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¿Cómo hacer amigas de adulta? Lo que Rut y Noemí enseñan sobre la amistad

¿Cómo hacer amigas de adulta?

Lectura: Rut 1:16-17


“16 Pero Rut respondió: «No insistas en que te deje o que deje de seguirte y regrese; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.


17 Donde tú mueras, yo moriré, y allí seré sepultada. Que el Señor haga conmigo lo mismo que ha hecho contigo, y aun más, si alguna cosa aparte de la muerte llega a separarnos».”


Estaba sentada en el sofá de su oficina cuando el pastor de alabanza de mi iglesia me preguntó:


“¿Cuáles son tus hobbies? ¿Qué haces para divertirte?”


Me quedé muda.


Tenía menos de un año de haberme mudado de Honduras a Texas y, la verdad, no hacía nada más que trabajar, cocinar para mi esposo y sacar a pasear al perro.


Era nueva en la iglesia y me había llamado mucho la atención el coro, que tenía más de 100 personas. Había decidido audicionar y por eso estaba sentada en la oficina del pastor y su equipo.


Pero esa pregunta me dejó helada.


En pocos segundos me di cuenta de que no tenía a nadie con quien divertirme aparte de mi esposo, quien también pasaba trabajando.


Le contesté:

“Pues, la verdad, solo saco a pasear a mi perrita. No tengo amigas.”

En ese instante comprendí que todas mis amigas estaban en Honduras y que tendría que comenzar a hacer nuevas amistades. Pero ¿cómo se hace eso cuando eres adulta?


Mis amigas eran las del colegio y la universidad, es decir, amigas de toda la vida.


¿Cómo hacer amigas de adulta? Hoy veremos una historia que Dios puso en mi corazón, en la que encontramos una amistad poco convencional, pero profundamente poderosa.



¿Cómo hacer amigas cuando eres una mujer adulta?


Me propusieron este tema para este episodio y hoy, mientras abría los ojos al despertarme, Dios claramente me dijo: “Quiero que hables de esto”.


En mi mente le pregunté: “Dios, necesito versículos”.


Y claramente me contestó: “Rut”.


Me quedé pensando por un instante y le dije: “Pero Rut y Noemí eran familia”.


Y claramente me volvió a contestar: “Eran amigas”.


Y bueno, aquí estamos, obedeciendo. Y esta historia vaya que está buena. Dios nunca se equivoca.


Hacer amigas cuando eres niña no tiene ciencia, como diríamos en Honduras. Vas a la escuela y te juntan durante ocho horas con las mismas compañeras. Es muy probable que, en algún momento, se hagan amigas.


Lo mismo sucede en la universidad. Llevas las mismas clases, se ven todas las semanas, encuentran algo en común y listo. Las fiestas, las salidas y las experiencias compartidas pueden unirlas de por vida.


Pero cuando eres adulta sucede algo distinto. Eres como un pez fuera del agua.


En tu trabajo a veces haces amigas y a veces no. Es realmente difícil saber si la otra persona está buscando una amistad, si solo está siendo profesional o si está tratando de sacar ventaja para quedarse con tu puesto.


Yo me encontraba en lo que llamo “la zona gris” cuando me mudé a Texas.


No estaba soltera, así que salir a bares y restaurantes con otras mujeres solteras estaba fuera de mi etapa de vida. Estaba casada, pero no tenía hijos. Por lo tanto, hacer amigas en el preescolar o el kínder, que es donde muchas mamás se conocen, tampoco estaba a mi alcance.


Era inmigrante y, cuando llegué a la iglesia, la mayoría de sus miembros eran estadounidenses. Yo crecí con una influencia cultural casi 95 % estadounidense, pero una cosa es conocer una cultura desde lejos y otra muy distinta es vivir dentro de ella.


Me sentía literalmente como un pez fuera del agua.


Cuando mi pastor me hizo aquella pregunta, me sentí completamente sola. Por primera vez me di cuenta de que iba a tener que hacer algo. Tendría que tomar la iniciativa y buscar amigas si no quería convertirme en “la señora de los gatos” o, en mi caso, “la señora de la perrita”.


“Tengo que tomar la iniciativa”.


Eso fue lo que me dije a mí misma. Me incomodó, pero creo que eso era precisamente lo que Dios me estaba diciendo que hiciera.


Rut y Noemí: una amistad que no parecía tener sentido


En nuestra historia bíblica de hoy vemos justamente esto en Rut y Noemí: una amistad que, en otras circunstancias, probablemente nunca habría existido.


Rut y Noemí eran nuera y suegra.


¿Tú eres BFF con tu suegra?


Es posible que una nuera y una suegra tengan una relación armoniosa. De hecho, eso sería lo preferible, ¿no? Pero ¿qué, son amigas inseparables? Eso es mucho menos común.


¿Te imaginas ser la mejor amiga de tu suegra?


Sí, sé que existen casos así, pero no son los más frecuentes.


Rut y Noemí fueron uno de esos casos extraordinarios.


Todo comenzó durante la época de los jueces, cuando hubo hambre en la tierra. Elimélec, su esposa Noemí y sus dos hijos, Mahlón y Quelión, salieron de Belén y emigraron a Moab.


Moab mantenía una relación complicada con Israel. Los moabitas descendían de Lot, pero posteriormente se opusieron al avance de Israel y estuvieron relacionados con la idolatría y la infidelidad espiritual.


Rut era moabita.


Después de que Noemí quedó viuda, sus hijos se casaron. Uno se casó con Rut y el otro con Orfa. Rut 1:4 dice que permanecieron en Moab aproximadamente diez años.


Aunque el texto no explica cuánto tiempo convivieron Rut y Noemí como nuera y suegra, sí sabemos que compartieron suficientes experiencias, alegrías y pérdidas como para desarrollar una relación profunda.


Posteriormente murieron los dos hijos de Noemí, dejando viudas a Rut y a Orfa, al igual que ella.


En el mundo antiguo, aquello no era solamente una tragedia emocional. También representaba una enorme vulnerabilidad económica y social. Las tres habían perdido a quienes normalmente les proporcionaban protección, descendencia y sustento.


Noemí sabía que su situación en Moab era muy vulnerable. Además de ser viuda, ella no era originaria de aquella tierra, como sí lo eran Rut y Orfa.


Rut 1:6 dice que Noemí escuchó que el Señor había visitado a su pueblo y nuevamente le había dado alimento. Entonces decidió regresar a Judá.


Rut y Orfa comenzaron el viaje con ella. Noemí no tuvo que perseguirlas ni obligarlas a acompañarla. Ambas salieron con ella.


Pero, mientras iban por el camino, Noemí les pidió que regresaran:

«Andad, volveos cada una a la casa de su madre» (Rut 1:8).

Noemí entendía que acompañarla podía costarles el futuro. Ella no tenía dinero, esposo ni otros hijos con quienes pudieran casarse. Tampoco sabía cómo serían recibidas dos mujeres moabitas en Belén.


Por eso les deseó que encontraran descanso y seguridad en el hogar de nuevos esposos.


La amistad verdadera busca el bien de la otra persona


Noemí tomó la iniciativa de pensar en el bienestar de Rut y Orfa.


Pudo haber pensado: “Si me las llevo conmigo, tendré quien me cuide”.


Pero no las manipuló para que cuidaran de ella.


Humanamente hablando, necesitaba su ayuda. Era una viuda mayor que tendría que viajar sola. Sin embargo, estuvo dispuesta a continuar sola para darles a ellas la oportunidad de reconstruir sus vidas.


Eso es amor genuino: Noemí no pensó solamente en quién podría ayudarla, sino en lo que sería mejor para Rut y Orfa.


En Rut 1:8, Noemí también reconoce algo muy importante:


«El Señor tenga misericordia de vosotras, como la habéis tenido con los muertos y conmigo».

La palabra relacionada con “misericordia” o “bondad” es el concepto hebreo ḥésed.


Dependiendo del contexto, puede comunicar amor leal, bondad, misericordia o fidelidad comprometida.


Noemí estaba reconociendo que Rut y Orfa ya habían tratado bien a sus esposos fallecidos y también a ella.


Es decir, Rut no comenzó a amar a Noemí durante el camino hacia Belén. Ya existía entre ellas una historia de cuidado y amor leal.


Esta parte de la historia me hace preguntarme: cuando buscas amigas, ¿estás buscando solamente a alguien que alivie tu soledad o estás buscando a alguien a quien puedas amar y servir?


Para hacer amigas de adulta tienes que tomar la iniciativa


Cuando Dios habló a mi corazón y me dijo que tenía que tomar la iniciativa, honestamente, yo no sabía cómo responder.


¿Cómo tomas la iniciativa con gente que no conoces?


Está ese miedo de que te vean como un bicho raro o de que malinterpreten tus intenciones.


Aun así, decidí ir al primer ensayo del coro.


Era intimidante porque había más de 100 personas y, aunque yo había cantado toda mi vida, allí había personas que eran profesionales. Me senté en una silla del centro para no llamar la atención.


A mi lado se sentó una chica con el cabello rizado más lindo que jamás había visto. Me sonrió y me dijo en inglés:


“Hola, soy Robin”.


Platicamos de miles de cosas y fue uno de los rostros más amables que pude haber encontrado.


Unos días después, me encontraba conociendo pueblitos con mi esposo y entramos a una tienda donde vendían joyería autóctona de Texas. Vi una pulsera muy linda y sentí que Dios me decía:


“Dásela a Robin”.


No sé por qué me dijo eso, pero la compré.


La siguiente semana, durante el ensayo, estaba nerviosa de dársela porque apenas nos habíamos conocido. Pensaba:


“Esta mujer me va a ver raro. Va a pensar mal de mí o no me aceptará el regalo. No, Dios, esto está raro”.


Pero lo hice.


Me acerqué y le dije casualmente:


“Estaba paseando por ahí con mi esposo y me pareció que esto podría gustarte”.

Ella abrió el regalo, sonrió y me dijo:


“Es perfecto. Eres muy dulce. Muchas gracias”.


Para no hacerte el cuento tan largo, Robin, sus padres, Ellen y Roger, su hermana y sus sobrinos han sido parte de nuestra familia de la iglesia durante muchos años.


El señor Roger ya está con el Señor en el cielo, pero mis hijos aman visitar a la señora Ellen. Ella y Roger se convirtieron en esos abuelitos que uno visita y llega a considerar parte de su familia.


Un pequeño gesto intencional abrió la puerta para crear una relación no solamente con Robin, sino con toda su familia.


Orfa hizo lo razonable, pero Rut hizo lo extraordinario


Después de escuchar las palabras de Noemí, Rut y Orfa lloraron y dijeron que querían regresar con ella a su pueblo.


Noemí insistió nuevamente. Les explicó que no tenía más hijos para ofrecerles y que no veía ninguna esperanza para sí misma. Las tres volvieron a llorar.


Orfa finalmente besó a Noemí y regresó.


El texto no presenta a Orfa como una mujer mala o desleal. Ella había acompañado a Noemí, había llorado con ella y se había despedido con afecto.


Orfa hizo algo razonable. Rut hizo algo extraordinario, yendo mucho más allá de lo que podía esperarse de ella.


La relación entre Rut y Noemí también contenía vulnerabilidad. Noemí no escondió su dolor ni fingió tener una fe perfecta. Rut vio a Noemí llorando, confundida y sin esperanza, y no se apartó de ella por eso.


Para hacer amigas tenemos que permitirnos ser vulnerables.

Nunca construiremos amistades profundas si mostramos solamente “nuestro lado perfecto”, porque nadie es perfecto. Las relaciones verdaderas se construyen en medio de las lágrimas, el dolor, las pruebas, el miedo, las alegrías y las celebraciones.


Para hacer amigas tienes que estar dispuesta a quedarte en las buenas y en las malas, aun cuando hacerlo resulte incómodo.


Rut decidió quedarse cuando tenía permiso para irse


Rut 1:14 marca la diferencia:

«Orfa besó a su suegra, mas Rut se quedó con ella».


El verbo hebreo traducido como “se quedó”, “se aferró” o “se apegó” es dābaq. Describe la idea de aferrarse, adherirse o permanecer estrechamente unido.


No se trata simplemente de que Rut todavía no se hubiera ido. El lenguaje comunica una decisión firme de permanecer unida a Noemí.


El mismo verbo aparece en Génesis 2:24 para describir al hombre que se une a su esposa. La historia de Rut y Noemí no tiene un sentido romántico, sino que señala la fuerza de su lealtad y su apego.


Rut no permaneció porque no tenía otra opción. Permaneció aunque tenía permiso para irse.


Rut decidió quedarse aunque Noemí no tenía nada que ofrecerle. No tenía más familia, no compartía su misma cultura y no podía proporcionarle un nuevo esposo.


Incluso Noemí se consideraba bajo la aflicción de Dios. Desde una perspectiva humana, Rut estaba escogiendo acompañar a una mujer amargada, pobre, viuda y sin un futuro claro.


Esa es precisamente la fuerza de los versículos 16 y 17. Rut no estaba siguiendo a Noemí por conveniencia.


“16 Pero Rut respondió: «No insistas en que te deje o que deje de seguirte y regrese; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú vivas, yo viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.
17 Donde tú mueras, yo moriré, y allí seré sepultada. Que el Señor haga conmigo lo mismo que ha hecho contigo, y aún más, si alguna cosa aparte de la muerte llega a separarnos».”

Lo que Rut y Noemí enseñan sobre la amistad bíblica


Rut y Noemí no fueron amigas en el sentido convencional de dos mujeres semejantes que se conocieron y decidieron socializar.


Eran familia política. Pertenecían a generaciones, pueblos y trasfondos religiosos diferentes. Sin embargo, desarrollaron una relación que poseía algunas de las cualidades más profundas de la amistad bíblica.


No las unieron:


  • La misma edad.

  • La misma nacionalidad.

  • Una etapa idéntica de vida.

  • Intereses o pasatiempos compartidos.

  • La comodidad.

  • Lo que una podía obtener de la otra.


Las unieron:


  • El dolor compartido.

  • La vulnerabilidad.

  • La lealtad elegida.

  • El cuidado mutuo.

  • La vida cotidiana.

  • El deseo del bien de la otra.

  • Y, finalmente, la fe en el mismo Dios.


La amistad bíblica no siempre llega en el empaque que imaginamos.


A veces la amiga que Dios coloca en tu vida tiene otra edad, otra historia, otra cultura y se encuentra en una etapa completamente diferente.


Rut y Noemí no parecían tener razones suficientes para ser amigas, pero descubrieron algo más fuerte que la semejanza: el amor leal que decide quedarse.


Quizás hacer amigas de adultas es difícil porque buscamos una mujer exactamente como nosotras, mientras Dios puede estar colocando frente a nosotras a una Rut o a una Noemí: alguien diferente que necesita que decidamos caminar a su lado.


Cómo hacer amigas de adulta según la historia de Rut y Noemí


Si hoy te sientes sola y estás buscando amigas, te reto a que tomes acción.


Primero, pídele a Dios que te muestre a quién debes acercarte hoy y cómo puedes mostrarte amiga.


Y ojo, la amistad se cultiva y, muchas veces, es incómoda. Si te fijas en las historias de la Biblia, casi ninguna fue “pan comido”. Dios puede colocarte en situaciones incómodas porque es allí donde creces.


Luego, toma la iniciativa de servir a esa persona. Averigua qué le gusta, qué no le gusta y qué necesita. Conviértete en una fuente de apoyo, aun cuando la otra persona no parezca agradecerlo de inmediato.


Ten presente que muchas mujeres mantenemos nuestras defensas levantadas para protegernos. Esa primera reacción no siempre significa un rechazo definitivo.


Finalmente, decide servirla una y otra vez.


Las amistades profundas no se construyen esperando que otra persona dé siempre el primer paso. Se construyen cuando alguien decide acercarse, escuchar, servir, mostrarse vulnerable y permanecer.


Para cerrar el devocional de hoy, te comparto esta canción:



PODCAST:



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