Cómo dejar de obsesionarte con tu apariencia física
- Melissa Fortín

- 1 day ago
- 7 min read

Lectura: Colosenses 3:1-4
(versión traducida de The Message)
1-2 Así que, si de verdad están comprometidos a vivir esta nueva vida de resurrección con Cristo, compórtense como tales. Busquen las cosas sobre las cuales Cristo reina. No anden por la vida arrastrando los pies, con los ojos puestos en el suelo, absorbidos por las cosas que tienen justo delante. Levanten la mirada y estén atentos a lo que sucede alrededor de Cristo; ahí es donde está la verdadera acción. Vean las cosas desde Su perspectiva.
3-4 Su antigua vida ha muerto. Su nueva vida —que es su verdadera vida— aunque sea invisible para quienes los observan, está escondida con Cristo en Dios. Él es su vida. Y cuando Cristo (su verdadera vida, recuérdenlo) se manifieste nuevamente en esta tierra, ustedes también se manifestarán con Él: el verdadero ustedes, el ustedes glorioso.
Mientras tanto, estén contentos con permanecer en la oscuridad o en el anonimato, como Cristo lo estuvo.
Botox.
Botox está por todas partes. Ya no es algo que solo usan mujeres mayores. Ahora veo mujeres de 20, 30 y 40 años con frentes perfectamente lisas y piel impecable.
Implantes.
También los veo por todos lados. Mujeres hermosas, cuerpos espectaculares y resultados que llaman la atención.
GLP-1.
Y luego están los GLP-1. Hollywood los usa. Muchas de mis amigas también. Han bajado de peso y se ven increíbles.
Si paso demasiado tiempo en redes sociales, comienza a picarme ese mosquito: "Tal vez yo también debería hacerlo."
Entonces empiezo a buscar información. Leo artículos. Hago preguntas en Google y en ChatGPT. Comienzo a fijarme más en mi cuerpo, en mis arrugas, en mis fotos y en cómo me veo comparada con otras mujeres.
Y sin darme cuenta, la inseguridad, la comparación y la envidia empiezan a ocupar más espacio en mi mente de lo que deberían.
Y ese es el verdadero peligro.
No el Botox.
No los implantes.
No los GLP-1.
Sino permitir que estas cosas ocupen más espacio en nuestra mente que Cristo.
Cómo dejar de obsesionarte con tu apariencia física cuando tu apariencia controla tus pensamientos
Mi mente comienza a dar vueltas y a pensar mucho más en estas cosas. Comienzo a fijarme un poco más en cómo me veo en el espejo. Comienzo a analizar los cuerpos de otras mujeres que se ven mejor que yo. Comienzo a investigar si mi seguro cubre estos procedimientos, si puedo hacer el dinero para pagarlo, si mi esposo estaría contento.
La duda, la inseguridad, la envidia, comienzan a carcomer mi mente y mi corazón y entonces se apoderan de mí y mi carne comienza a vivir, aplastando a mi espíritu.
Chicas, yo no estoy juzgando a ninguna mujer que se ha hecho alguno de estos procedimientos. Cada quien toma sus propias decisiones y lo hace (espero) bien informada y educada al respecto.
Hoy lo que quiero es que aprendas a enfocar tu mente y tu corazón en las cosas que realmente importan. Los valores que Cristo quiere ver en ti. Y, si tu ya aceptaste a Cristo, esto no es opcional, esto es un mandato. Y si aún no has aceptado a Cristo, quizás todo esto te parezca extraño o incluso imposible. Pero esa es precisamente la razón por la que necesitamos a Jesús: porque por nosotras mismas nunca podremos ver las cosas desde Su perspectiva.
Si alguna vez te has preguntado cómo dejar de obsesionarte con tu apariencia física, la respuesta no comienza en el espejo sino en el lugar donde tienes puesta tu atención.
La comparación roba tu paz y tu identidad
Llevo semanas siendo consumida por cómo se ve mi cuerpo a mis 42 años. Hay días en que logro relajarme y soltar y otros días en que me veo al espejo y literalmente descuartizo mi cuerpo y lo odio.

Si dejo mi mente divagar, entro en un espiral profundo de autocrítica que no termina y es cuando comienzo a enfocarme en las preocupaciones temporales: cómo me queda la ropa, cómo me veo en las fotos, si algún día tendré un abdomen plano de nuevo, si me veré bien en un bikini en mis próximas vacaciones, si me quedará el vestido que compré para la boda a la que estoy invitada, si mis amigas me verán más gorda o más flaca….
Pero, estas cosas son temporales. Me voy a morir un día y esto acabará. ¿Por qué me preocupa tanto?
En Colosenses 2:23, Pablo les amonesta diciendo que “el tratamiento severo del cuerpo” no tiene valor porque no honra a Dios.
En la época de los Colosenses, ellos estaban practicando autodisciplina extrema e imponiendo restricciones sobre ellos mismos con el propósito de alcanzar un ideal espiritual.
En aquellos tiempos, se enseñaba que la manera de acercarse a Dios era mediante reglas estrictas, privaciones y disciplinas extremas: no comas esto, no toques aquello, no disfrutes ciertas cosas, castiga tu cuerpo para ser más espiritual.
Lo que Pablo enseñó sobre enfocar la mente en las cosas eternas
¿Qué es lo que está ocupando tu mente?
¿Tu peso?
¿La forma de tu cuerpo?
¿Las arrugas que aparecen cada vez que te miras al espejo?
¿Lo que otros piensan de ti?
¿Tu edad?
¿Tus finanzas?
¿Tu salud?
Aquello que ocupa tu mente la mayor parte del tiempo probablemente también está ocupando el lugar más importante de tu corazón.
¿Cuáles son tus hábitos diarios? ¿Qué es lo que consume tus pensamientos y tu tiempo?
Pablo les recuerda a los creyentes que, al poner su fe en Cristo, ya no pertenecen al sistema de valores de este mundo. Su verdadera identidad y ciudadanía están en el cielo. Por eso, en lugar de vivir consumidos por las preocupaciones temporales, deben enfocar su mente en las cosas eternas y vivir a la luz de la futura venida de Cristo, cuando compartirán Su gloria.
La obsesión moderna con la perfección física
¿No hacemos hoy en día lo mismo?
Nos castigamos privándonos de comer, practicando dietas extremas o buscando soluciones que prometen hacernos sentir mejor con nosotras mismas.
¡Y lo peor de todo es que no lo hacemos porque nos acercarán más a Dios sino porque nos acercará más al YO!
Los Colosenses al menos buscaban ser más espirituales. Nosotros buscamos ser más aceptadas, más apetecidas, más deseadas.
Pero my friend…¡ya somos aceptadas!
Cristo ya murió por nosotras, ya pagó nuestros pecados, ya nos aceptó dentro de su familia y nos dio una eternidad a Su lado.
Buscar ser aceptadas es parte de nuestra vieja vida. Nuestra nueva vida no consiste en volvernos más atractivas. Consiste en volvernos más parecidas a Cristo.
¿Oramos?
Tu identidad determina tus hábitos

James Clear en el libro de Hábitos Atómicos habla sobre cómo tus hábitos son un reflejo de la persona que quieres ser. La manera más efectiva de cambiar tu comportamiento es comenzar por cambiar tu identidad y luego actuar de forma consistente con esa nueva identidad.
Pablo no comienza este pasaje diciendo “hagan esto, hagan aquello”, que se traduce hoy a: Pablo no dice “quítate las arrugas, ponte mejores boobies, elimina la celulitis”.
Pablo habla de tu identidad antes que el comportamiento.
"Ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios." (Colosenses 3:3)
Amiga, tienes que enfocarte.
Tienes que hacer un hábito de renovar tus pensamientos (Romanos 12:2) todos los días y a cada momento y volver a poner tus ojos en Cristo cada vez que esos pensamientos de inseguridad y duda sobre quién eres y cómo te ves comiencen a rondar tu cabeza.
Tu identidad es Hija del Rey, amada, escogida, nueva criatura, rescatada del dominio de la oscuridad y transferida a un Reino, una ciudadana del cielo, libre por siempre de toda condenación, amiga de Jesús, diseñada desde antes de nacer, bendecida y rodeada del favor de Dios, controlada por el Espíritu y no por tu naturaleza pecaminosa, ungida, sellada y con el Espíritu en tu corazón, nacida de Dios e intocable por el enemigo, victoriosa sobre el mal porque Dios te ha dado autoridad, comprada por un precio y perteneces a Dios, santa y sin mancha en Sus ojos, ya no eres una esclava del pecado, eres heredera del Reino!
Amiga, ¡enfócate!
No permitas que nadie (ni tú misma) te presione ni te juzgue por asuntos relacionados con comidas, bebidas, ceremonias religiosas, fiestas….la forma de tu cuerpo, tu peso, tus arrugas, tu celulitis, tus ojeras….todas esas cosas eran solamente sombras que anticipaban lo que había de venir; pero en la realidad la sustancia y cumplimiento de todo ello se encuentra en Cristo.
Yo sé que es difícil no dejarse llevar por estas cosas. Yo misma te he confesado que lucho con ellas.
Pero es aquí cuando necesitamos amigas que aman a Dios que nos jalan las orejas y nos recuerdan quienes somos en realidad.
Y, al final de este pasaje en el versículo 4 hay una promesa:
“Cuando Cristo, quien es nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria.”
Si tendremos un cuerpo perfecto, sin arrugas, sin grasa visceral, sin celulitis, sin flacidez, sin debilidad, sin enfermedad, sin necesidad de chichis ni nalgas ni brazos esculpidos…cuando Cristo sea manifestado, tendremos el cuerpo glorioso que jamás pudimos imaginar.
Y, me atrevo a decir que ahí, es cuando diremos: “Para qué me preocupaba todo eso.” El cuerpo que hoy tanto criticas no irá contigo a la eternidad.
Pero la obra que Cristo está haciendo en tu corazón sí.
Así que amiga, ¡ENFÓCATE! O cómo diría una amiga de mi universidad: ¡Sushi, búscate en Google Maps y ubícate!

Oración:
Padre Celestial, gracias por recordarnos quienes somos y para qué estamos aquí. Gracias porque enviaste a tu hijo Jesús a morir en una cruz para darnos la identidad que necesitábamos. Gracias por hacernos tus hijas y herederas. Te damos gracias por nuestros cuerpos, por débiles y viejos que estén, son un regalo tuyo. Te pedimos perdón por no saber cuidarlo bien y también te pedimos la sabiduría para hacerlo de ahora en adelante. Renueva nuestros pensamientos y haznos crear hábitos que nos ayuden a buscarte a ti y poner nuestros ojos en ti en lugar de los juicios y expectativas del mundo. No permitas que nada de las cosas temporales consuman ni un minuto más de nuestra atención y tiempo. Muéstranos cada paso que debemos dar para reflejar esto a nuestros hijos e hijas y que podamos dejar un legado de eternidad en lugar de vanidad. Te pedimos todo esto, en el nombre de Jesús, Amén.
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