La Disciplina: El diseño original de Dios
- Melissa Fortín

- May 18
- 3 min read

Lectura: Isaías 43:1-2
La disciplina también duele al que ama
Si hay algo que me puede partir el corazón es cuando me toca disciplinar a mis hijos. Sé que es necesario, porque deben aprender la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto.
Pero, aun así, me duele y no quiero hacerlo cuando tengo que hacerlo.
La parte más dura, es cuando están tan pequeños, que aún cuando los disciplinas a quien buscan para consuelo y abrazo es a ti. Mi hijo menor, Lucas, de 3 años, corre a mis brazos aún cuando lo he regañado, porque sabe que aquí encontrará amor, perdón, y sobre todo, seguridad. Yo (o su papá) somos su lugar seguro.
Dios también disciplina a Sus hijos
En el capítulo 42 de Isaías, Dios, después de mucho tiempo de silencio, finalmente le habla a su pueblo, pero no les habla con delicadeza, los regaña. Han estado perdidos por mucho tiempo en idolatría, ciegos, desobedientes.
En su figura de Padre, está corrigiendo y enseñando lo correcto de lo incorrecto. Permitió que fueran exiliados de su tierra y llevados cautivos a Babilonia porque a pesar de que por años habían visto milagros, habían escuchado su Ley, habían experimentado su provisión y habían sido testigos de su fidelidad, decidieron seguir desobedeciendo y confiando en ellos mismos en lugar de confiar en Él.

Cuando nuestros hijos se parecen más a nosotros de lo que creemos
Si tienes hijos (y eres Latina) probablemente les has recalcado una y un millón de veces todo lo que tienen y por lo que tienen que estar agradecidos.
“Yo me parto el lomo por ustedes y miren como me agradecen” o “Miren todo lo que tienen para comer y los niños en la calle pidiendo comida, sean agradecidos.”
Tus hijos han experimentado tu provisión, tu protección, tu seguridad, tu fidelidad. Han visto y experimentado lo que es comer bien, dormir en una cama cómoda, tener electricidad, salir a pasear…y aún así, encuentran algo que NO tienen, que les falta y algo por qué quejarse.
Pero, tú también eres una hija de Dios.
Seguramente has experimentado su provisión, su seguridad, su protección, sus múltiples y sobreabundantes bendiciones. Y, aún así, encontramos una razón por la cual estar insatisfechas, y nos quejamos y buscamos soluciones por nosotras mismas. Queremos ser autosuficientes.
El abrazo después de la disciplina

Pero, mira cuán amoroso es nuestro Padre.
En el capítulo 43, después de la disciplina, llega con el abrazo.
Te dice:
“YO, el Creador de Jacob, el que te formó Israel… YO te conozco, YO te formé. YO te llamo por tu nombre ____________. ¡TÚ eres mía!”
Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, no te vas a ahogar.
Cuando pases por el fuego, no te vas a quemar.
Porque YO soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Salvador.
Yo entregué a tus enemigos, porque ERES PRECIOSA EN MIS OJOS. Eres honrada y te amo.
Lo que este pasaje me enseñó
Hay tanto que puedo aprender y aplicar de este pasaje. Pero lo que más resalta es que Dios es un Dios de disciplina y orden, pero con delicadeza, amor y compasión.
No es un jefe sentado en un trono dictando reglas.
Es quien te lleva de la mano y te cuida mientras te enseña lo que tienes que hacer (Isaías 42:6) y es quien después de hacerlo, te abraza, te consuela y te dice:
“NO ESTÁS EN ESTO SOLA, NI NUNCA LO ESTARÁS.”
Como hija
Hoy aprendí que mi Padre me corrige, pero con misericordia y amor.
Como madre
Hoy aprendí que este es el modelo de disciplina que debo seguir con mis hijos.
Después de disciplinarlos con amor, debo reforzar su alma con palabras de vida y seguridad, para que sepan que no son niños malos, simplemente necesitan dirección y que en cada paso que den, yo voy a estar a su lado, protegiéndolos y amándolos.
Oración
Oremos: Padre, gracias por amarnos tanto que aún desde tu trono decides bajar a nuestro nivel y llevarnos de la mano. Gracias porque aunque somos malagradecidas, orgullosas, desobedientes, tú no nos abandonas y nos muestras tu infinita misericordia y gracia.
Gracias porque nos ves, nos identificas, nos honras y nos amas aún cuando no lo merecemos. Ayúdanos a vivir cada día tomadas de tu mano, para no caer en la tentación de ser autosuficientes y pensar que podemos con todo nosotras. Ayúdanos a modelar este tipo de obediencia a nuestros hijos. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.
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