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¿Estás viviendo tu llamado?

10 minutes ago
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Tu ciudadanía en el cielo



Lectura: Efesios 4:1-3


1 Así que yo, prisionero por causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamado que han recibido; es decir, que lleven una vida que demuestre un carácter piadoso, valentía moral, integridad personal y una conducta madura; una vida que exprese gratitud a Dios por su salvación.


2 Vivan con toda humildad, renunciando a la justicia propia, y con mansedumbre, manteniendo el dominio propio; con paciencia, soportándose unos a otros con amor desinteresado.


3 Esfuércense por conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz, trabajando cada persona en armonía con las demás para el bienestar y el éxito de todo el cuerpo.


¿Qué querías ser cuando fueras grande? ¿Estás viviendo tu llamado?


Cuando estaba en la primaria, yo quería ser secretaria. Me encantaba cómo las secretarias mantenían todo en orden y tenían el control de todas las cosas. Los jefes no eran quienes realmente hacían el trabajo; eran ellas.


Cuando fui más grande, me di cuenta de que, a pesar de que las secretarias hacían casi todo el trabajo, se les pagaba mucho menos de lo que merecían. Entonces entendí que la vida era un juego de escoger la mejor profesión: la que te llena de satisfacción y también los bolsillos.


Pero dentro de mí siempre hubo esa lucha. Yo quería hacer dinero para poder mantenerme sola, pero ninguna de las profesiones que pagaban bien me llamaba la atención: doctora, abogada, ingeniera o administradora.


Cuando encontré la música y supe que era buena en ella, creí haber encontrado mi llamado. Me sentía plena cada vez que cantaba. Sentía que cada nota llenaba mi ser y que podría hacer esto por el resto de mi vida sin sentirlo como un trabajo.


Hasta que un día, cuando decidí grabar mi primer demo, el productor me hizo una pregunta que jamás había considerado.



La pregunta que cambió lo que pensaba sobre mi llamado


—¿Te querés casar y tener hijos?


Yo le dije:

—Claro que sí.


Y él me contestó:

—Esta no es una carrera para casarse ni tener hijos. Si tenés novio, andá, porque no te va a durar mucho.


Eso me pegó duro. Yo quería ser una cantante exitosa y famosa, pero también quería algún día encontrar al amor de mi vida, casarme y tener hijos.


Y ahí se me vino ese sueño abajo.

Y tú, ¿sientes que has cumplido tu llamado? ¿Sientes que estás haciendo aquello para lo que fuiste diseñada?


Pablo nos exhorta en estos versículos a vivir el llamado que Dios nos ha hecho. Pero, contrario a lo que nos dice el mundo, nuestro llamado no es nuestra carrera profesional, nuestra fama, nuestros ingresos, nuestros planes de inversión ni tampoco nuestra familia.


No es ninguna de estas cosas de forma individual. Es todo esto en conjunto, pero vivido de una forma específica.


¿Qué significa vivir tu llamado según Efesios 4:1?


Fíjate en lo que dice el versículo 1:


Así que yo, prisionero por causa del Señor, les ruego que vivan de una manera digna del llamado que han recibido; es decir, que lleven una vida que demuestre un carácter piadoso, valentía moral, integridad personal y una conducta madura; una vida que exprese gratitud a Dios por su salvación.


Pablo primero nos llama a vivir de una manera digna del llamado del Señor.


¿Cuál es ese llamado?


Una vida que demuestre carácter piadoso, valentía moral, integridad personal y una conducta madura.

Definamos cada una de estas cualidades:


Carácter piadoso significa vivir de una manera que refleje a Dios en cómo piensas, hablas y tratas a los demás, incluso cuando nadie te está mirando.


La valentía moral es tener el valor de hacer y defender lo correcto, aunque sea incómodo, te critiquen o te quedes sola.


La integridad personal es ser honesta y coherente; que lo que dices, lo que crees y lo que haces coincidan tanto en público como en privado.


La conducta madura es saber manejar tus emociones, aceptar la responsabilidad por tus decisiones y responder con sabiduría en vez de reaccionar impulsivamente.


En palabras más sencillas:

  • Carácter piadoso: parecerte a Cristo.

  • Valentía moral: hacer lo correcto aunque cueste.

  • Integridad personal: ser la misma persona siempre.

  • Conducta madura: responder con sabiduría y dominio propio.


¿Vives de acuerdo con este llamado?


Ejemplos cotidianos de cómo vivir tu llamado


Pongámoslo en práctica con ejemplos concretos.


Ser una mujer de carácter piadoso significa que tratas con respeto a la mesera, a la cajera y a la persona que limpia, incluso cuando estás cansada o el servicio no fue perfecto.


Tener valentía moral es no participar en una conversación que humilla a otra mujer, aunque guardar silencio pudiera ayudarte a encajar.


Tener integridad personal es contactar al servicio al cliente de Amazon para decirles que te devolvieron por error el pago de una prenda que no devolviste, sino que te quedaste.


Ser una mujer de conducta madura significa que no vas a contestar ese mensaje de golpe, sino que vas a esperar hasta estar tranquila, pensar con la cabeza fría y poner tus emociones bajo el control del Espíritu Santo.


¿Te comportas de esta manera?

Pablo cierra el primer versículo con esta frase: “una vida que exprese gratitud a Dios por su salvación”.


Lo interesante de esta parte es que no podemos vivir agradecidas por algo que no hemos recibido. Pablo nos dice que vivamos una vida que exprese gratitud a Dios por la salvación. Pero, si no hemos recibido la salvación, no podemos agradecer por ella y, por consecuencia, no podremos vivir nuestro llamado.


Para vivir tu llamado, primero necesitas recibir la salvación


El primer paso para vivir tu llamado es recibir el regalo de la salvación. Sin esa transformación, sin ese poder del Espíritu dentro de nosotras, no podemos tener un carácter piadoso ni ser mujeres de integridad o de valentía moral.


Sin Cristo, no podemos vivir nuestro llamado.


Ahora mira lo que dicen los versículos 2 y 3:

Vivan con toda humildad, renunciando a la justicia propia, y con mansedumbre, manteniendo el dominio propio; con paciencia, soportándose unos a otros con amor desinteresado.
Esfuércense por conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz, trabajando cada persona en armonía con las demás para el bienestar y el éxito de todo el cuerpo.

Nuestro llamado no se trata de nosotras mismas. Nuestro llamado no es tener la mejor carrera profesional, la cuenta bancaria más gorda, las inversiones más productivas ni la familia de revista, sino vivir en armonía con todo el cuerpo de Cristo.


Humildad, mansedumbre, justicia, dominio propio, paciencia y amor: estas son virtudes que el Espíritu Santo forma en nosotras. Aquí nuevamente se nos confirma que, sin Cristo, nada de esto es posible.


Un árbol no puede producir un fruto que no corresponde a su naturaleza. Si siembras una semilla de aguacate, no esperes obtener limones.


Pablo nos pide que vivamos dando fruto, pero el fruto lo produce el Espíritu Santo, no nosotras.


Puede que toda tu vida hayas intentado mantener la paz y la armonía dondequiera que vayas. Si has notado que nada parece salir como debería, ¿será que lo estás haciendo con tus propias fuerzas?


¿Por qué no te sientes plena ni satisfecha con lo que estás haciendo con tu vida? ¿Será porque no estás viviendo tu llamado, este llamado?


Tu llamado está donde Dios te ha plantado


Amiga, el mundo intentará convencerte de que tu carrera, tu familia, tu esposo, tus hijos o tu dinero son los que te llenarán y te harán sentir satisfecha.


La Biblia nos enseña que, dondequiera que estés plantada, ahí puedes vivir tu llamado en este momento. Ahí donde Dios te ha colocado, es donde puedes comenzar a vivirlo.


Tu llamado no es vivir satisfecha con una vida que has construido. Tu llamado es vivir la vida que Dios te ha prestado con integridad, valentía, humildad, mansedumbre, justicia, dominio propio y amor; viviendo agradecida por la salvación que Él te brindó por medio de Jesucristo en la cruz.


Oremos.


Oración:

Padre Celestial, gracias por la salvación que nos diste por medio de Cristo en la cruz. Gracias porque nos has dado todas las herramientas para vivir una vida plena y satisfactoria en ti y para ti. Queremos hacer uso de esas herramientas, Padre, para vivir una vida digna de Ti. Ayúdanos a vivir como mujeres de valentía moral, con integridad, dominio propio, de carácter piadoso y madurando en el Espíritu. En el nombre de Jesús, amén.


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