Cómo obedecer a Dios cuando te pide ayudar a alguien
- Melissa Fortín

- 5 days ago
- 7 min read

Lectura: Hebreos 13:1-3
No dejen de amarse unos a otros como hermanos. 2 No se olviden de ser amables con los que lleguen a su casa, pues de esa manera, sin saberlo, algunos hospedaron ángeles.3 Acuérdense de los presos, como si también ustedes estuvieran presos con ellos. Piensen en los que han sido maltratados, ya que ustedes también pueden pasar por lo mismo.
¿Qué haces cuando Dios te pide ayudar a un desconocido?
“Melissa, me metieron preso”.
Recibí ese mensaje de texto mientras estaba trabajando en mi oficina en 2014.
Yo no sabía qué ni cómo contestar. No conocía en persona a este hombre, pero juntos habíamos ayudado a una chica que necesitaba un hogar para ella y su bebé recién nacido.
Y ahora él me estaba enviando un mensaje por Facebook Messenger para decirme que estaba en prisión, en San Pedro Sula, Honduras.
Yo no conocía las prisiones de mi ciudad y, la verdad, me habían advertido que no era un lugar para que una mujer visitara, a menos que tuviera familia dentro.
Me quedé helada y me pregunté: “¿Y este hombre qué quiere que yo haga? Yo no soy abogada ni sé cómo ayudarle”.
No le contesté su mensaje, pero lo que Dios hizo después todavía me deja con la boca abierta y me recuerda todo lo que dice este pasaje.
Quédate para escuchar el resto de la historia.
La historia de Pedro comenzó con otra persona que necesitaba ayuda
La verdad es que no recuerdo exactamente cómo conocí a “Pedro” (usaremos ese nombre para proteger su privacidad).
Recuerdo que un día estaba haciendo scroll en Facebook y me detuve ante una noticia sobre una chica que acababa de tener un bebé. Estamos hablando de un recién nacido de apenas unos días. Ella estaba viviendo en un edificio abandonado, sin paredes ni puertas. En ese tiempo había varias tormentas y se le estaba mojando la única colchoneta que tenía para dormir.
Mi corazón se hizo trizas al ver esa imagen y dejé un comentario en la noticia preguntando cómo se le podía ayudar.
A las pocas horas me respondió un señor, Pedro, y me dijo que él también estaba interesado en ayudar a la chica. Él vivía cerca de esa bodega y sabía cómo construirle una casita temporal con puertas y ventanas. Si yo le ayudaba a conseguir el dinero, la ropa y los pañales para el bebé, él se encargaría de construirle la casita.
Yo sé lo que estás pensando: “Hay que tener cuidado porque a veces estas personas son timadores”. Y créeme que lo pensé, pero dentro de mí sentía una fuerza que me jalaba y me decía: “Ayúdale”. Eso solo podía ser el Espíritu Santo.
Así que me movilicé con las personas con las que trabajaba en la empresa y logramos conseguir varias donaciones. Una ferretería local donó láminas de zinc y materiales de construcción. También conseguimos leche, pañales y comida para la chica y su bebé.
Pedro le construyó su casita y me mandó fotos en las que la chica aparecía con una gran sonrisa en su rostro.
Nunca más supe de ellos. Perdí el contacto.
Hasta el día en que recibí aquel mensaje de texto en el que Pedro me decía que estaba preso.
Cuando obedecer a Dios no parece tener sentido
Le comenté el caso a mi esposo y solo me dijo: “Tené cuidado”.
Para que tengas un poco de contexto, mi esposo sabe bien que cuando a mí se me mete una misión en la cabeza, no la suelto. Así que es mejor no discutir conmigo, ja, ja, ja.
Le pedí a Dios que me ayudara a ayudarlo y, durante varios días, estuve marinando ese mensaje en mi cabeza. No sabía si responderle o no.
Decidí responderle y le pregunté: “¿Qué pasó?”.
Para no hacerte largo el cuento, todo se debía a un problema en la empresa familiar de transporte. Uno de sus familiares lo había contratado para transportar una carga en uno de los camiones de la empresa. Resultó que la carga había sido robada. Pedro fue detenido mientras manejaba el camión y se lo llevaron preso.
Yo leía sus mensajes y, dentro de mí, le preguntaba a Dios: “¿Qué hago yo con esto? No tengo dinero para sacarlo de la cárcel y ni siquiera lo conozco. ¿Por qué me mandas esto a mí?”.
Dios sabía exactamente por qué me había escogido a mí. Yo no tenía las respuestas, pero Él sí.
Dios no me estaba pidiendo lo que yo imaginaba
Después de que Pedro me contó su historia, lo único que me pidió fue el contacto de algún abogado que pudiera ayudarlo y que orara por él. Sabía que podía permanecer en la cárcel durante mucho tiempo por falta de recursos, pero había decidido dedicar ese tiempo a compartir el evangelio con todas las personas que estaban allí.
Me fui PLOP, como Condorito.
Dios no me estaba pidiendo que sacrificara mi vida entera por este hombre.
Tampoco me estaba pidiendo que lo visitara.
Ni siquiera me pidió un centavo.
Lo único que este hombre quería era un contacto y una oración.
¿Qué habría pasado si yo hubiera decidido ignorar su mensaje?
Como él era cristiano, sé que Dios habría provisto otra solución, pero otra persona se habría llevado la bendición de participar en Su plan.
¿Qué significa acordarnos de los presos?
“No se olviden de ser amables con los que lleguen a su casa, pues de esa manera, sin saberlo, algunos hospedaron ángeles. Acuérdense de los presos, como si también ustedes estuvieran presos con ellos. Piensen en los que han sido maltratados, ya que ustedes también pueden pasar por lo mismo” (Hebreos 13:2-3).
En otras palabras, este pasaje nos llama a no negarles hospitalidad a los desconocidos, especialmente a nuestros hermanos en la fe.
Esto me llega directo al corazón.
El autor de Hebreos les está pidiendo a los creyentes que continúen apoyándose con amor, que no se olviden de tratar bien a los desconocidos que necesitan ayuda y que recuerden a los presos, quienes dependían de otras personas para recibir alimento, ánimo y sustento.
Muchas cárceles latinoamericanas enfrentan condiciones precarias: infraestructura deteriorada, techos de láminas de zinc, baños inadecuados, suciedad, enfermedades y falta de provisión suficiente de alimentos. En muchos casos, los presos dependen de sus familias para comer y sobrevivir.
Este hombre, Pedro, era el sustento de su familia. Al poco tiempo de comenzar a comunicarme con él, me enteré de que tenía esposa y dos niñas. Ellas dependían de su trabajo para poder sobrevivir y ahora él estaba preso, sin poder proveerles.
Dios también puede usar una prisión
Chicas, yo no les cuento esta historia para jactarme. Todo lo contrario.
Durante todo este proceso, yo dudaba de Dios y le reclamaba por qué me había escogido a mí para ayudar a un perfecto extraño. Yo lo ayudaba porque Dios me lo pedía, pero lo hacía a regañadientes. Nunca tuve la mejor actitud.
No recuerdo si Pedro permaneció uno o dos años en la cárcel. Pero, durante todo ese tiempo, aquel hombre movilizó cielo y tierra para conseguir colchonetas en las que los presos pudieran dormir. También creó una pequeña iglesia dentro del presidio, donde cantaban y compartían la Palabra de Dios. Quién sabe de cuántas otras maneras lo usó Dios durante ese tiempo.
Cuando Pedro salió de la cárcel, me volvió a contactar para darme la noticia.
Meses después, me contó que estaban recaudando fondos para construir una iglesia en su comunidad, donde él sería uno de los pastores.
Me hice amiga de su esposa y aún, de vez en cuando, me manda fotos de sus hijas y me cuenta cómo va su vida.
Hoy, su iglesia ha crecido exponencialmente. Sus hijas son grandes y la mayor se graduó en 2024.
Cómo obedecer a Dios cuando te pide ayudar
A través de esta experiencia, aprendí cómo obedecer a Dios cuando te pide ayudar, incluso cuando no comprendes Su propósito. Dios me enseñó una tremenda lección: “Nunca sabes a quién estás ayudando ni por qué. Cuando te pida que ayudes, simplemente obedece”.
Hay veces, como esta, en las que Dios nos permite ver cómo termina o evoluciona la historia de la persona a quien nos pidió ayudar. Entonces recibimos la confirmación visible de que nuestra ayuda no fue en vano, porque Su plan siempre es y será perfecto.
Otras veces no puedes ver el final de Su plan, pero Dios es el mismo ayer, hoy y siempre. Él nunca falta a Sus promesas. Por eso, puedes confiar en que, si puso en tu corazón hacer algo, Él lo llevará hasta el final. Tu trabajo es solamente obedecer.
Así que hoy, si Dios está poniendo en ti un llamado a actuar: ¡hazlo!
Nunca sabes si, como Sara, Abraham y Lot, estarás ayudando a mensajeros de Dios (ángeles) a cumplir una misión.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, gracias por tu amor infinito hacia nosotros que nos permite ver las necesidades de los demás. Queremos ser siervas fieles y obedientes a tu llamado. Queremos ser sensibles, especialmente hacia aquellos que también son creyentes y formar comunidades que se ayuden mutuamente, extendiendo hospitalidad, siendo amables, cordiales y compartiendo generosamente con ellos. Pero, tenemos dudas Padre. Muchas veces no actuamos porque tenemos miedo del peligro al que podamos enfrentarnos o porque pensamos que no serán agradecidos con lo que damos. Sabemos que tus planes son perfectos, y queremos hacerlo todo para ti. Ayúdanos a discernir y danos paz cada vez que nos llames a ayudar, para que no dudemos por un segundo que ese llamado viene de Ti. Danos las fuerzas, la disciplina y la obediencia que necesitamos. En el nombre de Jesús, Amén.
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