¿Eres una veleta? Cómo mantenerte firme en la fe

Lectura: Efesios 4:4-16
4 Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como Dios los ha llamado a una sola esperanza. 5 Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; 6 hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos.7 Pero cada uno de nosotros ha recibido los dones que Cristo le ha querido dar. 8 Por eso, la Escritura dice:«Subió al cielo llevando consigo a los cautivos,y dio dones a los hombres.»9 ¿Y qué quiere decir eso de que «subió»? Pues quiere decir que primero bajó a esta tierra. 10 Y el que bajó es el mismo que también subió a lo más alto del cielo, para llenarlo todo. 11 Y él mismo concedió a unos ser apóstoles y a otros profetas, a otros anunciar el evangelio y a otros ser pastores y maestros. 12 Así preparó a los del pueblo santo para un trabajo de servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo 13 hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, y alcancemos la edad adulta, que corresponde a la plena madurez de Cristo. 14 Ya no seremos como niños, que cambian fácilmente de parecer y que son arrastrados por el viento de cualquier nueva enseñanza hasta dejarse engañar por gente astuta que anda por caminos equivocados. 15 Más bien, profesando la verdad en el amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. 16 Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.
¿Qué significa estar firme en la fe?
¿Qué es lo que crees tú?
¿Eres de las que dicen que todas las religiones adoran el mismo Dios? ¿O de las que creen que cada quien vive su propia verdad?
Y, si crees esas cosas, ¿por qué lo crees? ¿Por qué lo profesas?
¿Es porque no te gusta entrar en confrontaciones con nadie? ¿O por qué crees que alguien se ofenderá si dices lo contrario? ¿O es porque realmente crees que eso es así?
En el episodio de ayer hablábamos de cómo vivir tu llamado, de ser una mujer valiente, íntegra, piadosa y que vive una vida conforme al propósito de Dios.
Hoy estaremos explorando algunos versículos donde Pablo nos dice cómo tenemos que vivir el propósito que Dios nos ha encomendado y mantenernos firmes en la fe.
¿Cambias de parecer como una veleta?
Cuando escucho la palabra veleta solo recuerdo a Lucero, la cantante mexicana que cantaba esa canción que dice: “veleta, no sabes adónde vas…”
Cuando era niña, no entendía esta letra y creo que mi mamá fue quien me explicó que se trataba de un hombre que era muy indeciso, que decía una cosa pero hacía otra, o que a cada momento cambiaba de parecer.
En el país donde yo vivo, hay muchas naciones representadas y, con ello, muchas religiones. Cada religión afirma que su dios o sus dioses son los dioses reales y muchos los defienden a muerte.
He tenido oportunidades de platicar con personas de distintas religiones, y una de las más prominentes es el islam. Yo no conocía nada sobre el islam hasta que conocí a una chica de la India que se acercó a mí y me pidió que le enseñara sobre la Biblia y sobre mi Dios.
Ella había crecido en una familia que practicaba el islam y estaba casada con un hombre que también lo hacía.
Cuando le pregunté por qué quería conocer a mi Dios y sobre la Biblia, me dijo que yo irradiaba una paz que ella quería tener y que, por más que estudiaba el Corán, nunca había sentido paz. Ella veía que los cristianos se conducían con amor, respeto y gentileza y en su casa ella vivía abuso e irrespeto.
Esto me hizo pensar en la importancia, la grave importancia que tiene la forma en que los cristianos nos conducimos, hablamos y respetamos a Dios y a los demás.
Yo nunca tuve una relación con esta chica. De hecho, solo nos veíamos una vez a la semana en un grupo de mujeres que hacíamos ejercicio juntas. La poca interacción que ella tuvo conmigo, Jesús la usó para traerla a sus pies.
Y no lo digo porque yo soy una santa o porque me conduzco siempre con gentileza. Soy pecadora igual que todas, y muchas veces me arrepiento de lo que sale de mi boca.
Pero Dios, en su infinita misericordia y gracia, permitió que esta chica viera un destello del Espíritu Santo en mí y que se acercara a Él.
Pero, ¿qué hubiese pasado si yo me hubiera acobardado y dicho: yo respeto su religión y cada quien con su vida?
¿Qué hubiese pasado si yo, por evitar la confrontación, no hubiese explicado quién es Jesús y por qué Dios es el único y verdadero Dios?
Esta chica se habría perdido de su oportunidad de salvación. Y no porque Dios me necesitara a mí para llevar a cabo su propósito en ella, sino porque Dios me la dio en bandeja de plata y dijo: hazla una discípula.
Un solo Dios y una sola esperanza
Mira lo que dice Efesios 4:4-16:
4 Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como Dios los ha llamado a una sola esperanza. 5 Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; 6 hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por medio de todos y está en todos.7 Pero cada uno de nosotros ha recibido los dones que Cristo le ha querido dar. 8 Por eso, la Escritura dice:«Subió al cielo llevando consigo a los cautivos,y dio dones a los hombres.»9 ¿Y qué quiere decir eso de que «subió»? Pues quiere decir que primero bajó a esta tierra. 10 Y el que bajó es el mismo que también subió a lo más alto del cielo, para llenarlo todo. 11 Y él mismo concedió a unos ser apóstoles y a otros profetas, a otros anunciar el evangelio y a otros ser pastores y maestros. 12 Así preparó a los del pueblo santo para un trabajo de servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo 13 hasta que todos lleguemos a estar unidos por la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, y alcancemos la edad adulta, que corresponde a la plena madurez de Cristo. 14 Ya no seremos como niños, que cambian fácilmente de parecer y que son arrastrados por el viento de cualquier nueva enseñanza hasta dejarse engañar por gente astuta que anda por caminos equivocados. 15 Más bien, profesando la verdad en el amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. 16 Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.
La expresión “un solo” se repite siete veces. Esto quiere decir que es importante y que debes ponerle atención.
Pablo nos dice que hay un solo Dios y que todos somos llamados a una sola esperanza. Esa sola esperanza es la vida eterna al lado de Cristo.
Ese es nuestro foco central.
Podemos cumplir nuestro llamado porque sabemos quién nos lo dio, sabemos quién nos guía y sabemos para dónde vamos. Sabemos con claridad cuál es nuestra meta final.
Cuando tú haces ejercicio y cambias tu forma de comer, lo haces de cierta manera porque sabes cuál es tu meta final, ya sea una talla, un número en la balanza o un porcentaje de grasa corporal. No lo haces a lo loco porque entonces sabes que no llegarías a ningún lado.
Pablo nos afirma lo que sigue, iniciando con el porqué y para quién. Es decir, antes de darnos instrucciones, se asegura de que sepamos con toda la certeza del mundo para quién trabajamos.
Luego dice que nos preparó para nuestra misión, que es unificar al cuerpo de Cristo y convertirnos en adultos maduros, firmes en la fe y en nuestras convicciones.
Tus dones te ayudan a mantenerte firme en la fe
A cada quien le dio un don.
Yo tengo un don. Tú tienes un don. Todas tenemos dones. Dios repartió dones y regalos espirituales para que todas pudiéramos participar de la misión de dar a conocer a Cristo y unificar el cuerpo. Todas tenemos dones para el servicio de Cristo.
¿Estás usando tus dones? ¿Has descubierto cuáles son tus dones? ¿Los estás utilizando para el servicio de Cristo?¿O los tienes escondidos porque te da miedo mostrarlos? ¿Te da miedo hablar del único Dios verdadero por temor a ofender a los que aún no lo conocen?
O tal vez has dejado de utilizar tus dones o los tienes dormidos porque no estás segura de que Dios es el único Dios verdadero y te dejas llevar por cualquier corriente que está de moda o que no requiere confrontación.
La madurez espiritual no cambia según la compañía
Antes de conocer cuáles son tus dones y para qué fuiste diseñada, eras como una niña. Cambiabas de parecer a cada momento.
Eras de las que en una conversación con una amiga eras una, pero en otra conversación con otra chica eras otra y, luego, en tu casa eras otra.
¿Te acuerdas de una foto que hace un tiempo anduvo circulando, sobre un vestido que unos veían que era dorado y otros veían que era azul? Dependiendo de quién lo viera, el vestido cambiaba de color.
Mi esposo veía el vestido azul; yo lo veía dorado. Yo le mostré la foto a uno de mis hijos, y no le dije qué color veía yo. Mi hijo me dijo que lo veía azul. Pero cuando le dije que yo lo veía dorado, mi hijo cambió de parecer y me dijo que él también lo veía dorado.
Los niños contestan lo que los haga quedar bien con su fuente de autoridad. Si tienen un amigo mayor, dirán lo que les haga quedar bien con el amigo. O dicen lo que sea por quedar bien con los padres o los abuelos, aun cuando eso no es la verdad ni tampoco lo correcto.
Pablo quiere que tengamos nuestra convicción, nuestra meta, propósito y rol o dones tan claros que no podamos cambiar de parecer como lo hacen los niños.
Profesa la verdad en amor
Mira lo que dice el versículo 15:
Más bien, profesando la verdad en el amor, debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. 16 Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor.
En lugar de ser como niños que cambian como veletas, que no saben ni adónde van, debemos profesar la verdad que ya conocemos en amor y hacer que todo lo que hagamos apunte a Cristo (lo que pensamos, lo que decimos, cómo trabajamos, cómo criamos, cómo somos esposas, amigas, hermanas e hijas), porque nosotras no somos la cabeza ni nos movemos solas. Somos parte del cuerpo y el cuerpo se mueve hacia donde la cabeza (Cristo) lo indique.
Cuando todo el cuerpo se mueve y hace lo que la cabeza le dice, todo funciona bien.
Cuando todas tenemos nuestra mirada y nuestra convicción firmemente ancladas en Cristo, sabemos para dónde vamos y para quién estamos. Así nos mantenemos firmes en la fe. Y cuando hacemos eso, el mundo funciona como Dios lo diseñó para funcionar.
Cinco preguntas para saber si estás firme en la fe
Así que hoy te quiero dejar con este pequeño reto.
Hazte estas preguntas y contesta honestamente:
¿Qué tan firme soy en mis convicciones?
¿Soy la misma con mis amigas del colegio y la universidad que con mis amigas de la iglesia?
¿Soy la misma en mi casa que en mi trabajo?
¿Trato a mis hijos igual cuando estoy sola con ellos que cuando estoy acompañada?
¿Me siento libre de hablar de Dios y Jesús frente a otros o los escondo por miedo a ofender?
Estas preguntas son confidenciales. Ni yo ni nadie debemos saber las respuestas. No son para juzgarte, sino para examinar tu corazón y llevarle cualquier duda o indecisión a Dios. Solo Él puede darte la firmeza de convicción que necesitas para que no seas una veleta, sino un barco con rumbo fijo, propulsado por el motor de Jesucristo y con un destino fijo y determinado.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, hoy venimos a ti con una petición especial. Queremos que nos reveles cuáles son los dones que nos has dado a cada una, para las que no los sabemos. Necesitamos conocer de qué forma quieres usarnos, para unificar tu pueblo y ser valientes para hablar de ti, de tu amor, de tu gracia y misericordia. Danos la sabiduría, la fortaleza y el dominio propio para ser firmes en nuestras convicciones y no ser cambiantes ni dejarnos llevar por el viento. Queremos ser mujeres adultas, no niñas. Queremos hablar de tu amor y crecer juntas en madurez. Ayúdanos a creer y a cimentar tu verdad en nuestro corazón. En el nombre de Jesús, amén.
PODCAST:

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