Pero Dios...
Updated: 2 days ago

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Lectura: Efesios 2:1-6 (traducción de The Message)
No hace mucho tiempo, ustedes estaban hundidos en aquella antigua y estancada vida de pecado. Permitieron que el mundo, que no sabe absolutamente nada acerca de cómo vivir, les dijera cómo debían hacerlo. Llenaron sus pulmones con la contaminación de la incredulidad y después exhalaron desobediencia.
Todos vivimos así: haciendo lo que se nos antojaba, cuando se nos antojaba. Todos estábamos en la misma condición. Es sorprendente que Dios no haya perdido la paciencia y acabado con todos nosotros.
Pero, en lugar de hacerlo, Dios, inmenso en misericordia y lleno de un amor increíble, nos abrazó. Tomó nuestras vidas, muertas a causa del pecado, y nos dio vida en Cristo. ¡Él hizo todo esto por su propia cuenta, sin ninguna ayuda de nuestra parte! Después nos levantó y nos hizo sentar en los lugares celestiales junto a Jesús, nuestro Mesías.
Cuando buscas aceptación en todas partes
Hace poco les conté que estaba viendo una serie donde la protagonista era una mujer soltera cuyo sueño era casarse y tener hijos, pero vivía con muchos problemas existenciales porque su padre las había abandonado a ella y a su hermana.
A raíz de ese evento en su vida, su comportamiento y sus hábitos se tornaron obsesivos en su búsqueda por obtener la aceptación de todos: de su mamá, sus amigas, sus jefes y, sobre todo, de los hombres.
Esta chica iba a terapia cada vez que podía, y su terapeuta le hacía pregunta tras pregunta para llegar al fondo de sus problemas emocionales y poder redirigir sus acciones y su forma de pensar.
Pero mientras más ves la serie (porque es interminable), en más problemas se mete esta chica. Y todos tienen siempre el mismo común denominador: su deseo de sentirse aceptada. Lo intenta una y otra vez, pero termina embarrándola cada vez más y sintiéndose un fracaso.
No puedo evitar pensar, cada vez que está a punto de cometer un error, y decir en voz alta:
“Chica, si tan solo buscaras a Dios.”
Y claro, es una serie. Está diseñada para entretener y, mientras más problemas te presentan, más te quedas pegada porque quieres ver cómo se resuelven.
El problema es que nunca habrá una verdadera resolución si no incluyen a Dios en la narrativa. La chica jamás encontrará la aceptación que busca porque ninguna pareja ni amiga se la puede dar.
Si te has sentido igual que Vicky, la protagonista de la serie, que nadas, nadas y nadas, pero sientes que no llegas a ningún lado, este episodio de “Pero Dios…” es para ti.
Pero Dios es inmenso en misericordia
Quiero que escuches (o leas) esta traducción del versículo de este episodio. Lo he traducido de la versión en inglés The Message porque me pareció muy claro y directo:
Efesios 2:1-6: No hace mucho tiempo, ustedes estaban hundidos en aquella antigua y estancada vida de pecado. Permitieron que el mundo, que no sabe absolutamente nada acerca de cómo vivir, les dijera cómo debían hacerlo. Llenaron sus pulmones con la contaminación de la incredulidad y después exhalaron desobediencia.
Todos vivimos así: haciendo lo que se nos antojaba, cuando se nos antojaba. Todos estábamos en la misma condición. Es sorprendente que Dios no haya perdido la paciencia y acabado con todos nosotros.
Pero, en lugar de hacerlo, Dios, inmenso en misericordia y lleno de un amor increíble, nos abrazó. Tomó nuestras vidas, muertas a causa del pecado, y nos dio vida en Cristo. ¡Él hizo todo esto por su propia cuenta, sin ninguna ayuda de nuestra parte! Después nos levantó y nos hizo sentar en los lugares celestiales junto a Jesús, nuestro Mesías.
Hace unos días, en mi grupo comunitario de la iglesia, dos hombres se pusieron de pie para compartir su testimonio. Decir que nos dejaron sin aliento es poco.
Sus testimonios eran poderosos: abandono de sus padres, drogas, alcohol, vicios, pornografía y perdición total.
Y cuando digo perdición total, no me refiero a que salían de fiesta y regresaban a altas horas de la madrugada. Me refiero a arrestos, intoxicaciones, quedar tirados en la calle y ese tipo de perdición en la que crees que ya no hay rescate.
También leí hace un tiempo en las noticias acerca de una familia que estaba buscando a su papá, conocido como un hombre sin hogar en el centro de Houston. En otro tiempo había sido un hombre de familia, casado, con hijos y con un buen trabajo.
Pero el vicio se apoderó de él y perdió todo, incluida su familia. Sin embargo, sus hijos siempre le seguían la pista y sabían dónde estaba tirado en la calle. Le llevaban comida y ropa, y lo cuidaban de la única manera en que él se dejaba cuidar.
Ellos ya habían perdido la esperanza de “salvarlo”, pues lo habían intentado todo, pero él no se dejaba salvar. Él había creído la mentira de que su vida ya era irrecuperable. Pensaba que no había vuelta atrás después de todos sus pecados.
Cuando creemos que ya no hay vuelta atrás
Y es que esto mismo nos pasa a muchas de nosotras.
Hemos vivido tanto tiempo dejando que el mundo y la sociedad nos dicten sus reglas y nos digan cómo debemos vivir que nos acostumbramos a hacerlo de la manera equivocada. Cuando Cristo viene y nos muestra la manera correcta, pensamos que ya no somos dignas y que, después de todo lo que hemos hecho, no hay vuelta atrás.
Tal vez tenemos actitudes y patrones de comportamiento que heredamos de nuestros padres. Gritamos mucho, nos enojamos mucho y después lo normalizamos diciendo:
“Es que así soy yo.”
O:
“Así me enseñaron.”
O tal vez, como Vicky, la protagonista de la serie, estabas tan desesperada por recuperar el amor de tu madre o de tu padre que buscaste esa aceptación en una pareja, luego en otra, y en otra, hasta que terminaste con una persona que no te quiere, no te valora, no te respeta y no ama a Dios por encima de todas las cosas.
Pero ya te diste por vencida. A estas alturas, piensas que es mejor aguantar el maltrato y la decepción.
Puede ser que lo único que recibieras en tu vida fuera crítica y rechazo. Entonces buscaste consuelo en la comida o en la bebida. Ahora que ese vicio o esa adicción te ha tenido presa durante años, ya no reconoces ninguna otra cosa como solución.
Tu cuerpo ha cambiado tanto y depende tanto de lo que le das que te sientes indigna de intentar cualquier otra cosa que sea buena para ti.
El problema es que nos quedamos estancadas en esta parte del verso:
Todos vivimos así: haciendo lo que se nos antojaba, cuando se nos antojaba. Todos estábamos en la misma condición. Es sorprendente que Dios no haya perdido la paciencia y acabado con todos nosotros.
Hacemos lo que queremos cuando queremos. Luego pensamos que Dios ya perdió la paciencia con nosotras.
Hemos intentado tantas veces dejar de hacer lo que nos hace daño que, cuando no podemos, nos resignamos y abandonamos el intento.
Amiga, nosotras no podemos.
Pero Dios…
¡PERO DIOS!
Dios puede transformar tu vida
Dios no ha perdido la paciencia contigo. Mira lo que dice:
Pero, en lugar de hacerlo, Dios, inmenso en misericordia y lleno de un amor increíble, nos abrazó. Tomó nuestras vidas, muertas a causa del pecado, y nos dio vida en Cristo. ¡Él hizo todo esto por su propia cuenta, sin ninguna ayuda de nuestra parte! Después nos levantó y nos hizo sentar en los lugares celestiales junto a Jesús, nuestro Mesías.
Dios puede transformar tu vida completamente, desde el punto más profundo del hoyo que has cavado hasta sentarte en un lugar celestial a su lado.
He visitado una comunidad de mujeres llamada WINGS, que se reúne en The Hangar. Allí, muchas mujeres encuentran apoyo, propósito y un lugar donde pertenecer y comenzar nuevamente.
En esta comunidad tienen responsabilidades, buscan trabajo y comienzan su vida desde cero. Pero no lo hacen solas. Primero conocen al Rey y Señor de sus vidas, quien dirigirá los pasos que deben seguir para renacer: Cristo. Luego, como comunidad, se apoyan y se sostienen en la Palabra de Dios.
Se reúnen cada lunes para cenar juntas en las instalaciones de la organización, adoran al Padre, comparten testimonios e historias y forman relaciones que impactarán sus vidas y las de sus hijos.
He escuchado testimonios espeluznantes, de esos que te harían pensar que el próximo paso sería encontrar a esa chica muerta en algún matorral.
Pero Dios…
¡PERO DIOS!
Hemos estado muertas en el pecado, pero Dios nos resucitó.
Hemos desobedecido por nuestra propia decisión, pero Dios, en su infinita misericordia, nos perdona.
Hemos corrido lejos de Dios, pero Dios corrió hacia nosotras.
Dios nos amó mientras estábamos (o mientras estamos) muertas en nuestro pecado y lejos de Él. Él tomó lo que estaba muerto y le dio vida.
Así como en el valle de los huesos secos de Ezequiel 37, estábamos muertas y sin esperanza, pero nuestro Dios les da vida a las cosas que están muertas.
Romanos 4:17: “(Como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.”
Dios es quien puede darle un giro a tu vida. Solo Dios puede transformar tu vida.
No se trata solamente de cambiar lo que haces
No se trata únicamente de que dejes de hacer las cosas que haces:
Dejar de beber.
Dejar de mentir.
Dejar de gritar.
Dejar de permitir el abuso.
Dejar la adicción.
Se trata de dejar que Cristo cambie quién eres.
En coaching, cuando trabajamos con una mujer que quiere cambiar sus hábitos de alimentación o ejercicio, no comenzamos con una dieta restrictiva ni con una lista interminable de cosas que no puede comer.
Iniciamos con el futuro, con una pregunta como:
¿Cómo te ves dentro de seis meses?
Esto inyecta esperanza en la mente y detona comportamientos que te ayudan a convertirte en la versión que estás buscando.
Porque lo que estás buscando no es simplemente dejar de comer azúcar o levantarte a hacer ejercicio. Lo que buscas es cambiar quién eres ahora por quien deseas ser mañana.
En lugar de ser una mujer que busca consuelo en la comida todas las noches, que se desvela viendo televisión y que a la mañana siguiente se levanta adolorida y cansada, quieres ser una mujer que cena temprano, se acuesta a una hora decente y se levanta llena de energía para hacer ejercicio.
Se trata de cambiar QUIÉN eres.
Pero no puedes hacerlo sola.
Pero Dios sí puede.
La pregunta es:
¿Lo vas a dejar?
Oremos.
Oración
Padre Celestial, gracias por rescatarnos de nuestras decisiones. Gracias por tu infinita paciencia y misericordia. No sé qué sería de nosotras si no estuvieras cuidándonos y esperándonos para abrazarnos. Nuestro deseo es seguirte y servirte, y dejar que seas tú quien transforme todo comportamiento que no nos hace bien y que no te da la gloria. No queremos seguir huyendo de ti. Gracias por correr detrás de nosotras y nunca detenerte. Si hay algo dentro de nosotras que debemos abandonar y cambiar, muéstranos y ayúdanos por medio de tu Espíritu Santo a cambiarlo y transformarnos. En el nombre de Jesús, amén.
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