top of page

¿Qué rol tiene Dios en tu vida? 3 cualidades para reflejarlo

¿Cómo hacer amigas de adulta?

Lectura: Efesios 1:1-2 (AMPC, traducido al español)


1 Pablo, apóstol (mensajero especial) de Cristo Jesús (el Mesías), por la voluntad divina (el propósito y la elección de Dios), a los santos (los consagrados y apartados para Dios) que están en Éfeso y que también son fieles, leales y firmes en Cristo Jesús:

2 Que la gracia (el favor inmerecido de Dios) y la paz espiritual (que significa paz con Dios, armonía, unidad y tranquilidad) sean de ustedes, provenientes de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.


Cuando yo era niña, para mí Dios era una persona a la que visitábamos los sábados cuando íbamos a la iglesia. También era ese ser que concedía todos los deseos y, si no lo hacía, era porque estaba enojado conmigo.


En mi adolescencia, Dios pasó a ser simplemente un espectador. Había momentos, después de un campamento de jóvenes o de haber escuchado el testimonio poderoso de alguien en la iglesia, en los que ardía en mí el deseo de volver a servirlo. Cogía envión, pero nunca avanzaba demasiado.


En mis 20, Dios nuevamente se convirtió en un espectador. Pero esta vez tenía miedo de acercarme porque pensaba que me estaba juzgando. Como yo no había sido fiel ni leal durante todos esos años, estaba segura de que no me quería de regreso.


En mis 30 tuve una revelación. No fue nada extraordinario. Simplemente sentí que Dios me estaba llamando nuevamente a su redil y diciéndome: “Hija, es tiempo”.

Fue así como, poco a poco, a punta de mucha rebeldía y errores, esta oveja volvió a sus brazos.


¿Cuál ha sido el rol de Dios en tu vida? ¿Qué rol tiene Dios en tu vida hoy?

Quédate, porque veremos tres cualidades que Dios quiere desarrollar en ti para cumplir el llamado que te ha hecho.



¿Qué significa haber sido creadas a imagen de Dios?


Imago Dei. Dos palabras en latín que significan “imagen de Dios”.


Dios dice en Génesis que todos fuimos creados a su imagen y semejanza. Eso significa que fuimos creados para reflejar su carácter en lo que somos, decimos y hacemos.


Sin embargo, el pecado que habita en nosotros nos impide reflejarlo perfectamente. Por eso, quienes nos rodean pueden verse afectados por nuestro pecado, así como nosotras también somos afectadas por el pecado de los demás.


Si como padres no perdonamos cuando nuestros hijos cometen un error, podemos transmitirles indirectamente la idea de que Dios tampoco perdona cuando fallamos.

Si no cumplimos nuestra palabra, si nuestro “sí” no es sí y nuestro “no” no es no, las personas que todavía no conocen a Dios pueden recibir una imagen equivocada de Él.


Podrían pensar que Dios es incierto o que no permanece firme en su Palabra.


Desde Génesis encontramos un llamado que atraviesa toda la Biblia: conocer a Dios y darlo a conocer.


Jesucristo nos mostró perfectamente al Padre y nos confió la misión de hacer discípulos.


Como hijas de Dios y seguidoras de Cristo, somos llamadas a participar en esa misión: reflejar el carácter de Dios en lo que hacemos, somos y decimos.


¿Qué rol tiene Dios en tu vida diaria?


Si Dios no tiene el rol principal en nuestra vida, no podremos representarlo correctamente.


Si Dios no es el Rey y Señor de nuestra vida, si no pasamos tiempo con Él, si no le confiamos nuestros problemas y angustias, si no le agradecemos por cada bendición y alegría, si no lo involucramos en nuestra rutina y no conocemos su Palabra, ¿cómo vamos a representarlo?


Por eso te pregunto de nuevo: ¿qué rol tiene Dios en tu vida ahora mismo?


  • ¿Es un espectador?

  • ¿Es un juez que solamente está esperando que cometas un error?

  • ¿Es un dictador?

  • ¿Es un genio en una botella al que buscas únicamente cuando necesitas algo?

  • ¿O es tu Padre amoroso, que te recibe con los brazos abiertos, dispuesto a amarte, corregirte, cuidarte y guiarte?


La respuesta a esta pregunta determinará la manera en que te relacionas con Él y la forma en que lo reflejas ante los demás.


Una luz en medio de la oscuridad de Éfeso


Éfeso era una ciudad importante y cosmopolita. Su puerto la convertía en un lugar de movimiento constante, comercio e intercambio cultural. También era un centro de idolatría, prácticas ocultistas, materialismo e inmoralidad.


En medio de aquella oscuridad, la iglesia en Éfeso había sido llamada a brillar.


Pablo comienza su carta dirigiéndose a los santos en Cristo Jesús, es decir, a quienes habían sido apartados y consagrados para Dios. Los describe como fieles, leales y firmes en Cristo.


Esos somos tú y yo.

Si has puesto tu fe en Cristo, formas parte de esa familia de personas apartadas y consagradas para Dios. No significa que seas perfecta. Significa que ahora le perteneces y has sido llamada a reflejarlo exactamente donde Él te ha colocado.


Efesios 1:1 nos muestra tres cualidades que deben distinguir nuestra manera de vivir.


1. Fieles: regresamos a Dios cuando fallamos


Ser fiel significa ser digna de confianza, perseverar en la fe y procurar obedecer a Dios.


No significa que nunca fallemos. Significa que, cuando fallamos, reconocemos nuestro pecado, nos arrepentimos, regresamos a Cristo y continuamos caminando con Él.


La fidelidad no consiste en no tropezar jamás. Consiste en no permitir que una caída nos mantenga alejadas de Dios.


¿Has cometido un error que consideras imperdonable y todavía te estás ahogando en la culpa?


¿Hay algo que te impida serle fiel a Dios porque piensas que ya no eres digna de regresar?


¿Existe algún pecado que esté nublando tu confianza en Dios y del cual necesitas arrepentirte?


Piénsalo.


No tienes que esconderte hasta sentir que mereces regresar. La gracia de Dios es precisamente para quien reconoce que no puede salvarse ni restaurarse por sus propios méritos.


2. Leales: nuestro corazón le pertenece a Cristo


Ser leal significa que nuestro corazón le pertenece a Cristo.


No abandonamos a Jesús para perseguir aquello que el mundo nos ofrece cuando obedecerlo se vuelve inconveniente, incómodo o difícil.


En mi adolescencia dejé de ser leal a Cristo porque mis compañeros, e incluso algunos maestros, se burlaban de “la santurrona”. Pensaba que, si me volvía más como los demás, finalmente obtendría su aceptación.


Sin darme cuenta, olvidé que yo ya era aceptada y amada por quien más importaba.


En mi vida adulta también dejé de seguir a Jesús durante un tiempo. Había cometido tantos errores que terminé creyendo la mentira de que no era digna de estar a su lado y que jamás podría ser lo suficientemente perfecta para Él.


Después aprendí que Dios no me pide una perfección que soy incapaz de alcanzar por mis propias fuerzas. Él me llama a confiar en Cristo, arrepentirme y obedecerlo, incluso cuando hacerlo sea difícil o inconveniente.


Ser leal no significa vivir sin luchas. Significa decidir a quién le pertenece nuestro corazón en medio de ellas.


3. Firmes: permanecemos arraigadas en Cristo


Ser firmes significa ser estables y constantes en nuestras convicciones.


No permitimos que cada problema, emoción, opinión o tendencia determine lo que creemos acerca de Dios.


Elisabeth Elliot, esposa de Jim Elliot, perdió a su esposo mientras él cumplía su llamado misionero en Ecuador. Jim Elliot y otros cuatro misioneros fueron asesinados por un grupo de hombres waorani con quienes intentaban establecer contacto.


Elisabeth tenía razones humanas para llenarse de amargura, alejarse de Dios y no querer saber nada de aquel pueblo. Sin embargo, permaneció firme.


Su dolor fue real, pero no tuvo la última palabra.


Tiempo después, Elisabeth regresó junto con su hija a vivir entre los waorani y continuó sirviendo. Su firmeza no consistió en negar el sufrimiento, sino en continuar confiando en el carácter de Dios aun cuando no podía comprender todo lo sucedido.


Ser firme no significa que nada te sacuda.


Significa que, aun después de ser sacudida, permaneces arraigada en Cristo.


La gracia de Dios produce fidelidad, lealtad y firmeza


Practicar estas tres cualidades no es fácil. Es más, puede tomarnos la vida entera.


Pero Pablo no dice que tenemos que ser fieles, leales y firmes para ganarnos la gracia y la paz de Dios.


Es al contrario.


Porque hemos recibido su gracia y hemos sido reconciliadas con Dios por medio de Cristo, podemos aprender a permanecer fieles, leales y firmes.


La gracia es el favor que no podemos ganar ni merecer. La paz con Dios es la reconciliación que recibimos mediante Cristo. De esa relación con Él pueden brotar armonía, unidad y una tranquilidad interior que no depende de que nuestras circunstancias sean perfectas.


No obedecemos para conseguir que Dios nos ame.


Obedecemos porque Él nos amó primero.


Permite que Dios tenga el rol principal


Es ahí cuando comenzamos a vivir conforme al propósito de la Imago Dei. Es ahí cuando Dios ocupa el rol principal en nuestra vida.


Nosotras pasamos a un segundo plano, no porque nuestra vida carezca de valor, sino porque quien debe dirigirla es Él.


Todo fue creado por Él y para Él. Cuando Dios ocupa el lugar que le corresponde, incluso nuestras luchas, pérdidas y errores pueden ser redimidos y utilizados para cumplir sus buenos propósitos.


Esto no significa que todo siempre salga como nosotras queremos. Significa que, en Cristo, ninguna parte de nuestra historia queda desperdiciada y nuestro final eterno está seguro en Él.


Toma un tiempo hoy para considerar qué rol tiene Dios en tu vida.


  • ¿Cómo puedes servirlo exactamente donde estás?

  • ¿Qué cualidades quisieras que los demás reconocieran en ti?

  • ¿Fiel?

  • ¿Leal?

  • ¿Firme en tus palabras, convicciones y acciones?


Dios no te está llamando a interpretar perfectamente el papel de una buena cristiana. Te está invitando a entregarle el lugar principal y permitir que su gracia transforme tu manera de vivir.


Oremos.


Oración


Padre Celestial, gracias por tu voluntad divina. Gracias por escogernos, consagrarnos y apartarnos para ti. Queremos honrarte y serte fieles en todo lo que hacemos y decimos. Aun cuando fallamos, ayúdanos a regresar a tus brazos y continuar obedeciendo.

Nuestro corazón es tuyo, Padre, y no queremos compartirlo con nadie más. No hay nada en este mundo que se compare contigo ni con lo que tú puedes darnos. Queremos ser leales a ti.

A veces tambaleamos en nuestra fe, dudamos de quién eres y nos dejamos llevar por nuestras emociones y problemas, pero queremos permanecer firmes, estables y constantes en aquel en quien hemos creído.

Queremos que tú ocupes el lugar central de nuestra vida y que nadie más lo usurpe.

En el nombre de Jesús, amén.



PODCAST:



Podcast F.I.T. Fe, Intención y Transformación

¿Ya escuchaste estos episodios en mi NUEVO Podcast F.I.T. - Fé, Intención y Transformación?


Si prefieres escuchar que leer, dale click a tu plataforma de podcasts favorita, SUSCRÍBETE para que todos los días de Lunes a Viernes puedas escuchar los devocionales.


Ah, y un favor más: por favor dale un rating de al menos 5 estrellas al podcast para que las plataformas puedan mostrarlo a más personas.


¡Gracias!




Artículos relacionados:


👉 Únete Aquí a nuestro chat GRATIS en WhatsApp, recibirás todos los devocionales de Lunes a Viernes y tendrás un espacio donde solicitar oración.


Comments


bottom of page