¿Cómo ser cristiana en el trabajo?
Updated: 6 days ago

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Lectura: Efesios 6:5-9 traducción DHH
5 Esclavos, obedezcan ustedes a los que aquí en la tierra son sus amos. Háganlo con respeto, temor y sinceridad de corazón, como si estuvieran sirviendo a Cristo. 6 Sírvanles, no solamente cuando ellos los están mirando, para quedar bien con ellos, sino como siervos de Cristo, haciendo sinceramente la voluntad de Dios. 7 Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. 8 Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno.
9 Y ustedes, amos, pórtense del mismo modo con sus siervos, sin amenazas. Recuerden que tanto ustedes como ellos están sujetos al Señor que está en el cielo, y que él no hace discriminaciones.
En este episodio, reflexionamos sobre cómo ser cristiana en el trabajo, incluso cuando nuestro entorno hace que sea difícil identificarnos como seguidoras de Cristo.
Muchas somos cristianas cuando vamos a la iglesia, a un grupo religioso o cuando nos encontramos rodeadas de cristianas.
Pero he encontrado que el lugar menos propenso a identificarnos como cristianas es el lugar de trabajo.
¿Por qué será que sucede esto?
¿Por qué en la oficina somos una y el domingo en la iglesia somos otra?
¿Por qué cuesta tanto ser cristiana en el lugar donde laboramos?
En el episodio de hoy, Pablo nos explica que no debe haber distinción entre lo secular y lo sagrado, y que todo es sagrado porque todo es para Dios.
Cuando ser cristiana en el trabajo trae burlas o maltrato
Recuerdo que una vez en el colegio, en uno de los últimos grados, senté un precedente sobre lo que pensaba acerca de una situación. Mi posición era la de una joven cristiana, y el profesor de la clase (quien en ese entonces pensé que tenía muy cimentados buenos valores y principios), en lugar de afirmar mi posición, se comenzó a reír y me dijo: «Ay, Santa Melissa».
Fue la primera vez que experimenté bullying por parte de alguien en una posición más alta que yo. Fue mi primera vez probando la apatía y la frialdad con la que el mundo trató a Jesús, en mucho menor escala, por supuesto.
Cuando estaba por graduarme de la universidad, estaba haciendo mi práctica profesional en un canal de televisión. Estudié Ciencias de la Comunicación y Publicidad como mi primera carrera. Recuerdo que había subido un par de libras y el programa de televisión para el cual trabajaba requería que me viera de cierta forma.
El productor de televisión del programa me dijo que necesitaba bajar de peso para X fecha. No me traumó porque entendí que así era el mundo de la televisión y me puse las pilas para perder el peso.
Llegó la fecha estipulada y yo había cumplido la meta. Recuerdo entrar al set del programa, ya maquillada, vestida, con el pelo arreglado, y ver los ojos del productor de televisión: una mirada ofensiva, llena de morbo y nada apropiada. Se acercó a mí y emitió un comentario vulgar y muy inapropiado.
Este hombre era casado y mucho mayor que yo. Esta fue mi primera experiencia de acoso y bullying en el mundo laboral. Creo que marcó mi vida porque la recordé por muchos años y, después de eso, no quise trabajar más en televisión.
Gracias a Dios, el programa terminó justo cuando pude entregar mi tesis de la práctica y no tuve que volver a ver a este hombre nunca más.
Y así te puedo seguir contando experiencias en el mundo laboral, donde, por ser mujer o por ser cristiana, he recibido ataques, acoso, palabras hirientes y hasta discriminación. Y estoy segura de que muchas de las que me escuchan han vivido situaciones similares o peores.
Muchas de estas situaciones nos han cambiado por dentro y a muchas nos han hecho esconder quiénes realmente somos.
Si somos cristianas, preferimos serlo solamente los domingos, cuando estamos rodeadas de otros cristianos en un lugar seguro, porque si lo hacemos frente a nuestros compañeros de trabajo y jefes recibiremos burlas o comentarios sarcásticos.
O nos colocamos un caparazón de hierro y comenzamos a comportarnos como si fuéramos del mundo porque nos creemos la mentira de que «es la única forma de sobrevivir»: hierro por hierro, herida por herida, cachetada por cachetada.
¿Qué dice la Biblia sobre ser cristiana en el trabajo?
Mira lo que dice Pablo acerca de los empleados y empleadores en Efesios 6:5-9:
5 Esclavos, obedezcan ustedes a los que aquí en la tierra son sus amos. Háganlo con respeto, temor y sinceridad de corazón, como si estuvieran sirviendo a Cristo. 6 Sírvanles, no solamente cuando ellos los están mirando, para quedar bien con ellos, sino como siervos de Cristo, haciendo sinceramente la voluntad de Dios. 7 Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. 8 Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno.
9 Y ustedes, amos, pórtense del mismo modo con sus siervos, sin amenazas. Recuerden que tanto ustedes como ellos están sujetos al Señor que está en el cielo, y que él no hace discriminaciones.
Sé que pasajes como este cuestan leerlos, porque vemos que la primera palabra dice «esclavos», y si estás escuchando o leyendo este podcast, yo sé que no eres una esclava, al menos no en este contexto. Entonces, cuando lees eso, no te identificas porque dices: «Pues, como yo no soy una esclava, esto no me aplica».
Pero por eso tenemos que leer la Biblia con un diccionario bíblico a la par y un comentario de fuente reputable para poder evaluar el contexto.
En este caso, «esclavos» sí significa esclavos. La Biblia no minimiza ni pone lacitos color de rosa a la historia de las personas. La Biblia es la verdad y habla en el contexto de la realidad, aun cuando esta realidad sea cruel y cruda.
Los esclavos constituían un porcentaje muy grande de la población del Imperio Romano. Estas personas eran consideradas pura propiedad y podían ser abusadas y hasta asesinadas por sus amos sin ninguna investigación posterior por parte del Estado. En la iglesia, algunos amos bien establecidos económicamente y sus esclavos comían juntos en la mesa del Señor, como iguales.
Cuando leemos estos versículos, del 5 al 8, tenemos dos opciones:
Los leemos y los pasamos de largo, pensando que no nos aplican porque no somos esclavas o no estamos de acuerdo con la esclavitud.
Leemos entre líneas, tomamos lo que Dios verdaderamente nos está diciendo y buscamos cómo aplicarlo hoy en día.
5 Esclavos, obedezcan ustedes a los que aquí en la tierra son sus amos. Háganlo con respeto, temor y sinceridad de corazón, como si estuvieran sirviendo a Cristo. 6 Sírvanles, no solamente cuando ellos los están mirando, para quedar bien con ellos, sino como siervos de Cristo, haciendo sinceramente la voluntad de Dios. 7 Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. 8 Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno.
Cómo aplicar Efesios 6:5-9 en el trabajo
Veámoslo de forma práctica.
Digamos que trabajas en una oficina para un jefe que no te trata muy bien: te grita, te desestima frente a los demás, te avergüenza y no te deja avanzar de puesto porque simplemente no le da la gana.
Puedes renunciar a tu trabajo y buscar otro.Puedes contestarle con la misma moneda y probablemente esperar que te despidan.
O puedes seguir en ese trabajo, dando lo mejor de ti hasta que Dios te saque de donde estás.
Esto último es lo que Dios nos está pidiendo que hagamos en cualquier trabajo. Se lo pidió a los esclavos, quienes en muchos casos eran tratados muy mal y hasta asesinados.
Pero mira que el versículo no dice: «Obedezcan a sus amos con respeto, temor y sinceridad de corazón porque se lo merecen», sino más bien dice: «Como si estuvieran sirviendo a Cristo».
La verdad es que nadie se merece nada. Ningún ser humano, por más «bueno» que sea, se merece nada. Todos somos pecadores y Romanos 3:23 dice que nos merecemos la muerte, que todos hemos pecado y que todos estamos destituidos de la gloria de Dios.
El único merecedor de absolutamente toda la gloria es Cristo.
Mi profesor del colegio no se merecía mi respeto después de su comentario burlón.
El productor de televisión no se merecía ni ver la luz del día después de su comentario y falta de respeto.
La jefa que me gritaba casi todos los días, me hacía sentir inferior e incapaz, y me quitó de mi puesto sin aviso ni consideración, no se merecía que yo acatara sus órdenes y la hiciera quedar bien en su trabajo.
El jefe que estafaba a la empresa mientras ponía a otros a encubrir sus crímenes no se merecía respeto, consideración ni tampoco el puesto que tenía.
Pero Cristo no nos manda a que busquemos merecedores. Nos manda a que hagamos todo como si lo estuviéramos haciendo para Él.
Sírvanles, no solamente cuando ellos los están mirando, para quedar bien con ellos, sino como siervos de Cristo, haciendo sinceramente la voluntad de Dios.
Trabajar con sinceridad, incluso cuando nadie nos ve
¿Alguna vez te has topado con personas hipócritas en el trabajo?
Hablo de esas que, cuando el jefe les pide algo, dicen: «Sí, jefe, claro, ahora mismo», y parecen como perritos fieles que siguen a su amo. Hasta que el amo no está y luego comienzan a salir sapos y culebras de su boca, contando hasta el último chisme del amo y hablando lo peor de él o ella.
A eso se refiere este versículo: hacer sinceramente la voluntad de Dios en nuestro trabajo.
No solo cuando el jefe nos está mirando, no solo cuando hay un aumento en el horizonte o una promoción de puesto, o porque queremos quedar bien. Cuando nadie nos está viendo; cuando estamos en el coffee break y todos están platicando; cuando nos ponemos a revisar nuestro email y redes sociales en horario laboral y hay trabajo pendiente; cuando no tenemos nada que ganar, pero aun así decidimos hacer lo correcto.
7 Realicen su trabajo de buena gana, como un servicio al Señor y no a los hombres. 8 Pues deben saber que cada uno, sea esclavo o libre, recibirá del Señor según lo que haya hecho de bueno.
Pablo nos vuelve a repetir: no lo hagan para ellos, háganlo para Dios. Pero esta vez lo endulza un poco más. Nos dice que todos recibiremos del Señor según lo que hayamos hecho de bueno.
Esto no se refiere a que nuestras buenas obras o acciones nos dan acceso al cielo.
Recuerda que nadie está libre de pecado y que lo único que nos lleva al cielo es Cristo: aceptarlo en nuestro corazón y rendirle nuestra vida a Él.
El día en el que lleguemos al cielo, Dios nos dará la recompensa por haberle obedecido, por haber hecho nuestro trabajo de buena gana, como servicio a Él.
¿Qué dice Pablo a los jefes y empleadores?
Ajá, pero aquí les habla a los siervos, a los empleados. ¿Y los jefes? ¿Qué pasó?
Pablo se ahorra unas cuantas palabras en el versículo 9 (y, en mi opinión personal, no lo culpo; ha venido hablando por seis capítulos ya de todo lo que hay y lo que hay que hacer. El hombre es eficiente), pero esto no significa que se olvidó de los amos, de los jefes.
Tanto los amos como los esclavos deben acatar las mismas reglas:
9 Y ustedes, amos, pórtense del mismo modo con sus siervos, sin amenazas. Recuerden que tanto ustedes como ellos están sujetos al Señor que está en el cielo, y que él no hace discriminaciones.
«Pórtense del mismo modo con sus siervos, sin amenazas».
Los jefes están al mando y, por estar en autoridad, pueden creer que tienen la potestad de amenazar para conseguir obediencia o que se haga el trabajo.
«Si no haces tal cosa, te despido».
«¿Estás buscando perder tu trabajo?».
Los jefes y amos también tienen que trabajar como si lo estuvieran haciendo para Cristo.
También tienen que hacer bien el trabajo y comportarse de forma digna, aun cuando sus empleados no los estén viendo.
Porque, al final de cuentas, todos tenemos un Gran Jefe, y ese jefe no es parcial, sin importar el estatus que tengas en la tierra. El único verdadero amo es Dios, y es quien nos juzgará y premiará al final.
Una forma de compartir a Cristo en el trabajo
Quiero invitarte a que releas estos versículos y le pidas a Dios que te muestre en qué áreas no estás obedeciendo, ya sea que seas empleada, jefa o ambas cosas, y que transforme cada una de esas áreas con su poder para que puedas ser quien Él te diseñó para ser.
Nunca sabemos si nuestro comportamiento llevará a otros a los pies de Cristo.
Un tío mío decía que, aunque en su oficina no se podía hablar abiertamente de Dios porque las reglas de la compañía lo prohibían, su forma de compartir a Cristo era comportarse todos los días como Cristo, para que las demás personas a su alrededor dijeran: «Este hombre es diferente».
Y sí, muchas personas a lo largo de su carrera profesional se le acercaron con comentarios similares. Esto dio pauta para conversaciones más profundas fuera de la oficina y para que muchas personas conocieran el verdadero amor de Cristo.
Oración
Padre Celestial, gracias por este nuevo día y por la vida de cada mujer escuchando este episodio. Te pido que la bendigas, la protejas y les hables a su corazón. Tus instrucciones son claras y precisas y a veces difíciles de acatar porque estamos tan acostumbrados a vivir de la forma en que el mundo nos dicta que nos da miedo cambiar nuestra forma de ser, trabajar y hablar. Danos el coraje necesario para representarte bien. Danos la valentía para servir a otros como si estuviéramos sirviéndote a ti. Ayúdanos a ser un ejemplo digno de ser tus hijas en nuestros trabajos, con nuestros empleados, subordinados y jefes. En el nombre de Jesús, Amén.
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