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Escogida, Redimida y Sellada

Sep 3
7 min read

Updated: 6 days ago

¿Cómo hacer tiempo para Dios cuando estoy agotada y siento que no puedo con todo?

¿Prefieres escuchar el episodio?



Lectura: Efesios 1:11-14


11 En Él también hemos recibido una herencia [un destino; Dios nos reclamó como suyos], habiendo sido predestinados [escogidos y designados de antemano] conforme al propósito de Aquel que hace que todas las cosas obren de acuerdo con el consejo y el designio de su voluntad;12 a fin de que nosotros, los que fuimos los primeros en poner nuestra esperanza en Cristo [los primeros en depositar nuestra confianza en Él como Señor y Salvador], existiéramos para alabanza de su gloria.13 En Él también ustedes, después de haber oído la palabra de verdad, las buenas noticias de su salvación, y como resultado haber creído en Él, fueron marcados con el sello del Espíritu Santo prometido [Aquel que Cristo había prometido], indicando que pertenecen a Dios y están protegidos por Él.14 El Espíritu es la garantía [el primer pago, la promesa y un anticipo] de nuestra herencia, hasta que llegue la redención completa de la posesión adquirida por Dios [sus creyentes], para alabanza de su gloria.


El anillo que necesitaba una firma


Hace unos días, unos familiares de mi esposo le pidieron que comprara un anillo Oura para otro familiar que estaba de cumpleaños. 


Para quienes no saben qué es un anillo Oura, es un anillo electrónico que colocas en tu dedo y te mide todas las estadísticas de salud. Te dice si dormiste bien, cuánta energía tienes disponible para hacer ejercicio, qué tipo de ejercicio hacer e incluso te avisa cuando te estás enfermando.


Como te imaginarás, este anillo tiene un precio algo elevado. No es cualquier anillito. Es el súper anillo.


El destinatario final del anillo no vive en mi mismo país; vive en otro. Pero otra persona que vive en otro estado de Estados Unidos lo llevaría en su maleta hasta el destinatario final.

El trabajo de mi esposo era comprar el anillo y enviarlo a una dirección en otro estado donde la persona que lo transportaría lo recibiría sano y salvo.


Como este anillo tiene un valor sustancial, la compañía de correo lo designó como “Signature Only”. Esto quiere decir que no puede dejarlo en la puerta de tu casa o de tu oficina si no hay nadie para firmar que lo recibió.


Ya te imaginarás para dónde voy con esta historia. Pero no te la voy a contar toda ahora; tienes que quedarte para todo el episodio y te cuento qué sucedió con el anillo al final. 


Escogida, redimida y sellada en Cristo


Hemos venido estudiando el libro de Efesios desde hace unos días, y hoy culmina la primera parte de este libro: la introducción. Efesios 1:3-14 es básicamente una sola oración extensa en la cual Pablo celebra todas las bendiciones espirituales que Dios ha dado a quienes están en Cristo. 


Si te leíste todo el libro de Efesios antes de llegar hasta aquí, habrás notado que hay tres categorías en tan solo el primer capítulo que nos cuentan todo lo que Dios hizo por nosotras. 


Tan solo en el capítulo 1, versículos 3-6, nos dice que somos ESCOGIDAS.Luego, en los versículos 7-10, nos dice que somos REDIMIDAS.Y ahora, en los versículos 11-14, nos dice que somos SELLADAS.


Escogidas, Redimidas y Selladas.


Firmada, sellada y entregada


Esto me recordó a esa canción en inglés que se llama Signed, Sealed, Delivered, de Stevie Wonder. 


En la canción, él reconoce que cometió muchas tonterías, que se alejó y que incluso llegó a preguntarse si todavía era amado. Sin embargo, regresa diciendo: “Aquí estoy. Soy tuyo.

Mi futuro está en tus manos”.


Aunque Stevie Wonder escribió estas palabras para hablar de una relación amorosa, cuando las escuché pensé en lo que Pablo declara en Efesios 1. Porque nuestra historia con Dios también incluye decisiones equivocadas, momentos en los que nos alejamos y cosas que hicimos sin comprender completamente sus consecuencias.


Pero el Evangelio nos da una noticia mucho más grande que la letra de una canción: en Cristo hemos sido escogidas, redimidas y selladas.


Fuimos escogidas por el Padre antes de la fundación del mundo. No llegamos a Él por accidente ni tuvimos que convencerlo de que nos amara.


Fuimos redimidas por Jesucristo. Él pagó con su sangre el precio de nuestra libertad, perdonó nuestros pecados y nos rescató de la vida que llevábamos lejos de Dios.


Y fuimos selladas con el Espíritu Santo. Su presencia en nosotras es la marca que confirma que pertenecemos a Dios y la garantía de que recibiremos la herencia que Él nos ha prometido.


Sin la firma, el paquete no podía ser entregado


Esto me trae de nuevo a la historia que te contaba al inicio sobre el anillo.


Cuando tú pides algo por Amazon o por correo, ese algo no llega a tus manos hasta que el repartidor de paquetes lo ha dejado en tu puerta y le ha tomado una foto como evidencia de la entrega o, como en el caso del anillo, alguien ha firmado para dejar constancia de que fue recibido. 


Resulta que el anillo nunca fue entregado. Mi esposo recibió una notificación de que cada vez que el repartidor de paquetes llegaba a la dirección indicada, no había nadie para firmar, entonces no entregaba el paquete. 


El tiempo corría y la persona encargada de transportar el paquete hacia su destino final ya se acercaba a su viaje y si el paquete no era entregado a tiempo, se iría sin él. 


El destinatario final, el familiar de mi esposo, nunca recibiría su regalo de cumpleaños y quienes se lo habían comprado tendrían que pedir la devolución de su dinero.


Sin esa firma, el anillo jamás tendría su dueño respectivo.

Los familiares de mi esposo habían escogido el anillo con cautela. De hecho, estaban indecisos sobre cuál era el color perfecto. 


Luego, al escogerlo con amor y dedicación, decidieron pagar por él un precio algo elevado por un anillo. Seguramente ahorraron por varios meses para poder hacerlo, lo cual significó un sacrificio. Al pagar por él, redimieron el anillo de su puesto en un almacén y le dieron la potestad de colocarse para siempre en el dedo de alguien y pertenecer a esa persona.


Y como este anillo es especial, se personaliza contigo: mide tu ritmo cardíaco, reconoce tus patrones de sueño y ejercicio y hasta predice cuándo te vas a enfermar. Al colocarlo en tu dedo y comenzar a vivir con él, tiene tu sello para siempre. 


Pero, sin esa firma, sin ese sí de recibo del paquete, ninguna de estas cosas puede suceder.


Esta es nuestra historia


Amiga, esta es nuestra historia. 


Fuimos escogidas desde antes de la fundación de la tierra, fuimos redimidas por medio de la sangre de Cristo y fuimos selladas por el Espíritu Santo.


Hubo alguien que firmó por nosotras. Aceptó “nuestro paquete” y nos selló haciéndonos suyas para siempre.


Pero para que todo eso suceda, tú debes decir: SÍ, acepto, firmo, recibo.


En otras palabras, en Cristo podemos decir:

“Aquí estoy, Señor: escogida, redimida y sellada. Soy tuya y mi futuro está en tus manos.”

En la canción de Stevie Wonder, el hombre regresa preguntándose si el amor de la otra persona todavía permanece. Nosotras no tenemos que regresar a Dios preguntándonos si su amor continúa siendo suficientemente fuerte. La cruz ya contestó esa pregunta.


Quizás has hecho muchas cosas que lamentas. Quizás te alejaste, desperdiciaste años o tomaste decisiones que ahora quisieras cambiar. Pero tu pasado no tiene la última palabra sobre tu identidad. Cuando depositas tu fe en Cristo, ya no eres definida por tus errores.


Eres definida por lo que Dios hizo por ti:


El Padre te escogió.

El Hijo te redimió.

El Espíritu Santo te selló.

Le perteneces a Dios.


Y si le perteneces, puedes colocar tu futuro en sus manos. No porque nunca volverás a equivocarte, sino porque Aquel que comenzó su obra en ti también se ha comprometido a completarla.


“Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”.—Filipenses 1:6, NVI


El anillo finalmente fue entregado. Mi esposo tuvo que colocar otra dirección donde sí había alguien que podía firmar, y finalmente la persona que lo transportaría hacia su destino final lo recibió justo a tiempo antes de su viaje.


El destinatario final recibió su anillo y ahora mismo lo está disfrutando.


¿Ya recibiste el regalo de Dios?


¿Ya aceptaste tu paquete? ¿Ya firmaste para recibir el regalo que Dios tiene para ti? ¿O no estás disponible en este momento para recibirlo?


Amiga, Dios te regala una eternidad a Su lado. Es un paquete premium, entregado al instante. Pero un día, no sabemos cuándo, el viajero se irá, y será muy tarde para firmar por el regalo. 


Así que te animo hoy a que, si no has recibido el paquete especial de Dios: la vida eterna a Su lado, no pierdas más tiempo y lo hagas ahora mismo.


Es tan sencillo como repetir o hacer una oración parecida a esta en tu corazón: 

"Señor Jesús,Reconozco que te necesito y te pido perdón por mis faltas.Creo que moriste en la cruz por mí y que resucitaste para darme vida eterna.Hoy abro la puerta de mi corazón y te recibo como mi Señor y Salvador.Dirige mi vida, cámbiame y guíame cada día. Amén."

Si has estado como el anillo, de aquí para allá, que entra pero no se queda, espero que hoy sea el día en el que el encargado de paquetería entregue para siempre el paquete y te selle con el Espíritu Santo, para que formes parte de Su familia. 


Y si ya eres parte de la familia de Dios, porque ya le entregaste tu corazón a Jesús, pero aún no has comprendido que fuiste escogida, amada y redimida, espero que hoy aceptes ese sello del Espíritu y comiences a vivir una vida con la frente en alto, sabiendo quién eres, y que nada más que su amor y su sacrificio definen tu identidad. 


Oremos.


Oración:


Padre Celestial, gracias por escogernos desde antes de que formaras la tierra. Gracias por pensar en cada una de nosotras y amarnos tanto que decidiste enviar a tu propio hijo para redimirnos de nuestros pecados y luego nos enviaste un consolador y acompañante que es tu Espíritu Santo para sellarnos con tu nombre y apellido. Gracias por hacernos pertenecer, porque somos tuyas, somos aceptadas, somos parte de ti y podemos gozar de una eternidad a tu lado. Queremos aceptar y vivir esa nueva identidad, antes de que sea muy tarde. En el nombre de Jesús, amén. 



PODCAST:



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