¿Qué tan buena cristiana eres? Haz la prueba

Lectura: Efesios 4:1-3, Efesios 2:8-10
Efesios 4:1-3 RVR1960: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”
ACLARATORIA IMPORTANTE: Antes de comenzar este episodio, quiero aclarar que esta pregunta no determina si entras al cielo o no. Somos salvos por gracia, no por obras. Te recomiendo que escuches el episodio 74 donde te explico este concepto si aún tienes dudas.
Cómo ser una buena cristiana también se refleja en la unidad
Desde que me mudé a Estados Unidos y comencé a asistir a mi iglesia, mi familia y yo hemos sido bendecidos con una familia gigante que no es de sangre. Me refiero a mi familia de la iglesia.
En este país aprendí lo que es la compasión, la hospitalidad y la unidad.
Me entristece decirlo, y no sé si era mi edad, pero cuando vivía en Honduras nunca experimenté estas tres cosas de la manera en que las he experimentado aquí, ni por parte de otros ni por parte mía.
En muchas familias de la iglesia, si algún miembro tiene un bebé, entre todos o un grupo grande de personas se turnan para llevarles comida hecha en casa a la mamá y a su familia. Y no me refiero a que le compren un pollo rostizado y ya; cocinan todos los acompañantes, las bebidas y muchas veces hasta el postre. Preguntan cuántos miembros tiene la familia, qué les gusta y qué no les gusta comer, y si tienen intolerancias o alergias, y se ajustan a esas necesidades.
Lo mismo sucede si alguien está enfermo. Los cupos en la lista de Meal Train se llenan en un dos por tres.
Semanalmente, recibo mensajes de amigas pero también de conocidas, preguntándome cómo estoy, cómo me siento, y si necesito oración por algo.
Conocí a mi vecina, una señora ya de edad, caminando por la colonia y nos hicimos buenas amigas. No pasa un día de mi vida sin que ella me mande un mensaje diciendo que va para el súper y preguntándome si necesito algo. No pasa un cumpleaños de mis hijos ni una fecha especial o día feriado sin que llegue a tocar mi puerta para darles algo especial.
Mi esposo pertenece a un grupo de hombres que hacen ejercicio gratis todas las madrugadas.
Se llama F3 Nation y está por todo Estados Unidos y otros países. Tienen una unidad sorprendente. Cuando alguno de sus miembros pierde un ser querido, todos se unen para crear un fondo y ayudarle con los gastos fúnebres, con los pasajes de avión si vive lejos o con un tren de comidas para la familia.
Hubo uno de sus miembros al que, a causa de una tormenta, se le cayó el muro de su casa y los demás organizaron una cuadrilla entre ellos para ayudarle a construirlo nuevamente, sin costo alguno. Dejaron su tiempo libre con sus familias, sus eventos sociales y dedicaron dos o tres fines de semana a ayudarle a reconstruir.
Y así podría seguir contando historia tras historia de la unidad de la iglesia en mi ciudad.
Cuando comienzo a perder la esperanza en la humanidad, Dios me trae a la mente todos estos recuerdos en los que me confirma que cuando nos unimos en Su nombre, ahí está Él.
La unidad que nos da el Espíritu Santo
Eso es lo que Pablo estaba pidiendo a la iglesia de Éfeso, que vivieran en unidad, la unidad que les da el Espíritu Santo.
Mira lo que dice Efesios 4:1-3:
“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.”
Pablo les pide que hagan todo esfuerzo por mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Es decir, que cada individuo trabaje en unidad para mantener el todo exitoso.La idea central de Pablo se resume en cuatro movimientos:
Que seamos unidas por el evangelio.
Que seamos edificadas juntas.
Que sirvamos juntas.
Que nos sobrellevemos unas a otras.
Si te fijas en todo el libro de Efesios, se repiten muchas palabras de unidad: vínculo, un cuerpo, cada miembro, unidad, en amor, etc.
Las que hemos aceptado a Jesús en nuestro corazón, ya somos un solo pueblo. Cristo nos hizo un solo pueblo. Él derribó la pared que separaba a los judíos de los gentiles, reconcilió a ambos con Dios en un solo cuerpo y les dio acceso al Padre por un mismo Espíritu.
Ahora, nuestra responsabilidad es vivir de manera coherente con esa realidad.
¿Vives de esa manera?
La unidad no significa que todas seamos mejores amigas, pensemos igual o tengamos la misma personalidad. Significa que recordamos que la mujer que nos incomoda, nos contradice o nos decepciona también fue comprada por la sangre de Cristo y pertenece a la misma familia.
La unidad significa que somos las primeras en llamar cuando sabemos que alguien la está pasando mal.
Que somos las que nos levantamos pensando si fulanito o fulanita tiene comida y cómo podemos ayudarle a conseguirla.
Que si alguien nos invitó a un evento o a tomar un café, digamos que sí y lleguemos a tiempo y sin excusas.
Que si alguien está pasando por un mal momento, un divorcio, una enfermedad, una crisis financiera o un problema familiar, hagamos el compromiso de ir, visitar, llamar y orar por esa persona constantemente hasta que la crisis haya pasado.
¿Estás viviendo de esa manera?
¿Cómo ser una buena cristiana? Examina tus acciones
Te voy a dejar un pequeño examen titulado “¿Qué tan buena cristiana eres?” Este examen es solo para tus ojos, es decir, esto queda entre Dios y tú.
Es simplemente una forma práctica de examinar tu corazón y tus acciones, no para condenarte ni juzgarte, sino para que Dios pueda transformar todas esas áreas que necesitan ser pulidas para parecerte más a Cristo.
Y si te molestan estas preguntas… amiga, yo también tuve que hacérmelas. Cuando algo nos molesta, es porque ahí hay algo que debe corregirse.
Antes de comenzar, quiero que pienses en tus acciones de los últimos treinta días.
No respondas pensando en la mujer que deseas ser ni en lo que sabes que una buena cristiana debería contestar. Responde pensando en lo que realmente hiciste.
Estas preguntas pueden aplicarse a cualquier círculo en el que te desenvuelves: tu iglesia, tu familia, tu trabajo, tu universidad, tu vecindario, tu grupo de amigas, las actividades de tus hijos y hasta tus redes sociales.
Por cada pregunta, vas a darte una puntuación:Dos puntos si puedes responder: “Sí, generalmente lo estoy viviendo”.Un punto si tu respuesta es: “Algunas veces, o solamente con ciertas personas”.Cero puntos si tienes que reconocer: “No, actualmente no lo estoy viviendo”.
¿Estás lista?
La prueba: ¿Qué tan buena cristiana eres?
1. Cuando otra mujer recibe la oportunidad, el reconocimiento, la amistad, el puesto o la atención que tú deseabas, ¿puedes alegrarte sinceramente por ella y felicitarla, o inmediatamente comienzas a compararte y a buscar una razón para minimizar lo que recibió?
Recuerda: dos puntos si puedes alegrarte sinceramente. Un punto si depende de quién sea la persona. Cero puntos si la comparación, los celos o la crítica dominan tu reacción.
2. Cuando alguien te ofende, ¿hablas directamente con esa persona con la intención de aclarar lo sucedido y restaurar la relación, o primero les cuentas tu versión a otras personas para conseguir que se pongan de tu lado?
3. Cuando alguien te confía un problema delicado, ¿proteges su historia como si fuera tuya, o la compartes con otras personas bajo el pretexto de pedir consejo, desahogarte o solicitar oración?
4. Piensa en la última persona que atravesó una enfermedad, un duelo, un divorcio, una crisis financiera o un problema familiar. ¿Hiciste algo concreto para acompañarla (llamarla, visitarla, llevarle comida, cuidar a sus hijos o ayudarla con alguna necesidad) o solamente dijiste “avísame si necesitas algo” y después continuaste con tu vida?
5. Cuando llegas a una reunión, una clase, una actividad, una fiesta o un evento, ¿te acercas a la mujer que está sola o es nueva para hacerla sentir bienvenida, o buscas inmediatamente a tus amigas y permaneces dentro de tu círculo?
6. Cuando otra persona expresa una opinión diferente a la tuya sobre un asunto que no cambia el evangelio, ¿puedes escucharla con curiosidad y respeto, o inmediatamente decides que es ignorante, problemática, poco espiritual o alguien de quien debes alejarte?
7. Cuando alguien no te saluda, no responde tu mensaje o no te invita a una actividad, ¿consideras que podría estar distraída, cansada o atravesando una situación difícil, o asumes inmediatamente que lo hizo contra ti y comienzas a tratarla de manera diferente?
8. Cuando te comprometes a asistir, ayudar, servir o llevar algo, ¿cumples tu palabra aunque ese día estés cansada o aparezca un plan más atractivo, o cancelas en el último momento porque supones que alguien más resolverá la situación?
9. ¿Estás dispuesta a ayudar cuando nadie verá lo que hiciste, nadie publicará una fotografía, nadie te mencionará y posiblemente nadie te dará las gracias, o solamente te entusiasma servir cuando tu esfuerzo será reconocido?
10. Cuando otra mujer comete un error, cae en pecado o atraviesa un fracaso público, ¿tu primera reacción es acercarte con compasión y proteger su dignidad, o sientes curiosidad, superioridad o incluso cierta satisfacción porque quedó expuesta?
11. Cuando alguien te confronta por algo que dijiste o hiciste, ¿puedes escuchar sin interrumpir, reconocer tu parte y pedir perdón sin colocar un “pero” al final, o inmediatamente te defiendes y señalas lo que la otra persona también hizo mal?
12. ¿Hay alguna persona a quien estés castigando en silencio? Tal vez dejaste de saludarla, ignoras sus mensajes, la excluiste de una invitación, publicas indirectas o te alejaste esperando que se dé cuenta de que estás molesta. ¿Has buscado hablar directamente con ella para procurar la paz?
13. Cuando hablas de otras personas, ¿tus palabras protegen su dignidad y edifican su reputación, o utilizas bromas, sarcasmo, críticas y comentarios aparentemente inocentes para hacer que los demás piensen menos de ellas?
14. Cuando alguien necesita ayuda, ¿tu primera pregunta es “qué puedo hacer”, aunque implique reorganizar tu agenda, compartir tus recursos o incomodarte, o comienzas enumerando todas las razones por las que no puedes involucrarte?
15. Cuando alguien nuevo llega a tu trabajo, iglesia, clase, vecindario o grupo social, ¿haces espacio para incluirlo y ayudarlo a integrarse, o lo observas desde lejos esperando que sea esa persona quien dé el primer paso?
16. Cuando otra mujer no tiene tu mismo nivel económico, educación, apariencia, cultura, posición social o madurez espiritual, ¿la tratas con el mismo interés y respeto que tratarías a alguien que puede abrirte una puerta o ayudarte a avanzar?
17. Cuando una amiga comienza a relacionarse con otras personas, ¿puedes darle libertad y alegrarte porque está formando nuevas amistades, o te vuelves posesiva, distante o resentida porque sientes que estás siendo reemplazada?
18. Piensa en la persona que más te cuesta amar. ¿Has orado recientemente para que Dios la bendiga, la fortalezca y obre en su vida, o solamente le has pedido a Dios que la cambie para que deje de incomodarte?
Resultados del examen: ¿qué revela tu puntuación?
Ahora suma tus puntos. El resultado máximo es treinta y seis puntos.
Si obtuviste entre 29 y 36 puntos, hay evidencia de que estás procurando vivir con humildad, paciencia, mansedumbre y amor. Pero no permitas que tu puntuación produzca orgullo. La humildad también reconoce que continuamos necesitando diariamente la gracia de Dios.
Si obtuviste entre 19 y 28 puntos, probablemente sabes cómo debería verse el amor cristiano, pero todavía lo practicas selectivamente. Quizá amas cuando es conveniente, cuando la persona te agrada, cuando piensa como tú o cuando esperas recibir algo a cambio.
Si obtuviste entre 0 y 18 puntos, este resultado no significa que Dios te ame menos ni determina si entrarás al cielo. Sin embargo, podría revelar que existe una distancia importante entre lo que dices creer y la manera en que estás tratando a las personas que Dios ha colocado a tu alrededor.
La pregunta que revela la verdadera condición de tu corazón
Pero antes de sentirte orgullosa o condenada por una puntuación, quiero hacerte una última pregunta. Esta no vale puntos:
Mientras respondías, ¿pensaste solamente en las personas que te agradan o también pensaste en la mujer que te hirió, te decepcionó, compite contigo, te incomoda o no puede darte nada a cambio?
Porque es fácil mostrar paciencia con quien piensa como nosotras.Es fácil servir a quien sabemos que después nos ayudará.Es fácil celebrar a una mujer que no representa ninguna amenaza.Y es fácil hablar de unidad cuando nunca tenemos que convivir con personas diferentes a nosotras.
La verdadera condición de nuestro corazón suele revelarse en la manera en que tratamos a la persona que más nos cuesta amar.
Este examen no mide cuánto te ama Dios. Tampoco determina tu salvación. Lo que examina es si la gracia que dices haber recibido está transformando la manera en que tratas a las personas.
Ahora quiero invitarte a hacer una oración muy sencilla:
“Padre, ¿en cuál de estas preguntas intenté justificarme? ¿Qué relación necesita mi humildad? ¿A quién debo pedirle perdón? ¿A quién debo acercarme? ¿Qué puedo hacer esta misma semana para proteger la unidad y reflejar el amor de Cristo?”
Cómo ser una buena cristiana esta misma semana
No intentes corregir dieciocho cosas a la vez. Escoge la pregunta en la que Dios haya señalado tu corazón con mayor claridad y conviértela en una acción concreta.
Envía ese mensaje.Haz esa llamada.Pide perdón.Cumple ese compromiso.Invita a esa persona.Lleva esa comida.Deja de compartir esa historia.Celebra sinceramente el logro de esa mujer.
Una buena cristiana no es la mujer que puede contestar correctamente todas las preguntas. Es la mujer que permite que la Palabra de Dios examine su corazón, reconoce con humildad lo que necesita cambiar y obedece cuando Dios le muestra el siguiente paso.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, gracias por habernos unido como tus hijas. Gracias por tu Espíritu Santo que nos hace un solo pueblo y que podemos cuidar unas de otras. Perdónanos cuando hemos abandonado o pasado por alto la necesidad de otros a nuestro alrededor. Queremos reflejar tu amor y tu carácter en todo lo que hacemos y lo que decimos, y hoy, queremos poner a tus pies todas nuestras faltas y frialdad si ha existido y reemplazarlas por tu amor, tu gracia, tu misericordia. Ayúdanos a pensar en unidad, a poner a nuestro prójimo de primero y a vivir una vida de servicio y al servicio de otros. En el nombre de Jesús, amén.
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