¿Para qué sirve la fe? La respuesta de Efesios 2:8-10
Updated: 2 days ago

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Lectura: Efesios 2:8-10
8 Porque es por gracia —por la extraordinaria compasión y el favor de Dios que te atraen hacia Cristo— que has sido salva —verdaderamente librada del juicio y has recibido vida eterna— por medio de la fe. Y esta salvación no procede de ti misma ni de tu propio esfuerzo, sino que es el regalo inmerecido y lleno de gracia de Dios.
9 No es el resultado de tus obras ni de tus intentos por cumplir la Ley, para que nadie pueda jactarse ni atribuirse mérito alguno por su salvación.
10 Porque somos obra de Dios —su propia obra maestra, una obra de arte— creadas en Cristo Jesús —nacidas de nuevo, transformadas espiritualmente, renovadas y preparadas para ser utilizadas— para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para nosotras, trazando los caminos que debíamos recorrer, para que anduviéramos en ellas y viviéramos la buena vida que Él preparó y dejó lista para nosotras.
“Tenga fe, tenga fe”.
“Es que tengo que tener fe”.
“Si tuviera fe”.
“Tengo fe de que va a suceder”.
Todas estas frases se las escuché a las viejitas mientras crecía. Me parecían frases simples que no significaban nada. Cosas que se decían solo por decir algo, para llenar el vacío o, en cualquier caso, para recordarnos que, si creemos con suficiente fuerza, las cosas que le hemos pedido a Dios van a suceder.
Como si Dios estuviera esperando que sudáramos sangre pidiendo lo mismo, lo mismo y lo mismo, para finalmente decir: “Ahora sí se lo merece. Aquí va su deseo concedido”.
Pero ¿para qué sirve la fe? ¿Cuánta fe tienes? ¿Es suficiente tu fe?
Hoy veremos lo que Pablo nos enseña sobre la fe en el libro de Efesios. Quédate para descubrirlo.
¿Qué es la fe según la Biblia?
Hebreos 11:1 dice que la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
En la versión Amplificada, traducida al español, dice:
“Ahora bien, la fe es la certeza —el título de propiedad, la confirmación— de las cosas que se esperan —garantizadas por Dios— y la evidencia de las cosas que no se ven; es decir, la convicción de que son reales. La fe reconoce como un hecho aquello que no puede experimentarse mediante los sentidos físicos.”
Muchas hemos crecido pensando que nuestra fe determina si nos suceden cosas buenas o malas.
Si tenemos suficiente fe, entonces se cumplirá lo que le pedimos a Dios en oración. Pero, si no tenemos suficiente fe, pensamos que Dios no nos concederá lo que le hemos pedido.
Esta creencia, sin embargo, es bíblicamente incorrecta.
Creer que tenemos el poder de convencer a Dios dependiendo de la intensidad de nuestra fe convierte nuestra relación con Él en una transacción: obtengo lo que pido según mi esfuerzo.
Se vuelve una transacción del “YO”:
“Si yo hago esto, si yo creo lo suficiente, si yo trabajo duro, entonces Dios me dará lo que le pido”.
La fe es la confirmación, no la causa
En Hebreos se habla de la fe como el título de propiedad y la confirmación, no como la causa ni el detonante.
Para obtener un título de propiedad, el dueño tiene que haberte vendido o traspasado el bien. En este caso, quien entrega el regalo es Dios.
La fe no es el bien en sí mismo.
Efesios 2:8-10 nos dice:
Porque es por gracia —por la extraordinaria compasión y el favor de Dios que te atraen hacia Cristo— que has sido salva —verdaderamente librada del juicio y has recibido vida eterna— por medio de la fe. Y esta salvación no procede de ti misma ni de tu propio esfuerzo, sino que es el regalo inmerecido y lleno de gracia de Dios.
9 No es el resultado de tus obras ni de tus intentos por cumplir la Ley, para que nadie pueda jactarse ni atribuirse mérito alguno por su salvación.
10 Porque somos obra de Dios —su propia obra maestra, una obra de arte— creadas en Cristo Jesús —nacidas de nuevo, transformadas espiritualmente, renovadas y preparadas para ser utilizadas— para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para nosotras, trazando los caminos que debíamos recorrer, para que anduviéramos en ellas y viviéramos la buena vida que Él preparó y dejó lista para nosotras.
Somos salvos por gracia, no por nuestras obras
No obtenemos la salvación porque creemos con suficiente fuerza, porque rogamos lo suficiente, porque hacemos muchas cosas buenas, porque somos fieles, porque somos buenas mamás, porque hacemos voluntariado, porque nunca les gritamos a nuestros hijos, porque no tenemos deudas o porque procuramos hacer el bien sin mirar a quién.
No es por nada de esto.
Obtenemos la salvación POR GRACIA.
La palabra griega para gracia es cháris, que significa favor inmerecido. Habla del favor, la bondad y la generosidad que Dios concede gratuitamente.
Gracia significa que Cristo pagó lo que nosotras no podíamos pagar y que Dios nos ofrece una salvación que nunca podríamos ganar.
Puedes tener una fe fuerte o una fe pequeña, pero no puedes obligar a Dios a responder tus oraciones como tú deseas. Él obra de acuerdo con su voluntad, porque sabe lo que te acercará más a Él y te hará más semejante a Cristo.
La palabra griega pístis significa fe, confianza o dependencia.
La fe no es el precio de la salvación. Es la manera en que recibimos lo que Dios ofrece.
Una ilustración sencilla sería:
La gracia es la mano de Dios que ofrece el regalo.
La fe es la mano vacía que lo recibe.
Cristo es el contenido del regalo.
La fe verdadera no consiste solamente en reconocer que Jesús existe. Es confiar en Él y descansar en lo que Él hizo.
¿Para qué sirve la fe si es tan pequeña como un grano de mostaza?
Jesús, en los Evangelios de Mateo y Lucas, nos habla de una fe tan pequeña como un grano de mostaza.
Un grano de mostaza mide aproximadamente entre uno y dos milímetros de diámetro. Es parecido a la punta de un alfiler y más pequeño que una semilla de ajonjolí.
Mateo 17:20 versión AMP traducida al español: “Él les respondió: «Por la poca fe de ustedes —por su falta de confianza y seguridad en el poder de Dios—; porque les aseguro y les digo solemnemente que, si tienen una fe viva del tamaño de un grano de mostaza, le dirán a esta montaña: “Muévete de aquí para allá”, y, si es la voluntad de Dios, se moverá; y nada les será imposible».”
El problema es que solemos enfocarnos solamente en la primera parte de este versículo:
“Si tuvieran fe, le dirían a la montaña que se moviera y se movería”.
Pero obviamos lo que dice después: “Si es la voluntad de Dios”.
Esto nos confirma que nuestra fe no es la autora ni consumadora de las cosas. Es Jesús quien, de acuerdo con su voluntad, gracia y misericordia, puede hacer que la montaña se mueva.
Si todo dependiera del tamaño de nuestra fe, todas las madres que oran con fervor por la sanidad de un hijo hospitalizado recibirían inmediatamente el milagro que esperan.
Si dependiera de tu fe, tu esposo, que no cree en Dios, se convertiría inmediatamente, porque estoy segura de que oras con todas tus fuerzas para que lo haga.
Si dependiera de tu fe, ese problema financiero que te aqueja ya habría desaparecido después de tantas noches en vela orando.
No es que yo crea que Dios no desea la sanidad de un niño, la salvación de tu esposo o la restauración de tus finanzas.
Dios es bueno y tiene propósitos buenos para ti. Pero su voluntad no siempre se manifiesta de la manera o en el momento en que nosotras esperamos.
Dios te creó para realizar buenas obras
Dios te ha preparado para realizar buenas obras. Mira lo que dice el versículo 10 de Efesios:
10 Porque somos obra de Dios —su propia obra maestra, una obra de arte— creadas en Cristo Jesús —nacidas de nuevo, transformadas espiritualmente, renovadas y preparadas para ser utilizadas— para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para nosotras, trazando los caminos que debíamos recorrer, para que anduviéramos en ellas y viviéramos la buena vida que Él preparó y dejó lista para nosotras.
Desde antes de que existieras, Dios ya había preparado buenas obras para que caminaras en ellas. No tienes que inventar tu propósito ni ganarte un lugar dentro de su plan.
Tengo una amiga que es experta en organizar cosas. Ella piensa en todo cuando organiza un evento. Cuando lo planifica, estoy segura de que se pregunta: “¿Cómo va a beneficiar esto a mis invitados?”.
Si es un evento que incluye comida, piensa en todo el trayecto que seguirán las personas en la mesa del bufé.
Incluye varios tipos de bebidas y hasta diferentes opciones de leche para el café, por si alguien es intolerante a la lactosa. Incluso ofrece distintos tipos de agua, por si alguien prefiere agua con gas en lugar de agua natural. Coloca opciones veganas por si alguien no come carne.
Esta mujer piensa en todo y en todos.
Ahora imagínate a Dios cuando creó la Tierra. ¿Tú crees que no pensó en todo?
Pensó hasta en lo que no podemos ver, en lo que todavía no hemos descubierto y en aquello que quizás nunca llegaremos a descubrir.
Dios pensó en ti, en tu familia, en tu carrera, en tus planes, en tus peticiones y en toda tu vida mucho antes que tú. También preparó las buenas obras que quería que realizaras para su gloria.
Te dio el lesson plan listo, con todo y pago.
Y todo proviene de SU GRACIA.
Tu salvación no procede de ti
Tu salvación no procede de ti.
No se origina en tu bondad.
No depende de tu fuerza de voluntad.
No es una recompensa porque te portaste bien.
No la recibes por pertenecer a una familia cristiana, evangélica o católica.
No la consigues porque sirves en la iglesia.
No la mantienes tratando de compensar tus pecados.
La salvación es un regalo de Dios. Te salvó para que puedas pasar la eternidad con Él y para que realices las buenas obras que ya preparó para ti.
Esas buenas obras pueden manifestarse en acciones aparentemente ordinarias:
Amar con paciencia a tu familia.
Decir la verdad cuando mentir sería más conveniente.
Perdonar a quien te lastimó.
Servir sin buscar reconocimiento.
Ayudar a alguien necesitado.
Criar a tus hijos conforme a la verdad.
Usar tus dones para edificar a otras personas.
Defender lo correcto.
Compartir el evangelio.
Cuidar responsablemente lo que Dios te confió.
Entonces, ¿para qué sirve la fe?
¿Para qué sirve la fe?
La fe es como la mano vacía que recibe la salvación que Dios ofrece. Es confiar en Cristo, depender de Él y descansar en lo que ya hizo por ti.
Tu fe no controla a Dios ni garantiza que recibirás exactamente lo que deseas. Tus manos deben permanecer extendidas con expectativa, confiando en lo que Dios quiera darte por su gracia y sometiéndote a su perfecta voluntad.
Oremos.
Oración
Padre Celestial, gracias por ese favor inmerecido de tu gracia. Gracias por ser el Dios organizado, el que pensó en todo y en todos. El que tiene todo bajo control y que nada se le escapa. Gracias porque las cosas buenas que nos suceden en la vida no dependen de cuánta fe tengamos o de nuestro esfuerzo, porque nunca será suficiente, sino que dependen de ti, y solo de ti. Gracias por amarnos, por salvarnos de nosotros mismos y por crear un camino que podemos caminar de tu mano. Queremos extender nuestras manos para lo que tienes preparado para nosotras; queremos someternos a tu perfecta y santa voluntad y obedecerte. En el nombre de Jesús, amén.
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