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¿Cómo aceptar mi cuerpo sin dejar de cuidarlo? Puedes amarlo y querer fortalecerlo

Aug 17
7 min read
Mujer de mediana edad haciendo ejercicio

Lectura: Efesios 5:28-29; Romanos 12:1-2


Efesios 5:28-29: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”.


Romanos 12:1-2: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.


¿Por qué Jesús alimentaba y cuidaba Su cuerpo?


¿Te has preguntado por qué Jesús, cuando habitó en la tierra como ser humano, comía con Sus discípulos?


¿Por qué Jesús se retiraba a descansar? ¿Por qué dormía?


Después de todo, Él es un ser divino. Si lo hubiera querido, podría haber sido un mejor superhéroe que Superman o el Capitán América.


Mis hijos me hacen este tipo de preguntas que a veces me dejan perpleja y no sé ni qué contestar. Pero agradezco que las hagan porque esto me lleva a sentarme, estudiar y averiguar la respuesta.


No siempre sé exactamente cuál es la respuesta. Ese trabajo se lo dejo al Espíritu Santo para que Él me la revele.


Estas preguntas tienen una respuesta casi lógica: Jesús nutría Su cuerpo, le daba descanso y lo cuidaba porque, al hacerse verdaderamente humano, también nos mostró cómo vivir en obediencia al Padre dentro de un cuerpo humano.


Pero ¿cómo aceptamos nuestro cuerpo tal cual es sin dejar de cuidarlo? A muchas mujeres en la iglesia las han hecho sentir culpables por querer cuidar sus cuerpos mediante el ejercicio y la alimentación porque les han dicho que eso es pura vanidad.


¿Qué dice Dios al respecto? Quédate y averigüémoslo juntas.


Cómo aceptar mi cuerpo sin dejar de cuidarlo según Efesios 5


Uno de los pasajes que veremos hoy es Efesios 5:28-29:


“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”.

Puede parecerte extraño porque aquí Pablo está hablando del matrimonio, no de autoestima. Pero tenme paciencia; ya verás hacia dónde vamos.


Efesios 5:28-29 no fue escrito como un mensaje sobre autoestima o imagen corporal. Pablo estaba enseñándoles a los esposos cómo amar a sus esposas. Sin embargo, para comunicar esa enseñanza, parte de una verdad importante: un cuerpo no fue hecho para ser aborrecido, castigado o abandonado, sino sustentado y cuidado. Dios presenta el cuidado del cuerpo como algo natural y responsable.


Jesús nos mostró cómo vivir dentro de un cuerpo humano


Jesús nos dio ese ejemplo mientras caminó por esta vida. Durante Su vida en la tierra, vivió como uno de nosotros, aunque sin pecado. Comía cuando había que comer, participó en celebraciones, como las bodas de Caná, caminaba de un lugar a otro y se retiraba a descansar tanto mental como físicamente cuando era necesario.


Me dirás: “Ay, pero Jesús caminaba porque no había carros ni otra forma de transporte”.


En la época de Jesús sí existían otros medios de transporte. Dentro del Imperio romano, las personas poderosas y adineradas podían viajar a caballo, en vehículos tirados por animales o en literas. Estas últimas permitían que una persona viajara sentada o recostada mientras era llevada por otros. Sin embargo, caminar era la forma más común de trasladarse para la mayoría de las personas.


Si Jesús hubiera querido, siendo el Rey de reyes y Señor de señores, habría podido venir a la tierra rodeado de los lujos propios de un rey. Sin embargo, se humilló y tomó forma de siervo. Vivió dentro de las limitaciones reales de un cuerpo humano, con la excepción del pecado, y nos dejó un ejemplo de obediencia, humildad y dependencia del Padre.


Finalmente, entregó voluntariamente Su cuerpo como el sacrificio más importante.


Aceptar tu cuerpo no significa dejar de cuidarlo


¿Cómo te sientes cuando ves tu cuerpo desnudo en el espejo? ¿Lo aceptas o lo rechazas?


¿Te soy 100 % honesta? Yo lo rechazo continuamente. No lo acepto.


Pero aceptar tu cuerpo no significa declarar que no necesita atención o cambio. Significa dejar de tratarlo como un enemigo. Puedes aceptar el cuerpo que tienes hoy y, al mismo tiempo, alimentarlo mejor, fortalecerlo, permitirle descansar o buscar atención médica.


Amar tu cuerpo es parte natural de tu humanidad. Dios puso en ti el deseo de sustentarlo y protegerlo. Jesús, al hacerse hombre, también experimentó necesidades físicas reales y vivió en completa obediencia al Padre. Ahora nos toca estudiar Su ejemplo y aprender de Él.


Este pasaje de Efesios lo confirma cuando dice:


“Los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos”.

Está implicando que los hombres naturalmente cuidan sus propios cuerpos. Es algo tan natural e intrínseco que les da el mandato de amar a sus esposas como aman y cuidan sus cuerpos.


Luego dice:


“Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia”.

Nadie aborrece su propia carne.


La frase “nadie aborreció jamás a su propia carne” describe el comportamiento humano normal: naturalmente protegemos nuestro cuerpo del dolor, buscamos alimento cuando tenemos hambre y atendemos sus necesidades.


Jesús atendió las necesidades reales de Su cuerpo durante Su vida en la tierra, pero también estuvo dispuesto a ayunar, soportar el cansancio, sufrir y entregarse por obediencia al Padre. Cuidar el cuerpo no significa evitar todo sacrificio o incomodidad.


Significa someterlo a Dios y usarlo conforme a Su voluntad.


Cristo no solamente vivió dentro de un cuerpo humano, sino que también mostró compasión por los cuerpos de los demás: alimentó a quienes tenían hambre, sanó a los enfermos y permitió que los cansados se acercaran a Él.


Cuidar nuestro cuerpo también puede ayudarnos a recordar el valor que Jesús le dio a nuestra vida. Él entregó el Suyo para que un día podamos vivir en un cuerpo perfecto y resucitado en la eternidad junto a Dios.


Cuando aborrecemos nuestro cuerpo (y yo me incluyo en esto) podemos perder de vista el valor que Dios le ha dado y la obra que Cristo hizo por nosotras.


¿Cómo dejamos de aborrecer nuestro cuerpo?


Lo nutrimos.

Lo alimentamos.

Lo ayudamos a alcanzar madurez.

Le proporcionamos lo necesario para su crecimiento.


Aceptar tu cuerpo no significa que un día te verás al espejo y dirás: “Bueno, ya me dejé ir.


Ya estoy mayor, ¿para qué cuidarme? Comamos, bebamos y echémonos al sofá”.


Cuando decimos eso, desechamos el ejemplo de obediencia y mayordomía que Jesús nos dio. Él amó tanto al cuerpo de Cristo (nosotras) que sacrificó Su propio cuerpo por nosotras.


Hay una gran diferencia que se establece según la motivación detrás del cuidado de tu cuerpo. La motivación de Jesús fue Su amor por ti.


La motivación establece la diferencia al cuidar tu cuerpo


  • Puedo ejercitarme porque odio mi cuerpo y quiero castigarlo.

  • O puedo ejercitarme porque lo valoro y quiero fortalecerlo.

  • Puedo comer menos para castigarlo.

  • O puedo aprender a alimentarlo porque quiero sustentarlo.

  • Puedo perseguir cierto tipo de cuerpo para recibir aprobación.

  • O puedo cuidar el cuerpo que Dios me confió para estar disponible para servirle.


La aceptación bíblica no dice: “Mi cuerpo es perfecto y no necesita cambiar”.


Dice: “Este es el cuerpo que Dios me confió hoy. No voy a aborrecerlo ni abandonarlo. Voy a sustentarlo, cuidarlo y presentarlo a Dios”.


¿Cómo aceptar mi cuerpo sin dejar de cuidarlo?


Contestemos entonces la pregunta: ¿cómo aceptar mi cuerpo sin dejar de cuidarlo?


Mira a Jesús. Estudia Su ejemplo.


Acepta Su sacrificio y luego presenta tu cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.


Cuidar tu cuerpo no es vanidad cuando lo haces para Cristo. Cuando tus ojos y tu motivación están puestos en Él, tu cuerpo deja de ser el centro de tu atención, pero se convierte en el receptor de Su bendición.


Te reto a que lo pruebes esta semana mediante un ejercicio muy sencillo.


Antes de hacer ejercicio, ofrécele a Dios ese momento, esa caminata, esa rutina o esa sesión de Pilates. Dile: “Señor, hago esto para cuidar el cuerpo que Tú me has dado. Te lo ofrezco como sacrificio”.


Antes de sentarte a comer, da gracias y ofrécele ese alimento al Padre. Pídele que te nutra y ríndele cada decisión que tomes sobre tu comida.


Pruébalo durante siete días. Luego, examina tu corazón:


¿Cómo te sientes con respecto a tu cuerpo?

¿Qué te ha revelado Dios?


Si quieres compartirlo, escríbeme. En los show notes están mis redes sociales o puedes enviarme un correo electrónico a melissa@melissa-wellness.com. Me encantaría saber cómo te fue.


Oremos


Oración:

Padre Celestial, gracias por tu amor infinito hacia nosotras que enviaste a tu único hijo a sacrificar su cuerpo por nosotros en una cruz. Gracias Jesús por tu ejemplo de mayordomía, de obediencia y de amor perfecto. Queremos cuidar del cuerpo que nos has prestado y queremos hacerlo bien. Danos la motivación correcta, y danos los pasos necesarios para cuidar de nosotras mismas. Ayúdanos a que nuestra mirada siempre esté puesta en ti y que obedecerte siempre sea nuestra fuente de motivación. Protégenos de la obsesión y del descuido. En el nombre de Jesús, Amén.


La precisión histórica del párrafo sobre el transporte se contrastó con información acerca de los viajes en la Palestina del primer siglo y los medios de transporte del mundo romano: Bible Odyssey y American Bible Society.



PODCAST:



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