Cómo dejar de guardar resentimiento según la Biblia
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Cómo dejar de guardar resentimiento según la Biblia

Mujeres resentidas la una con la otra


Lectura: Hebreos 8:10-12 (RVR1960)


Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel

Después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré mis leyes en la mente de ellos,

Y sobre su corazón las escribiré;

Y seré a ellos por Dios,

Y ellos me serán a mí por pueblo;

Y ninguno enseñará a su prójimo,

Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor;

Porque todos me conocerán,

Desde el menor hasta el mayor de ellos.

Porque seré propicio a sus injusticias,

Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.


Introducción


Mi abuelo me contó una vez algo que hizo cuando era niño. Mientras su mamá le daba instrucciones, él, para no escucharla, se metió los dedos en los oídos y se los tapó. Fue su manera infantil de ignorarla y faltarle el respeto.


Su mamá no le dijo nada. Simplemente se dio la vuelta y se fue.


Pero, unos días después, cuando pensó que el asunto había quedado olvidado, mi abuelo se acercó a su mamá para pedirle dinero. Su mamá levantó las manos y se tapó los oídos, exactamente como él lo había hecho días antes.


Mi abuelo contaba la historia entre risas, pero confesaba que durante mucho tiempo guardó resentimiento contra su mamá. Nunca imaginó que ella le respondería de la misma manera.


El resentimiento convierte el dolor en una deuda


¿Eres una mujer resentida? ¿Recuerdas todo lo malo que te hicieron, lo que te dijeron y hasta lo que dejaron de decir? El resentimiento lleva un registro detallado de la deuda: quién nos hirió, cómo lo hizo y cuánto creemos que todavía nos debe.


Si has estado cargando ese peso, hoy veremos cómo dejar de guardar resentimiento según la Biblia y permitir que Dios vuelva a ablandar nuestro corazón. Quédate conmigo.



La historia de mi abuelo parece tierna y sencilla. Su mamá intentaba enseñarle una lección y, sin duda, lo logró: todavía la recordaba cuando ya tenía más de setenta años. Sin embargo, no todas las heridas son tan sencillas.


Hay heridas tan profundas que guardar resentimiento puede parecernos completamente justificado.


Tal vez alguien a quien amábamos nos abandonó, nos traicionó, nos hirió con sus palabras o dejó de hacer algo que legítimamente esperábamos de esa persona.


Muchas veces, el resentimiento más profundo nace en las relaciones que más nos importaban. No necesariamente porque el amor fuera correspondido, sino porque existía un vínculo, una confianza, una expectativa o una promesa que fue quebrantada.


Si esa persona no hubiera ocupado un lugar importante en tu vida, probablemente su acción no habría causado una herida tan profunda.


Piensa en este momento en esa persona a quien le guardas algún tipo de resentimiento.

¿Quién es esa persona para ti? Ah, y no me digas “¡no es nadie para mí!” Porque tu orgullo te delata ja, ja, ja


Entonces reformulemos la pregunta: ¿quién era esa persona para ti antes de que ocurriera lo que ocurrió?


El resentimiento suele crecer donde se rompió una promesa


Tal vez fue tu mamá quien te abandonó cuando eras apenas una niña. Tal vez fue tu papá quien no asumió su responsabilidad y se fue para nunca regresar.


Puede ser que tu esposo te haya abandonado o haya quebrantado su promesa de fidelidad.


También conozco historias de hermanos que crecieron compartiéndolo todo y, después de la muerte de sus padres, terminaron distanciados y resentidos porque la herencia no se distribuyó como esperaban.



¿Qué ves en común en estos tres ejemplos?


¿Qué tienen en común estas historias? En todas existía un vínculo significativo y una expectativa de amor, cuidado, fidelidad o justicia. En todas se rompió algo que se consideraba sagrado.

¿Qué es un pacto según la Biblia?


En este capítulo de Hebreos, Dios está hablando de su viejo y su nuevo pacto. 


Un pacto es un compromiso solemne y vinculante que establece una relación entre dos partes, acompañado de promesas, responsabilidades y, en algunas ocasiones, una señal.

No es simplemente una promesa casual ni un contrato comercial. En la Biblia, un pacto determina cómo se relacionarán las partes.


Algunos ejemplos son el pacto de Dios con Noé, cuya señal fue el arcoíris, o el pacto con Israel por medio de Moisés, relacionado con la Ley.


La palabra griega empleada en Hebreos es diathēkē. Puede expresar la idea de pacto o disposición establecida. En Hebreos, el énfasis recae en lo que Dios soberanamente establece y garantiza.


La gran diferencia es que los pactos de Dios descansan en Su carácter perfecto. Los seres humanos podemos ser infieles a nuestros compromisos, pero Dios siempre permanece fiel a Su palabra y cumple Sus propósitos.


Esto no significa que las personas nunca quebrantaran las condiciones de un pacto. De hecho, Hebreos 8:9 declara que Israel no permaneció fiel al pacto. Significa que la infidelidad humana nunca toma a Dios por sorpresa ni hace fracasar Su plan redentor.


Los pactos de Dios nacen de Su gracia, están respaldados por Su carácter fiel e inmutable y cumplen un propósito redentor.


Así cómo nosotros tenemos amor por nuestros hermanos, hijos, esposo, padres, Dios lo tiene con nosotros pero en una escala incomparable.


Nosotras guardamos resentimiento. Dios abunda en gracia y misericordia.


¿Por qué era necesario un nuevo pacto?


Si abres tu Biblia y lees este capítulo, verás que el título es El Nuevo Pacto. 


Si ya había un pacto establecido, ¿por qué crear otro?


Bajo el antiguo pacto, Dios entregó Su Ley al pueblo de Israel. La Ley revelaba Su voluntad y también dejaba al descubierto el pecado humano, pero el pueblo no permaneció fiel al pacto.


Hebreos 8:9 ““Porque ellos no permanecieron fieles a Mi pacto, y Yo dejé de preocuparme por ellos, dice el Señor.”

El antiguo pacto podía revelar el pecado, pero sus sacrificios no podían ofrecer la obra definitiva que Jesucristo realizaría. Por eso Hebreos presenta a Jesús como el mediador de un pacto mejor, establecido sobre mejores promesas.


Regresa de nuevo a pensar en esa persona a la que le guardas resentimiento. ¿Cuál fue su acuerdo inicial?


Solo puedo pensar en dos novios que están en la iglesia casándose. Cuando dicen sus votos, ¿estarán pensando en que nunca serán rotos? ¿Tendrán un plan de reconciliación si acaso alguno los rompe?


Cuando mi esposo y yo nos íbamos a casar, tuvimos una reunión con el sacerdote que ofició nuestro matrimonio. Recuerdo que cogió a mi esposo de la mano, lo sentó y le preguntó viéndole a los ojos: “¿Prometes serle fiel a Melissa?” Mi esposo contestó que sí. Y después le preguntó: “¿Y, sí Melissa rompe ese voto de serte fiel y te es infiel, la perdonarías?”


Mi esposo se quedó helado. No sabía qué contestar. En su defensa, aunque la pregunta no fue para mi, yo también me quedé pensando.

Un matrimonio humano no es idéntico al pacto de Dios con nosotras, porque nosotras somos imperfectas y Dios no lo es. Sin embargo, aquella pregunta dejó al descubierto algo importante: solemos prepararnos para hacer promesas, pero pocas veces pensamos en cómo responderemos cuando alguien nos defraude.


Siempre pensamos en lo mejor, en lo bueno, pero ¿pensamos en qué haríamos si lo malo pasara? ¿Hemos decidido de antemano acudir a Dios para responder con sabiduría, verdad, gracia y misericordia cuando llegue la herida?


El nuevo pacto no surgió porque el plan de Dios hubiera fracasado ni simplemente para enseñarnos cómo reaccionar cuando alguien nos hiere. Desde antes, Dios había anunciado Su propósito de rescatar a Su pueblo por medio de un pacto mejor. En Jesucristo ofrecería perdón definitivo, una relación restaurada con Él y una transformación que comenzaría desde el corazón.


En el versículo 12 encontramos una de las promesas más hermosas de este nuevo pacto: Dios trataría nuestro pecado con misericordia y no volvería a levantarlo como una deuda pendiente contra nosotras.


Dios no lleva un registro para condenarte


V.12 Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

Otra versión (Dios Habla Hoy) dice: Yo les perdonaré sus maldades y no me acordaré más de sus pecados.


Fíjate en el tiempo verbal: «perdonaré» y «no me acordaré». 


Nuestro pecado no tomó a Dios por sorpresa. Mucho antes de que Cristo viniera al mundo, Dios ya había revelado Su propósito de ofrecer perdón y establecer una nueva relación con Su pueblo.


Aproximadamente seis siglos antes de la carta a los Hebreos, Jeremías 31:31-34 ya había anunciado la llegada de este nuevo pacto. 


Jeremías 31:33 “Ésta será la alianza que haré con Israel en aquel tiempo: Pondré mi ley en su corazón y la escribiré en su mente. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Yo, el Señor, lo afirmo. 34 Ya no será necesario que unos a otros, amigos y parientes, tengan que instruirse para que me conozcan, porque todos, desde el más grande hasta el más pequeño, me conocerán. Yo les perdonaré su maldad y no me acordaré más de sus pecados. Yo, el Señor, lo afirmo.”

Su nuevo pacto no incluía alejarse de nosotros sino reconciliarnos con Él. Su nuevo plan no incluía recordarnos todo lo malo que habíamos hecho, ni cuántas veces le quedamos mal. 


Cuando Dios dice que no se acordará más de nuestros pecados, no significa que pierda conocimiento o memoria. Significa que, por la obra de Cristo, no volverá a levantar esos pecados como una deuda para condenarnos. La cuenta ha sido pagada; el expediente no vuelve a abrirse.


Yo soy (y estoy trabajando eso) de las que me acuerdo exactamente lo que me dijeron y cómo me lo dijeron. Si me coges en un mal día de perimenopausia, te puedo decir todo lo que mi esposo ha hecho mal ese día y la semana anterior. 


¿Eres así? ¿Te acuerdas de cada punto y coma de lo que te dijeron, escribieron, o dejaron de decir?


Amiga, Dios no guarda resentimiento ni conserva nuestros pecados perdonados como munición para usarlos después contra nosotras. En Cristo, decide no tratarnos conforme a esa deuda, porque la deuda ya fue pagada.


Se olvida de todos nuestros errores con gracia y misericordia. La gracia nos concede el bien que no podemos ganar. La misericordia retiene el juicio que merecíamos.


Nos merecíamos una eternidad separados de Él, sin Su amor. Pero, el vio que no podíamos con nosotras mismas y decidió crear un nuevo pacto que incluía una vida completa cerca de Él. Envió a Su único hijo para cumplir este nuevo pacto, para morir en la cruz por nosotras y reconciliarnos con Él y concedernos una vida nueva.


Dios no se cansa de perdonarnos. 


¿Te cansaste de perdonar?


Perdonar no significa permitir que vuelvan a dañarte


Perdonar no significa negar lo ocurrido, llamar bueno a lo malo ni actuar como si la herida nunca hubiera existido. Tampoco significa que debes recuperar inmediatamente la confianza, reconciliarte sin arrepentimiento o permitir que una persona abusiva continúe teniendo acceso a ti.


El perdón libera en las manos de Dios el derecho de cobrar personalmente la deuda. La reconciliación, en cambio, requiere verdad, arrepentimiento, cambio y reconstrucción de la confianza. Puedes perdonar y, al mismo tiempo, establecer límites sabios y seguros.


Piensa en esa persona nuevamente, la que te ha herido, la que le guardas resentimiento.


¿Cómo puedes dejar de guardar resentimiento y tener un corazón tierno?


Cómo dejar de guardar resentimiento según la Biblia


Hoy quiero proponerte cuatro pasos:


1. Nombra la herida con honestidad. No minimices lo que ocurrió. Dile a Dios quién te hirió, qué hizo y cómo te afectó.


2. Entrégale a Dios la deuda.Perdonar no significa que lo ocurrido dejó de ser injusto. Significa renunciar a cobrar la deuda mediante la venganza, el desprecio o el recordatorio constante.


3. Pide un corazón lleno de gracia y misericordia.Quizás hoy no sientes deseos de perdonar. Comienza pidiéndole a Dios la disposición para hacerlo. El perdón muchas veces es una decisión que debemos reafirmar mientras Él sana nuestras emociones.


4. Establece los límites que sean necesarios.Un corazón tierno no es un corazón ingenuo. Puedes soltar el resentimiento sin volver a colocarte en una situación de abuso, manipulación o peligro.


Piensa nuevamente en la persona que te hirió. ¿Qué deudas sigues anotando en tu corazón? Hoy puedes entregársela a Dios y decir: “Señor, no quiero seguir viviendo atada a lo que ocurrió. Haz en mí lo que yo no puedo hacer sola”.


Oremos.


Oración:


Padre Celestial, gracias por tu amor infinito para con nosotras. Gracias porque desde el principio creaste este mundo pensando en tus hijas. Gracias porque tu plan es perfecto, fríamente calculado y no hay nada que podamos hacer para defraudarte ni alejarte de nosotras porque Tú ya lo sabes todo y todo lo tienes preparado. Queremos abundar en la gracia y la misericordia, especialmente con esas personas que nos han herido, dañado, abandonado o traicionado. Ayúdanos a librarnos de esta carga tan pesada, te la entregamos y queremos perdonar y olvidarnos así como tú lo haces con nosotros. Perdónanos así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden Padre. Danos paz y elimina toda raíz de resentimiento en nosotras. En el nombre de Jesús. Amén.



PODCAST:



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