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¿Por qué me duele tanto sentirme excluida? Cómo dejar de compararme y encontrar mi identidad en Cristo

Aug 25
7 min read
¿Cómo hacer amigas de adulta?

Lectura: Génesis 29–30 y Efesios 1:3–6


Me he estado desvelando pegada a una serie argentina que se llama Envidiosa. Necesitaba una comedia y me recomendaron esta.


La serie trata de una mujer profesional que vive envidiando la vida de las demás y compitiendo constantemente con otras mujeres. Su sueño es casarse y tener una familia, pero cuando todas sus amigas, una a una, comienzan a cumplir ese sueño y ella no, arma un drama más grande que dos telenovelas mexicanas juntas.


En cada episodio, esta chica visita a su psicóloga, quien la ayuda a descifrar las decisiones erróneas que toma en su vida. A los pocos capítulos, te das cuenta de que la razón por la que se compara constantemente y nunca se siente suficiente es que, cuando era niña, su papá las abandonó.


Su papá dejó a su mamá debido a una infidelidad. Un día les prometió que llevaría a ella y a su hermana al cine. Las dos lo esperaron afuera de la casa, pero él jamás llegó y nunca más volvieron a verlo.


El personaje estaba viviendo con la herida del abandono. La conclusión de la psicóloga es que ella anda buscando “ser la escogida” porque su papá nunca la escogió.


¿Te has sentido así, excluida, abandonada o relegada? Quédate, porque en este episodio veremos la historia de una mujer real que también se sintió así y descubriremos cómo encontrar nuestra identidad en Cristo cuando otros no nos escogen.



Lea: la mujer que nunca fue la primera elección


Me encantaría que alguien hiciera una serie de la Biblia, pero así, tipo telenovela. Les juro que esta historia sería un muy buen capítulo.


Estoy hablando de la historia de Lea y Raquel en Génesis 29 y 30. Si puedes ponerle pausa a este episodio, por favor hazlo y ve a leerla. Pero imagínate la música de fondo, los personajes y los altos y bajos del volumen durante cada escena. Te juro que está para sentarse con un bol de palomitas.


Para resumirte un poco la historia, Jacob llegó al pueblo donde vivía su tío Labán. Allí encontró a Raquel, la hija menor de Labán, pastoreando las ovejas de su padre.


Cuando Jacob vio a Raquel, quedó flechado y dijo: “Con esta me caso”.


Le pidió a Labán que le diera a Raquel en matrimonio a cambio de siete años de trabajo, y Labán aceptó.


Lo que Jacob no sabía era que Labán era medio mañosito y mentiroso. Después de los siete años de trabajo, Jacob le pidió su “premio”: Raquel en matrimonio.


Pero Labán, en lugar de darle a Raquel, le dio a su hija mayor, Lea.


Jacob consumó el matrimonio sin darse cuenta del engaño. La celebración se realizaba de noche y la novia probablemente llevaba un velo, pero la Biblia no explica exactamente cómo Labán logró engañarlo. Al día siguiente, cuando Jacob se levantó, descubrió que se había casado con la mujer equivocada.


Pero aquí ya no había vuelta atrás. Las costumbres de esos tiempos eran muy estrictas y, una vez consumado el matrimonio, machete, estate en tu vaina.


Jacob se enojó y le reclamó a Labán. Labán, siendo el mandraquero que era, le dijo que en su tierra no era costumbre casar a la hija menor antes que a la mayor. Entonces le propuso completar la semana nupcial con Lea y después recibir también a Raquel, a cambio de otros siete años de trabajo.


Este lo que andaba buscando era empleado de gratis.


Jacob aceptó. Después de completar la semana nupcial con Lea, Labán también le dio a Raquel como esposa, pero Jacob tuvo que trabajar otros siete años por ella.


Cuando la comparación nace del rechazo


Lo que acontece después es una dolorosa rivalidad entre Lea y Raquel, porque Jacob amaba más a Raquel, quien había sido su primera elección.


Entonces Lea convirtió en su misión “quedar bien con Jacob” y conseguir que él la amara. Para lograrlo, comenzó a depositar su esperanza en los hijos que podía darle.


Pero hay un versículo muy importante que nos permite entender lo que estaba sucediendo:


“Y vio Jehová que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril.” Génesis 29:31

Dios no estaba aprobando el favoritismo de Jacob. Después de todo, Lea no tenía la culpa de lo que había sucedido. Ella simplemente había obedecido lo que su padre, Labán, le había pedido.


El texto nos muestra que Dios vio a la mujer que se sentía invisible dentro de su propia familia.


Solo mira los nombres que Lea escogió para sus hijos y el significado que les dio. Sus palabras revelaban exactamente lo que estaba sintiendo.


Rubén: “Ahora me amará mi marido”

Su primer hijo fue Rubén:

“Ha mirado Jehová mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido.” Génesis 29:32


Simeón: “Dios escuchó que era menospreciada”

Su segundo hijo fue Simeón:

“Oyó Jehová que yo era menospreciada.” Génesis 29:33


Leví: “Ahora se unirá mi marido a mí”

Su tercer hijo fue Leví:

“Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo.” Génesis 29:34


Cada hijo se convirtió en una nueva esperanza de obtener la aceptación de Jacob. Era como si Lea pensara:


“Quizás ahora que tengo esto, finalmente me escogerá. Quizás ahora seré suficiente.”


Eso mismo hacemos nosotras cuando intentamos demostrar nuestro valor:


Quizás si adelgazo…

Quizás si tengo más amigas…

Quizás si me invitan…

Quizás si mi contenido recibe más atención…

Quizás si soy tan bonita, exitosa o espiritual como ella… entonces sentiré que pertenezco.


Judá: cuando Lea dirigió su mirada hacia Dios


Pero con su cuarto hijo ocurrió algo importante. Lea lo llamó Judá y dijo:


“Esta vez alabaré a Jehová.” Génesis 29:35

Por primera vez, el nombre de uno de sus hijos no menciona a Jacob, su rechazo ni su deseo de conseguir su amor. Su atención comienza a moverse de quien no la escogía hacia el Dios que siempre la había visto.


Esto no significa necesariamente que Lea haya quedado completamente sana de la comparación en ese instante. Génesis 30 nos muestra que la rivalidad continuó.

La transformación emocional generalmente no sucede de golpe.


Sin embargo, Judá marca un cambio significativo: Lea deja, al menos por un momento, de medir su valor según la respuesta de Jacob y dirige su corazón hacia Dios.


Y hay algo todavía más importante en este versículo. Esto es lo que siempre debes buscar en cada historia bíblica: cómo se conecta con Jesús y con el plan de Dios para la humanidad.


De la descendencia de Judá vendría Jesucristo.


La mujer que se sentía relegada quedó incluida de una manera extraordinaria en la historia de la redención.


¿Por qué nos duele tanto sentirnos excluidas?


En la serie de televisión que estoy viendo, esta chica se da cuenta de que busca ser elegida por otros hombres y “ganarle” a las demás para demostrarle a su padre que ella sí puede ser elegida, y por alguien mejor que él.


Constantemente se pregunta:

¿Hay algo malo en mí?

¿Por qué la escogen a ella y a mí no?

¿Soy importante para alguien?

¿Realmente pertenezco aquí?


El problema comienza cuando permitimos que la aceptación de otras personas conteste esas preguntas.


Lea estaba esperando que Jacob definiera su valor, pero Jacob era incapaz de darle la seguridad que ella necesitaba.


La comparación también nos hace interpretar la bendición de otra mujer como evidencia de nuestro propio rechazo:


“Si ella fue escogida, significa que yo no valgo.”


Pero la gracia de Dios no es un pastel con porciones limitadas. La bendición que Él le da a otra mujer no disminuye el amor que tiene por ti.


Amiga, tu valor y tu identidad no te los dará ningún hombre, ninguna familia, ningún estatus social, ninguna amiga ni ningún club. Tu verdadera identidad te la da Cristo.


Cómo encontrar tu identidad en Cristo cuando otros no te escogen


Si estás en Cristo:


  • Eres escogida, aunque una persona no te escoja (Efesios 1:4).

  • Eres adoptada como hija, no una invitada tolerada (Efesios 1:5).

  • Eres aceptada por la gracia de Dios, no por tu desempeño (Efesios 1:6).

  • Eres obra de Dios, creada con propósito (Efesios 2:10).

  • Tu vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3:3).

  • Perteneces al pueblo adquirido por Dios (1 Pedro 2:9–10).


La identidad en Cristo no se construye repitiéndote que eres suficiente por ti misma. Se recibe reconociendo que Cristo es suficiente y que, por estar unida a Él, tu valor ya no está en votación.


¿Cómo termina la historia de Lea?


La Biblia no nos cuenta si hubo perdón, resolución o reconciliación, ni si Jacob finalmente llegó a amar a Lea como ella deseaba.


Pero, dentro de la historia de Dios, su vida no quedó sin resolución.


Lea buscaba ser vista por Jacob, pero Dios ya la había visto.


Deseaba desesperadamente pertenecer, pero Dios le dio un lugar que nadie podía quitarle.


Quería que su esposo reconociera su importancia, pero Dios escribió su nombre dentro de la historia de la redención.


Y hay una ironía hermosa y dolorosa: Raquel fue el gran amor romántico de Jacob, pero


Lea fue sepultada junto a él en la tumba familiar. Lea se sentía como la esposa secundaria, pero de ella procedieron tanto la línea sacerdotal, por medio de Leví, como la línea del Mesías, por medio de Judá.


La resolución de su historia no fue:

“Finalmente Jacob me amó como yo quería.”


La resolución fue:

“Aunque una persona no me dio el lugar que anhelaba, Dios nunca dejó de verme y me dio un lugar dentro de su propósito eterno.”


Y, amiga, Dios no ha dejado de verte a ti.


Eres suya. Eres preciosa ante sus ojos. En Cristo, eres escogida.

Oración:


Padre Celestial, gracias por vernos, escogernos, amarnos y darnos un lugar en tu familia. A veces sentimos que no pertenecemos a este mundo y continuamente estamos viviendo el rechazo de quienes deberían amarnos. Sana nuestras heridas, Padre. No queremos continuar viviendo buscando la aprobación de nadie más que de ti, y sabemos que tú ya nos amaste tal y como somos. Es tanto tu amor que entregaste a tu Hijo por nosotros, y Jesús dio su vida en la cruz y derramó su sangre porque nos viste, nos aceptaste y nos quieres para siempre a tu lado. Eso que buscamos de los demás, de una pareja, de un hombre, de unas amigas o de una familia, solo tú puedes llenar ese hueco, Padre. Te damos la entrada. Queremos sentir tu abrazo y tu amor. Te entregamos nuestra vida y decidimos obedecerte. En el nombre de Jesús, amén.


PODCAST:



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