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La sumisión bíblica: lo que es y lo que no es

Oct 13
12 min read

Updated: Oct 14

¿Quien tiene el control de tu vida?

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En este episodio exploramos qué significa la sumisión bíblica según Efesios 5:21-33 y por qué no equivale al control, la obediencia ciega ni la esclavitud.


Lectura: Efesios 5:21-33


22 Esposas, estén sujetas a sus propios esposos, como un servicio al Señor. 23 Porque el esposo es cabeza de la esposa, así como Cristo es cabeza de la iglesia, y Él mismo es el Salvador del cuerpo. 24 Así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las esposas deben estar sujetas a sus esposos en todo, reconociendo tanto su posición como protectores como su responsabilidad ante Dios como cabeza del hogar.


25 Esposos, amen a sus esposas —busquen su mayor bien y rodéenlas de un amor atento y generoso—, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella. 26 Lo hizo para santificarla, después de purificarla mediante el lavamiento del agua por la palabra de Dios, 27 y presentársela a sí mismo en todo su esplendor, sin mancha, arruga ni nada parecido, sino santa —apartada para Dios— e irreprochable.


28 De la misma manera, los esposos deben amar a sus propias esposas y tienen la obligación moral de hacerlo como si fueran su propio cuerpo. Quien ama a su esposa se ama a sí mismo. 29 Pues nadie ha odiado jamás su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta, lo protege y lo cuida con cariño, así como Cristo cuida a la iglesia, 30 porque somos miembros —partes— de su cuerpo.


31 Por esta razón, el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su esposa y ambos llegarán a ser una sola carne. 32 Este misterio —el de dos personas que llegan a ser una— es grande; pero yo me refiero a la relación entre Cristo y la iglesia.


33 Sin embargo, cada uno de ustedes debe amar a su esposa como a sí mismo, comportándose de una manera digna de respeto y estima, buscando siempre lo mejor para ella y tratándola con bondad amorosa. Y la esposa debe procurar respetar y deleitarse en su esposo: prestarle atención, preferirlo, tratarlo con cariño, atesorarlo, honrarlo y tenerlo en gran estima.


Sumisión bíblica: la historia detrás de mi independencia


“Yo no necesito un hombre para mantenerme.”


“Yo no necesito a los hombres.”


Eso creía fielmente y repetía incansablemente en mis 20’s. 


Mi papá me había criado para ser una mujer independiente que sabía valerse por sí misma, hasta cambiar la llanta de un carro podía solita (aunque hoy prefiero no hacerlo).


Me sentía fuerte, machona, independiente y sin necesidad de pedir ayuda a nadie. El feminismo moderno en su esplendor.


Pero detrás de esa máscara había mucho dolor escondido. ¿Realmente creía eso en lo profundo de mi corazón?


Hoy hablaremos de lo que Pablo nos dice sobre la sumisión, el matrimonio y lo que eso significa para Dios.



Yo tenía una canción que cantaba; no les diré cual, pero es de una artista llamada Meredith Brooks. Les juro que este era mi himno. Lo cantaba y lo creía y hasta se me llenaba el pecho cuando lo hacía. 


Me valía madres que me escucharan aunque la canción no dijera palabras muy bonitas. 

En resumen, la canción lo que dice es: soy de esta manera, me comporto de esta manera y no me importa lo que digan, así soy yo.


Mi creencia de que no necesitaba un hombre para mantenerme o para ser feliz no venía de un profundo sentimiento de paz o un llamado espiritual de Dios a ser célibe y soltera por el resto de mi vida. Venía de un dolor muy profundo de abandono y rechazo.


Por años, dejé de caminar con el Espíritu como vimos en el episodio de ayer, y comencé a caminar sola (o tal vez acompañada de las mentiras de Satanás) y esto me llevó a tomar muchas malas decisiones que me dejaron con el corazón hecho pedazos. 


Y, he visto que cuando a una mujer se le abandona y se le rechaza tiene dos formas de responder:


Se junta con un hombre que constantemente la rechaza y la abandona
Se vuelve amargada, fría, distante y paga con la misma moneda

Yo me volví la segunda. 


Hasta que un día Dios me rescató. Y no sé cómo, esta ovejita poco a poco volvió a su redil. 


Luego, Dios me mostró al hombre que tenía para mí, quien ahora es mi esposo por más de 13 años. Un hombre completamente distinto a los que había conocido, que me respeta, me valora, me protege, me provee y lo más importante, le sigue a Él.


Pero no te creas que esta ovejita tuvo una transformación de esas que ves en la televisión, donde con unas cuantas cirugías ya está el problema resuelto.


La vida cristiana no es así. Es más como una sopa que se cocina a fuego lento; poco a poco, Dios va eliminando las impurezas y santificando hasta el día en que lleguemos al cielo, estaremos cocidas y listas. 


Casarme fue el reto de fuego para esta machona, luchona, mujer independiente, chica súper poderosa.


Yo creo que Dios permitió casarme porque era la única forma de santificarme (LOL).


Yo venía con esos pensamientos que te conté al inicio: no necesito un hombre, yo me puedo mantener sola, all the women who independent…


Y al casarme, estos pensamientos, especialmente durante conflictos, comenzaron a salir y mostrar sus garras. Y me causaron muchos problemas. 


Como siempre, quiero aclarar algo: en este episodio no estoy diciendo que las mujeres no pueden o no deben mantenerse solas, o tomar decisiones, o ser independientes. Dios nos creó con cerebros, inteligencia para poder ser capaces por medio de Su poder de estudiar, tener carreras profesionales, criar hijos, atender la casa, atender al esposo, servir a la comunidad y hacer dinero al mismo tiempo. 


Lo que quiero que veas, es que en mi caso (y en el de muchas mujeres) nuestro deseo de ser independientes y mujeres “todo-lo-puedo” no nacía de un llamado espiritual, sino del dolor y como una respuesta de orgullo para defendernos de quien quisiera herirnos nuevamente.


Qué enseña la sumisión bíblica en Efesios 5


Para que no nos confundamos más, veamos lo que dice la Palabra de Dios, donde se encuentra toda la verdad:


22 Esposas, estén sujetas a sus propios esposos, como un servicio al Señor. 23 Porque el esposo es cabeza de la esposa, así como Cristo es cabeza de la iglesia, y Él mismo es el Salvador del cuerpo. 24 Así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las esposas deben estar sujetas a sus esposos en todo, reconociendo tanto su posición como protectores como su responsabilidad ante Dios como cabeza del hogar.


25 Esposos, amen a sus esposas —busquen su mayor bien y rodéenlas de un amor atento y generoso—, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella. 26 Lo hizo para santificarla, después de purificarla mediante el lavamiento del agua por la palabra de Dios, 27 y presentársela a sí mismo en todo su esplendor, sin mancha, arruga ni nada parecido, sino santa —apartada para Dios— e irreprochable.


28 De la misma manera, los esposos deben amar a sus propias esposas y tienen la obligación moral de hacerlo como si fueran su propio cuerpo. Quien ama a su esposa se ama a sí mismo. 29 Pues nadie ha odiado jamás su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta, lo protege y lo cuida con cariño, así como Cristo cuida a la iglesia, 30 porque somos miembros —partes— de su cuerpo.


31 Por esta razón, el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su esposa y ambos llegarán a ser una sola carne. 32 Este misterio —el de dos personas que llegan a ser una— es grande; pero yo me refiero a la relación entre Cristo y la iglesia.

33 Sin embargo, cada uno de ustedes debe amar a su esposa como a sí mismo, comportándose de una manera digna de respeto y estima, buscando siempre lo mejor para ella y tratándola con bondad amorosa. Y la esposa debe procurar respetar y deleitarse en su esposo: prestarle atención, preferirlo, tratarlo con cariño, atesorarlo, honrarlo y tenerlo en gran estima.


Lo que la sumisión bíblica no significa


¿Ser sumisa? ¿Yo? Yo hago lo que me de la gana y que ningún hombre venga a decirme qué hacer ni cómo hacerlo.

Esos eran mis pensamientos.


El problema es que yo tenía el concepto equivocado de ser sumisa. Para mi (y para el mundo en general) ser sumisa o someterse significa hacer todo lo que la otra persona ordena, sin preguntas, cómo si fuéramos hijas y no esposas. El mundo te dice que ser sumisa es ser una alfombra del hombre y que puede pisotearte cuánto quiera. 


Pero mira lo que dice el versículo 22:


22 Esposas, estén sujetas a sus propios esposos, como un servicio al Señor.


¿Cómo un servicio a quién? No es al hombre, no es al esposo, es al Señor.


Pablo sabe que nuestra naturaleza no será obedecer a ningún hombre, porque naturalmente ningún hombre se lo merece. Pero nosotras tampoco merecemos nada. Ni los hombres ni las mujeres somos dignas de merecernos nada. Somos pecadores, somos imperfectos.


Pero quien se merece nuestro respeto, nuestra obediencia y nuestra sumisión es Dios. 

Luego nos dice que así como la iglesia está sujeta a Cristo, las esposas también deberíamos someternos a nuestros esposos, respetando su posición como protectores y su responsabilidad ante Dios como cabeza de la casa.


¿Quién es la iglesia? Nosotros. Yo soy la iglesia. Tú eres la iglesia.


La sumisión ante el esposo no es natural si no ocurre una sumisión a Cristo primero. Por eso es que Pablo nos habla primero de caminar con el Espíritu, porque nuestro comportamiento no puede cambiar si el Espíritu no habita en nosotros primero.


Los capítulos anteriores hablan de la transformación de corazón que debe ocurrir antes de esto.


Si la iglesia se sujeta a Cristo, si hay una transformación de nuestro corazón para servir al Señor, más fácilmente nos sometemos a nuestro esposo. 


Y hay una parte bien importante en este pasaje: respetando su posición como protectores y su responsabilidad ante Dios como la cabeza de la casa. 


Un esposo debe ejercer su rol de protector y un esposo es quien lleva la responsabilidad ante Dios de su familia. 


No te creas que Dios aquí solo les da mandatos a las mujeres; es a los dos por igual. Pero como este podcast es para mujeres, yo les hablo a ustedes (y a mí misma).


A este punto yo sé que hay varias que podrían estar incómodas. Por favor, no pares el episodio todavía, necesitas escuchar esto.


El significado de la sumisión bíblica: una actitud voluntaria


¿Sabías que Satanás tiene una maestría y doctorado en tergiversación? Él agarra algo que Dios dijo y lo modifica un poquitito, solo un poquitito para que sea casi imperceptible y de esa forma forma una mentira.


En el caso de la sumisión, el diablo te quiere hacer creer que someterse es dejarse pisotear, obedecer como si fueras una esclava, que ya no tienes derechos, que tu voz no vale, que tú tienes el derecho de hacer lo que te plazca sin cuestionamientos y que las mujeres no necesitamos a los hombres.


Yo no te voy a dar mi opinión, sino que iremos a lo que dice la Biblia, la palabra griega para “someterse” en este versículo es hypotassō. 


Esta palabra era un término militar griego que significaba «organizar [las divisiones de tropas] de acuerdo con una estructura militar, bajo el mando de un líder». 
Pero, fuera del ámbito militar, significaba «una actitud voluntaria de ceder, cooperar, asumir responsabilidades y llevar una carga».

Cuando Pablo nos dice, por inspiración de Dios, que debemos someternos a nuestros esposos, no está hablando de la mentira del diablo. Está hablando de voluntariamente, repito, voluntariamente ceder, cooperar, asumir responsabilidades y llevar o compartir la carga.


Pero esa actitud voluntaria solo sucede cuando Dios transforma nuestro corazón por medio del Espíritu Santo y para que exista esa transformación nosotras debemos cederle el control a nuestro Padre. Todo es un acto voluntario y lo que sucede después es un acto sobrenatural.


Y la sumisión también debe ocurrir para el esposo. El esposo es comandado, como vemos más adelante en el pasaje, a amar a sus esposas, pero solo pueden amar a sus esposas si uno, conocen a Dios, dos, han sido transformados por Dios y tres, si conocen el verdadero significado del amor, que según 1 Corintios 13:4-8, de la traducción amplificada, dice:


4 El amor es paciente y sereno; es bondadoso y considerado. No es celoso ni envidioso; no presume ni es orgulloso ni arrogante. 5 No es grosero ni egoísta; no se irrita ni es demasiado sensible ni se enoja con facilidad; no lleva cuenta del daño que ha sufrido. 6 No se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad, cuando prevalecen lo correcto y la verdad. 7 El amor todo lo soporta, sin importar lo que venga; todo lo cree, buscando lo mejor en cada persona; todo lo espera, permaneciendo firme en los momentos difíciles; todo lo resiste, sin debilitarse.

8 El amor nunca falla; nunca se desvanece ni termina. En cambio, las profecías dejarán de existir; las lenguas cesarán; y el don del conocimiento especial desaparecerá.


La sumisión bíblica también se entiende a la luz del amor sacrificial


En los siguientes versículos, Dios le da instrucciones al esposo:


Deben amar a sus esposas, buscar el bien para ellas y rodearlas con cariño y amor incondicional, así como Dios amó a la iglesia (a todos los humanos), que dio su vida por ella. 


Dios llama a nuestros esposos a amar sacrificándose a sí mismos. Los esposos deben emular el amor de Cristo, el tipo de amor que está dispuesto a morir por la vida de otros.


Dios llama a los esposos a morir a sí mismos y vivir por sus esposas. Pablo no enfatiza la autoridad del esposo, ni los llama a ser autoritarios, mandones, a dar instrucciones y esperar obediencia. Los llama a morir a sí mismos y a vivir para Cristo.


Pablo les dice que están moralmente obligados a amar a sus propias esposas así como aman sus propios cuerpos. Quien ama a su esposa se ama a sí mismo.


Porque nadie odia su propio cuerpo (y aquí no está hablando de cuando te miras al espejo en la perimenopausia o menopausia y dices uyy qué asco), sino más bien de que si te duele una muela corres al dentista para arreglarla y eliminar el dolor o que si tienes hambre buscas comer, o si tienes sed buscas beber. Eso es amar tu propio cuerpo.


Amiga, por favor no vayas a darle share a este episodio y mandárselo por mensaje a tu esposo. OK?


Este episodio no es para ellos, es para ti y para mí. Yo no soy consejera matrimonial ni tampoco terapeuta ni tengo suficientes años de experiencia casada como para venir a dar consejos. 


La sumisión bíblica apunta primero a Cristo


Lo que quiero que veas en estos versículos es que Pablo siempre agrega: …así como Cristo.


A las mujeres nos pide que hagamos estas cosas para Dios. A los hombres les ordena que hagan lo que les manda, así como Cristo lo hizo.


A quien seguimos es a Cristo.
A quien respetamos primero es a Cristo.
A quien nos sometemos primero es a Cristo.

Si hacemos las cosas en este orden, y lo sé por poca experiencia y por matrimonios de más de 50 años que tengo como ejemplo, nuestro matrimonio será lo que Dios lo diseñó a ser: una hermosa historia de amor que apunta a los demás al amor de nuestro maravilloso Dios.


La sumisión no es control.

La sumisión no es obediencia ciega.

La sumisión no es esclavitud.

La sumisión no es obligación.


La sumisión es una actitud voluntaria de servir a Dios por medio del respeto a nuestro esposo. Porque Jesús lo hizo primero con nosotros, nosotros ahora en respuesta de gratitud y de amor lo hacemos.

Oremos.


Oración:


Padre Celestial, gracias por dar tu vida por nosotras. Gracias porque dejaste el plano diseñado a la perfección y nos diste los mejores ejemplos de amor incondicional, respeto, valentía, sacrificio personal y sumisión de Cristo al Padre. Vivir en este mundo lleno de mentiras y tergiversaciones de la verdad es difícil, Padre, y a veces nos perdemos en el camino y nos creemos las cosas que no son y comenzamos a pensar y sentir de formas que tú no diseñaste. Ayúdanos a discernir, ayúdanos a caminar en el Espíritu y anclar nuestros corazones en Tu palabra para que podamos vivir vidas plenas, guiadas por ti y en tus promesas. Queremos respetar a nuestros esposos, honrarlos, cuidarlos, y que ellos nos amen como tú quieres que nos amen, que nos protejan, nos provean, y sean responsables de nosotras y de nuestros hijos ante ti. Que sus corazones siempre busquen tu Palabra y tus mandamientos y que se sometan a Tu voluntad para que puedan ser líderes de sus familias, tanto física como espiritualmente. Queremos que nuestros esposos sean hombres de servicio, responsables e íntegros y que nosotras en respuesta a ti podamos ser mujeres de servicio, responsables e íntegras. Te pedimos todo esto en el nombre de Jesús. Amén.




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