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¿Cómo hacer tiempo para Dios cuando estoy agotada y siento que no puedo con todo?

¿Cómo hacer tiempo para Dios cuando estoy agotada y siento que no puedo con todo?

Lectura: Proverbios 3:5-6 


Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.


Hay temporadas en las que buscar a Dios parece convertirse en otra tarea que no logramos completar.


Queremos leer la Biblia, orar sin interrupciones y comenzar el día en silencio con el Señor. Pero entonces un niño se despierta enfermo, la casa se desordena, la ropa se acumula, el trabajo exige nuestra atención y, cuando finalmente encontramos unos minutos libres, estamos demasiado agotadas para concentrarnos.


Por eso, cuando les pregunté a las mujeres de nuestra comunidad cuáles eran las luchas que más estaban enfrentando, descubrí que muchas querían saber cómo hacer tiempo para Dios en medio del cansancio y las responsabilidades. Esta fue una de las preguntas que más se repitió:


¿Cómo hago tiempo para Dios cuando estoy agotada y siento que no puedo mantenerme al día con todo?

Para responderla, invité a una mujer que no habla desde la teoría, sino desde más de cuatro décadas de matrimonio, maternidad y servicio.


Belinda y su esposo, Nathan, han estado casados durante 43 años. Tienen tres hijos y han atravesado temporadas familiares muy difíciles, incluyendo graves problemas de salud que pusieron en peligro la vida de sus hijos. También sirvieron como padres de hogar, cuidando a niños y adolescentes que necesitaban una familia durante momentos vulnerables de sus vidas.


Actualmente, Belinda es abuela y vive la etapa del nido vacío. Su vida se ve muy diferente de aquellos años en los que tenía niños pequeños, noches interrumpidas y una casa que nunca parecía estar completamente en orden. Sin embargo, todavía recuerda lo que se sentía al querer buscar a Dios mientras trataba de responder a todas las necesidades de su familia.


Esta es su respuesta.



Cómo hacer tiempo para Dios en medio del agotamiento


Recuerdo lo agotada que me sentía cuando era una mamá joven. La casa se me salía de control, aunque yo tenía el privilegio de quedarme en casa y no trabajar fuera de ella.

Un día decidí tomarme en serio estas palabras:


“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas”.

Proverbios 3:5-6


No recuerdo exactamente lo que estaba sucediendo ese día. Solamente decidí creer que esos versículos habían sido escritos para mí.


Comencé a leerlos de esta manera:


“Belinda, confía en el Señor de todo corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos: mientras tiendes las camas, lavas los platos, limpias la casa, recoges la ropa, limpias narices y das tratamientos respiratorios. Él dirigirá tus pasos”.


Comprendí que podía confiar en el Señor en medio de todas esas tareas. Quizás no podía detener todo lo que estaba haciendo para sentarme durante una hora, pero sí podía orar mientras trabajaba.


No podía levantarme temprano a leer la Biblia si había pasado toda la noche despierta cuidando a un bebé enfermo. Pero podía orar mientras lavaba los platos o llenaba el lavavajillas.


Podía orar por mis hijos mientras tendía sus camas.

Podía orar por mi esposo mientras colgaba sus camisas.


Tal vez no podía leer un capítulo completo de la Biblia, pero podía memorizar dos versículos mientras le daba a mi hijo un tratamiento respiratorio.


Entendí que buscar a Dios no siempre tenía que verse como yo había imaginado. También podía encontrarme con Él en medio de aquello que ya tenía frente a mí.


Dios también está presente en las tareas cotidianas


Durante esa temporada, aprendí que no tenía que esperar a que la casa estuviera en silencio, la ropa estuviera doblada y todos mis hijos estuvieran dormidos para acercarme a Dios.


Podía reconocerlo en todos mis caminos.


Podía hablar con Él mientras cuidaba a mis hijos, atendía mi casa y cumplía con mis responsabilidades.


Habrá temporadas en las que podrás levantarte temprano, sentarte con tu Biblia y disfrutar de un tiempo prolongado de oración. Pero habrá otras en las que estuviste despierta durante la noche cuidando a un niño enfermo y tu cuerpo verdaderamente necesitará dormir.


No creo que Dios nos pida ignorar las necesidades legítimas de nuestro cuerpo o de nuestra familia para demostrarle que lo amamos.


Cuando no puedas leer mucho, lee un versículo.


Cuando no puedas sentarte a orar durante largo tiempo, habla con Dios mientras realizas tus tareas.


Memoriza un pasaje y repítelo durante el día. Ora mientras conduces, cocinas, limpias o cuidas a tus hijos.


No conviertas tu relación con Dios en una medida de rendimiento espiritual. Confía en Él y reconócelo en la temporada en la que te encuentras.


Las personas son más importantes que las tareas


Otra revelación que tuve fue que la razón por la que podía quedarme en casa era porque tenía un hijo. Sin embargo, algunas veces permitía que las tareas ocuparan un lugar más importante que él.


Comencé a poner a Derek antes que los quehaceres de la casa. Curiosamente, cuando él se sentía atendido y comenzaba a jugar o se entretenía con otra cosa, yo lograba hacer más en menos tiempo.


También recordé que era la esposa de un gran hombre. Nathan trabajaba arduamente para que yo pudiera quedarme en casa con nuestros hijos.


Antes de ser mamá, había sido su esposa. Comprendí que también necesitaba cuidar nuestro matrimonio y darle prioridad.


Cuando Nathan llegaba del trabajo, decidíamos apartar unos minutos para sentarnos juntos. Les explicamos a nuestros hijos que mamá y papá conversarían en el sofá durante aproximadamente quince minutos.


Algunas veces eran más de quince y otras veces eran menos. Lo importante era que ambos estábamos aprendiendo a priorizar nuestra relación.


Todavía hoy trato de sentarme con mi esposo cuando llega a casa y escuchar cómo estuvo su día.


Encontrar una rutina posible para esta temporada


Cuando nuestro primer hijo comenzó a dormir durante toda la noche, Nathan y yo decidimos levantarnos treinta minutos más temprano para orar juntos.


En ese momento teníamos un garaje para dos vehículos, un pedazo de alfombra, una mesa de centro y dos sillas de jardín. Con eso creamos un lugar en el que podíamos orar sin despertar a nuestro bebé.


No era un espacio perfecto ni especialmente bonito. Era simplemente el lugar que teníamos disponible.


Actualmente tratamos de continuar con esa práctica cuando podemos, pero nuestra rutina ha cambiado. Estoy tomando un medicamento que hace que necesite dormir más. Nos acostamos a las nueve de la noche. Nathan se levanta a las cinco de la mañana e intentamos orar juntos a las cinco y media, pero en este momento ese horario no está funcionando para mí.


Y eso también está bien.


Las rutinas pueden cambiar porque las temporadas cambian.


Lo importante no es aferrarnos a una fórmula específica, sino continuar buscando una manera realista de encontrarnos con Dios dentro de la vida que tenemos ahora.


Haz solamente lo que Dios te ha llamado a hacer


Con los años también he aprendido que es muy fácil llenar cada espacio disponible con cosas buenas. Pero no todo lo bueno es necesariamente algo que Dios nos pidió hacer.


Creo que debemos hacer aquello que Dios nos ha llamado a hacer. Nada más y nada menos.


Cuando tu vida se sienta desordenada, ora y pregúntale al Señor si todo lo que estás haciendo realmente proviene de Él.


Incluso si en algún momento creíste que Dios te pidió comenzar algo, no está mal volver a preguntarle si desea que continúes haciéndolo de la misma manera.


Pregúntale:

“Señor, ¿escuché correctamente tu voz?”

“¿Esto es lo que quieres que haga?”

“¿Es así como quieres que lo haga?”


Dios es un Dios de orden y puede dirigir cada uno de nuestros pasos. Algunas veces responderá por medio de una voz suave y apacible. Otras veces utilizará a una amiga madura, una compañera de oración o una mujer que pueda escucharte de manera confidencial y ayudarte a discernir.


No me refiero necesariamente a una consejera profesional, aunque en algunas situaciones también puede ser muy beneficioso buscar ayuda profesional. Me refiero a contar con una mujer que esté dispuesta a escucharte, orar contigo y buscar la dirección de Dios a tu lado.


Dile la verdad a Dios


No tienes que esconderle al Señor que estás cansada, confundida o frustrada.


Dile la verdad.

Dile que no sabes cómo cumplir con todo.

Dile que tienes miedo de estar fallando.

Dile que ya no tienes la misma energía que antes.


Después, permite que Jesús te recuerde quién eres realmente.


Tu identidad no depende de cuántas tareas completaste, de qué tan ordenada está tu casa ni de cuántos capítulos de la Biblia lograste leer esta mañana.


Dios te conocía desde el vientre de tu madre. Él te formó y te dio una identidad que no cambia con tus circunstancias ni con tu productividad.


Asegúrate de no estar creyendo algo acerca de ti que no es verdad.


Cuando te sientas agotada y pienses que no puedes mantenerte al día con todo, recuerda que quizás Dios nunca te pidió que hicieras todo.


Pregúntale qué te corresponde hacer en esta temporada. Descansa cuando tu cuerpo lo necesite. Busca al Señor en medio de tus responsabilidades y reconoce su presencia aun en las tareas más ordinarias.


Puedes orar mientras lavas los platos.

Puedes interceder por tus hijos mientras tiendes sus camas.

Puedes memorizar un versículo mientras cuidas a un niño enfermo.

Puedes encontrarte con Dios en un garaje, sentada en una silla de jardín.


No necesitas esperar a que tu vida esté en perfecto orden para acercarte a Él. Confía en el Señor en medio del desorden y permite que sea Él quien dirija tus pasos.


Con amor, Belinda



PODCAST:



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