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¿Cómo alimentar bien a mi familia cuando no tengo tiempo? Tu familia no necesita una mamá nutricionalmente perfecta

Mamá corriendo por la cocina

Lectura: Proverbios 31:15, 27; Marcos 6:31; Lucas 10:38-42


Proverbios 31:15 (RVR1960): “Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas”.


Proverbios 31:27 (TLA): “Siempre está pendiente de su casa y de que todo marche bien. Cuando come pan, es porque se lo ha ganado”.


Marcos 6:31: “Pero eran tantos los que iban y venían, que ni tiempo tenían para comer. Entonces Jesús les dijo: «Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas»”.


Lucas 10:38-42: “En su viaje hacia Jerusalén, Jesús y sus discípulos pasaron por un pueblo. Allí, una mujer llamada Marta recibió a Jesús en su casa. En la casa también estaba María, que era hermana de Marta. María se sentó junto a Jesús para escuchar atentamente lo que él decía. Marta, en cambio, estaba ocupada en preparar la comida y en los quehaceres de la casa. Por eso, se acercó a Jesús y le dijo:

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola, haciendo todo el trabajo de la casa? Dile que me ayude».

Pero Jesús le contestó:

«Marta, Marta, ¿por qué te preocupas por tantas cosas? Hay algo más importante. María lo ha elegido, y nadie se lo va a quitar»”.


¿Cómo alimentar bien a mi familia cuando no tengo tiempo?


“Yo nunca les voy a dar comida rápida a mis hijos”, decía esta pobre ilusa cuando aún no era mamá de nadie más que de una perrita.


Y luego me quemé el hocico con mi propio fósforo cuando tuve tres hijos, una empresa, una casa, homeschool y actividades extracurriculares distintas para cada uno. Me encontré en el estacionamiento de un establecimiento de comida rápida para comprar la cena porque ya no tenía una onza más de energía para regresar a casa y cocinar.


Pero dentro de mí siempre estuvo esa batalla con el sentimiento de culpa. Después de todo, soy coach de nutrición y personal trainer. En mi casa siempre hay opciones saludables y comidas enteras, mínimamente procesadas, sin azúcares añadidos ni colorantes artificiales.


En mi alacena no vas a encontrar Takis, donitas ni nada con jarabe de maíz rico en fructosa.


En mi refrigerador siempre habrá fresas, arándanos, bananos, manzanas, yogurt griego y queso cottage.


En mi congelador siempre habrá pollo, camarones, carne de pavo, carne de res magra, vegetales congelados y pan de grano germinado.


Todo lo que nutre al cuerpo lo encuentras en mi cocina.


Lo que no encuentras en mi cocina es más tiempo. El tiempo libre realmente no existe en ciertos momentos en mi casa.


Y si yo no me planifico bien y no sacrifico uno o dos días a la semana para preparar comidas, el resto de la semana estamos corriendo de aquí para allá para comer de forma saludable.


Y aunque lo priorizamos más que nada, hay días en que mamá siente que perderá la cabeza porque no ha tenido ni un momento para descansar y cerrar los ojos. Entonces, lo único que quiere es que alguien, mágicamente, haga la cena y se la sirva en una bandeja mientras ella está en pijama esperando.


Pero en esta casa aún no estamos en esa etapa. Mi esposo trabaja muchas veces hasta tarde y mis hijos son muy pequeños para cocinar una comida completa ellos solos.


¿Te sientes abrumada por la nutrición de tu familia? ¿Sientes que tu deseo es que coman mejor, pero no sabes de dónde sacar el tiempo para cocinar?


Este episodio no es para juzgarte ni darte una lección. Todo lo contrario, pues si tu respuesta fue sí a estas dos preguntas, yo me identifico contigo.


Dios reconoce tu esfuerzo por alimentar a tu familia


Los primeros dos pasajes que veremos en este episodio hablan sobre la mujer de Proverbios 31:


Proverbios 31:15 (RVR1960): “Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas”.
Proverbios 31:27 (TLA): “Siempre está pendiente de su casa y de que todo marche bien. Cuando come pan, es porque se lo ha ganado”.

Esta mujer es una madre a toda madre, como decimos. Se levanta de madrugada, aun cuando el sol no ha salido, y les prepara el desayuno a su familia y a sus empleados.


Conozco a muchas mujeres que trabajan dentro y fuera de casa y que se levantan a las tres de la mañana para preparar la comida que su esposo se llevará al trabajo, las loncheras de sus hijos y su propia comida.


Conozco a otras mujeres que se quedan en la cocina hasta tarde, aun cuando todos ya se han ido a dormir, dejando todo listo para el día siguiente porque en la mañana tienen que correr a vestir, bañar y alimentar a sus hijos antes de salir corriendo a sus trabajos.


Dios, en Su Palabra, reconoce tu sacrificio de madre. Dios sabe todo lo que haces en tu día a día. Aun cuando a los demás les parezca rutinario, Dios decidió ejemplificarlo en este proverbio.


Amiga, Dios te ve. Dios sabe que siempre estás pendiente de tu casa, que si comes es porque trabajaste duro por esa comida (ya sea trabajando fuera de casa o dentro de ella). Dios ve tu sacrificio de madrugar (aun cuando quisieras quedarte durmiendo una hora más) para alimentar a tu familia.


Dios no ignora tu diligencia. La apoya.


Cuando la nutrición familiar se convierte en afán


Pero ¿te ha pasado que sientes que haces, haces, haces y que no has hecho suficiente?


Especialmente hoy en día, con la lluvia de información sobre nutrición que hay, quieres implementar todo en tu casa.


Quieres desparasitar a tus hijos naturalmente con jugos de zanahoria o semillas de papaya. Quieres que coman caldo de hueso hecho desde cero en tu slow cooker. Quieres asegurarte de que todos coman suficiente proteína, que te estés tomando todos los suplementos a las horas indicadas, decidir si el próximo mes vas a probar el ayuno intermitente y verificar que cada comida empaquetada que tus hijos coman en la escuela no contenga ciertos ingredientes. Al final de la semana, tu cerebro está que explota porque ya no puedes controlar tanto.


El último pasaje de este devocional nos habla justamente de eso. No lo leeré todo porque quiero que tú lo vayas a buscar en Marcos 6:31 y en Lucas 10:38-42.


Jesús también hizo tiempo para comer y descansar


En Marcos, Jesús les dice a sus discípulos que lo acompañen a descansar. Habían estado tan atareados con todos los quehaceres de un discípulo que no habían tenido ni tiempo para comer.


Amiga, estaban trabajando para el mero mero. Cuando se hablaba de “trabajar para la obra de Dios”, los discípulos estaban haciendo meramente eso. Y el afán no les había dejado tiempo para sentarse a comer y descansar.


Y Jesús pone un alto a esto. Los llama y les dice: “Vengan, vamos a descansar”.


Piensa en tu día de hoy. Piensa en la semana que viene. ¿Cómo está tu afán?
¿Vas a tener tiempo para sentarte a comer y descansar?
¿Has agendado tiempo para sentarte y nutrirte con alimento físico y espiritual?

Ya vimos que Dios conoce tu rutina. Él sabe todo lo que haces por servir a tu familia. Lo ve y lo valida.


Pero si Jesús hizo tiempo para apartarse, sentarse con Su Padre, tal vez debajo de la sombra de un árbol, y comer tranquilamente con Sus discípulos, aun cuando estaban haciendo uno de los trabajos más importantes de toda la historia (predicar el evangelio), ¿no crees que tú también puedes hacerlo?


Marta, María y la nutrición espiritual de la familia


En Lucas 10:38-42 se nos cuenta la historia de Marta y María. Si ya te sabes la historia, seguramente sabes con quién te identificas, si eres Marta o eres María.


Yo definitivamente soy una Marta.


Hay algo interesante que quiero que veas en este pasaje. Cuando Marta se acerca a Jesús para reclamarle por la falta de ayuda de María, Jesús no la regaña, no le grita ni la juzga. Le hace una pregunta:


¿Por qué te preocupas por tantas cosas?

Jesús no está invalidando el deseo de Marta de ser diligente ni tampoco le está diciendo que esas cosas (preparar comida y limpiar la casa) no importan. Le está haciendo entender que solo hay una cosa más importante y que ella se está preocupando por muchas, cuando su enfoque debería estar en la más importante: sentarse a sus pies, escucharlo y pasar tiempo con Él.


Como mamás, muchas veces nos perdemos en los quehaceres: la limpieza de la casa, las loncheras, las tareas, la preparación de la comida saludable, el ejercicio, las llamadas, etc. Todas esas cosas son importantes.


Y cuando hablamos de nutrición, sí es importante que comamos suficiente proteína, carbohidratos y grasas saludables. Por supuesto que es preferible que comamos en casa en lugar de comer en la calle.


Pero si ponemos lado a lado la nutrición física y la nutrición espiritual de nuestra familia y la nuestra, ¿cuál pesa más en tu balanza? ¿A cuál le das más pensamiento y planificación?


Jesús le dijo a Marta, por medio del ejemplo de María, que todo eso que ella estaba haciendo era importante, pero no más importante que su nutrición espiritual.


¿Comida saludable o tiempo de calidad en familia?


Cuando tenemos semanas ocupadas en las que yo no me senté a planificar la comida, se me olvidó sacar el pollo a descongelar, no partí los vegetales y llegamos a casa cuando ya ha pasado nuestra hora regular de la cena, tengo dos opciones:


  1. Mando a los niños a bañarse y me pongo a cocinar desde cero, sabiendo que nos acostaremos tarde, que yo estaré sumamente cansada y que no querré ni orar ni leer la Biblia antes de dormir.

  2. Compro comida en la calle, nos sentamos todos a la mesa con tranquilidad y buenas actitudes porque nadie está “hangry”, nos reímos en familia y luego continuamos con la rutina de la noche como usualmente estaba planificada.


Si escojo la primera opción, me aseguro de que mi familia se nutra físicamente. Van a comer mucho mejor en casa que si consumen una comida de la calle. Pero sacrifico mi tiempo de calidad con ellos a la hora de dormir, que es cuando están más dispuestos a hablar de su día y cuando necesitan una mamá tranquila, que emita paz y no enojo ni descontrol.


Si escojo la opción 2, su cuerpo sufrirá nutricionalmente por un tiempo de comida, pero esos momentos juntos alrededor de la mesa, el tiempo de oración y la lectura de la Palabra de Dios antes de acostarse no tienen precio.


Alimentar bien a mi familia también incluye su vida espiritual


Contestemos entonces la pregunta: ¿Cómo alimentar bien a mi familia cuando no tengo tiempo?


Mi respuesta es: escoge tu prioridad.


No se trata de que te valga madre su nutrición. Se trata de ser diligente como la mujer de Proverbios 31, pero también de darte cuenta de que la nutrición que más importa es la espiritual.


A lo largo del tiempo, los mejores recuerdos que tendrás con tu familia, y que tus hijos y nietos tendrán, serán aquellos en los que te sentaste a dedicarles tiempo, cuando estabas calmada, alegre y serena (no gritando como una loca porque nadie hizo la cena).


La diferencia entre organización y obsesión


Quiero aclarar de nuevo, porque no quiero malentendidos, que no estoy diciendo que no debas procurar comer saludablemente ni organizarte para hacer meal prep.


Cuando tú amas a Dios, quieres cuidar el cuerpo que Dios te prestó y también cuidas los cuerpos de las personas que Él te ha encomendado cuidar. Dios nos llama a ser diligentes, organizadas y preparadas.


Pero hay organización y hay obsesión, y tenemos que saber identificar en cuál de esas estamos.


Y luego, si identificamos que estamos afanadas, debemos respirar profundo, pedirle ayuda a Dios y sentarnos a Sus pies como María.


Oremos.


Oración:


Padre Celestial, gracias por vernos y validarnos como mujeres, madres, esposas. Gracias porque nada de lo que hacemos en nuestro día a día, por rutinario que parezca, pasa desapercibido para ti. Gracias porque tú ves las madrugadas, las desveladas, los sacrificios financieros, los sacrificios de nuestro cuerpo, de nuestra salud mental y emocional. Gracias porque nos ofreces descanso y paz en ti.  Queremos aprender a distinguir entre diligencia y control, Padre. Queremos nutrir bien a nuestras familias, pero que nuestro enfoque mayor siempre esté en nutrirlas espiritualmente más que físicamente. No queremos que la comida y la nutrición física se vuelvan una obsesión que nos impida ver que lo que necesitan de nosotras es nuestra atención y nuestro tiempo. Ponemos nuestros días y semanas en tus manos, que seas Tú por medio de tu Espíritu Santo quien nos guíe. En el nombre de Jesús, amén.



PODCAST:



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