Cómo saber si Dios está guiando tus decisiones
- Melissa Fortín

- 12 hours ago
- 6 min read

Lectura: Salmo 25:4-5 (RVR1960)
Muéstrame, oh Jehová, tus caminos;
Enséñame tus sendas.
Encamíname en tu verdad, y enséñame,
Porque tú eres el Dios de mi salvación;
En ti he esperado todo el día.
¿Te has preguntado cómo saber si Dios está guiando tus decisiones? Cuando enfrentamos cambios importantes, es fácil llenarnos de ansiedad y querer encontrar respuestas inmediatas. Pero el Salmo 25 nos enseña que Dios quiere hacer mucho más que decirnos qué hacer; quiere enseñarnos a caminar con Él.
Casi todas las veces que Dios ha contestado mis oraciones y cumplido mis deseos ha sido porque se los he entregado por completo.
He renunciado a mi voluntad y le he entregado cualquier deseo que tengo y le digo: “Haz lo que tú quieras con esto.”
Pero no te creas que es que tengo un aura de excepcionalidad ni soy la mujer más humilde. ¡No! He llegado a ese punto pataleando, gritando, y de mala gana hasta que me canso de pelear tanto con Dios que me humillo y finalmente se lo entrego.
Valga decir que con el paso de los años y la experiencia, ya no pataleo tanto (ja, ja, ja).
¿Cuáles son tus deseos y oraciones hoy?
¿Cuáles son las decisiones que necesitas tomar y necesitas la dirección de Dios?
Cuando rendí el control de mi vida a Dios
Cuando mi esposo y yo nos casamos decidimos que íbamos a tomarnos un año para estar solos, sin hijos y luego comenzar a procrear.
Pasó el año y nos dimos a la tarea. Pero, no sucedía nada. Por tres años vivimos la incertidumbre de cada prueba de embarazo y la desilusión cuando salía negativa.
Por tres años le pedimos a Dios un bebé y Dios no nos contestaba.
Visitamos una clínica de fertilidad, invertimos todos nuestros ahorros en inyecciones y medicinas que me harían ovular y conceder mi deseo…y nada sucedió.
Me fui de esa clínica con el corazón hecho pedacitos cuando el doctor me dijo: “No sé qué pasó. Tenías que haber quedado embarazada.”
Ese día manejé hacia mi trabajo llorando a moco tendido. Estaba enojada con Dios pero también estaba humillada. ¿Cómo era posible que no concediera un deseo tan noble?

Pero ese día me di por vencida. Le dije a Dios literalmente: “toma el timón, yo ya no puedo con esto.” Mi deseo, mi carga se la entregué por completo y le dije: “Si tú quieres que yo sea mamá, me vas a dar un bebé cuando tú quieras. Y si no, por favor dame algo donde poner este amor que tengo por criar a alguien.”
Después de esa conversación me sentí liberada de un peso que no debía haber cargado en ningún momento. Prácticamente le dije a Dios que me dijera por dónde y para dónde me quería. Qué me enseñara sus caminos y que por ahí andaría yo, no por los míos.
Dos meses después, Dios concedió nuestro deseo. ¡Estábamos esperando nuestro primer bebé! Sin ayuda médica, sin inyecciones ni pastillas. Old-school.
Ese bebé tiene ahora 9 años y tengo dos bebés más (que también son un milagro pero esas historias se las cuento después).
Cómo saber si Dios está guiando tus decisiones
En este Salmo, David no le pregunta a Dios: “¿Qué decisión debo tomar?” David le pregunta algo mucho más profundo: “Señor, quiero aprender cómo Tú piensas.” David le pide a Dios que le muestre Sus caminos y Sus sendas en lugar de pedirle: “guíame por mi camino.”
David se rindió ante Dios y le entregó todo su ser, incluyendo sus deseos y decisiones. Decidió no decidir y darle el poder de decisión a Dios.
David es llamado “el hombre conforme al corazón de Dios”. Esto quiere decir que David deseaba conocer el carácter de Dios antes que simplemente Su voluntad para una situación específica.
El error que cometemos al buscar la dirección de Dios
¿Cuántas veces tratamos a Dios como un genio en la botella? Tenemos decisiones que tomar y le decimos: “Dios, por favor ayúdame a tomar la mejor decisión.” Pero ni siquiera le hemos consultado si esas decisiones son parte de Su plan para nosotras.
O, ¿cuántas veces le has pedido dirección y guía, te responde y te la da, pero tú decides probar por el otro camino?
Y por último, ¿cuántas veces tomas decisiones apresuradas porque no tienes paciencia para esperar lo que Dios te iba a contestar?
Amiga, yo cometí muchos errores por impaciencia. Tomé muchas decisiones que no tuve que haber tomado porque nunca consulté a Dios Su plan para mi vida. Tomé muchas decisiones que ni siquiera debieron haber sido decisiones desde un principio.
A mis hijos les pasa todo el tiempo. Comienzan a hablar entre ellos de todo lo que se van a comprar con el dinero que han ganado o ahorrado y hacen unos planes tremendos. Luego vienen con su lista y me preguntan a mi o a mi esposo: “¿Cuál drone deberíamos comprar mamá, este o este?”
Y nosotros solo nos reímos porque están haciendo castillos en las nubes y no tienen ni idea el plan que existe para que usen su dinero. Y en ningún momento estaremos comprando drones tampoco.
Así mismo tratamos nosotras a Dios. Comenzamos a tramar todas las pequeñas decisiones y cuando nos encontramos en una encrucijada le preguntamos cuál es la decisión que deberíamos tomar, como si fuese una maquinita de deseos o el genio en la botella y ni siquiera nos hemos sentado a conocerlo, a saber cuál es su carácter, a humillarnos en su presencia y darnos cuenta que las decisiones que queremos tomar no tienen lugar porque ese no es el camino por el cual Él nos quiere.

En este Salmo, considerado el más personal de David, le pide a Dios dirección, perdón, protección y comunión. David también habla de paciencia.
“En ti he esperado todo el día.”
¿Les has dicho a tus hijos: apúrense que yo no tengo todo el día? Si eres una mamá Latina es probable que sí.
Así como se lo decimos a nuestros hijos, así piensa nuestro subconsciente. “De la abundancia del corazón habla la boca,” dice Mateo 12:34
Y si eso es lo que siente nuestro corazón y lo que piensa nuestra mente, eso es lo que le decimos a Dios cuando le oramos por dirección para tomar decisiones.
“Ayúdame Señor, pero ayúdame rápido por favor, que no tengo todo el día.”
David se humilló ante Dios. Reconoció que él no sabía ni por dónde tenía que ir y que se rendía a los planes de Dios para su vida. Le pidió que le enseñara, le instruya en Sus caminos, que lo guiara en Su verdad y que esperaría por esto todo el día.
Lo hizo no porque quería tomar la mejor decisión sino porque le pertenecía a Dios. David era hijo de Dios.
Mis hijos no pueden tomar sus propias decisiones porque yo estoy a cargo de ellos. Tú y yo no podemos tomar nuestras propias decisiones porque estamos a cargo de Dios.
David sabía que Dios era el que poseía toda la sabiduría y confiaba en Él. Tenía una relación cercana con Dios y por eso confiaba en que sus caminos eran mejor que los que él podía tomar.
Si no conoces a Dios, no le conoces su carácter no tendrás una relación cercana con Él. Y si no tienes una relación cercana de Padre e Hija, de Salvador y Redimida no vas a confiar en Él ni en sus decisiones para tu vida.
Entonces, ¿cómo saber si Dios está guiando tus decisiones? La respuesta no comienza con una señal espectacular, sino con una relación diaria con Él. Mientras más conoces Su carácter, más fácil es reconocer Su dirección.
La oración que transforma nuestras decisiones
Muchas veces oramos:
“Señor, dime qué hacer.”
Pero, tenemos que orar como David:
“Señor, conviérteme en la clase de mujer que sabe caminar contigo. Me rindo ante ti y te entrego todas mis decisiones. Guíame por tus caminos y no los míos.”
Si hoy estabas buscando cómo saber si Dios está guiando tus decisiones, recuerda que Dios no promete revelar todo el futuro de una vez. Él promete caminar contigo mientras aprendes a confiar en Sus caminos.
¿Oramos?
Oración:
Padre Celestial, gracias por tu amor infinito, tu guía y tus sendas perfectas. Gracias por protegernos, cuidarnos y darnos sabiduría cuando la pedimos. Tú dices en el libro de Santiago que si pedimos sabiduría nos la darás desmesuradamente y sin egoísmo. Venimos aquí a pedir que nos guíes por tus caminos, que nos instruyas en tus sendas y en tu verdad porque Tú eres nuestro Dios y Salvador. Lámpara es a nuestros pies tu palabra y lumbrera a nuestro camino. Esperaremos en ti todo el día. Haz tu voluntad y no la nuestra. En el nombre de Jesús, Amén.
PODCAST:

¿Ya escuchaste estos episodios en mi NUEVO Podcast F.I.T. - Fé, Intención y Transformación?
Si prefieres escuchar que leer, dale click a tu plataforma de podcasts favorita, SUSCRÍBETE para que todos los días de Lunes a Viernes puedas escuchar los devocionales.
Ah, y un favor más: por favor dale un rating de al menos 5 estrellas al podcast para que las plataformas puedan mostrarlo a más personas.
¡Gracias!
Artículos relacionados:
👉 Únete Aquí a nuestro chat GRATIS en WhatsApp, recibirás todos los devocionales de Lunes a Viernes y tendrás un espacio donde solicitar oración.




Comments