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Ya no eres excluida

Mujer excluida del grupo en una reunion.


Cómo Gálatas 4 nos recuerda que ya eres parte de la familia de Dios


Lectura: Gálatas 4:4-7 (traducido de The Message)


“Pero cuando llegó el momento señalado por Dios el Padre, Él envió a Su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a las exigencias de la Ley, para rescatar a quienes estábamos cautivos bajo ella. Así fuimos liberados para recibir la herencia que legítimamente nos corresponde como hijos.

Puedes estar completamente seguro de que ahora has sido plenamente adoptado como hijo de Dios, porque Él envió el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, clamando: «¡Papá! ¡Padre!».

¿No demuestra ese privilegio de poder hablar con Dios con tanta cercanía e intimidad que ya no eres un esclavo, sino un hijo? Y si eres hijo, entonces también eres heredero, con pleno acceso a toda la herencia que Dios ha preparado para ti.”


¿Te has sentido excluida de algo alguna vez?


Cuando estaba en la escuela primaria, muchas veces me sentía como una pieza cuadrada que no encajaba en ningún círculo. Mis amigas eran delgadas y yo no. Mis amigas eran buenas deportistas y yo no mucho (aunque de esto último tengo dudas porque realmente nunca tuve la oportunidad de probar.)


De hecho, me excluyeron del equipo de Volleyball porque no encajaba en edad. Era muy grande para el equipo de las menores y era menor para el equipo de las grandes. Una de esas cuestiones raras de fechas de cumpleaños que nunca entenderé.


En sexto grado, caí en la trampa y en el pecado de excluir a alguien. Era una chica muy linda y amable, pero por alguna razón varios de mis compañeros varones “no la pasaban”, y comenzaron a excluirla de las conversaciones y grupos. Y, cómo yo no era la “chica popular” decidí que si yo quería encajar tenía que seguirles la cuerda y excluirla también.


Cada vez que la recuerdo, me arrepiento de haberlo hecho. Su cara de tristeza y decepción se quedó grabada en mi mente. Y hace muchos años, después de graduarnos me encontré con su mamá y le pedí disculpas, y me contó lo mucho que su hija había sufrido esos años de primaria.


Cómo adulta, me he sentido excluida de varios grupos de mamás y mujeres. Muchas veces no sé ni por qué, pero se siente el rechazo. Y duele. Te comienzas a cuestionar toda tu existencia, y te preguntas si es posible cambiar lo malo que hay en ti.




Las muchas maneras en que buscamos ser aceptadas


Mujer experimentando rechazo y exclusión social mientras busca aceptación.

Muchas mujeres responden al rechazo mejorando su apariencia física a toda costa. Nada está “off limits” con tal de sentirme aceptada. Lo muestro y lo vendo porque lo tengo.


Otras mujeres responden al aislarse completamente del mundo. Imagínate en los años 2,000 el grupo “emo”. Los que se vestían solo de negro, se pintaban los ojos, los labios, las uñas de colores oscuros y se aislaban de los demás. 



Las “mujeres fuertes” respondemos poniendo nuestra mejor cara y dándolo todo en nuestro trabajo para que nos vean que no necesitamos a nadie. Somos autosuficientes, somos chicas super-poderosas. 


Tal vez hoy te sientes excluida porque:


  • Te divorciaste y todas tus amigas siguen casadas

  • Eres la gordita del grupo y las demás son delgadas

  • Nunca te graduaste de la universidad y tus compañeros de trabajo todos tienen maestría

  • Eres la ama de casa y todas tus amigas tienen carreras profesionales fuera de casa

  • Eres Latina en medio de Americanas o Europeas

  • Eres la única Cristiana entre muchos no creyentes

  • Eres la soltera entre todas las casadas

  • Eres la que no ha podido tener hijos en un mar de mamás con bebés


¿Eres alguna de estas mujeres que se sienten excluidas?


Gálatas 4 nos recuerda que ya no eres excluida


Creo que este texto es exactamente para ti, porque te recordará que ya no estás excluida.


¿Por qué Pablo escribió esta carta?


Esta carta de Gálatas fue escrita por Pablo para la gente de Galicia, quienes eran gentiles. 


Ellos también se sentían como tú, pues habían sido excluidos por el pueblo Judío. Ellos no eran herederos por nacimiento de nada, según la Ley Judía.


Estos gentiles de Galicia habían creído en Cristo y formado una comunidad de creyentes. Pero, cuando Pablo se fue llegaron otros maestros que comenzaron a sembrar dudas en sus corazones.


Estos maestros eran conocidos como judaizantes. Enseñaban algo muy peligroso: “Si, creer en Jesús está bien, pero no es suficiente.”


¿No te dicen lo mismo hoy en el mundo?


“Si, eres hija de Dios y todo pero…


¿Ya has sacado la maestría y el doctorado?

¿Ya te pusiste chichis y botox para verte mejor?

¿Ya metiste a tus hijos a todas las actividades extracurriculares posibles?

¿Ya te leíste la Biblia entera 3 veces en un año?

¿Ya subiste de puesto en la empresa?

¿Ya te compraste lo último en la moda y te actualizaste?


Esos judaizantes decían que además de creer en Cristo, los cristian debían: circuncidarse, obedecer toda la ley de Moisés, guardar todas las fiestas judías, seguir todas las leyes alimenticias, y cumplir todas las tradiciones judías a cabalidad, sin excepción.


Y Pablo…uff, Pablo no se soportaba esto. De hecho, esta carta es considerada la más apasionada de Pablo porque si lees Gálatas 1:6 hasta dice “Me maravillo que tan pronto os hayáis alejado…” O sea, “gracias a Dios se fueron de ahí”


¿Todavía sientes que tienes que demostrar tu valor?


Tú has vivido toda tu vida queriendo agradar al mundo y básicamente adorando ídolos (dinero, fama, superación, cuerpos perfectos, etc.) pero un día conoces a Jesús. Experimentas la verdadera libertad. Ya no cargas la culpa y sabes que Dios te ama. Sabes que has sido perdonada y que ahora eres parte de la familia de Dios.


Pero luego, llega alguien y te dice: “No eres una verdadera hija todavía. Todavía te falta. Dios solo te aceptará si haces esto….”


Y te siembran las dudas y comienzas a preguntarte:


¿Será suficiente mi fe?

¿Tengo que esforzarme más?

¿Y si Dios no está contento conmigo?

¿Y si todavía no pertenezco realmente?


Pablo ve que los creyentes de Galicia están ahogándose en las dudas y volviendo a vivir con miedo de ser excluidos. 


Tu ya no eres excluida, eres adoptada.


La adopción que cambió nuestra identidad para siempre


En el mundo romano existía una práctica llamada “adopción romana.” Para los Gálatas, esta ilustración era muy poderosa porque podían identificarse con ella. 


En el proceso de adopción romana habían dos fases:


  1. Fase 1: a los 14 años, los niños recibían el poder de voto, su voz y opinión era escuchada.

  2. Fase 2: a los 25 años tenían derechos de propiedad, podían reclamar lo que era suyo


Antes de esto, eran considerados niños, y los niños tenían los mismos derechos que un esclavo: derecho a nada. Los derechos los tenían sus guardianes o dueños y no tenían ni voz ni voto.


Antes de conocer a Cristo, tú eras una niña o una esclava del pecado. Te dejabas llevar por las expectativas del mundo y peleabas por tu lugar en el. Esto te llevaba a constantemente sentirte excluida, porque si vives en el mismo mundo que yo, sabes que sus expectativas cambian todos los días. 


Pero, cuando aceptas a Cristo, él te adopta como Su Hija. Inmediatamente formas parte de Su familia y ahora tienes el poder del voto. Puedes decidir seguir una vida de pecado, o puedes votar por una vida llena de gracia, perdón y misericordia por parte de tu Abba Padre. Esta es tu fase 1 de tu adopción.


Fase 2, “Y si eres hijo, entonces también eres heredero, con pleno acceso a toda la herencia que Dios ha preparado para ti.”


Dios te ha hecho heredera de todo lo bueno que Él ha creado. El cielo y la eternidad son tuyos.


Vive como una hija, no como una excluida


Mujer caminando en libertad porque ya no está excluida y vive como hija de Dios.

Pablo quería recordarles a los gentiles creyentes que ellos estaban aún actuando como esclavos cuando en realidad eran hijos. 


¿A qué sigues esclavizada hoy que te impide recordar que eres hija de un Rey?


Los gálatas intentaban ganarse algo que Dios ya les había regalado: la salvación, la eternidad, la libertad, la aceptación, el perdón.


¿Qué estás intentando ganarte hoy por tus propias fuerzas que Dios ya te dio de gratis?


Amiga, ya no eres excluida. Es más, nunca lo fuiste, solo te lo creíste. 


Ven a Cristo, acéptalo y sé parte de la familia de herederas. Te espero.


Oremos.


Oración:


Padre Celestial, ABBA PADRE, gracias por preparar una herencia maravillosa para nosotras. Gracias por adoptarnos como tus hijas, cuidarnos, protegernos, proveernos, aceptarnos, amarnos tal como somos. Gracias porque no tenemos que cumplir con X y Y para poder ser incluídas en tu Reino. Gracias porque el sacrificio de tu Hijo fue suficiente para cumplir con los requisitos que nosotros no podíamos cumplir. Ayúdanos a aceptar esta realidad de libertad y descanso en Ti para poder vivir plenamente en tu herencia y no dejarnos engañar en el día a día por los “requisitos del mundo” para pertenecer. Ya no soy excluida. Gracias Padre. En el nombre de Jesús, Amén.




PODCAST:



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