y obedecer lo que nos digas que hagamos. Ayúdanos a escucharte, a ser diligentes y a aprender de todos los que nos pones en la vida. En el nombre de Jesús, amén.
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