Cuando haces todo bien y tu cuerpo no cambia
- Melissa Fortín

- 6 days ago
- 8 min read

Lectura: Gálatas 6:9; Santiago 1:2-4; Salmo 127:1-2
Gálatas 6:9:
«Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos».
Santiago 1:2-4:
«Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase. Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. Pero procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada».
Salmo 127:1-2:
«Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas. De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen».
«Estoy considerando las GLP-1», le dije a mi esposo hace unos días.
Estaba al borde de la frustración y la desesperación. Y es que la peri menopausia me ha jugado una vuelta sucia. Cada semana peso una libra más, no me queda mi ropa, mi pelo se cae por montones y me siento literalmente como una perrita que acaba de tener ocho perritos: desaliñada y demacrada.
No llegué a esa conclusión a la ligera. Llevo casi dos años intentando perder grasa y construir músculo de todas las formas para las que fui entrenada. Después de todo, soy coach de nutrición y personal trainer. Hago ejercicio seis veces por semana, entreno con pesas, mido mi comida con una balanza, cuento macro nutrientes, estoy en déficit calórico y, aun así, mi cuerpo no cambia.
Y, para colmo, por todas partes soy bombardeada con imágenes de mujeres en sus cincuenta que están super fit y con anuncios en la televisión de todos estos nuevos medicamentos que han salido para ayudarte a perder peso.
Cuando haces todo bien y tu cuerpo no cambia, la lucha mental puede ser muy dura.
Hoy comenzamos una nueva serie sobre las luchas que vivimos la mayoría de las mujeres con nuestra salud, fitness y nutrición, y qué dice la Biblia sobre estas cosas.
Como sé que estás curiosa, te lo voy a contar: no, no he usado ninguna GLP-1 y, la verdad, no creo que lo haga por el momento. No diré nunca porque mi mamá dice: «Nunca digas nunca», y puede que me trague mis palabras.
No estoy en contra de ningún medicamento que te ayude a mejorar tu salud, siempre y cuando sea prescrito y monitoreado por un profesional al que realmente le interese tu bienestar (no solamente venderte una pastilla o una inyección) y, sobre todo, que tú hayas hecho tu debida tarea de investigación profunda. Tos, tos… no con tus amigas, sino con fuentes objetivas.
Cuando haces todo bien y tu cuerpo no cambia, la lucha también ocurre en tu corazón
La Biblia no habla directamente sobre la pérdida de peso ni sobre la frustración por la gordura.
La Palabra de Dios no se enfoca en cómo te ves, sino en cómo te comportas y en lo que hay dentro de tu corazón.
Cuando mi negocio de coaching iba en picada, yo me había estado enfocando en contenido de nutrición y fitness que hablaba sobre la raíz de tus patrones de comportamiento: el corazón.
Creo que a mucha gente no le gustó este contenido porque no es tan «sexy» como: «Esto es lo que como en un día para perder diez libras», ja, ja, ja.
Y lo entiendo. Cuando estás frustrada porque lo has probado todo (o al menos eso crees) y lo único que quieres es que te quede tu ropa, que tu respiración se regule, que no tengas achaques debido al colesterol elevado y que te suban tus jeans favoritos, lo único que buscas son soluciones que funcionen rápido.
Te entiendo más de lo que crees. Respiraba este mundo todos los días y yo también lo vivo en carne propia.
Ese día en el que estaba considerando las GLP-1, le escribí a una de mis amigas, que es muy sabia, y le conté lo que pasaba por mi mente. Su respuesta fue:
«Piensa en los efectos secundarios. Haz tu tarea».
Eso fue más que suficiente para desanimarme de seguir buscando la inyección o la pastillita.
Y no es por meter miedo.
Hay personas como yo que somos muy sensibles a los efectos secundarios de cualquier medicamento. Hasta una pastilla para el dolor de cabeza, como acetaminofén o ibuprofeno, me causa alguno de los síntomas adversos que aparecen en la etiqueta. Así que, con tan solo pensar en los efectos secundarios de las GLP-1, ya desistí.
Estos son solo algunos de los efectos secundarios más frecuentes:
Náuseas.
Vómitos.
Diarrea o estreñimiento.
Dolor, distensión o pesadez abdominal.
Gases, eructos, indigestión y reflujo.
Sensación de llenura excesiva.
Disminución marcada del apetito.
Dolor de cabeza, mareos o cansancio.
Reacción en el lugar de la inyección.
Y esos son solamente los leves.
Pero yo, que ya sufro de distensión abdominal debido a una disbiosis que puede estar relacionada con los cambios hormonales de la peri menopausia (aunque también puede ocurrir debido al consumo de antibióticos), no quisiera arriesgarme a sentirme peor de mi pancita.
Aprende qué le hace bien a tu cuerpo
Yo sé qué es lo que me hace bien y qué es lo que no. A mis 42 años tengo una maestría y un doctorado en mi cuerpo. Sé que la leche entera me mata, que el brócoli me hace sentir como si tuviera ocho meses de embarazo, que mi intestino no tolera ni una gota de alcohol y que, si como muchos alimentos ultra-procesados, al día siguiente tendré un brote de eczema.
Yo sé lo que me hace bien y lo que no.
Gálatas 6:9 dice: «Así que no debemos cansarnos de hacer el bien; porque si no nos desanimamos, a su debido tiempo cosecharemos».
¿Ya te cansaste de hacer ejercicio?
¿Ya te cansaste de comer más vegetales, frutas y granos enteros?
¿Ya te cansaste de dormirte temprano y apagar el celular?
¿Qué es lo que le hace bien a tu cuerpo?
Dios nos pide que no nos cansemos de hacer el bien. Hacerle bien a tu cuerpo es una obligación, no una opción.
¿Sabes por qué?
Porque tu cuerpo no es tuyo. Fue pagado con la sangre de Jesús en la cruz. Él te compró. Le perteneces. Eres suya. Y, como buena administradora, debes cuidar tu cuerpo como si fuera oro prestado.
Por supuesto, para hacer el bien, tienes que saber qué te hace bien. Y esa parte no te la puedo decir yo. Solo tú sabes qué le hace bien a tu cuerpo y qué no. Este es un aprendizaje de temporada porque, con cada etapa que vives como mujer, tienes que reaprender a cuidar tu cuerpo.
La peri menopausia también puede poner a prueba tu fe
Yo siento que la peri menopausia y la menopausia son como la «prueba de fuego» de Dios.
¿Alguna vez viste un programa de televisión que se llamaba El juego de la oca? Al final había una prueba muy difícil, como una prueba de fuego. Podías pasar por todos los obstáculos, pero al final siempre había una prueba súper difícil que solo unos pocos lograban superar.
Estas etapas son esas pruebas difíciles. Algunas logran pasarlas sin problemas; otras, como yo, las sentimos en cada fibra de nuestro ser.
Santiago 1:2-4 dice: «Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase. Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. Pero procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada».
Amiga, puedo decir con toda la certeza del mundo que Dios me ha usado más en mis etapas difíciles que en las fáciles.
Saqué mi primera certificación de nutrición mientras estaba en un país en el que no quería estar y donde mi ansiedad y mis ataques de pánico ocurrían a diario.
Obtuve mi certificación de personal trainer mientras estaba embarazada de mi segundo hijo, de quien me dijeron que abortaría espontáneamente, y la finalicé durante la pandemia.
Y este podcast, que ya cuenta con 51 episodios, Dios lo está desarrollando durante la etapa de mayor frustración con mi cuerpo: la peri menopausia.
¿Qué etapa de la vida te está poniendo a prueba?
¿Qué es lo que te está acercando a Dios o alejando de Él en este momento?
Santiago nos pide que procuremos que eso que nos está probando nos fortalezca y que esa fortaleza nos lleve hacia la perfección (es decir, hacia Cristo), para convertirnos en mujeres maduras y llenas de paz.
Si tu prueba no te está acercando a Cristo ni te está llenando de paz, el problema no es la prueba; el problema es lo que estás haciendo con ella.
¿Para qué y para quién estás cuidando tu cuerpo?
Amiga, si hoy estás tan frustrada, desanimada y desmotivada como yo con tu salud, con la apariencia de tu cuerpo o con alguna condición o enfermedad que no cambia por más que comes bien, te ejercitas, tomas tus medicamentos y visitas a todos los doctores, quiero que hoy tomes fuerzas de este último pasaje:
Salmo 127:1-2: «Si el Señor no construye la casa, de nada sirve que trabajen los constructores; si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que vigilen los centinelas. De nada sirve trabajar de sol a sol y comer un pan ganado con dolor, cuando Dios lo da a sus amigos mientras duermen».
Y pregúntate:
«¿Para qué y para quién lo estoy haciendo?».
De nada sirve que pasemos hambre, que nos matemos haciendo ejercicio o que bebamos «ayudaditas» y detoxes si lo estamos haciendo para nosotras y nada de ello nos acerca más a Cristo.
No me malinterpretes. Cuidar tu salud y administrar bien tu cuerpo es algo que Dios nos pide. Cuando lo hacemos para estar fuertes y sanas con el propósito de servirle a Él, nuestros esfuerzos nos acercan más a Él y le dan gloria.
Pero es distinto cuando lo hacemos porque nos obsesionamos con vernos de cierta manera. También es diferente cuando Dios ha permitido que estemos viviendo problemas duros de salud y nuestra oración diaria consiste en quejarse y renegar de lo que vivimos.
Mi consuelo, aunque suene chistoso, es que un día tendré un cuerpo glorioso y perfecto.
Un día, todas las que hemos confiado en Cristo no sufriremos ninguna dolencia más.
Quienes han perdido sus habilidades las tendrán de nuevo; quienes estaban enfermas ya no lo estarán; quienes sufren los achaques de la perimenopausia y la menopausia ya no los sufrirán.
Nuestra meta final es el cielo. Así que hoy no pierdas la esperanza. No te canses de hacer el bien porque un día cosecharemos.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, gracias por estas pruebas que nos incomodan hoy. Sabemos que toda prueba que permites en nuestras vidas es para hacernos crecer y madurar en ti. Nada crece en la cima de la montaña Padre, pero en el valle donde hay suficiente oxígeno, y nutrientes, espinas, ahí es donde se nota el crecimiento. Gracias por este valle que estoy cruzando. Ayúdame a ver lo bueno enmedio de la incomodidad y guíame con cada síntoma hacia ti Padre. Que nuestra mirada siempre esté puesta en ti, haciendo el bien para con nosotras y los demás siempre, sin cansarnos porque tenemos la certeza de que un día cosecharemos. En el nombre de Jesús, Amén.
PODCAST:

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