¿Por qué comienzo motivada y luego abandono? Cuando ya no tienes ganas de seguir

Lectura: 1 Corintios 15:58; Gálatas 6:9
1 Corintios 15:58 (AMP traducido al español): “Por lo tanto, mis amados hermanos y hermanas, permanezcan firmes, inconmovibles, sobresaliendo siempre en la obra del Señor —haciendo siempre lo mejor y aún más de lo necesario—, conscientes continuamente de que su trabajo en el Señor, incluso hasta el agotamiento, no es inútil ni desperdiciado; jamás carece de propósito”.
Gálatas 6:9: “Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos”.
Llevo ocho meses calibrando mi alimentación y haciendo ejercicio seis días a la semana y no bajo ni una libra.
He tenido incontables momentos de frustración, especialmente cuando decido vestirme para salir a un lugar especial y no tengo nada que ponerme porque nada me queda.
Me rehúso a comprar ropa nueva porque sé que en el pasado he logrado perder peso y sé que lo puedo lograr nuevamente.
Pero esta constante lucha, que parece ir contra la corriente, me tiene exhausta y hay días en los que solo quiero tirar la toalla, comerme lo que me pongan enfrente y dormir hasta tarde en lugar de levantarme temprano a hacer ejercicio.
¿Has pasado temporadas de frustración con tu cuerpo o con tu actitud?
Hoy vamos a contestar la pregunta: ¿Por qué comienzo motivada y luego abandono? Vamos a aprender juntas lo que dice Dios.
¿Por qué comienzo motivada y luego abandono?
Durante esta segunda temporada del podcast hemos venido discutiendo temas de salud, fitness, nutrición y todo lo relacionado con el cuerpo. Y esta es una de las preguntas que con más frecuencia reciben los coaches. De hecho, es una de las preguntas más frecuentes en Google.
Queremos que Google o ChatGPT nos conozcan mejor de lo que nos conocemos nosotras mismas. Pero ¿cómo saben Google o ChatGPT qué nos motiva y qué nos desmotiva?
Esa es una pregunta que solamente tú puedes contestar, así que hoy intentaremos hacerlo.
Cuando tu motivación depende de cómo te sientes
Definamos motivación.
La Real Academia Española define motivación como un conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.
Es decir, nuestra motivación puede verse afectada por factores internos y externos. Cuando dependemos solamente de esos factores para actuar, terminamos siendo inconstantes, débiles, inestables, movibles o influenciables.
Eso que comienzas y luego abandonas (comer más saludable, hacer ejercicio, dormirte temprano o realizar ejercicios de respiración), ¿para quién lo haces?
Ayer te contaba que Dios me confrontó cuando me reveló que yo estaba haciendo ejercicio y queriendo cambiar mi cuerpo para mí. Yo era mi centro de atención, yo era mi motivación.
Cuando nuestra motivación principal somos nosotras mismas, nos damos cuenta de que somos inconstantes, débiles e inestables, porque nuestra naturaleza humana es ser de esta manera. El pecado que vive en nosotras nos hace influenciables de acuerdo con cómo está el clima, cómo nos sentimos emocionalmente, cómo nos vemos en el espejo o si alguien nos hizo una mala cara en el gym.
1 Corintios 15:57 dice: “Pero gracias sean dadas a Dios, quien nos concede la victoria —haciéndonos vencedores— por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
Dios es quien nos hace vencedores. Dios es quien nos concede la victoria. Dios es el principio, tu centro y tu fuente final de motivación.
Cuando comienzas algo y ese algo tiene como centro y meta obedecer y complacer a Dios, entonces te conviertes en una mujer inamovible, constante, firme y sobresaliente.
Tu esfuerzo en el Señor no carece de propósito
Veamos el siguiente versículo:
1 Corintios 15:58 (AMP traducido al español): “Por lo tanto, mis amados hermanos y hermanas, permanezcan firmes, inconmovibles, sobresaliendo siempre en la obra del Señor —haciendo siempre lo mejor y aún más de lo necesario—, conscientes continuamente de que su trabajo en el Señor, incluso hasta el agotamiento, no es inútil ni desperdiciado; jamás carece de propósito”.
En su contexto, este versículo es la conclusión de lo que Pablo acaba de enseñar acerca de la victoria de Cristo y la esperanza de la resurrección. Debido a que Cristo venció la muerte y nuestra esperanza eterna está asegurada, podemos permanecer firmes, sabiendo que nuestro trabajo en el Señor no es en vano.
Este pasaje no habla específicamente de nutrición o ejercicio, pero su principio también transforma la manera en la que cuidamos nuestro cuerpo cuando ese cuidado forma parte de nuestra obediencia a Dios.
Cuando tú cuidas tu cuerpo como parte de tu obediencia a Dios, ya sea comiendo mejor, haciendo ejercicio o cuidando tu sueño y descanso, tu esfuerzo no carece de propósito.
Incluso cuando te sientas cansada y frustrada, ninguno de tus esfuerzos es inútil ni desperdiciado. Y cuando tu corazón y tu mente entienden esto, es como si les dieras un “boost de energía”. Recuerdas para quién y por qué haces lo que haces, y tu motivación regresa con más fuerza que antes.
Amiga, cuando sientas que ya no puedes más, recuerda el propósito para el cual trabajas en esta tierra: la eternidad.
Todo lo que hacemos aquí importa para la eternidad.
Cómo saber si el cuidado de tu cuerpo apunta a Cristo
Es importante que te sientes con Dios y le consultes si lo que estás haciendo es parte de Su voluntad para tu vida.
¿Tu ejercicio diario apunta a Cristo?
¿La forma en que estás comiendo apunta a Cristo?
Te doy un ejemplo:
Imagina que llevas varias semanas levantándote temprano para hacer ejercicio, preparando comidas más nutritivas y acostándote a una hora razonable. Sin embargo, te miras al espejo y no ves los cambios que esperabas. La báscula tampoco se mueve y comienzas a pensar: “¿Para qué sigo intentándolo si nada está funcionando?”.
En ese momento, tu motivación puede desaparecer si tu único propósito era adelgazar o verte diferente. Pero si recuerdas que estás cuidando tu cuerpo para permanecer fuerte, saludable y disponible para servir a Dios y a las personas que Él te ha confiado, entiendes que tu esfuerzo no ha sido inútil.
Quizás la báscula no cambió, pero tienes más energía para cuidar a tus hijos, más fuerza para cargar las compras, mayor claridad mental para trabajar y una mejor capacidad para responder con paciencia cuando estás cansada. Esos frutos también importan.
La pregunta ya no es solamente: “¿Está funcionando para cambiar mi cuerpo?”, sino: “¿Me está ayudando a administrar mejor el cuerpo que Dios me confió?”.
Ahora bien, que algo requiera esfuerzo no significa automáticamente que sea la voluntad de Dios. También debemos examinar nuestra motivación:
¿Hago ejercicio para honrar a Dios o porque desprecio mi cuerpo?
¿Estoy comiendo mejor para cuidarme o estoy intentando controlar mi vida por medio de la comida?
¿Estoy descansando cuando lo necesito o creo que mi valor depende de cuánto produzco?
¿Esta disciplina me hace más disponible para amar y servir, o me está volviendo obsesiva, ansiosa y rígida?
Cuidar tu cuerpo apunta a Cristo cuando nace de la gratitud y la buena mayordomía, no del castigo, la comparación o la obsesión. Algunos días esa obediencia se verá como levantarte y entrenar aunque no tengas ganas. Otros días se verá cómo bajar la intensidad, dormir más y permitir que tu cuerpo se recupere.
Cómo recuperar la motivación para cuidar tu cuerpo
Por eso, cuando la motivación desaparezca, no dependas únicamente de cómo te sientes.
Recuerda para quién lo haces, examina por qué lo haces y continúa siendo fiel en lo que Dios verdaderamente te ha encomendado.
Tu cuerpo no es el propósito eterno, pero sí es una herramienta temporal mediante la cual puedes amar, servir y cumplir tu llamado mientras estés aquí.
No te canses de hacer el bien
En el episodio 51 vimos el versículo de Gálatas 6:9, que dice:
“Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos”.
Y, tal como el versículo lo dice, no me voy a cansar de repetirlo porque esto es lo que es bueno.
No te canses de hacer el bien.
No te canses de intentar ser paciente de nuevo.
No te canses de levantarte temprano para pasar tiempo con Dios.
No te canses de planificar tus comidas para evitar comer basura en la calle.
No te canses de acostarte temprano en lugar de hacer scrolling en tu celular para poder descansar lo suficiente y ser una mujer feliz al día siguiente.
No te canses de dar gracias por el cuerpo que Dios te ha prestado.
Porque, a su debido tiempo, vas a cosechar numerosas bendiciones si no te das por vencida.
La respuesta: ¿por qué comienzo motivada y luego abandono?
Contestemos entonces la pregunta: ¿Por qué comienzo motivada y luego abandono?
Porque has perdido tu norte, porque tu fuente de motivación ya no es Cristo, sino otra cosa. Para recuperar tu motivación y tu disciplina, tienes que regresar a Sus brazos, reconocer Sus propósitos y nuevamente comenzar a obedecerle.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, estamos desmotivadas. Hemos perdido la fuerza y las ganas de seguir. Nuestro cuerpo está cansado. Nuestra mente está exhausta y frustrada. Necesitamos de tu aliento, necesitamos de tu poder para revivir estos huesos secos y levantarnos nuevamente. Sabemos que tienes un propósito para nuestras vidas y que ese propósito involucra nuestro cuerpo apto, fuerte y sano. Pero no podemos hacerlo sin ti Padre. Renueva nuestros pensamientos, sana nuestras emociones y ayúdanos a enfocar nuestros ojos en lo que es eterno. Que nuestra mirada nunca se quite del premio mayor: Cristo. Danos esa energía y determinación que necesitamos para seguir, danos el dominio propio necesario para comer mejor, para hacer ejercicio, para dormirnos y levantarnos temprano, para vernos con gratitud en lugar de crítica en el espejo y para tener paciencia con cada proceso que atravesamos. Todo es por ti y para ti. En el nombre de Jesús, Amén.
PODCAST:

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