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¿Cuál es el mejor ejercicio para una mujer después de los 40?

Mujer cuarentona haciendo ejercicio en la sala de su casa

Entrena para la vida, no solamente para el verano


Lectura: Josué 14:10-12; Salmo 92:14


Josué 14:10-12: “10 »Ahora, como puedes ver, en todos estos cuarenta y cinco años desde que Moisés hizo esa promesa, el Señor me ha mantenido con vida y buena salud tal como lo prometió, incluso mientras Israel andaba vagando por el desierto. Ahora tengo ochenta y cinco años. 11 Estoy tan fuerte hoy como cuando Moisés me envió a esa travesía y aún puedo andar y pelear tan bien como lo hacía entonces. 12 Así que dame la zona montañosa que el Señor me prometió. Tú recordarás que, mientras explorábamos, encontramos allí a los descendientes de Anac, que vivían en grandes ciudades amuralladas. Pero si el Señor está conmigo, yo los expulsaré de la tierra, tal como el Señor dijo».”


Salmo 92:14: “Incluso en la vejez aún producirán fruto; seguirán verdes y llenos de vitalidad.”


¿Cuál es el mejor ejercicio para una mujer después de los 40?


Para contestar esta pregunta, primero tenemos que responder otra: ¿para qué estás haciendo ejercicio? ¿Cuál es tu meta?


Si les haces esa pregunta a mujeres entre los 20 y los 30 años, probablemente te contestarán que hacen ejercicio para perder peso. Si se la haces a una mujer de 40, puede que te conteste lo mismo o que te diga que quiere construir músculo. Pero cuando se la haces a una mujer de 60 años o más, es muy probable que su respuesta sea que quiere continuar siendo funcional, es decir, que desea longevidad.


¿Para qué haces ejercicio tú? ¿Cuál es el motivo principal, tu meta profunda?


Hoy contestaremos esta pregunta y veremos qué dice Dios al respecto en su Palabra.



¿Por qué haces ejercicio después de los 40?


La Biblia no te dice exactamente qué tipo de ejercicio debes hacer a ninguna edad. Pero sí hay muchísimos pasajes que hablan sobre el porqué y el para qué del ejercicio.


Una de mis clientas de entrenamiento personal, quien además es mi vecina, viene dos veces a la semana a mi estudio para entrenar.


Además de eso, camina dos veces al día, más de dos millas cada vez, de lunes a domingo, aun cuando está lloviendo.


Ella es una mujer muy resiliente, divorciada y mamá de dos hijos adultos y casados. Además de cumplir con su trabajo diario, cuida de sus padres, quienes están en sus ochenta.


Su madre tiene escoliosis y su padre tiene Alzheimer y problemas para caminar.

Algunas veces ha tenido que salir corriendo del entrenamiento porque su padre se ha caído o necesita asistencia.


Ella cuenta que lo más difícil para ella es ver cómo su propio cuerpo había ido perdiendo la fuerza y la capacidad para levantar a sus padres del suelo, mover algún mueble o simplemente hacer una sentadilla.


Eso fue lo que la llevó a tomar la decisión de entrenar con pesas conmigo. Desde entonces, su cuerpo ha ido progresando en fuerza, balance y estabilidad.


Pero si le preguntas: “¿Por qué haces ejercicio?”, jamás te contesta que es para adelgazar o construir músculo por estética. Su respuesta siempre es la misma:


“Porque tengo que ser hábil para poder cuidar de mis padres”.


El ejemplo de Caleb: fuerza para cumplir una misión


En el pasaje de hoy, en Josué 14:10-12, encontramos a Caleb, uno de los doce hombres enviados por Moisés para explorar la tierra de Canaán.


Caleb fue enviado a sus 40 años como espía (v. 7). Si recuerdas la historia, solo él y Josué tuvieron la valentía de aceptar la misión que Dios les estaba dando a través de Moisés.


Los demás espías se acobardaron cuando vieron la estatura de la gente, las murallas y lo difícil que sería conquistar Canaán.


Pero Caleb no se enfocó en la dificultad. Caleb sabía que Dios estaba con él y tenía claro cuál era su propósito.


A sus 85 años, Caleb estaba recordando la promesa que Dios le había hecho de mantenerlo vivo. No se atribuyó a sí mismo su longevidad. Tampoco se la atribuyó a su rutina de ejercicio, al ayuno intermitente, a la crema o el bótox ni a ningún superalimento.

Se la atribuyó a Dios.


Caleb reconoció que Dios lo había sostenido durante cuarenta años en el desierto, durante la muerte de toda una generación, la entrada en Canaán y numerosas guerras y dificultades.


Caleb continúa diciendo:


“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cuál era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar”. Josué 14:11

Caleb estaba reconociendo que Dios había preservado sus fuerzas para una asignación concreta. No quería conservar sus fuerzas únicamente para disfrutar de una vida cómoda. Quería utilizarlas para completar la tarea pendiente.


Aun a sus 85 años quería más, porque tenía claro su propósito para ser fuerte y hábil: trabajar para Dios y servir a Dios.


“Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas”. Josué 14:12

Caleb no pidió la porción más fácil de la tierra. Pidió precisamente el territorio donde estaban los anaceos y las ciudades fortificadas que habían causado miedo a Israel décadas antes.


Los mismos obstáculos que los otros espías utilizaron para decir: “No podemos”, Caleb los contempló como una oportunidad para confiar en Dios.


Caleb podía haber solicitado un lugar tranquilo después de tantos años, pero eligió enfrentarse a una tarea difícil. Su edad no le hizo pensar que ya no tenía nada que aportar.

Caleb tampoco dijo: “Soy fuerte, así que puedo hacerlo solo”. En cambio, dijo: “Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho”.


De nuevo te pregunto: ¿para qué estás haciendo ejercicio? ¿O sigues creyendo que el ejercicio sirve solamente para adelgazar?


La confianza de Caleb no estaba en sus músculos


En varios libros de la Biblia encontramos a personas fuertes como Caleb, Moisés o Daniel, quienes hacían sacrificios con sus cuerpos, los cuidaban y los administraban porque tenían una misión que cumplir: servir a Dios.


Fueron llamados a algo específico y se dedicaron a proteger sus mentes y sus cuerpos para poder cumplirlo.


Daniel lo hizo por medio de su alimentación, decidiendo no contaminarse con la comida y el vino del rey, y permaneciendo fiel a Dios aun en un ambiente lleno de presiones y tentaciones.


Caleb lo hizo aceptando los retos más difíciles, aquellos que nadie quería y que probablemente requerían más fuerza física y mental.


Ambos lo hicieron porque sabían quién iba con ellos y que su propósito final era honrar a Dios.


La confianza de Caleb no descansaba en sus músculos, sino en la presencia de Dios y en la Palabra de Dios.


De hecho, en su breve discurso, Caleb se refiere repetidamente a lo que Dios había dicho.


El secreto de su vida no fue simplemente que se mantuvo fuerte, sino que siguió completamente al Señor.


¿Cuál es el mejor ejercicio para una mujer después de los 40?


Contestemos entonces la pregunta: ¿cuál es el mejor ejercicio para una mujer después de los 40?


Aquel que te dé las fuerzas con las cuales amar, trabajar, cuidar, servir y obedecer.


No entrenamos solamente para lucir bien durante el verano. Entrenamos para servir a Dios.


Salmo 92:14: “Incluso en la vejez aún producirán fruto; seguirán verdes y llenos de vitalidad”.

Mi clienta y vecina, aun en sus avanzados sesenta, sigue produciendo fruto y está llena de vitalidad. Ella no se ha rendido, no ha tirado la toalla ni “se ha dejado ir”, como dicen.


Aun a su edad, sigue sirviendo a sus padres, a sus hijos y a todos sus vecinos, yo incluida.


No hay día en que esa señora no me mande un mensaje de texto para preguntarme cómo estoy y si hay algo en lo que me pueda ayudar.


La semana pasada decidió preparar jugos de vegetales. Si alguna vez has utilizado un juicer, sabes cuánto trabajo requiere, y ella tiene uno de tipo industrial. Cuando me lo comentó, no lo hizo para obtener mi opinión, sino para preguntarme si quería que preparara jugos para mí y mi familia.


¡Wow! ¡Qué actitud de servicio!


Pero su fruto y esa actitud no provienen de ella misma, sino del Señor. El primer versículo del Salmo 92 dice:


“Bueno es alabarte, oh Jehová, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo”.

Todavía puedes producir fruto en la vejez


El fruto que aparece al final del Salmo no es el resultado de la autosuficiencia humana. Es el resultado de una vida plantada en la presencia de Dios.


Justamente esta semana miré por mi ventana y me di cuenta de que una de mis plantas favoritas pasó a mejor vida (en mi defensa, nunca he sido buena jardinera).


Resultó que la tierra de la planta se había escapado por debajo y las raíces ya no tenían de dónde sostenerse. La planta murió porque quedó desconectada de aquello que le daba vida.


El versículo 13 del Salmo 92 explica por qué estas personas florecen:


“Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán”.

No están floreciendo porque confiaron en sí mismas. Florecen porque están plantadas en Dios.


Una planta separada de la tierra que la nutre no puede producir fruto por mucho que se esfuerce. De la misma manera, nuestra productividad espiritual no nace únicamente de la disciplina, la fuerza de voluntad o una buena rutina. Nace de permanecer cerca de Dios.


La Biblia reconoce que el cuerpo exterior envejece. El Salmo 92 no promete que nunca perderemos fuerza, movilidad o salud. Promete que una vida arraigada en Dios no tiene que dejar de producir fruto cuando envejece.


Entrenamiento de fuerza para servir durante toda la vida


La Biblia no dice que existe un ejercicio único y obligatorio para las mujeres mayores de 40. Desde un punto de vista práctico, la base más importante suele ser el entrenamiento de fuerza, complementado con actividad cardiovascular, movilidad, equilibrio y suficiente recuperación.


Después de los 40, no deberíamos entrenar únicamente para pesar menos, usar una talla determinada o preparar el cuerpo para el verano. Podemos entrenar para conservar capacidades que nos permitan:


  • Levantarnos del suelo sin ayuda.

  • Cargar las compras.

  • Jugar con nuestros hijos y futuros nietos.

  • Proteger nuestros huesos y músculos.

  • Mantener la estabilidad y el equilibrio.

  • Viajar y servir en misiones.

  • Ayudar a alguien que nos necesite.

  • Continuar respondiendo a las asignaciones de Dios.


La meta no es impedir completamente el envejecimiento. La meta es envejecer conservando tanta capacidad, independencia y disponibilidad como razonablemente podamos, mientras descansamos en que nuestro valor no depende de nuestro rendimiento físico.


Caleb no dijo: “Tengo 85 años; ya hice suficiente”. Tampoco pidió el territorio más cómodo. Sus palabras fueron:


“Dame este monte”.

El Salmo 92 tampoco describe a las personas mayores como árboles secos que ya cumplieron su función. Dice que quienes están plantados en Dios todavía producen fruto en la vejez.


Por eso, cuando levantas pesas, caminas, trabajas tu equilibrio o cuidas tu movilidad, no tienes que hacerlo desde el rechazo hacia tu cuerpo. Puedes hacerlo con una perspectiva completamente diferente:


Estoy cuidando el cuerpo que Dios me confió para continuar disponible para lo que Él quiera pedirme.


Entrena para la vida que Dios todavía puede llamarte a vivir


No entrenes solamente para verte bien este verano. Entrena para la vida que Dios todavía puede llamarte a vivir.


Quizás has pensado que después de los 40 tu mejor etapa física quedó atrás. Pero la Biblia no presenta la edad como el final de tu utilidad. Caleb tenía 85 años cuando pidió una nueva asignación, y el Salmo 92 dice que quienes están plantados en Dios todavía producen fruto en la vejez.


Tu cuerpo cambiará. No podrás controlar todo lo que suceda con él. Pero sí puedes decidir cuidarlo, alimentarlo, moverlo y fortalecerlo, no como un ídolo ni como un proyecto de perfección, sino como una herramienta de servicio.


El mejor ejercicio para una mujer después de los 40 no es simplemente el que le permite adelgazar o prepararse para el verano. Es aquel que la ayuda a conservar la fuerza, la movilidad y la capacidad necesarias para continuar respondiendo al llamado de Dios.


La pregunta ya no es solamente: “¿Cómo quiero verme este verano?”. La pregunta es:

¿Para qué quiero tener fuerzas dentro de diez, veinte o treinta años?


Entrena para cargar a tus nietos. Entrena para servir. Entrena para viajar adonde Dios te envíe. Entrena para levantarte cuando te caigas. Entrena para continuar diciendo sí.


Entrena para la vida, no solamente para el verano.


Oración:

Padre Celestial, gracias porque hoy y siempre has estado conmigo. Gracias por diseñar nuestros cuerpos para ser hábiles, móviles, fuertes en ti y solo para ti. Queremos renovar nuestros pensamientos y reemplazarlos por tu Palabra Padre. Nos han hecho creer tantas mentiras sobre nuestros cuerpos que muchas veces nos es difícil aceptar que son maravillosas obras de arte que tú has creado para tu gloria. Queremos serte fiel por medio de ellos, queremos cuidarlos, administrarlos bien, nutrirlos y mantenerlos fuertes para poder continuar sirviendo y cuidando a nuestras familias, vecinos, comunidades y poder ir donde sea que tú nos mandes. Ayúdanos a decir si a ti y no a las tentaciones que a diario nos impiden obedecerte y ser disciplinadas. En el nombre de Jesús, Amen.


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