¿Qué suplementos tomar después de los 40? Cuidado con el que promete arreglarte por completo
- Melissa Fortín

- 4 days ago
- 11 min read

Lectura: Proverbios 14:15; Salmo 20:7.
Proverbios 14:15: “La persona ingenua o inexperta [es fácilmente engañada y] cree todo lo que oye, pero el hombre prudente [es discreto y astuto y] considera cuidadosamente hacia dónde se dirige”.
Salmo 20:7: “Algunos confían en carros de guerra y otros en caballos, pero nosotros recordaremos y confiaremos en el nombre del Señor nuestro Dios”.
¿Qué suplementos debería tomar después de los 40?
Una vez subí una historia a Instagram sobre los suplementos que yo estaba tomando con regularidad y me llovieron las preguntas sobre cuáles eran y cuáles eran los mejores.
Lamentablemente, aunque soy coach de nutrición, no está dentro de mi alcance profesional indicar qué suplementos debe tomar una persona. Esta decisión debe evaluarse con una médica, dietista registrada, endocrinóloga o farmacéutica que conozca tu historial médico, los medicamentos que utilizas y los suplementos que ya estás tomando.
Les contesté esto a varias mujeres que dejaron la pregunta en mis mensajes privados.
Algunas se molestaron y otras lo agradecieron.
Y es que hoy en día estamos tan acostumbradas (y me atrevo a decir que las latinas más que todo) a tomar cualquier cosa que una amiga nos recomendó solamente porque a ella le funcionó.
Cuando yo empecé a estudiar nutrición, lo que estaba en tendencia eran los quemadores de grasa. Te tomabas una o dos pastillas al día, te daban más energía para ir al gimnasio y te prometían que quemarías grasa.
Ahora te venden suplementos para absolutamente todo. Mi algoritmo me ha mostrado suplementos para el cabello, la flacidez de la piel, la libido, adelgazar, construir músculo, eliminar la celulitis, aumentar la energía y dormir mejor.
¿Funcionan todos? ¿Cómo reaccionan en nuestro cuerpo? ¿Deberíamos confiar en ellos?
Quédate y averigüémoslo.
¿Los suplementos están regulados por la FDA?
Déjame explicarte algo que aprendí mientras estudiaba nutrición.
Los suplementos sí están regulados por la FDA, pero no de la misma manera que los medicamentos. En la mayoría de los casos, la FDA no los aprueba ni comprueba su seguridad y eficacia antes de que salgan al mercado.
Las compañías que fabrican y distribuyen suplementos son responsables de asegurarse de que sus productos cumplan con las normas de seguridad y etiquetado. Sin embargo, la supervisión de la FDA ocurre principalmente después de que el producto comienza a venderse.
Los medicamentos, en cambio, deben pasar por un proceso de investigación, evaluación y aprobación antes de poder comercializarse. Durante ese proceso, se evalúan su seguridad, eficacia, posibles reacciones adversas, dosis e interacciones.
Por eso no es correcto asumir que un suplemento pasó por el mismo proceso de evaluación que un medicamento solamente porque se vende legalmente, tiene una etiqueta profesional o aparece recomendado en las redes sociales.
¿Qué significa que un suplemento tenga certificación independiente?
Algunos fabricantes deciden someter voluntariamente sus productos a pruebas de organizaciones independientes como USP, NSF International o ConsumerLab.
Estas organizaciones pueden evaluar si el suplemento fue fabricado correctamente, si contiene los ingredientes y las cantidades declaradas en la etiqueta y si presenta niveles peligrosos de ciertos contaminantes.
Sin embargo, una certificación independiente no garantiza que el producto sea seguro o eficaz para todas las personas. Tampoco significa que necesariamente producirá los resultados prometidos por su publicidad.
Muchos fabricantes de suplementos tampoco están obligados a demostrar que el producto completo fue evaluado por una organización independiente antes de venderlo.
Aunque algunas compañías incluyen estudios científicos en su publicidad, cuando los revisas con mayor profundidad puedes descubrir que el estudio evaluó solamente uno de los ingredientes y no el suplemento completo.
En otras ocasiones, los estudios fueron realizados en hombres, aunque el suplemento se promocione para mujeres. También puede suceder que las investigaciones sean pequeñas, incompletas, financiadas por la misma compañía o que sus resultados no hayan sido reproducidos por otros investigadores.
Pero si lo mercadeas bien, lo vendes.
La publicidad sabe hablarle a tu desesperación
Lo triste es que muchas caemos en la trampa de la publicidad barata. Entramos en desesperación cuando no podemos resolver nuestro problema con un “chis-chis” de los dedos y buscamos cualquier remedio que nos prometa cambios en 24 horas o menos.
El libro de Proverbios, escrito en su mayoría por el hombre más sabio que jamás vivió (aparte de Jesús), el rey Salomón, nos advierte sobre esto.
Proverbios 14:15: “La persona ingenua o inexperta [es fácilmente engañada y] cree todo lo que oye, pero el hombre prudente [es discreto y astuto y] considera cuidadosamente hacia dónde se dirige”.
¿Eres una mujer prudente o eres una mujer ingenua y fácilmente engañada?
Veamos algunos ejemplos de una mujer ingenua en el contexto del que hablamos hoy.
La mujer ingenua y fácilmente engañada:
Cree que un producto es seguro porque dice “natural”, “orgánico” o “recomendado por doctores”.
Toma el suplemento que le recomendó una amiga porque a ella le funcionó, aunque tengan historiales médicos completamente diferentes.
Confía en las fotografías de “antes y después” sin preguntarse si están editadas, si hubo otros cambios o si la persona recibió dinero por promocionar el producto.
Cree que, si una dosis ayuda, tomar el doble producirá resultados más rápidos.
En cambio, una mujer prudente:
Investiga quién fabrica el suplemento, qué evidencia existe y si ha sido evaluado por una organización independiente.
Pregunta si los estudios se hicieron con el producto completo y en mujeres de su edad, no solamente con un ingrediente aislado o en hombres.
Se hace un análisis cuando es necesario antes de intentar corregir una deficiencia que quizá ni siquiera tiene.
Reconoce que un suplemento puede complementar ciertos hábitos o corregir una deficiencia, pero no sustituye el sueño, la alimentación, el ejercicio ni la atención médica.
La mujer ingenua escucha: “Este suplemento arreglará tus hormonas, te quitará el cansancio y te ayudará a adelgazar”, e inmediatamente saca su tarjeta.
La mujer prudente se detiene y pregunta: “¿Quién lo afirma? ¿Qué evidencia existe?
¿Necesito realmente este suplemento? ¿Podría interactuar con algo que ya estoy tomando?”
Este pasaje de Proverbios dice que “el prudente considera cuidadosamente hacia dónde se dirige”.
Cuando decides tomar un suplemento, ¿consideras cuidadosamente tu meta final? ¿Sabes exactamente hacia dónde vas con eso?
La prudencia no significa rechazar todos los suplementos. Significa no entregarles ciegamente nuestra confianza.
Una mujer prudente no se deja gobernar por la desesperación ni por las promesas bonitas de la publicidad. Investiga, busca consejo profesional y considera cuidadosamente hacia dónde se dirige, tal como enseña Proverbios 14:15.
Yo también caí en la trampa de un suplemento
Y, amiga, yo sé que es difícil, especialmente hoy en día, cuando somos bombardeadas por todos lados con publicidad de todo tipo de suplementos.
No hace mucho, yo caí en esta trampa.
Estaba batallando con mi problema de baja ferritina y estaba tan cansada de visitar médicos que no me ayudaban que compré un suplemento de hierro que me apareció en un anuncio de Facebook. La publicidad prometía que ese era exactamente el hierro que yo necesitaba.
Mientras leía el anuncio, sentía que me estaban describiendo perfectamente.
¿Cómo sabían exactamente cómo yo me sentía?
Lo compré y comencé a tomarlo. Unos días después, vi en mi tarjeta otro cargo de la misma compañía (y no era barato). Cuando entré al sitio web para presentar el reclamo, me di cuenta de que no existía un servicio de atención al cliente. Solamente había un correo electrónico y tardaron varias semanas en contestar.
Nunca eliminaron el cargo, pero pude bloquear mi tarjeta para impedir que volvieran a cobrarme.
Por supuesto, dejé de tomar el suplemento. Porque si no existía un servicio de atención al cliente para resolver un cargo erróneo, no creía que existiera para responder ante efectos adversos o problemas con la calidad del producto.
Es difícil navegar el mundo de la nutrición y el fitness con tanta información, y el mundo de la salud, ni se diga. Muchas veces no sabemos en quién podemos confiar.
Pero ¿en realidad no sabemos o simplemente no queremos esperar?
En mi caso personal (y no digo que sea el tuyo), yo estaba tan desesperada por sentirme mejor que me creí la publicidad de aquel hierro. Llegaba directamente a mi corazón porque todos mis puntos de dolor estaban descritos perfectamente.
Dios ya tenía preparado al médico adecuado para mí, pero yo no me había acercado a Él para pedirle que me lo revelara. Yo no quise esperar en Dios. Yo solamente quise resolverlo para ya.
La desesperación también puede hacernos apresurar la recuperación
Muchas veces recurrimos a suplementos que prometen ayudarnos a quemar grasa y adelgazar porque no queremos esperar a que nuestro cuerpo sane por dentro o responda a una mejor alimentación y al ejercicio.
Lo vi muchas veces en mis clientas durante el posparto.
Incluso después de una cesárea, que es una cirugía abdominal mayor que atraviesa o separa distintas capas de tejido y deja una herida uterina que necesita tiempo para sanar, algunas estaban ansiosas por volver a levantar una barra después de tan solo seis semanas de “descanso”.
Y lo pongo entre comillas porque tener un recién nacido no es necesariamente descansar.
Estaban tan desesperadas por recuperar la figura anterior de su cuerpo que no pensaban en recuperarse por dentro. Y cuando el cuerpo no se recupera por dentro, tampoco puede responder de la mejor manera por fuera.
El problema es que nuestros cuerpos pueden ser resilientes y aparentar que se recuperaron externamente, mientras ciertas estructuras internas todavía necesitan más tiempo, rehabilitación o atención. Años después podemos terminar pagando el precio de una recuperación apresurada.
Cuando un suplemento se convierte en tu carro de guerra
Salmo 20:7 dice: “Algunos confían en carros de guerra y otros en caballos, pero nosotros recordaremos y confiaremos en el nombre del Señor nuestro Dios”.
Este salmo fue escrito en un contexto de guerra. El rey estaba a punto de salir a la batalla y el pueblo oraba para que Dios lo protegiera, lo ayudara y le concediera la victoria.
En aquella época, los carros y los caballos representaban poder militar, seguridad, riqueza y superioridad. Mientras más carros y caballos poseía una nación, más preparada y poderosa se sentía para enfrentar a sus enemigos.
Serían el equivalente de los tanques, aviones y armamento militar de nuestros días.
Las demás naciones confiaban en lo que podían contar, controlar y ver. Medían sus probabilidades de victoria por la cantidad de soldados, caballos y carros que poseían.
Pero el pueblo de Dios declaró:
“Ellos confían en sus recursos; nosotros recordaremos el nombre del Señor nuestro Dios”.
La palabra “recordaremos” no significa que simplemente repetiremos el nombre de Dios. En la Biblia, el nombre de Dios representa quién es Él y todo lo que ha revelado acerca de Sí mismo: Su poder, sabiduría, fidelidad, autoridad y carácter.
El pueblo estaba diciendo:
“Aunque no tengamos los mismos recursos que nuestros enemigos, recordaremos quién es nuestro Dios. Recordaremos lo que Él ha hecho, lo que ha prometido y lo fiel que siempre ha sido”.
Esta declaración fue hecha antes de la batalla, cuando todavía no conocían el resultado. Era una decisión consciente de no permitir que lo visible determinara en quién confiarían.
Confiar en Dios no garantiza que siempre seremos sanadas
Este salmo no significa que si oramos lo suficiente o tenemos suficiente fe, Dios siempre nos sanará físicamente.
Dios puede sanar y continúa haciéndolo, pero no nos ha prometido que toda enfermedad será sanada en esta vida.
Nuestra confianza en Dios no puede depender de que Él haga exactamente lo que deseamos. Confiamos en Él por quien Él es, incluso cuando Su respuesta no es la que esperábamos.
Tampoco significa que debamos rechazar a los médicos, los medicamentos o los suplementos para demostrar que tenemos fe.
La fe no rechaza los recursos. Simplemente se niega a convertirlos en dioses.
Un medicamento puede tratar una enfermedad. Un suplemento puede ayudar a corregir una deficiencia. Un médico puede utilizar su preparación para ayudarnos.
Todos pueden ser instrumentos de la provisión de Dios, pero ninguno puede ocupar el lugar de Dios ni prometernos que nos “arreglará por completo”.
Los suplementos pueden convertirse en nuestros carros y caballos modernos
Los suplementos pueden convertirse en nuestros carros y caballos modernos cuando depositamos en ellos nuestra seguridad.
Esto sucede cuando pensamos:
“Esta pastilla finalmente arreglará mis hormonas”.
“Este polvo eliminará mi cansancio”.
“Estas cápsulas me devolverán el cuerpo que tenía antes”.
“Este producto resolverá todos mis problemas después de los 40”.
Desde la desesperación, comenzamos a confiar más en las promesas de una etiqueta que en el carácter de Dios.
No necesariamente porque hayamos dejado de creer en Él, sino porque el suplemento nos ofrece algo visible, inmediato y aparentemente controlable.
Pero cuando creemos en Jesucristo y lo reconocemos como nuestro Señor y Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en nosotras.
Su presencia no significa que automáticamente conozcamos la respuesta a todas las preguntas ni que podamos determinar milagrosamente qué producto es seguro.
Significa que ya no tenemos que tomar decisiones gobernadas únicamente por el temor, la ansiedad o la desesperación.
El Espíritu Santo nos guía hacia la verdad, produce dominio propio en nosotras y nos ayuda a actuar con prudencia. También nos recuerda que podemos pedirle sabiduría a Dios.
Santiago 1:5 dice: “Si alguno de ustedes necesita sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie”.
La sabiduría que Dios nos da no siempre llega como una voz que nos dice: “Toma este suplemento” o “No tomes aquel”.
Muchas veces se manifiesta en la capacidad de detenernos, hacer mejores preguntas, investigar la evidencia y reconocer que necesitamos consejo profesional.
Preguntas que debes hacer antes de tomar un suplemento
La sabiduría nos hace preguntar:
¿Realmente tengo una deficiencia que necesite corregirse?
¿Existe evidencia confiable de que este suplemento funciona?
¿El producto completo fue estudiado o solamente uno de sus ingredientes?
¿Ha sido evaluado por una organización independiente?
¿Puede interactuar con mis medicamentos o con otros suplementos?
¿Le pregunté a una profesional que conoce mi historial médico?
¿Estoy tomando esta decisión con prudencia o desde la desesperación?
Entonces, ¿qué suplementos tomar después de los 40?
La respuesta sabia es que no existe una lista universal de suplementos para todas las mujeres mayores de 40 años. ¿Qué suplementos tomar después de los 40?
Tus necesidades dependen de tu alimentación, tus análisis, tus síntomas, tu historial médico, los medicamentos que utilizas y las deficiencias que realmente tengas.
Dos mujeres de la misma edad pueden necesitar cosas completamente diferentes. Por eso, la respuesta no comienza en Instagram, en la recomendación de una amiga ni en la etiqueta más atractiva.
Comienza pidiéndole sabiduría a Dios, evaluando la evidencia y buscando el consejo de una dietista registrada, médica, endocrinóloga o farmacéutica que conozca tu situación.
No tienes que confiar ciegamente en todo lo que escuchas, pero tampoco tienes que vivir paralizada por el miedo.
Puedes investigar, preguntar, hacerte los análisis necesarios y tomar decisiones prudentes.
Nuestros “carros y caballos” modernos pueden ser los suplementos, los medicamentos, el dinero o cualquier recurso que nos prometa control absoluto sobre nuestro cuerpo.
Podemos utilizar esos recursos cuando sean apropiados, pero nuestra confianza final permanece en el nombre del Señor.
Porque un suplemento puede complementar lo que te hace falta, pero solamente Dios puede sostenerte por completo.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, gracias por la comunidad médica, gracias por los médicos alopáticos, los funcionales, los holísticos y gracias porque nos diste inteligencia y capacidad de crear fármacos, medicamentos y remedios naturales que nos ayudan a sanar nuestras dolencias. A veces es difícil navegar este mundo, Padre, y somos cegadas por nuestra desesperación por sentirnos bien. Queremos que nos des la sabiduría para tomar las mejores decisiones para nuestra salud, nuestro bienestar y nuestro cuerpo. Danosla sin medida como dices en Santiago 1. Cuando estemos a punto de errar en nuestras decisiones sobre cómo comer, y cuáles suplementos tomar o qué ejercicio hacer, danos señales claras de ALTO, danos esas banderitas rojas que necesitamos para no cometer esos errores y ayúdanos a poner en oración toda decisión antes de tomarla. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, amén.
Oración:
Padre Celestial, gracias por tu amor incondicional e infinito hacia nosotras. Gracias porque nos diste libre albedrío para decidir, pero tampoco nos has dejado solas. Gracias por proveernos de tu Espíritu Santo que nos guía en toda decisión cuando le dejamos, incluyendo nuestras decisiones de alimento y cuidado del cuerpo. Muchas veces caemos en la tentación de callar nuestras emociones con la comida y nos olvidamos de que Tú eres quien nos da consuelo, calma y amor. No queremos quitarte tu lugar, Señor; queremos correr hacia ti cada vez que estemos tristes, cansadas, frustradas. Queremos alimentar nuestros cuerpos con sabiduría, disfrutando de la comida que nos provees, pero con dominio propio, sabiendo que nuestros cuerpos son tuyos y queremos cuidarlos. En el nombre de Jesús, amén.
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