Las 3 cualidades de niña que Dios quiere recuperar en ti
- Melissa Fortín

- 1 day ago
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Lectura: Mateo 18:2-4
Entonces Jesús llamó a un niño pequeño y lo puso en medio de ellos, y dijo:
«Les aseguro y les digo solemnemente que, a menos que se arrepientan [es decir, que cambien su interior, abandonen su antigua manera de pensar y vivan vidas transformadas] y se vuelvan como niños [confiados, humildes y dispuestos a perdonar], jamás entrarán en el reino de los cielos. Por lo tanto, cualquiera que se humille como este niño será el mayor en el reino de los cielos».
¿Qué significa volver a ser como una niña?
Mi último y tercer hijo fue una sorpresa, al menos para nosotros, pero nunca para Dios.
Dios sabía que Lucas vendría a completar nuestra familia y que, si íbamos a ser una familia alegre, él tenía que formar parte de ella.
Lucas es el alma de toda fiesta; y cuando no hay fiesta, él se asegura de comenzar una. Con apenas tres años, muchos de sus mejores amigos en la iglesia son adolescentes y niños mayores que él. Nuestra iglesia tiene más de dos mil personas, pero cuando Don Lucas camina por sus pasillos, pareciera que la mitad lo conoce. Todos saludan a Lucas y todos aman a Lucas.
Entre los dos y los tres años, Lucas creció mental y emocionalmente de una manera que me sorprendió. Es tremendo, inventor, elocuente y lógico, pero posee algo especial que nunca había observado con tanta claridad en un niño de su edad: su capacidad para reconocer cuando se ha equivocado y pedir perdón.
Lucas es quien me saca las canas verdes, amarillas, azules y hasta rojas con sus mil inventos y travesuras. Pero cuando mamá o papá se molestan y lo disciplinan, no pasan ni dos minutos antes de que regrese con un corazón arrepentido a pedir perdón.
Cuando molesta a sus hermanos o destruye alguna de sus creaciones de Lego, corre a abrazarlos y a disculparse. Puedes verlo en su carita: lo hace con toda la sinceridad del mundo, sin orgullo, sin excusas y sin esperar nada a cambio.
Lucas también está siempre dispuesto a ayudar. Creo que sus hermanos se aprovechan un poquito de su nobleza (ja, ja, ja) y lo mandan a hacer lo que yo les había pedido a ellos. Sin embargo, él lo hace con una enorme sonrisa. Tiene un precioso corazón de servicio.
Cuando lo observo, Dios me recuerda las virtudes que los adultos vamos perdiendo con los años. Aprendemos a desconfiar, a defender nuestro orgullo, a justificar nuestros errores y a guardar resentimiento. Crecemos por fuera, pero nuestro corazón se va endureciendo por dentro.
Por eso Jesús no nos pide que volvamos a ser infantiles; nos pide que recuperemos un corazón semejante al de un niño: confiado, humilde y dispuesto a perdonar.
Muchas veces, cuando miro a Lucas, siento que Dios me dice: “Melissa, es hora de volver a ser niña”.
Hoy hablaremos de las tres cualidades de niña que Dios quiere recuperar en ti para transformar tu relación con Él y con quienes te rodean: la confianza para depender de Él, la humildad para reconocer que lo necesitas y un corazón dispuesto a perdonar sin guardar cuentas pendientes.
La confianza de una niña que cree sin necesitar todas las respuestas
Cuando yo era niña y vivía en Honduras, al pasar por los peajes de tránsito pagabas dos o tres lempiras (la moneda de Honduras) y te daban una boletita. Mi papá guardaba las boletas en el cenicero del carro. No sé por qué.
Siendo yo curiosa, un día le pregunté por qué lo hacía y su respuesta fue: “Ah, porque con tres de estas podés ir al cine”.
Ingenua yo, le creí y entonces comencé a coleccionar todas las boletas que podía. Cuando llegué a la casa, le dije a mi nana (abuelita postiza)que fuéramos al cine, que yo ya tenía suficientes.
Mi nana se atoraba de la risa. Me dijo que mi papá me había hecho una broma y yo me la había creído.
Dios creó a los niños para tener una confianza profunda en Él y en quienes los crían. Yo me creí lo de las boletas; mis hijos se han creído muchas cosas que les hemos dicho y que hacen sus vidas “mágicas”. Y no se trata de engañarlos, sino de admirar su capacidad para confiar.
De esto es de lo que nos habla Jesús en este pasaje. Para darte un poco de contexto, Jesús está caminando con sus discípulos hacia Capernaúm y ellos han estado discutiendo sobre quién era el mayor.
Mientras Jesús les hablaba de su sufrimiento, su entrega y su muerte, ellos estaban pensando: “¿Cuál de nosotros ocupará la posición más importante?”.
Jesús, siendo Jesús (tan lindo Él para corregir), no los amonestó ni los regañó, sino que llamó a un niño, lo colocó en medio de aquellos hombres adultos y ambiciosos, y les dijo que necesitaban cambiar completamente su manera de pensar.
En aquella sociedad, un niño era amado, pero no poseía estatus, autoridad ni influencia. Dependía completamente de los adultos y no tenía cómo exigir una posición importante. Jesús estaba enseñándoles:
“Ustedes están preguntando quién ocupará el lugar más alto, pero para entrar en mi reino primero deben estar dispuestos a hacerse pequeños”.
Primera cualidad: confiar en Dios
Una de las tres cualidades de niña que Dios quiere recuperar en ti es tu capacidad para confiar.
Solo imagínate a ese niño que Jesús llamó en ese momento. No sabemos quién era aquel niño ni cuánto sabía acerca de Jesús. Solo sabemos que Jesús lo llamó y el niño se acercó.
Cuando Jesús te llama, ¿te acercas sin preguntar para qué? ¿O le haces mil preguntas porque tienes que saber exactamente para qué, cuándo, cómo y dónde?
Puedo ver este cambio de mentalidad mientras mis hijos crecen. Cuando papá llama a Lucas para que baje del segundo al primer piso, Lucas corre de inmediato. Cuando llamamos a los más grandecitos, nos contestan: “Sí, ¿qué pasó?”.
Es decir, tienen que saber para qué los estamos llamando.
Jesús quiere que seamos como niños de nuevo y que respondamos a su llamado con confianza, sabiendo que Él es el Gran Yo Soy y que nunca nos desampara ni abandona.
Salmo 46:10 dice: «Estén quietos y sepan que yo soy Dios».
Un bebé recién nacido duerme mejor en los brazos de su mamá o de su papá porque sabe quiénes son y tiene toda la confianza en que cuidarán de él. Se queda quieto porque sabe quiénes son sus padres.
Amiga, ten confianza en Él. Quédate quieta, sabiendo quién es tu Padre.
Segunda cualidad: reconocer con humildad que necesitas a Dios
La segunda cualidad de niña que Dios quiere recuperar en ti es la humildad.
Humildad no significa permitir que otros te maltraten o te hagan sentir inferior. Significa abandonar nuestra antigua manera de pensar, reconocer que necesitamos a Dios y vivir al servicio de Él y de los demás.
La humildad no viene de nosotros mismos. Puedo ver esto en mi hijo mayor, Juan Diego. Antes de aceptar a Cristo en su corazón, su forma de pedir perdón estaba llena de orgullo. No lo hacía “de corazón”, como decimos los latinos. Lo hacía “del diente al labio” y costaba un montón que aceptara su error, se arrepintiera y pidiera perdón.
Después de aceptar a Jesús en su corazón, el Espíritu Santo lo conmueve, y veo que es mucho más fácil para él aceptar sus errores, arrepentirse y pedir perdón. También le es más fácil perdonar.
Lucas y Mateo, con su inocencia de niños aún intacta, no tienen tanta dificultad para pedir perdón y perdonar. Ellos dos son uña y carne, pero también se pelean como perros y gatos. Por la mañana todo es amor y mariposas y, a medida que avanza el día, ese amor se convierte en discusiones y peleas. Cuando cae la noche, regresa el amor mientras duermen juntitos.
¿Aceptas tus errores fácilmente?
¿Cuánto tiempo tardas en aceptar tus errores y arrepentirte?
Jesús quiere que seamos como niños: humildes, renunciando al orgullo y al deseo de superioridad, y aceptando la posición que nos ha dado sin exigir protagonismo.
Tercera cualidad: perdonar sin guardar cuentas pendientes
La tercera cualidad de niña que Dios quiere recuperar en ti es la capacidad para perdonar.
¿A quién le guardas resentimiento? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que esa persona te hizo lo que te hizo?
Dios nos da la capacidad para perdonar desde el momento en que el Espíritu Santo viene a morar en nosotras. Él nos recuerda la inmensidad del perdón de Dios hacia millones de personas que, día tras día, pecan contra Él.
Si Jesús pudo perdonar a criminales, homicidas, torturadores y hasta al ser humano más malo que pueda existir, también puede darte la capacidad para perdonar a la persona que te hirió.
Perdonar no significa justificar lo que esa persona hizo, minimizar tu dolor ni permitir que vuelva a maltratarte. Perdonar significa entregarle a Dios la deuda y renunciar al resentimiento, confiando en que Él es justo y puede sanar tu corazón.
Si has visitado un orfanato, sabrás de las miles de historias de maltrato y de las cosas terribles que han sufrido muchos niños: algunos fueron abandonados o rechazados por sus padres y otros quedaron solos porque sus padres ya pasaron a otra vida.
Cuando era adolescente, visitaba uno de los orfanatos de mi ciudad, y lo que más me hacía chiquito el corazón era ver a muchos de esos niños, especialmente a los más pequeños, con una sonrisa de oreja a oreja y llenos de energía y felicidad, aun en medio de sus circunstancias.
No sé si cada uno de esos niños había perdonado a quienes les hicieron daño, pero su alegría en medio de aquellas circunstancias siempre me hizo pensar en la capacidad que tienen los niños para volver a sonreír.
Las 3 cualidades de niña que Dios quiere recuperar en ti
Jesús nos llama a que, si queremos ser grandes, exitosas, mayores o importantes, tenemos que aprender a confiarle toda nuestra vida, completita, a Él. Después, tenemos que ser humildes para aceptar que somos pecadoras, que no podemos solas y que necesitamos de su salvación. También debemos aprender a perdonar como Él nos perdonó al morir en la cruz por todos nuestros pecados.
Amiga, volver a ser niña no significa que serás ingenua, inmadura o irresponsable. Significa que vas a abandonar la necesidad de ser reconocida por el mundo porque ya eres reconocida por tu Padre. Significa que vas a renunciar al orgullo y reconocer tu dependencia absoluta de Dios.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, gracias por los niños del mundo, nos enseñan tanto sobre cómo tú quieres que seamos. Gracias por nuestros hijos, sobrinos, nietos, bisnietos que nos llenan de alegría, de inocencia y de lecciones importantes. Queremos suavizar nuestro corazón Padre y volver a ser como niñas, confiando en ti, siendo humildes y capaces de pedir perdón y de perdonar sin pensarlo dos veces. Ayúdanos a sanar las heridas que nos impiden practicar estas cualidades, llénanos de tu amor, tu gracia y tu misericordia para que desborde y podamos ofrecerla a quienes nos rodean. En el nombre de Jesús, Amén.
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