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Cómo tener fuerza y energía espiritual según la Biblia

1 day ago
7 min read
Tu ciudadanía en el cielo



Lectura: Efesios 3:14-17


Por esta razón [comprendiendo la grandeza de este plan mediante el cual judíos y gentiles son unidos en Cristo], doblo mis rodillas [con reverencia] ante el Padre [de nuestro Señor Jesucristo], 15 de quien toda familia en el cielo y en la tierra recibe su nombre [Dios, el Padre primero y supremo]. 16 Que Él les conceda, conforme a las riquezas de Su gloria, ser fortalecidos y llenos de poder espiritual por medio de Su Espíritu en su ser interior [habitando en lo más profundo de su ser y de su personalidad], 17 para que Cristo habite en sus corazones por medio de la fe. Y que ustedes, profundamente arraigados y firmemente cimentados en amor,


¿Por qué buscamos más fuerza y energía?


¿Por qué será que todas las mujeres que quieren mejorar su salud piden más fuerza y energía?


En toda mi carrera como coach de nutrición y fitness, esa es la respuesta que la mayoría de las mujeres colocaba en el cuestionario inicial de consulta.


“Quiero ser más fuerte.”
“Quiero tener más energía.”

¿Será porque constantemente nos sentimos derrotadas? ¿O por qué estar “cansadas” es nuestro estado natural?


Hoy veremos lo que dice la Biblia sobre cómo obtener más fuerza y energía espiritual y qué significa eso para nosotras de hoy en adelante.


Antes de comenzar la carrera, necesitas preparación


Hemos venido estudiando el libro de Efesios, y en sus primeros capítulos Pablo nos ha descrito quiénes somos en Cristo y para Cristo. En estos próximos capítulos nos describe cómo debemos vivir en Cristo, cómo debemos comportarnos.


Pero antes de hacer algo nuevo, necesitamos saber cómo hacerlo; necesitamos las herramientas y las habilidades.


Antes de ser ingeniero, arquitecto, doctor, psicólogo, mercadólogo o administrador, y ocupar un buen puesto en alguna empresa o construir la propia, tienes que adquirir el conocimiento. Vas a la escuela, luego al colegio, luego a la universidad y posiblemente haces una maestría y/o un doctorado, dependiendo de tu profesión.


No puedes simplemente entrar a una empresa constructora y decir: “Me identifico como arquitecto, contrátenme”. Seguramente nadie te contrataría. No tienes el conocimiento, no sabes cómo utilizar las herramientas de trabajo, no conoces el lenguaje técnico y contratarte podría significar una demanda muy costosa si el edificio que diseñaste se viene abajo al tercer día.


Cuando vas a la universidad a especializarte, procuras aprender bien todo lo que te enseñan. Los médicos pasan noche tras noche sin dormir, aprendiendo cada parte del cuerpo, cada procedimiento y la interacción de cada medicamento porque, si no lo hacen, cuando estén ejerciendo en la vida real con sus pacientes, no sabrán ni por dónde empezar, ni cómo continuar, ni mucho menos cómo ayudar a sanar.


Pablo nos está diciendo algo parecido. Después de explicarnos quiénes somos en Cristo, dice:


Por esta razón [comprendiendo la grandeza de este plan mediante el cual judíos y gentiles son unidos en Cristo], doblo mis rodillas [con reverencia] ante el Padre [de nuestro Señor Jesucristo], 15 de quien toda familia en el cielo y en la tierra recibe su nombre [Dios, el Padre primero y supremo]. 16 Que Él les conceda, conforme a las riquezas de Su gloria, ser fortalecidos y llenos de poder espiritual por medio de Su Espíritu en su ser interior [habitando en lo más profundo de su ser y de su personalidad], 17 para que Cristo habite en sus corazones por medio de la fe. Y que ustedes, profundamente arraigados y firmemente cimentados en amor,

Fíjate en las primeras tres palabras: “Por esta razón”.


Si no has escuchado los tres o cuatro episodios anteriores, ve a escucharlos. Ahí se explica el “por esta razón”. La razón por la cual debemos ahora comportarnos como Cristo es porque Dios nos unió a Cristo, y esto lo ves en los capítulos 1 y 2 de Efesios.


Pero hay algo curioso e importante que Pablo hace antes de comenzar a decirnos cómo vivir, antes de que comencemos la carrera.


¿Por qué Pablo dobla sus rodillas ante el Padre?


Mira la segunda parte del versículo 14:


“…doblo mis rodillas [con reverencia] ante el Padre [de nuestro Señor Jesucristo]”.

Pablo se prepara para la carrera. Pablo viene ante el Padre a adquirir conocimiento, habilidades, herramientas, fuerza y energía.


En la cultura judía, era normal orar de pie. Jesús oró de pie en muchas ocasiones.


Arrodillarse no era desconocido, pero aparecía especialmente en momentos de profunda necesidad, arrepentimiento, angustia, consagración, adoración extraordinaria y súplica solemne.


Lo vemos a través de la Biblia: Salomón se arrodilló para dedicar el templo (2 Crónicas 6:13), Daniel oraba de rodillas tres veces al día (Daniel 6:10) y Jesús se arrodilló en Getsemaní en su momento de profunda agonía (Lucas 22:41).


Pablo acaba de explicar el asombroso plan de Dios: por medio de Cristo, judíos y gentiles (dos pueblos históricamente separados) ahora forman una sola familia. Abrumado por la grandeza de esa verdad, declara:


«Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre…»

Antes de comenzar cualquier carrera, especialmente si estamos dispuestas a seguir la carrera que Dios nos ha puesto enfrente (carrera profesional, carrera espiritual, carrera de maternidad, etc.), tenemos que ir ante el Padre a maravillarnos de lo que ha hecho y de lo que hará por nosotras, aunque ni siquiera nos lo imaginemos.


Amiga, puede que veas como imposible la carrera que Dios te ha pedido correr. Puede que hasta sientas que te ha abandonado. Puede que sientas que tienes que atravesar el fuego y que te vas a quemar, pero así como libró a Sadrac, Mesac y Abednego del fuego, así lo hará contigo. Porque no solo los libró, sino que los acompañó durante toda la situación.


Tal vez perdiste tu trabajo, eres madre soltera y estás exhausta de correr sola. No sabes de dónde sacar más fuerza ni energía para seguir adelante.


La fuente de tu fuerza y energía espiritual


Mira lo que dice el versículo 16:


16 Que Él les conceda, conforme a las riquezas de Su gloria, ser fortalecidos y llenos de poder espiritual por medio de Su Espíritu en su ser interior [habitando en lo más profundo de su ser y de su personalidad], 17 para que Cristo habite en sus corazones por medio de la fe. Y que ustedes, profundamente arraigados y firmemente cimentados en amor,

Dios puede concederte la fuerza y la energía espiritual que necesitas para comenzar, continuar y terminar la carrera que Él te ha puesto enfrente. Esta energía y esta fuerza no se acabarán antes de que termines, porque las riquezas de Su gloria son infinitas e ilimitadas.


El poder que necesitas para comenzar, continuar y finalizar no proviene de ti, no proviene de tu carrera profesional, no proviene de tu trabajo, no proviene de tu familia, no proviene de tus hijos, no proviene de tus estudios, ni de tus certificaciones, ni de tu cuenta bancaria.


El poder que necesitas para comenzar, continuar y finalizar proviene del Padre por medio del Espíritu Santo que habita y mora dentro de ti.


No vivas solamente pensando en la meta


No sé si creciste como yo, pensando en el final. No en el final de mi vida, sino en el final de la carrera. Me imaginaba felizmente casada con tres niñas y un perro. Me imaginaba en mi oficina de esquina, en algún edificio gigante, con un puesto importante.


Y no es que esté mal imaginar cómo puede ser tu vida. Pero muchas veces pasamos tanto tiempo pensando en el final que no le dedicamos el tiempo necesario al inicio y al trayecto: a la preparación y a la consistencia.


Pablo no inicia su oración dándole gracias al Padre por lo que le dio o describiendo todo lo que ha logrado. Inicia de rodillas, pidiéndole al Padre que nos dé la fuerza y energía espiritual que necesitamos para comenzar a vivir como Cristo vivió.


Porque, si tienes más de 30 años, ya te diste cuenta de que la vida no es fácil ni sencilla y de que necesitas fuerza y energía (unas más que otras) para poder vivirla. Y cuando queremos vivirla como la vivió Cristo, la necesitamos aún más, porque ser cristiana en este mundo no es fácil y por todos lados somos bombardeadas con flechas de tentación, enojo, crítica, rechazo, mentira, envidia, odio, etc.


Profundamente arraigadas y cimentadas en Su amor


La segunda parte del versículo 17 nos deja en un “cliffhanger” y dice:


Y que ustedes, profundamente arraigados y firmemente cimentados en amor,


En los próximos días veremos lo que sigue, pero quiero cerrar con esta parte tan importante:


Para poder comenzar, continuar y terminar la carrera que Dios te ha puesto enfrente, para poder tener energía y fuerza, tienes que estar profundamente arraigada y cimentada en Su amor.


No vas a obtener la fuerza ni la energía si tu relación con Dios consiste solamente en asistir a una misa o servicio los domingos y marcar la casilla en tu lista de quehaceres.


No vas a obtener la fuerza ni la energía si tu relación con Dios consiste en usarlo como un genio en una botella para pedirle ayuda cuando la necesitas.


Dios no te necesita a ti. Tú lo necesitas a Él.

La fuerza y la energía espiritual las obtienes cuando Cristo mora en ti.


Deja que Cristo haga de ti Su casa


Imagínate que compraste una casita “fixer-upper”, de esas a las que hay que arreglarles el techo y la plomería, que no tienen piso, cuya pintura se está cayendo y donde, de los dos baños, uno funciona y el otro no. Pero te enamoraste de su arquitectura y dijiste: “Esto tiene potencial”.


Entonces te pasas años arreglando cada detalle, pintando y decorando con distintos estilos y colores, haciendo de la casa “tu casa”.


Eso es lo que hace Cristo contigo. Se enamora de tu arquitectura y luego, si lo dejas entrar, mora en ti para siempre. Y cada día se dedica a redecorar, reconstruir y remodelar hasta hacerte “Su casa”.


Cómo ser más fuerte y tener más energía es dejar que Jesús more en ti y que, día tras día, vaya transformando tu interior, tu corazón, para que estemos arraigadas y cimentadas en


Él y en Su amor.


Oremos.


Canciones cristianas para acercarte al Padre de rodillas


Para nuestra oración de hoy, te comparto estas canciones que nos recuerdan cómo debemos acercarnos al Padre todos los días: de rodillas, agradeciendo, suplicando y venerando.





PODCAST:



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