7 hábitos que debes abandonar para vivir como Cristo
Updated: Oct 8

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Lectura: Efesios 4:25-32, traducción de The Message:
25 En resumen, todo esto significa lo siguiente: basta de mentiras y de apariencias. Dile la verdad a tu prójimo. Después de todo, en el cuerpo de Cristo todos estamos conectados unos con otros. Cuando les mientes a los demás, terminas mintiéndote a ti misma.
26-27 Puedes enojarte. Hay razones válidas para sentir enojo, pero no lo uses como combustible para vengarte. Tampoco te aferres a él. No te vayas a dormir enojada. No le des al diablo esa clase de oportunidad para entrar y ganar terreno en tu vida.
28 ¿Antes robabas para poder sobrevivir? ¡No lo hagas más! Consigue un trabajo honrado para que también puedas ayudar a quienes no pueden trabajar.
29 Cuida la manera en la que hablas. Que no salga de tu boca nada ofensivo, sucio ni dañino. Di únicamente aquello que ayude a los demás; que cada una de tus palabras sea un regalo.
30 No entristezcas a Dios ni le rompas el corazón. Su Espíritu Santo, que vive y obra dentro de ti, es la parte más íntima de tu vida y te está preparando para que le pertenezcas por completo. No menosprecies ni des por sentado un regalo tan precioso.
31-32 Rompe por completo con las palabras hirientes, las críticas malintencionadas y el lenguaje ofensivo. Sean amables unas con otras y sensibles a las necesidades de los demás. Perdónense rápida y completamente, de la misma manera en que Dios las perdonó por medio de Cristo.
¿Qué hábitos debes abandonar para vivir como Cristo?
El enojo es un problema con el que he luchado por mucho tiempo. Antes era con mis compañeros de trabajo o mis jefes, luego pasó a ser con mi esposo y ahora con mis hijos.
Mi mamá me llamaba “mecha corta” que básicamente quiere decir que me enojo muy rápido.
Por mucho tiempo pensé que esto era un problema genético. Los Fortín son enojados decían mis compañeros. Mi papá decía “se le salió el Pineda”.
Justificaba mi forma de ser, “enojada”, porque así eran los genes de mi familia y ni modo que yo fuera diferente.
Pero, un día, uno de mis hijos reaccionó con mucho enojo contra su hermano ante una situación que realmente no lo ameritaba. Y cuando le llamé la atención, su respuesta fue: “you are always angry”, “tú siempre estás enojada.”
Ese día Dios me jaló las orejas, y hasta las greñas podría decir, porque de inmediato me vi confrontada con mi espejito. Ese día decidí que algo tenía que cambiar.
El pasaje de hoy comienza con estas dos palabras: en resumen.
25 En resumen, todo esto significa lo siguiente: basta de mentiras y de apariencias. Dile la verdad a tu prójimo. Después de todo, en el cuerpo de Cristo todos estamos conectados unos con otros. Cuando les mientes a los demás, terminas mintiéndote a ti misma.
¿Recuerdas que te dije que cuando salen palabras así es porque tienes que ir a leer el contexto anterior?
Por suerte, hemos estado estudiando todo este libro y puedo hacerte un breve resumen de lo que significa “en resumen”.
Hemos venido aprendiendo que tenemos que ser imitadoras de Cristo y vivir de una forma que exprese gratitud por nuestra salvación.
¿Cómo podemos vivir como Cristo y agradecer nuestra salvación?
Estos versículos, Efesios 4:25-32, nos dan la aplicación práctica de cómo tenemos que vivir, cosas que tenemos que evitar y cosas que sí tenemos que hacer.
Hay 7 cosas que Pablo nos manda a eliminar si queremos vivir como Cristo:
La mentira y las apariencias
La ira que busca venganza
El enojo y resentimiento acumulados
La deshonestidad y el aprovechamiento de otros
Las palabras ofensivas, sucias o destructivas
La indiferencia que entristece al Espíritu Santo
La amargura, la crueldad, la crítica y la falta de perdón
7 hábitos que debes abandonar para vivir como Cristo
1. La mentira y las apariencias
En el primer versículo, Pablo nos manda rechazar toda falsedad. Ni siquiera considerarla, analizarla, marinarla. Nada. Nos manda a rechazarla. Así como el polo de un magneto rechaza el otro a la primera vez que se tocan, debemos rechazar la falsedad.
La falsedad no siempre significa inventar una historia enorme.
También aparece cuando exageramos para recibir compasión, omitimos información para quedar bien, compartimos un rumor disfrazado de petición de oración, escondemos una compra, damos una excusa falsa o mostramos en redes sociales una vida que no corresponde con nuestra realidad.
Incluso una “mentira blanca” sigue teniendo la intención de engañar.
La pregunta no es solamente: “¿Dije algo falso?”, sino también: “¿Estoy permitiendo que los demás crean algo que sé que no es verdad?”.
Pablo nos dice que dejemos la mentira y las apariencias porque cuando engañamos a otra persona, dañamos la confianza y también nos acostumbramos a vivir divididas entre quienes somos y quienes fingimos ser.
2. La ira que busca venganza
26-27 Puedes enojarte. Hay razones válidas para sentir enojo, pero no lo uses como combustible para vengarte. Tampoco te aferres a él. No te vayas a dormir enojada. No le des al diablo esa clase de oportunidad para entrar y ganar terreno en tu vida.
La ira que busca venganza no siempre se manifiesta gritando o golpeando; a veces se esconde detrás del silencio, la indiferencia y las pequeñas acciones con las que intentamos hacer pagar a quien nos hirió.
¿Le has dejado de hablar a tu esposo para que “aprenda la lección”? O tal vez le has retirado el afecto a tus hijos porque te desobedecieron.
¿Excluiste a una amiga intencionalmente de algún plan? ¿Publicaste una indirecta en Facebook y que le caiga el guante al que se lo plante?
Sentir enojo ante una injusticia no es necesariamente pecado; el problema comienza cuando utilizamos esa ira como combustible para castigar, humillar, manipular o devolver el dolor recibido.
Cristo no nos llama a ignorar la ofensa ni a tolerar el abuso, sino a establecer límites sin convertirnos en juezas de quienes nos lastimaron.
3. El enojo y el resentimiento acumulados
¡Ay, ay, ay! Esta resuena mucho conmigo.
El enojo acumulado es ese coraje que no resolviste y que sigues cargando por días, meses o hasta años. Dices que “ya pasó”, pero cada vez que recuerdas lo que esa persona te hizo, vuelves a sentir lo mismo.
Tal vez no estás planeando vengarte, pero lo castigas con tu silencio, te vuelves fría, evitas hablar del problema o aprovechas cada discusión para sacar otra vez la lista completa de sus errores.
Mi esposo puede testificar que esta soy yo. Como tengo memoria fotográfica (que a veces es una bendición, pero no en esta ocasión), recuerdo todo lo que ha dicho, con fecha y hora y hasta lo que tenía puesto y dónde se encontraba.
Lo castigo con mi silencio y cuando me pregunta si me pasa algo, contesto: “Nada. No me pasa nada.” Cuando claramente hay algo que me molesta, pero en lugar de hablarlo, prefiero “castigarlo” con mi silencio.
¿Eres así?
Pablo dice que no permitamos que el sol se ponga sobre nuestro enojo, porque lo que no resolvemos comienza a crecer dentro de nosotras.
Esto no significa que tengas que arreglarlo todo antes de dormir ni reconciliarte inmediatamente con alguien que no es seguro, pero sí que no debes alimentar el coraje, justificarlo ni darle un lugar permanente en tu corazón.
4. La deshonestidad y el aprovechamiento de otros
28 ¿Antes robabas para poder sobrevivir? ¡No lo hagas más! Consigue un trabajo honrado para que también puedas ayudar a quienes no pueden trabajar.
Por ejemplo, encuentras una manera de pagar menos por algo utilizando un cupón que sabes que ya venció, diciendo que tu hijo tiene menos edad para conseguir una entrada gratis o reportando que un pedido nunca llegó cuando sí lo recibiste.
Quizás piensas: “Esa compañía gana millones; no le estoy haciendo daño a nadie”, pero sigues obteniendo un beneficio por medio del engaño.
La deshonestidad no deja de ser deshonestidad solo porque la cantidad sea pequeña o porque nadie te descubra.
Pablo no solamente dice que dejemos de tomar lo que no nos pertenece, sino que trabajemos honestamente y usemos lo que recibimos para ayudar a otros.
Una mujer transformada por Cristo deja de preguntarse: “¿Puedo salirme con la mía?” y comienza a preguntarse: “¿Estoy haciendo lo correcto, aunque nadie me esté mirando?”.
5. Las palabras ofensivas, sucias o destructivas
29 Cuida la manera en la que hablas. Que no salga de tu boca nada ofensivo, sucio ni dañino. Di únicamente aquello que ayude a los demás; que cada una de tus palabras sea un regalo.
Si hay algo que Dios ha corregido mucho en mí y puedo decir que hasta he mejorado es guardar silencio. Yo era de las que tenía una opinión para todo. Esto no se hace así; se hace de esta forma o siempre tenía una solución para cualquier problema de mis amigas.
Mi lengua me metió en muchos problemas, pero Dios poco a poco fue enseñándome que mis palabras tienen que ser un regalo, una bendición para quien las escucha, y eso quiere decir que no todo lo que pienso debe salir de mi boca.
Por ejemplo, estás molesta con tu hija, tu esposo, una compañera de trabajo o una amiga y, en lugar de corregir la situación con respeto, dices: “Tú nunca haces nada bien”, “Eres una irresponsable” o “Contigo no se puede contar”.
Tal vez lo que hizo estuvo mal, pero tus palabras no están corrigiendo una conducta; están atacando su identidad.
También sucede cuando haces una burla disfrazada de chiste, compartes un comentario sarcástico en el grupo de WhatsApp o dices una verdad de la peor manera posible y después te justificas diciendo: “Yo solo soy directa”.
Pablo nos enseña que antes de hablar debemos preguntarnos: “¿Lo que voy a decir ayudará a esta persona a crecer o solamente quiero herirla porque estoy enojada?”.
Decir la verdad es necesario, pero podemos decirla de una manera que corrija, edifique y se convierta en un regalo para quien la escucha.
6. La indiferencia que entristece al Espíritu Santo
30 No entristezcas a Dios ni le rompas el corazón. Su Espíritu Santo, que vive y obra dentro de ti, es la parte más íntima de tu vida y te está preparando para que le pertenezcas por completo. No menosprecies ni des por sentado un regalo tan precioso.
Cuando aceptamos a Cristo como nuestro Rey y Señor, el Espíritu Santo viene a morar en nuestro corazón. Nos acompaña dondequiera que vayamos, nos anima, nos protege, nos da poder y también nos avisa cuando estamos a punto de cometer un error.
Cuando insistimos en tomar una decisión que sabemos que está equivocada y que entristece a Dios, le rompemos el corazón al Espíritu. Nuestra relación se vuelve frágil, no porque el Espíritu Santo nos abandone, porque esto no es posible, Dios siempre estará con nosotros, sino porque poco a poco vamos normalizando nuestro pecado y nos volvemos indiferentes a los llamados o jalones de corazón que nos hace el Espíritu Santo.
Pablo nos dice que tener el Espíritu Santo dentro de nosotros es un regalo precioso, y nos pide que no lo menospreciemos.
¿Qué decisiones estás tomando hoy que están entristeciendo al Espíritu Santo?
7. La amargura, la crueldad, la crítica y la falta de perdón
31-32 Rompe por completo con las palabras hirientes, las críticas malintencionadas y el lenguaje ofensivo. Sean amables unas con otras y sensibles a las necesidades de los demás. Perdónense rápida y completamente, de la misma manera en que Dios las perdonó por medio de Cristo.
Aquí Pablo agrupa cuatro en una.
Una persona te hiere y, en lugar de llevar esa herida a Dios, permites que se convierta en amargura.
Esa amargura comienza a manifestarse en la manera cruel en la que la tratas, en las críticas que haces sobre ella y en tu resistencia a perdonarla.
Aunque hayan pasado meses o años, sigues contando lo que te hizo como si hubiera sucedido ayer. Señalas sus defectos, haces comentarios para desacreditarla y hasta disfrutas en secreto cuando algo le sale mal.
Recuerdo que hace varios años recibí una llamada extraña de un exnovio. Me llamó para pedirme perdón.
Me dejó perpleja porque él no había sido un mal hombre, todo lo contrario. Había sido yo quien lo había traicionado y él no tenía por qué pedirme perdón.
Pero dejé que la llamada, corriera su curso y me explicó que durante uno de los momentos más duros de su vida, Dios le hizo ver varios errores que había cometido y que uno de ellos era disfrutar en secreto cuando algo malo me sucedía a mí.
Dios le había pedido que fuese a pedir perdón a todas las personas a quienes él había herido. Y, para mí esto fue un llamado a mi corazón. Porque aunque probablemente nunca me hubiera dado cuenta de lo que él sentía en mi contra, él fue obediente a Dios y hizo una llamada incómoda para pedirle perdón a alguien que no se lo merecía.
Tal vez te ha pasado algo similar. Tienes un problema con una persona, ya no discutes con ella, pero continúas castigándola con tu frialdad, tus palabras y tu rechazo.
Pablo nos dice que rompamos por completo con estas actitudes y que las reemplacemos con bondad, sensibilidad y perdón.
Perdonar no significa aprobar lo que ocurrió, olvidar lo sucedido ni permitir que vuelvan a lastimarte; significa renunciar al deseo de cobrar la deuda y dejar la justicia en las manos de Dios.
Vivir como Cristo transforma nuestras relaciones
En resumen, estos versículos tratan de la santificación de nuestras relaciones.
¿Te has preguntado por qué las relaciones son un área difícil para que seamos más como Cristo?
Mi respuesta es que es en nuestras relaciones que crecemos, maduramos y mejoramos.
Proverbios 27:17 (RVR1960)
“Hierro con hierro se aguza;y así el hombre aguza el rostro de su amigo.”
En palabras más sencillas: así como una pieza de hierro afila otra, una persona ayuda a otra a crecer, madurar y mejorar.
Amiga, es tiempo de abandonar estos 7 hábitos para parecerte más a Cristo. Tal vez no puedas hacerlos todos de un solo. Pídele a Dios que te ayude a identificar los que son un problema en tu corazón, que te perdone por los que has practicado y que te ayude a renovar tus pensamientos y emociones y transformar tu corazón para que cada día se parezca más al suyo.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, gracias por tu amor infinito. Nos has dado pasos prácticos, ejemplos concretos y situaciones exactas que nos permiten identificar lo que entristece tu corazón y lo que debemos cambiar para parecernos más a Cristo. Gracias por ser tan específico, tan detallista y por cuidarnos con tanto amor, dedicación y cariño. Te amamos, Padre. Queremos ser más como tú. Queremos agradarte y servirte con nuestras emociones, actitudes, pensamientos y acciones. Ayúdanos a identificar hoy qué es lo que está entristeciendo al Espíritu que vive dentro de nosotros y danos la valentía para poder cambiarlo. Todo esto te lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.
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