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¿Por qué comes por ansiedad cuando estás triste o cansada?

Aug 11
8 min read
Mujeres haciendo ejercicio


Lectura: Salmo 42:5; Mateo 11:28-29; 1 Pedro 5:7


Salmo 42:5: “¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!”


Mateo 11:28-29: “Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma».”


1 Pedro 5:7: “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.”


Me comí la mitad del paquete de galletas Oreo. La verdad es que solo iba por unas dos o tres, pero me senté en la sala, dejé el paquete en la cocina y, sin darme cuenta, me lo comí casi todo.


Había bajado a la cocina porque estaba cansada, enojada y frustrada, y necesitaba desahogarme. No podía irme de mi casa porque tenía dos hijos pequeños. Tampoco podía gritar porque los despertaría. Mi única opción era comer para calmarme. Y eso fue lo que hice.


Y tú, ¿comes cuando estás cansada, estresada, enojada o triste? ¿Qué alivio te produce la comida? Sé honesta; aquí nadie más que Dios te escucha.


Hoy hablaremos de cuando tienes hambre, pero no precisamente de comida. Y contestaremos la pregunta: ¿por qué comes por ansiedad cuando estás triste o cansada?




¿Por qué comienzas a comer por ansiedad?


Vamos a abordar esta pregunta, que, por cierto, es muy frecuente en la industria de la nutrición y el fitness, desde la ciencia y, más importante aún, desde la Biblia.


Cuando estás triste o estresada, tu cuerpo y tu mente no están en “modo normal”. Como parte de la respuesta al estrés, tu cuerpo puede liberar hormonas como el cortisol y la adrenalina, aumentar las palpitaciones de tu corazón y hacer que la sangre fluya más rápido. Tu cuerpo responde fisiológicamente a tus emociones.


Pero a tu cuerpo no le gusta permanecer estresado. Fue diseñado por Dios para autorregularse. Este proceso se llama homeostasis y consiste en mantener cierta estabilidad interna, aunque las condiciones a tu alrededor cambien.


Cada vez que te estresas, te frustras, te enojas o incluso te enfermas, aumentas o bajas de peso, tu cuerpo trabaja continuamente en ese proceso de regulación llamado homeostasis.


Cómo se convierte la comida en una respuesta automática


Tu mente está acostumbrada a seguir patrones. Cuanto más repites un comportamiento, más se convierte en un patrón. Esto está relacionado con la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse mediante la experiencia y la repetición.


Cada vez que repetimos una conducta, reforzamos una ruta neuronal. Con el tiempo, esa conducta puede convertirse en un patrón mental y conductual automático.


Tu cerebro aprende a repetir conductas que anteriormente produjeron alivio, aunque ese alivio haya sido solamente temporal.


Te doy un ejemplo:


Tuve una clienta que me decía que su mayor problema era comer comidas rápidas (hamburguesas, pollo frito, donas y café) aun cuando no tenía hambre. Comenzamos investigando cuándo sucedía esto y pudimos identificar un patrón de comportamiento.


Si ella tenía un día tranquilo y no salía de su casa o trabajo, no tenía este problema. Pero cuando el día era estresante y tenía que salir a hacer mandados, su parada obligatoria para sentirse bien era pasar por el autoservicio de cualquier lugar y comprar comida.


Luego, con el paso del tiempo, comenzó a comprar comida aun cuando no estaba estresada, pero cada vez que salía.


Su cerebro había identificado un “detonante”. Su detonante era la salida. Su cerebro había aprendido que cada vez que ella salía era tiempo de comer, aun cuando su cuerpo no presentara señales de hambre, como el rugir del estómago, una sensación de vacío o dolor de cabeza.


Tu cerebro aprende lo que tú le enseñas por medio de la repetición. Ella había reforzado una ruta neuronal que ahora parecía imposible de cambiar.


¿Qué patrón neuronal puedes identificar en tu vida ahora mismo?
¿Cómo lidias con el estrés, la tristeza, la frustración o el enojo? ¿Qué es lo primero que haces?

Tal vez, después de un largo día en el trabajo o cuidando a los niños, lo único que te desestresa es sentarte frente a la televisión a ver tu serie favorita. Pero no se puede ver una serie sin estar comiendo algo, ¿cierto?


Entonces te das cuenta de que cada vez que prendes la televisión tu cuerpo comienza a pedirte los chips, las palomitas de maíz, el postrecito o hasta el cereal con leche.

Si esto te sucede, es porque has entrenado a tu cerebro para seguir un patrón conductual.


¿Por qué recurrimos a la comida para calmarnos?


Pero ¿por qué recurrimos a la comida? ¿Por qué no puedo hacer yoga, practicar una serie de respiraciones o escoger comer brócoli en lugar de chips?


Esto puede tener raíces un poco más profundas, pero no siempre. Una raíz profunda puede ser cómo fuiste educada durante tu niñez. ¿Tus padres te daban comida para que dejaras de llorar?


O tal vez, cada vez que obtenías un logro, por pequeño que fuera, te premiaban con helado, un postre o una celebración con un banquete.


Las comunidades latinoamericanas son famosas por celebrarlo todo con comida: una graduación, comida; un cumpleaños, comida; un funeral, comida. Y como esto se repite todos los años, mes tras mes, tu cerebro va creando un patrón de comportamiento.

Volviendo a la parte fisiológica, cuando estás estresada, tu cerebro puede percibir una amenaza, aun cuando ese estrés se deba a que los niños dejaron toda la cocina sucia y no a que te está persiguiendo un oso.


Para tu cerebro, el estrés puede significar peligro. Entonces, si la comida anteriormente te produjo alivio y te ayudó a sentirte mejor, tu cerebro aprende a repetir esa conducta.


Las comidas muy placenteras pueden activar el sistema de recompensa del cerebro y producir una sensación temporal de bienestar. Si al comer te calmas o te sientes mejor, tu cerebro puede comenzar a asociar la comida con alivio, aunque esa sensación no resuelva el verdadero origen de lo que estás sintiendo.


El problema es que este remedio de comer para sentir paz o eliminar el estrés es solamente una curita. Cuando ese patrón se repite con frecuencia y durante mucho tiempo, puede contribuir a problemas de salud como la obesidad, la presión arterial elevada o la diabetes.


El otro problema es que ya normalizaste este comportamiento. Ya ni siquiera sabes distinguir por qué lo haces; simplemente lo haces automáticamente.


¿Qué dice la Biblia cuando comes por ansiedad?


Pasemos entonces a la base más importante: lo que dice Dios en Su Palabra.


El Salmo 42:5 dice: “¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón? ¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!”

El salmista comienza a hablarle a su propia alma. No niega lo que siente ni se avergüenza de estar triste, sino que reconoce su estado emocional: desanimado, triste, sin esperanza.


¿Cómo te sientes ahora mismo? ¿Podrías identificar cada emoción y nombrarla en voz alta?


Practicar el reconocimiento de tus emociones puede ayudarte a crear nuevas respuestas y fortalecer nuevas rutas neuronales. Puedes entrenar a tu cerebro para reconocer cómo te sientes. Cuando realmente te enfocas en tus emociones y las nombras, comienzas a entenderte mejor, como si estuvieras creando tu manual personal de comportamiento.


Ahora viene la parte más importante: no solo se trata de reconocer cada emoción, sino de confrontarla con la verdad.


Para el salmista, la verdad era “esperar en Dios”. La verdad era que su única esperanza era Dios.


Amiga, el único que verdaderamente puede sostenerte en medio de tu tristeza, tu estrés y tu frustración es tu Padre celestial. No hay nadie que conozca cada célula de tu cuerpo como Él. Él te diseñó desde antes de nacer. ¿Cómo no sabrá cómo funciona cada parte de tu cuerpo, incluyendo tu mente?


Cada vez que te sientas abatida, estresada o abrumada, detente un momento y piensa: ¿qué es lo que realmente me producirá calma?

Identifica tu patrón de comportamiento. Luego, detente y analízalo. Reconoce a Dios como la única fuente de verdadera paz y toma la decisión consciente de reemplazar cualquier otra “curita”, como la comida, con Su presencia.


Ahora bien, esto no sucede de la noche a la mañana. Es algo que requiere práctica y repetición.


Algo curioso es que este estribillo aparece tres veces en los Salmos 42 y 43: en el Salmo 42:5, como estamos viendo; en el Salmo 42:11; y luego en el Salmo 43:5.


Esto muestra que decirse la verdad una sola vez no siempre elimina inmediatamente el desánimo. El salmista debe recordársela repetidamente. Sus emociones regresan, pero él vuelve a dirigir su corazón hacia Dios.


El salmista no esperó a sentirse mejor para confiar en Dios; le predicó esperanza a su propia alma mientras todavía estaba llorando.


Cómo dejar de comer por ansiedad y descansar en Dios


¿Qué puedes hacer para que esto no vuelva a suceder?


No te puedo prometer que no volverá a suceder, pero sí te puedo dar una fórmula que te ayudará a estar más consciente de tu comportamiento y a descansar.


Mateo 11:28-29: “Luego dijo Jesús: «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma».”

Cuando Jesús habla de cansancio en este versículo, no habla meramente de cansancio físico, sino de personas que estaban cansadas de cargar con reglas y exigencias religiosas imposibles de cumplir, tratando de obedecer la ley a la perfección para alcanzar la justicia por sus propios esfuerzos.


En pocas palabras, sí, estaban cansados, pero estaban cansados del alma.


¿Estás cansada del alma?


Cuando estás cansada del alma, no hay vacaciones ni una buena dormida que te hagan sentir mejor. Necesitas un descanso más profundo.


  • Descansar de intentar salvarte a ti misma.

  • Descansar de tener que demostrar constantemente tu valor.

  • Descansar de la culpa porque Cristo ofrece perdón.

  • Descansar sabiendo que tu relación con Dios depende de Su gracia y no de tu perfección.


Jesús no nos prometió una vida sin responsabilidades ni sin el estrés que puede acompañarlas. Nos prometió que, al caminar bajo Su dirección y aprender de Él, nuestras almas encontrarán un descanso que nuestro esfuerzo humano jamás podrá darnos.


Amiga, muchas veces, parte de aquello que te abate, te frustra o te estresa puede intensificarse cuando intentas cargar sola lo que Dios te está pidiendo que pongas en Sus manos.


Jesús te pide que dejes ese yugo y que lo reemplaces con el Suyo. Su yugo implica obediencia y discipulado, pero no es opresivo porque quien lo dirige es “manso y humilde de corazón”.


Jesús no coloca la carga sobre nosotras y luego nos abandona. Nos enseña a caminar con Él y nos da la gracia para obedecer.


1 Pedro 5:7: “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes.”

Cualquiera que sea tu yugo hoy:

  • Tu matrimonio.

  • Tu trabajo.

  • Tus hijos.

  • Tu situación financiera.

  • Tu ansiedad por comer.


Pon ese yugo, esa preocupación y esa ansiedad a los pies de Cristo. Entrégaselos y dile: “Padre, no puedo con esto. Lo he intentado y no puedo. Tómalo, te lo entrego”.


Ríndele el control completo de ello, sométete a Su voluntad y confía en que Él cuidará de ti en todo momento mientras atraviesas el proceso purificador que viene por delante. Ten la seguridad de que no estarás sola en ningún instante y de que el producto final de ese proceso es puro y perfecto.


Oremos.


Oración

Padre Celestial, gracias por darnos descanso para nuestra alma, para nuestro cuerpo, nuestra mente y corazón. Gracias porque diseñaste nuestra fisiología de una manera tan extraordinaria que cada parte de nuestro cuerpo sabe qué hacer cuando escucha tu voz. Ayúdanos a reconocer nuestras emociones, nuestros patrones de comportamiento y a redirigirlos hacia ti. Queremos que solo tú seas nuestra fuente de paz y tranquilidad, y queremos que nuestra mente y nuestras emociones sigan el sonido de tu voz y obedezcan lo que tu les dictes. Te damos el control total de nuestras emociones y las sometemos al Espíritu Santo que vive dentro de nosotras para dominio propio. En el nombre de Jesús, Amén.



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