¿Cómo amar a alguien que no comparte mi fe?
Updated: Sep 9

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Lectura: 1 Pedro 3:1-2 y 1 Corintios 7:12-16
1 Pedro 3:1-2: “Ustedes, las esposas, deben obedecer a sus esposos en todo. De esa manera, si ellos no creen en el mensaje de la buena noticia, el comportamiento de ustedes podrá convencerlos, pues verán que ustedes son honestas y respetuosas.”
1 Corintios 7:12-16: “A los demás les aconsejo lo siguiente: Si alguno de la iglesia está casado con una mujer que no sea cristiana, pero ella quiere seguir viviendo con él, no deben separarse. Del mismo modo, si una mujer de la iglesia está casada con un hombre que no sea cristiano, pero él quiere seguir viviendo con ella, tampoco deben separarse. Porque el esposo que no cree en Cristo puede ser aceptado por Dios, si está unido a una mujer cristiana. Del mismo modo, una esposa que no cree en Cristo puede ser aceptada por Dios, si está unida a un hombre que sí cree en Cristo. Además, los hijos de ellos serán aceptados por Dios como parte de su pueblo, y Dios no los rechazará como si fueran algo sucio. Pero si el esposo o la esposa no cristianos insisten en separarse, que lo hagan. En tales casos, la esposa o el esposo cristianos no están obligados a mantener ese matrimonio, pues Dios quiere que vivamos en paz. Por otra parte, la esposa o el esposo que son cristianos podrían ayudar a que el esposo o la esposa que no son cristianos se salven.”
Cómo amar a alguien que no comparte mi fe
Conocí a mi esposo y fue amor a primera vista. Nos hicimos novios y, después de tres años de noviazgo, nos casamos.
Llevamos 20 años casados y hemos formado una familia.
Hace 15 años puse mi fe en Cristo, pero mi esposo no quiere tener nada que ver con el Evangelio.
Me siento sola.
No sé qué hacer ni qué decir para que conozca a Cristo.
Quizás esta no sea exactamente tu historia, pero puede que ames profundamente a una persona que no comparte tu fe. Puede ser tu esposo, uno de tus hijos, tus padres, un hermano o una amiga.
Quieres que conozca a Cristo. Oras por esa persona, intentas hablarle de Dios y procuras darle un buen ejemplo. Sin embargo, pasan los años y parece que nada cambia.
Entonces comienzas a preguntarte:
¿Cómo debo amar a alguien que no comparte mi fe?
¿Cómo puedo hablarle de Cristo sin presionarlo constantemente?
¿De qué manera puedo mantenerme firme en mi fe sin permitir que la frustración, la tristeza o la desesperanza gobiernen mi corazón?
Para ayudarnos a responder estas preguntas, hoy quiero compartir contigo la respuesta de Elvia.
Cómo amar a un esposo que no comparte tu fe
Lamentablemente, esta historia representa a muchas esposas que se encuentran en un matrimonio difícil y viven con la lucha y la tristeza de tener un cónyuge incrédulo.
El matrimonio recibe el embate quizás de una manera más fuerte que cualquier otra relación porque representa el diseño de Dios.
El matrimonio es un reflejo del amor de Dios por su Iglesia ante el mundo. Por eso, Satanás no escatimará esfuerzos para destruirlo o deformarlo.
Entonces, ¿cómo puede una esposa creyente mostrarle amor a su esposo incrédulo?
Practica el amor ágape con tu cónyuge
En primer lugar, la Biblia nos manda a poner en práctica el amor ágape con nuestro cónyuge.
¡Sí! El mismo amor ágape que Jesús tuvo por nosotros al entregar su vida en la cruz del Calvario, aun cuando nosotros vivíamos de espaldas a Él.
Esto significa que debes mostrarle paciencia y misericordia.
Hay dos pasajes en la Biblia que nos ayudan a comprender cómo debemos conducirnos con un cónyuge que no comparte nuestra fe: 1 Pedro 3:1-2 y 1 Corintios 7:12-16.
Estos pasajes nos ofrecen una guía basada en el amor incondicional, la fidelidad a Dios y el testimonio de una vida transformada.
Predícale con tu vida
En otras palabras, predícale con tu vida.
Permite que tu carácter refleje a Cristo mostrando amor, paciencia, bondad, paz y gozo.
Recuerda que estas cualidades forman parte del fruto que el Espíritu Santo produce en nosotras. No se trata de aparentar perfección, sino de permitir que Dios transforme nuestro carácter mientras permanecemos cerca de Él.
1 Pedro 3 fue escrito en un contexto en el que una mujer podía conocer a Cristo mientras su esposo continuaba practicando otra religión. Pedro no le dice que debe abandonar su fe ni que necesita presionar constantemente a su esposo para convertirlo. La anima a permitir que su conducta respetuosa y piadosa sea un testimonio visible del Evangelio.
Respeta su liderazgo y apóyalo, siempre y cuando eso no te lleve a pecar contra Dios.
La sumisión bíblica no significa inferioridad, obediencia ciega ni tolerancia al abuso. Si una autoridad te pide hacer algo contrario a Dios, tu primera obediencia siempre le pertenece al Señor.
No abandones tu relación con Dios
¡No te desanimes!
Lee tu Biblia.
Busca una comunidad de creyentes que pueda acompañarte, fortalecerte y ayudarte a mantenerte firme.
Continúa orando, pero no conviertas cada conversación con esa persona en un intento por convencerla. Habrá momentos para hablar y momentos en los que tu conducta comunicará aquello que las palabras no pueden expresar.
Finalmente, y lo más importante, descansa en Dios y déjale a Él los resultados.
Ningún ser humano puede cambiar el corazón de otra persona, pero Dios sí puede hacerlo.
Esta realidad debe aumentar tu fe y darte ánimo para continuar orando.
Tu identidad no depende de la decisión de tu esposo
Recuerda que, aunque tu matrimonio sea difícil, ser hija de Dios es lo que te define.
La decisión de tu esposo no determina tu identidad, tu valor ni la autenticidad de tu relación con Dios.
Tu identidad en Cristo es la verdad que le da sentido a tu vida. También puede convertirse en tu gozo y tu esperanza cada día.
Te dejo con uno de mis pasajes favoritos de la Biblia:
Isaías 26:3
“¡Tú guardarás en perfecta paz a todos los que confían en ti, a todos los que concentran en ti sus pensamientos!”
Amén.
Isaías 26:3 conecta la paz con una mente firme que permanece apoyada en Dios porque confía en Él. En el texto hebreo se repite la palabra shalom, comunicando la idea de una paz plena y completa.
Amar bíblicamente no significa poder cambiar a alguien
Quizás hoy estás cansada de orar por esa persona.
Tal vez has intentado convencerla, explicarle el Evangelio o hacerle ver cuánto necesita a Dios, pero nada parece funcionar.
La respuesta de Elvia nos recuerda algo importante: amar bíblicamente a alguien que no comparte nuestra fe no significa que tengamos el poder de cambiar su corazón.
Nuestro llamado es amar, permanecer firmes, reflejar el carácter de Cristo y confiarle los resultados a Dios.
Puedes compartir el Evangelio con tus palabras, pero también puedes permitir que la transformación que Cristo está haciendo en ti se convierta en un testimonio visible.
Esto no significa que debas ser perfecta. Tampoco significa que nunca te sentirás triste, frustrada o sola.
Significa que, aun en medio de esos sentimientos, puedes acudir a Dios para recibir la paciencia, la sabiduría y el amor que no puedes producir con tus propias fuerzas.
Los resultados le pertenecen a Dios
Continúa orando por esa persona, pero no permitas que su decisión determine tu identidad, tu paz o tu relación con Dios.
Tú eres hija de Dios.
Él es quien sostiene tu fe, transforma tu carácter y guarda en perfecta paz a quienes concentran sus pensamientos en Él.
Los resultados le pertenecen a Dios.
Tu responsabilidad es permanecer cerca de Él y permitir que tu vida refleje el amor de Cristo cada día.
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