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Cómo usar tus dones para servir a los demás según la Biblia – Parte 1

Mujer alabando a Dios


Lectura: 1 Pedro 4:10-11 (Traducido de la Amplified Version)


10 Así como cada uno ha recibido un don especial —un talento, una capacidad que Dios le ha concedido por Su gracia—, úselo para servirse los unos a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

11 El que habla, hágalo como quien comunica las palabras de Dios; el que sirve, hágalo con la fortaleza que Dios provee, para que en todo Dios sea glorificado por medio de Jesucristo. A Él pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén.


“Yo no tengo ningún talento, no tengo ni un testimonio.” - esto me dijo una amiga una vez que estábamos discutiendo cómo servir en la iglesia.


Ella había crecido toda su vida en una iglesia y dentro de la casa de sus padres. Se mudó de su casa cuando se casó. Tuvo hijos después de casada y ahora se dedicaba a trabajar en el departamento de informática de una empresa. 


Ella decía que su vida era común, nada extraordinaria y que no tenía nada “grandioso” qué compartir con otras personas. Nunca podría compartir un testimonio de “Dios me sacó de lo más profundo” o “me liberó de las drogas” o algo parecido, porque según ella, su vida era aburrida y monótona.


Tampoco consideraba tener ningún talento especial. Había escogido el trabajo más seguro, la informática (según ella) porque no tenía ningún don especial para otra cosa.


Y tú, ¿te sientes así? ¿Sientes que solo estás viviendo la vida sin ninguna capacidad o don especial? ¿Sientes que no tienes nada que ofrecer a las personas? Si es así, quédate, porque hoy descubrirás algo que traerá emoción a tu vida y nunca volverás a ser la misma.



Dios no creó a nadie sin propósito


Ya les he contado que mi hijo mayor tuvo ciertos retos de aprendizaje. Mientras atravesábamos sus terapias, hubo muchos días en los que él lloraba y yo también.


Él lloraba cuando veía a sus compañeros recibir reconocimientos en las ceremonias escolares o ganar competencias, mientras él nunca recibía ninguno. Como mamá, sentía que el corazón se me retorcía.


Mi hijo llegó a decirme que “Dios lo había hecho tonto” y que no poseía ningún talento.

Pero yo sabía que eso no era cierto. Dios no se había equivocado al crearlo. Lo amaba como su hijo y tenía un propósito para su vida, aunque en ese momento ninguno de los dos pudiera verlo con claridad.


¿Sabías que los seres humanos compartimos más del 99 % de nuestro ADN? Sin embargo, con excepción de los gemelos idénticos, no existen dos personas con exactamente la misma combinación genética. Entre miles de millones de seres humanos, Dios permitió que existiera una combinación como la tuya, acompañada de una historia, experiencias, capacidades y oportunidades particulares.


No eres una repetición ni una pieza de repuesto. Eres una expresión irrepetible de la multiforme gracia de Dios.


Cada creyente ha recibido un don de Dios


Pedro lo aclara en la primera parte del versículo 10: “Así como cada uno ha recibido un don especial…”. No dice: “Si alguno ha recibido un don”, sino: “Cada uno”. Eso significa que, si perteneces a Cristo, Dios también te ha confiado algo que puedes poner al servicio de los demás.


Un don puede expresarse mediante la enseñanza, la exhortación, el liderazgo, la misericordia, la hospitalidad, la ayuda práctica, la generosidad u otras maneras de edificar a las personas.


No todos recibimos el mismo don, pero ninguno fue diseñado para ser innecesario.


Tu don no depende del reconocimiento del mundo


Mi hijo estaba creyendo la mentira de que no poseía ningún talento porque no estaba recibiendo el reconocimiento de su escuela, sus maestros o sus compañeros. Estaba midiendo su valor de acuerdo con los premios que recibían los demás.


Pero la ausencia de reconocimiento no significa ausencia de dones. Muchas de las capacidades más valiosas no reciben trofeos ni aparecen sobre un escenario.


Aquí es donde entra la segunda parte del versículo 10: “un talento, una capacidad que Dios le ha concedido por Su gracia—, úsenlo para servirse los unos a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

Cada don que has recibido es por la gracia de Dios. Gracia quiere decir que recibiste algo que no merecías. No pudiste hacer nada ni esforzarte para merecerlo. Dios simplemente dijo, “a esta hija le daré esto” y punto.


Es como cuando sales a hacer un mandado y decides llevarles algo especial a tus hijos “solo porque sí”: no porque obtuvieron buenas calificaciones o se portaron bien, sino simplemente porque los amas. De manera semejante, Dios nos concede dones por gracia.


No los ganamos ni los merecemos; los recibimos porque Él decidió confiárnoslos. Nos dijo cómo usar tus dones para servir a los demás.


Cómo usar tus dones para servir a los demás


Pero Dios quiere que uses tus dones para servir a los demás, no para llamar la atención sobre ti misma ni demostrar lo capaz que eres.


Dios nos concede dones para beneficiar a otras personas.


El don viene de Él, pero nos corresponde a nosotras ponerlo a funcionar.


No se trata solamente de reconocer: “Dios me hizo buena para hablar”, sino de preguntarte: “¿Cómo puedo usar esta capacidad para servir a alguien más?”.


Los dones extraordinarios pueden verse muy sencillos


Hay mujeres que son buenísimas en la hospitalidad. Recuerdo que, cuando yo era niña, la iglesia a la que asistía organizaba un campamento anual al que llegaban personas de otros países. Muchas de estas personas se hospedaban en las casas de los miembros de la iglesia local.


Una de las señoras que ofrecía su casa se había vuelto “famosa” por preparar pequeños paquetes con cepillos de dientes, pasta dental, hilo dental y otros artículos de aseo personal para cada huésped, como si estuviera recibiéndolos en un hotel.


Esto fue hace años, pero yo aún recuerdo ese detalle como algo especial. No gastó un millón de dólares, no les pagó sus boletos aéreos, no los invitó a comer a restaurantes caros. Simplemente tuvo el detalle de anticiparse a algo que sus huéspedes podían necesitar. Años después, muchas personas todavía recordaban aquel gesto.


Ella tenía el don de la hospitalidad y lo estaba poniendo al servicio y beneficio de los demás.


Tal vez eso que haces de manera tan natural que ni siquiera lo consideras especial sea precisamente una de las maneras en las que Dios quiere bendecir a otras personas por medio de ti.


Ser buenas administradoras de los dones de Dios


Poner nuestros dones al servicio de los demás es ser buenas administradoras. No somos las propietarias de nuestros dones; somos sus administradoras. Estamos cuidando y utilizando responsablemente algo que le pertenece a Dios.


Nuestros dones, capacidades, experiencias, recursos e influencia realmente pertenecen a Dios. Él nos los confió temporalmente y espera que los utilicemos de acuerdo con Su propósito.


La multiforme gracia de Dios se ve diferente en cada persona


Volviendo a mi amiga, la que te conté al inicio que decía que ella no tenía ningún talento como otras ni un testimonio extraordinario. El problema de mi amiga no era que careciera de dones, sino que estaba buscando los suyos en la vida de otras personas.


Pero, no tenemos que parecernos unas a otras para ser útiles. Según este versículo, la gracia de Dios es multiforme, es decir, variada, multifacética, o de muchos colores.


Tú puedes reflejar la gracia de Dios enseñando; otra mujer, escuchando; otra, cocinando; otra, administrando; otra, animando; otra, orando; y otra, cuidando silenciosamente a alguien que sufre.


La diversidad de nuestros dones revela las diferentes dimensiones de la gracia de Dios. Su gracia es como un rayo de luz que atraviesa un diamante y se despliega en muchos colores. Procede de un solo Dios, pero se manifiesta de maneras distintas por medio de cada creyente.


Tu don también lleva la huella que Dios puso en ti


Me atrevo a decir que, aún dentro de cada don, hay un diferenciador. 


Aun cuando dos personas poseen el mismo don, no lo expresan exactamente de la misma manera. En mi iglesia, por ejemplo, hay varios pastores que se turnan para predicar.


Uno de ellos, muy sabio y preparado, es el favorito de muchas personas porque suele comenzar sus mensajes hablando de su comida favorita o de algún restaurante que visitó.


Sus mensajes son memorables porque combinan la cotidianidad, con la jocosidad y luego lo conectan con la Palabra de Dios. Consigue que los relatos bíblicos no se sientan distantes, sino que podamos vernos reflejados en las experiencias de quienes aparecen en ellos.


Otros quizá no conecten con su manera de comunicar, pero sí con la de otro predicador. El mensaje puede ser el mismo y el don puede parecerse, pero Dios permite que cada persona lo exprese de una manera particular para alcanzar a personas diferentes.


Dios le dio a cada uno un don, y ese don también se divide en muchos colores porque la gracia de Dios es multiforme. 


¿Cuáles son tus dones espirituales?
¿Los estás usando para ti misma o para servir a los demás?

En esta primera parte del devocional quiero animarte a dar tres pasos:


  1. Descubre cuáles son los dones que Dios te ha dado.

  2. Reconócelos y agradécele por haberlos recibido.

  3. Diseña un plan sencillo para ponerlos al servicio de los demás.


No pienses todavía en hacer algo enorme. Elige una sola manera de usar uno de tus dones esta semana. Tal vez puedas llamar a alguien que necesita ánimo, preparar una comida, recibir a una persona en tu casa, enseñar algo que conoces o ayudar a resolver una necesidad práctica.


Para ayudarte, puedes utilizar este cuestionario que puede orientarte para identificar tus dones espirituales. Recuerda que el resultado es solamente una herramienta: debes examinarlo a la luz de la Palabra, la oración y la confirmación de una comunidad cristiana madura.


Hoy descubrimos que todas hemos recibido algo que podemos administrar para el beneficio de los demás. Pero quizá estés pensando: “Melissa, yo reconozco mi don, pero no tengo la fuerza, el tiempo o la capacidad para usarlo”. Precisamente de eso habla el versículo 11. Mañana descubriremos que Dios no solamente nos da el don: también provee la fortaleza para ponerlo en práctica.


¿Oramos?


Oración:

Padre Celestial, gracias porque desde que nos pensaste, antes de estar en el vientre de nuestra madre, nos diste capacidades que por nosotras mismas no podríamos desarrollar. Gracias porque has pensado en todo. Gracias porque ningún don es innecesario y todo lo usas para tu Gloria. Ayúdanos a reconocer los regalos que nos has dado y a ponerlos al servicio de quienes nos rodean. Queremos bendecir a los demás con lo que tú no has bendecido Padre. Danos la seguridad y la confianza que necesitamos para comenzar a servir y bendecir a otros, sin dudar de Tu Poder y tu bendición. En el nombre de Jesús, Amén.




PODCAST:



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