La oracion de Pablo por ti

Lectura: Efesios 1:15-23 (traducido de The Message)
15-19 Por eso, cuando escuché de la firme confianza que ustedes tienen en el Señor Jesús y de la abundancia de amor que derraman sobre todos los seguidores de Jesús, no pude dejar de darle gracias a Dios por ustedes. Cada vez que oraba, pensaba en ustedes y daba gracias. Pero hago más que agradecer. Le pido —le pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, al Dios de gloria— que les dé inteligencia y discernimiento para conocerlo personalmente; que los ojos de su corazón estén enfocados y vean con claridad, para que puedan comprender exactamente qué es lo que Él los está llamando a hacer; que capten la inmensidad de esta gloriosa manera de vivir que tiene preparada para sus seguidores y, ¡oh!, la absoluta extravagancia de su obra en nosotros, los que confiamos en Él: ¡energía inagotable y fuerza sin límites!
20-23 Toda esta energía proviene de Cristo: Dios lo levantó de entre los muertos y lo sentó en un trono en lo más alto de los cielos, encargado de gobernar el universo entero, desde las galaxias hasta los gobiernos. No existe nombre ni poder que esté exento de su autoridad. Y no solamente por el momento, sino para siempre. Él está a cargo de todo y tiene la última palabra sobre todas las cosas. En el centro de todo esto, Cristo gobierna la Iglesia. La Iglesia, como puedes ver, no ocupa un lugar secundario en el mundo; es el mundo el que ocupa un lugar secundario con respecto a la Iglesia. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, por medio del cual Él habla y actúa, y mediante el cual llena todas las cosas con su presencia.
Cuando lo único que deseas es que Dios cambie tu situación
Tenía un dolor en el pecho que no parecía irse con nada ni terminar pronto. Lloraba como si alguien se hubiera muerto. Y es que me habían roto tanto el corazón que el dolor que sentía parecía como si me hubieran abierto el pecho con un cuchillo.
Lo único que le pedía a Dios era que me quitara ese dolor, que lo que había pasado no fuese cierto y que todo volviera a ser como antes.
¿Has vivido un momento así?
¿Has estado en un lugar donde el dolor es tan fuerte, tan duro y tan crudo que lo único que le pides a Dios es que cambie tu situación y te saque de donde estás?
La oracion de Pablo por ti desde la prisión
Pablo también vivió una situación dolorosa que no podía cambiar por sus propias fuerzas. Estuvo injustamente encarcelado en Roma entre los años 60 y 62 d. C.
Hechos 28 nos dice que permanecía bajo arresto domiciliario en una vivienda alquilada.
Aunque podía recibir visitas, seguía siendo un prisionero: estaba vigilado día y noche por un soldado romano y posiblemente permanecía encadenado a él.
No podía salir cuando quisiera, viajar para visitar las iglesias que amaba ni continuar su ministerio como antes. Tampoco tenía verdadera privacidad. Cada conversación, cada comida, cada oración y cada noche transcurrían bajo vigilancia.
Además, no sabía cuánto tiempo permanecería allí ni cuál sería el resultado de su juicio.
Su libertad, y posiblemente su vida, estaban en manos de las autoridades romanas.
Imagínate despertar cada mañana para encontrarte con la misma cadena, el mismo guardia y la misma incertidumbre.
Pablo tenía suficientes razones para pedir: “Dios, sácame de aquí. Devuélveme mi libertad. Cambia mi situación”.
Sin embargo, cuando leemos la oración que escribió desde aquel encarcelamiento, descubrimos algo sorprendente: Pablo no comienza orando por sí mismo ni pidiendo que sus circunstancias cambien. Encadenado y sin control sobre su propio futuro, comienza a orar por otras personas.
Comienza a orar por ti.
Una mente enfocada en la eternidad
He atravesado muchas temporadas en mi vida en las que lo único que le he pedido a Dios es que me saque de donde estoy, me devuelva lo que tenía o me dé algo nuevo.
Es probable que Pablo se sintiera igual, pero, en lugar de orar por sí mismo, comenzó a orar por los demás creyentes y les escribió esta carta.
¿Por qué? ¿Qué tenía Pablo en su cabeza y en su corazón que lo movió a orar por otros en lugar de pedirle a Dios que lo sacara de esa situación?
El versículo 14 nos da la respuesta:
“El Espíritu es la garantía [el primer pago, la promesa y un anticipo] de nuestra herencia, hasta que llegue la redención completa de la posesión adquirida por Dios [sus creyentes], para alabanza de su gloria”.
Pablo tenía dentro de él la garantía, el anticipo de su certeza. Él sabía que podía morir en cualquier momento, pero no estaba enfocado en su situación actual, sino en la promesa de su futuro, cuando se completara la redención.
Es decir, Pablo vivía con una mente enfocada en la eternidad y no únicamente en el presente.
Piénsalo. Si en este momento no estás viviendo algo duro por lo cual le estás pidiendo a Dios que te saque o cambie tu situación, remóntate a una temporada en la que sí lo viviste.
¿En qué pensabas?
¿Cuál era tu enfoque?
¿Pensabas en el presente y en cambiarlo o tenías tu mente enfocada en la eternidad?
Cómo conocer a Dios en medio del dolor
Cuando no conocemos a Dios, lo tratamos como un genio en la botella. Tal vez pensamos que, si le oramos lo suficiente, nos sacará mágicamente de donde estamos. Después, seguimos con nuestra vida hasta que llega el próximo momento en el que nuevamente le pedimos su ayuda. Así continuamos dentro de un ciclo que nunca termina.
Pablo, en su oración, dice que le ora a Dios para que Él mismo nos dé un espíritu de sabiduría y revelación, y un conocimiento verdadero y profundo de Él por medio de Jesús.
Dios quiere que lo conozcas. Él no se está escondiendo. Se ha dado a conocer mediante su Palabra, por medio de Cristo y a través de la obra del Espíritu Santo.
La sabiduría de la que habla Pablo no es solamente adquirir más conocimiento o información. Es conocer el carácter de Dios.
Para explicarlo de forma más sencilla, te daré un ejemplo.
Tú conoces tanto a tus hijos que sabes cuándo un estornudo es simplemente un estornudo y cuándo es una señal de que se están enfermando.
Tú conoces tanto a tu pareja que sabes que, cuando se queda callado, es porque algo le pasa.
Tú conoces tanto a tu mejor amiga que, cuando le preguntas cómo está, voltea la mirada hacia abajo y te dice: “Nada”, es hora de preguntar y preguntar hasta que te lo cuente.
¿Conoces así a Dios?
Conocer a Dios te permite confiar aunque no entiendas
Pablo ora para que conozcas a Dios porque, cuando lo conoces, puedes confiar aunque no entiendas. Puedes esperar aunque no veas resultados inmediatos. Puedes obedecer aunque tengas miedo. Puedes descansar aunque no controles el futuro.
Pablo, mientras estaba privado de su libertad, tenía la confianza de que Dios estaba obrando por él, aun si no entendía por qué estaba pasando por esto. Tenía paciencia y paz mientras esperaba que Dios lo liberara, aunque no supiera cuándo lo liberarían o si llegarían a hacerlo.
Pablo tenía todas las razones para sentir miedo. Los soldados romanos no eran personas amables ni llenas de misericordia y sus castigos eran severos, pero, aun así, escogió la obediencia. Pablo tenía la paz que sobrepasa todo entendimiento porque conocía a quien la proveía.
Si eres latina, probablemente conoces la expresión: “En el nombre de Dios”.
Es algo que decimos cuando deseamos que algo suceda de la manera en que queremos.
Pero ¿realmente lo dices porque tienes la certeza de que sucederá exactamente de acuerdo con la voluntad de Dios y porque estás descansando en ella?
¿O lo dices de dientes para afuera porque estás rogando que todo salga como tú esperas?
Dios quiere iluminar los ojos de tu corazón
“Que los ojos de su corazón estén enfocados y vean con claridad, para que puedan comprender exactamente qué es lo que Él los está llamando a hacer; que capten la inmensidad de esta gloriosa manera de vivir que tiene preparada para sus seguidores y, ¡oh!, la absoluta extravagancia de su obra en nosotros, los que confiamos en Él: ¡energía inagotable y fuerza sin límites!”
Pablo ora para que comprendas que tu vida tiene dirección. Que entiendas que tu futuro no está abandonado al azar. Que comprendas exactamente lo que Dios te ha llamado a hacer, paso por paso.
Que entiendas que lo que estás viviendo ahora no es el final de tu historia y que tu esperanza no depende de que hoy todo se arregle, sino de que Dios cumplirá definitivamente su propósito en Cristo.
Y durante todo ese proceso, te promete que te dará energía inagotable y fuerza sin límites, en Él y para Él.
Cristo te da fuerzas para continuar
Lo sé. Cuando estás pasando por un proceso doloroso, la energía se agota. Le clamas a Dios que te saque de donde estás porque ni tu mente, ni tu corazón, ni tu cuerpo pueden más. El dolor emocional agota el cuerpo y el dolor físico agota la mente y el corazón.
Dios quiere que le clames y quiere que le pidas. Pero también quiere que entiendas que no tienes que vivir y atravesar esto por tus propias fuerzas.
“Toda esta energía proviene de Cristo: Dios lo levantó de entre los muertos y lo sentó en un trono en lo más alto de los cielos, encargado de gobernar el universo entero, desde las galaxias hasta los gobiernos”.
Todo lo que necesitas para continuar creyendo, obedeciendo y confiando proviene de Cristo. No hay ningún poder mayor. No hay nadie con quien se le pueda comparar.
“No existe nombre ni poder que esté exento de su autoridad. Y no solamente por el momento, sino para siempre. Él está a cargo de todo y tiene la última palabra sobre todas las cosas”.
Jesús tiene la última palabra
Nada de lo que esté causando o haya causado ese dolor del cual quieres ser librada está exento de su autoridad. Ningún poder malvado está exento de su autoridad. Ningún enemigo está exento de su autoridad. Ningún desastre natural está exento de su autoridad. Ningún problema financiero está exento de su autoridad. Ningún divorcio está exento de su autoridad. Ninguna muerte está exenta de su autoridad.
Jesús está a cargo de todo y tiene la última palabra sobre todas las cosas.
Aun cuando pienses que el mundo está contra ti: “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”.
“En el centro de todo esto, Cristo gobierna la Iglesia. La Iglesia, como puedes ver, no ocupa un lugar secundario en el mundo; es el mundo el que ocupa un lugar secundario con respecto a la Iglesia. La Iglesia es el cuerpo de Cristo, por medio del cual Él habla y actúa, y mediante el cual llena todas las cosas con su presencia”.
Cristo gobierna su Iglesia
Si has aceptado a Cristo, formas parte de su familia. Dios no abandona a quienes le pertenecen. Y, si todavía no has puesto tu fe en Cristo, Él continúa llamándote y esperando que le permitas entrar en tu vida.
Cuando le das entrada, pasas a formar parte de su Iglesia. Su Iglesia es central y ocupa el primer lugar antes que el mundo.
Y si Cristo, quien tiene la última palabra sobre todo, es quien gobierna la Iglesia y existe desde antes que el mundo, no podemos permitir que los problemas causados por el mundo hagan tambalear nuestra fe en Él.
¿Conoces a Dios o solamente sabes cosas acerca de Él?
Quizás conoces muchas cosas acerca de Dios. Sabes que es bueno, poderoso y fiel. Has escuchado esas palabras durante años. Pero ¿las conoces solamente como definiciones o has comenzado a reconocerlas en tu propia vida?
Pablo pudo haber pedido que los creyentes de Éfeso tuvieran más dinero, menos oposición o una vida más sencilla. Pero pidió algo mejor: que conocieran a Dios.
Porque cuando conoces a Dios, tal vez la tormenta no termina inmediatamente, pero ya sabes quién permanece contigo dentro de ella.
Cuando conoces a Dios, no necesitas fingir que no tienes miedo. Puedes llevar tu miedo ante un Padre glorioso.
Cuando conoces a Dios, dejas de medir el futuro únicamente por lo que ves hoy.
Recuerdas que el poder que levantó a Cristo de la muerte continúa obrando a favor de quienes creen.
Esta es la oracion de Pablo por ti.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, danos sabiduría para conocerte. Ilumina los ojos de nuestro corazón. Ayúdanos a comprender la esperanza a la cual nos llamaste, el valor que tenemos como parte de tu familia y la grandeza de tu poder. Recuérdanos siempre que Cristo está por encima de todo aquello que nos causa temor, dolor o angustia. Llénanos de tu energía inagotable y de tu poder para poder confiar, soltar y obedecer, aunque no conozcamos los resultados de inmediato, teniendo la certeza de que tú controlas nuestro futuro. En el nombre de Jesús, amén.
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