Cómo hacer tiempo para Dios, mis hijos, mi casa y para mí
- Melissa Fortín

- 23 hours ago
- 10 min read

Lectura: Mateo 6:30-34
30 Y si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está viva y verde, y mañana es cortada y arrojada al horno [como combustible], ¿no los vestirá mucho más a ustedes? ¡Hombres de poca fe!
31 Por lo tanto, no se preocupen ni estén ansiosos [continuamente inquietos y distraídos], diciendo: “¿Qué vamos a comer?”, “¿Qué vamos a beber?” o “¿Qué vamos a vestir?”.
32 Porque los gentiles [paganos] buscan afanosamente todas estas cosas; pero no se preocupen, pues su Padre celestial sabe que las necesitan.
33 Pero busquen primero y, sobre todas las cosas, el reino de Dios y su justicia [su manera de actuar y de ser rectos: la actitud y el carácter de Dios], y todas estas cosas también les serán dadas.
34 Así que no se preocupen por el día de mañana, porque el mañana se preocupará por sí mismo. Cada día tiene suficientes dificultades propias.
“¿Cómo darnos tiempo para estudiar su Palabra, hacer las cosas de la casa, añadir self-care a la rutina y cumplir con todas las toneladas de cosas que hay que hacer cuando nuestra energía se acaba? No puedo despertarme a las 4:30 para empezar mi día porque, si lo hago, ni mi cerebro ni mi cuerpo funcionarían durante el resto del día”.
Recibí esta pregunta para contestarla en el podcast y me identifiqué tanto con ella que decidí responderla según la Palabra de Dios.
Nos han dicho durante siglos que las mujeres somos buenas haciendo multitasking. Podemos estar cocinando con una mano mientras atendemos a un niño con la otra. Podemos limpiar la casa mientras escuchamos una serie o las noticias en la televisión. Podemos trabajar full-time fuera de casa y, al mismo tiempo, manejar todo lo relacionado con el hogar y criar a nuestros hijos.
¿Cierto?
Pero ¿realmente estamos haciendo multitasking? ¿Es verdad que podemos hacer muchas cosas a la vez y hacerlas todas bien?
Quédate y lo descubrimos.
La pregunta que me hicieron no es precisamente sobre el multitasking, sino sobre cómo hacer tiempo para Dios, atender a nuestros hijos, cuidar la casa y también cuidarnos cuando no tenemos suficiente energía.
Sin embargo, tanto el multitasking como el task switching provienen de una misma raíz: la prioridad de nuestro corazón frente a la prioridad que Dios quiere establecer en él.
¿Qué es el multitasking y por qué nos agota?
La palabra multitasking significa multitarea: intentar realizar dos o más actividades simultáneamente o alternar rápidamente entre ellas.
Sin embargo, en la mayoría de las actividades que requieren concentración, el cerebro no está prestando atención completa a dos cosas al mismo tiempo. Lo que realmente hace es cambiar rápidamente su atención de una tarea a otra.
Por ejemplo, comienzas a escribir un correo electrónico. Tu hijo te hace una pregunta y dejas de pensar en el correo para responderle. Regresas a la computadora e intentas recordar lo que estabas escribiendo. Entonces recibes una notificación en el teléfono que vuelve a interrumpir tu atención.
Aunque parece que estás haciendo tres cosas al mismo tiempo, tu cerebro está entrando y saliendo de cada una de ellas.
Cada cambio de atención tiene un costo
Cada vez que cambias de actividad, tu cerebro tiene que detener una meta, dirigir su atención hacia otra, recordar las reglas de la nueva actividad y, cuando regresa a la primera, recuperar el punto donde se había quedado.
La ciencia llama a esto costo de cambio o switch cost.
Un estudio realizado por Joshua Rubinstein, David Meyer y Jeffrey Evans encontró que cambiar repetidamente entre tareas produce una pérdida de tiempo y eficiencia. También descubrió que ese costo aumenta cuando las actividades o las reglas que debemos seguir son más complejas.
Es posible que cada cambio solamente nos quite unos segundos, pero cuando interrumpimos nuestra atención decenas o cientos de veces durante el día, esos pequeños costos se acumulan. Terminamos más tarde, olvidamos detalles y nos sentimos mentalmente agotadas.
Esto no significa que seamos incapaces de terminar lo que comenzamos. Significa que nuestro cerebro tiene que trabajar más para lograrlo.
¿Puede una mujer hacer dos cosas al mismo tiempo y hacerlas bien?
Sí, pero depende de las actividades.
Podemos combinar dos tareas cuando una de ellas es sencilla, automática o muy conocida. Por ejemplo, podemos caminar mientras conversamos, doblar ropa mientras escuchamos música o lavar los platos mientras escuchamos un podcast.
En esos casos no necesitamos dedicarles el mismo nivel de atención consciente a ambas actividades.
El problema aparece cuando intentamos combinar dos tareas que requieren concentración, comprensión, memoria, razonamiento o toma de decisiones.
No podemos escuchar atentamente a nuestro hijo mientras leemos un mensaje importante.
No podemos estudiar profundamente la Biblia mientras revisamos las redes sociales.
Tampoco podemos mantener una conversación difícil mientras redactamos correctamente un correo electrónico.
Podemos alternar entre esas actividades, pero alguna tendrá que esperar mientras atendemos la otra.
Una revisión científica publicada en Psychological Bulletin analizó investigaciones sobre la realización simultánea de tareas y el cambio entre tareas. Los investigadores concluyeron que ambas formas de multitarea pueden producir interferencia cognitiva.
La práctica puede ayudarnos a mejorar ciertas combinaciones específicas, pero no elimina todas las limitaciones de nuestra atención.
En otras palabras, practicar el multitasking puede hacerte más hábil organizando ciertas actividades, pero no convierte tu cerebro en una máquina capaz de atenderlo todo perfectamente.
¿Por qué queremos hacerlo todo?
Esta es la pregunta clave, o lo que yo llamo la pregunta del corazón.
Vivimos en un mundo donde cada día se nos exige más. Tenemos acceso a tanta información que ahora podemos conocer exactamente cuál es la rutina nocturna de una mujer que vive en Corea del Sur y la de otra que vive en el norte de África.
Antes, con suerte, leías sobre esas cosas en alguna revista, si te interesaban y habías comprado la revista, o si estabas sentada en el consultorio de un doctor y necesitabas matar el tiempo.
Hoy, muchas veces, tú no decides lo que te interesa y lo que no. El algoritmo te lo presenta, cambia constantemente lo que te muestra y despierta nuevos intereses. Poco a poco, te vas llenando de más y más información.
Por supuesto, los fabricantes de productos y servicios estudian nuestro comportamiento de compra. Entonces crean una “necesidad” que no sabíamos que teníamos o que, en realidad, nunca fue una necesidad.
Sin darnos cuenta, agregamos una cosa más a la lista de lo que supuestamente debemos hacer para sobrevivir, estar saludables o ser felices.
Cuando el autocuidado se convierte en otra fuente de presión
Te doy un ejemplo, ya que la pregunta que recibí incluye el self-care como algo que esta mujer quiere incorporar a su día.
Hacer ejercicio es parte del autocuidado. Puedes hacerlo saliendo a caminar o levantando pesas. Ya sabes, lo que se ha venido haciendo durante años.
Pero ahora el algoritmo y la publicidad comienzan a decirte que necesitas utilizar un plato vibratorio durante diez minutos todos los días para drenar tu sistema linfático.
Tú ya tienes una rutina de ejercicio programada de acuerdo con tu calendario. Agregar diez minutos más significa que tendrás que bañarte a la carrera o desayunar en el carro.
Entonces comienzas a abrumarte pensando en todas las demás cosas que todavía tienes que hacer.
Pero el algoritmo no se detiene ahí.
Ahora te dice que tienes que incorporar uno o dos días de sauna, exfoliarte la piel antes de bañarte y realizar una rutina de skincare de diez pasos.
Y, y, y, y… entonces explotas.
No estoy diciendo que ninguna de estas cosas sirva. Mi punto es que el mundo siempre te dirá que no estás haciendo suficiente, que puedes agregar algo más y que tienes que hacer esto o aquello porque es importante.
Pero ¿realmente es importante?
¿Qué nivel de importancia tiene esa supuesta necesidad a la luz de la eternidad?
Eso que agregaste a tu rutina y ahora te causa agobio, ¿te acerca más a Jesús? ¿Está sirviendo para su reino o es meramente una distracción?
Cómo hacer tiempo para Dios según Mateo 6:30-34
Veamos lo que dice Mateo 6:31:
“Por lo tanto, no se preocupen ni estén ansiosos [continuamente inquietos y distraídos], diciendo: ‘¿Qué vamos a comer?’, ‘¿Qué vamos a beber?’ o ‘¿Qué vamos a vestir?’”.
Comer, beber y vestirnos son necesidades básicas del ser humano.
Cuando donamos a organizaciones para ayudar a otras personas, ¿qué donamos? Ropa, comida y agua. Como seres humanos, si tenemos estas tres cosas, podemos sobrevivir.
Dios nos está diciendo que no vivamos preocupadas por las cosas que necesitamos para sobrevivir: comida, agua y ropa. Así como Él provee para las plantas y los animales, mucho más proveerá para nosotras.
Y si Dios, siendo el Rey de reyes, el Soberano, el Poderoso, el Omnipotente y el Omnipresente, puede proveernos lo básico, ¿no crees que también puede proveernos aquello que no es básico, los gustitos y todo eso que las redes sociales y la sociedad nos dicen que “necesitamos”?
¡Claro que puede!
Sin embargo, muchas veces nuestro calendario y nuestra energía simplemente no tienen espacio para incorporar todas esas supuestas necesidades porque muchas de ellas no son necesidades reales, sino distracciones.
El enemigo es astuto y utilizará cosas que parecen buenas para distraernos del plan que Dios tiene para nosotras.
Pero no quiero que pienses en ese plan como algo vago, gigante y grandioso. Muchas veces pensamos en los planes de Dios de esa manera. Los vemos como algo lejano que quizá lograremos algún día.
Sin embargo, muchas veces, por no decir todas, su plan se encuentra en nuestro día a día.
El plan de Dios también está en tus actividades cotidianas
¿Haces tiempo para estudiar su Palabra?
Hay cientos de cosas que puedes hacer para comenzar tu día. ¿Cómo lo estás comenzando?
Tal vez el plan de Dios para hoy está en leer su Palabra, escuchar a tu hijo, atender a tu esposo, preparar la comida, trabajar con excelencia, ayudar a una vecina o simplemente descansar porque tu cuerpo lo necesita.
No todo lo que Dios te llama a hacer parece grande frente a los ojos del mundo.
Muchas veces, la obediencia se encuentra en decidir correctamente qué merece tu atención en este momento.
Evalúa tus niveles de energía
Te voy a dar un poquito de coaching.
Haz una pequeña evaluación de tus niveles de energía.
¿En qué momento del día sientes que tienes mayor concentración? ¿A qué hora sientes que puedes conquistar el mundo?
Para algunas mujeres es durante la mañana. Para otras es al mediodía y para otras es por la noche.
Fuimos creadas de maneras diferentes. Es mejor dejar de pretender ser como otras mujeres y comenzar a aprovechar la forma en la que Dios nos creó.
Ahora que sabes cuándo eres más productiva, quiero que observes y anotes todas las actividades que realizas durante esas horas.
Puede que te tome varios días identificarlo, pero la mayoría de las mujeres hacemos actividades similares cada semana.
Clasifica tus responsabilidades según su verdadera prioridad
Cuando tengas tu lista, siéntate a evaluar cada actividad utilizando estas cuatro categorías:
1. Las importantes
Son aquellas relacionadas directamente con tus responsabilidades, valores y propósito.
2. Las urgentes
Son las actividades que necesitan atención inmediata y que podrían tener consecuencias si no las realizas.
3. Las que puedes delegar
Son responsabilidades que alguien más puede realizar, aunque no las haga exactamente como tú.
4. Las que debes desechar o eliminar
Son las actividades que ocupan tiempo, energía y atención, pero que no están contribuyendo a lo que Dios te ha llamado a hacer en esta temporada.
Yo no puedo decidir esto por ti. Nadie más puede hacerlo.
Mientras observas cada actividad, pídele a Dios que te dé la sabiduría necesaria para categorizarla, especialmente cuando se trate de las cosas que tienes que eliminar.
Una vez que termines, tendrás un panorama más claro de lo que realmente es importante y urgente.
Por ejemplo, tu trabajo, especialmente si alguien te paga por hacerlo, tus hijos, tu esposo, si lo tienes, o una cita médica. Estas son cosas que probablemente tienes que atender y que no siempre puedes delegar.
Ahora observa lo que sí puedes delegar, como preparar algunas comidas, limpiar ciertas áreas de la casa o hacer algún mandado.
No siempre podrás delegarlo todo, pero si te organizas, probablemente podrás recibir ayuda en algunas de esas responsabilidades.
¿Qué harás con el tiempo que acabas de liberar?
Ahora que has realizado esta evaluación, ¿notas que tienes un poco más de tiempo disponible?
¿Cómo vas a utilizarlo?
Si no encontrabas tiempo para dedicarle a la Palabra de Dios, esta es tu señal de humo para hacerlo durante el tiempo que acabas de liberar.
Esta es la parte práctica y, muchas veces, es la más fácil.
La parte más importante también es la más difícil: decidir en tu corazón cuál será verdaderamente tu prioridad.
Buscar primero el reino de Dios cambia nuestras prioridades
Buscar primero el reino de Dios significa que, antes de permitir que todas las necesidades compitan por nuestra atención, nos detenemos y preguntamos:
“Señor, ¿qué quieres que atienda en este momento?”
Quizá en este momento necesitas leer su Palabra.
En otro momento necesitas escuchar a tu hijo sin mirar el teléfono.
Después tendrás que preparar la comida, trabajar o limpiar la casa.
Y en algún momento también necesitarás comer, dormir y descansar.
Todas esas actividades pueden ser importantes, pero no todas tienen que realizarse en el mismo instante.
Tal vez la pregunta no debería ser:
“¿Cómo puedo hacer más cosas al mismo tiempo?”
La pregunta más sabia sería:
“¿Qué merece mi atención completa en este momento y qué puedo confiarle a Dios hasta que llegue su tiempo?”
Dios no te está pidiendo que estés en todas partes, que atiendas a todos al mismo tiempo ni que resuelvas hoy los problemas de mañana.
Te está llamando a buscarlo primero y a caminar con Él fielmente, un día a la vez.
Cada vez que sientas que tienes que agregar una “necesidad” más a tu rutina, pregúntate:
“¿Cómo se ve esto a la luz de la eternidad? ¿Es algo que me acerca más a Jesús o algo que me distrae de Él?”
Oración para ordenar nuestras prioridades
Padre Celestial, gracias por tu amor infinito e incondicional. Gracias porque conoces todas nuestras necesidades mucho antes de que nosotras. Tú nos alimentas, nos das de beber, nos vistes, nos das amor, compasión, gracia y misericordia. Nos das todo lo que no nos merecemos y muchas veces hasta nos permites obtener lo que no necesitamos. Pero muchas veces nos distraemos, Padre, y nos salimos del plan que Tú tienes para nosotras en el día a día. Queremos mantener nuestra mirada firme en ti y no salirnos ni desviarnos de tu camino. Ayúdanos a reconocer esos pequeños momentos de distracción y reenfocar nuestra atención en lo que verdaderamente importa: en ti, en nuestros esposos, en nuestros hijos, familia, vecinos, agregar más y más personas a tu familia para que podamos estar todos juntos frente a ti en el cielo algún día. Ayúdanos a eliminar lo que no va, a delegar lo que otros pueden hacer, y a categorizar las prioridades de acuerdo a Tu voluntad. Y a decir NO a las distracciones. En el nombre de Jesús, amén.
Referencias científicas
Rubinstein, J. S., Meyer, D. E. y Evans, J. E. (2001). Executive Control of Cognitive Processes in Task Switching. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 27(4), 763-797.
Koch, I., Poljac, E., Müller, H. y Kiesel, A. (2018). Cognitive structure, flexibility, and plasticity in human multitasking: An integrative review of dual-task and task-switching research. Psychological Bulletin, 144(6), 557-583.
PODCAST:

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