Peleando la batalla correcta
- Melissa Fortín

- 3 days ago
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Lectura: Efesios 6:12-13
Cuando entiendes que tu batalla no es contra personas, puedes permanecer firme en la identidad que Dios ya te dio y pelear la batalla correcta.
Desde que comencé a escribir estos devocionales, hay una lucha que estoy librando que no se ve. Es una lucha conmigo misma, con la forma en que me veo. He batallado con mi cuerpo desde que tenía 11 años, cuando un doctor le dijo a mi mamá que yo estaba gorda y que me pusiera a dieta.
Desde entonces, mi percepción de mi misma ha sido esa: gorda. Y, aunque he adelgazado, construido músculo, hago ejercicio todos los días, como saludable, hay momentos de mi vida donde lucho muchísimo con esa imagen.
No es algo nuevo. Cada vez que inicio un proyecto que Dios puso en mi corazón y que Él está guiando, recibo ataques por todas partes. Ataques emocionales, ataques a mi sueño, incluso ataques a mis hijos. Pero…yo ya estoy advertida (todas lo estamos).

Pablo nos dice que vamos a tener batallas, pero que estas batallas no son contra personas sino espirituales. Si, hay un mundo que no vemos donde se libran batallas todos los días. Donde el maligno (porque ni el nombre le quiero dar el gusto de escribir) está al acecho intentando derrumbarte, perseguirte, destruirte, a ti y a tu familia.
Pero, Pablo nos anima a que estas batallas no se libran con miedo. Este pasaje no se trata de meterte miedo y que le temas a este mundo que no puedes ver con tus ojos físicos. Sino mas bien de que estés alerta, pero que sepas que no hay forma de que sea ganada por el lado contrario porque Jesús ya libró todas las batallas y la más importante fueron ganadas.
Cuando Jesús murió en la cruz, libró todas tus tentaciones, tu falta de motivación, tu decepción, tu miedo, tu división, tu orgullo, tu amargura, y todas las mentiras que te crees (incluyendo las que son sobre tu cuerpo). No hay ni una sola batalla que Jesús no haya peleado y ganado por ti, incluyendo tu muerte y separación de Dios.
¿Estás peleando la batalla correcta?
La armadura nace de tu identidad
En los capítulos anteriores Pablo te recuerda quién eres. Te dice que eres amada, que fuiste adoptada, redimida, perdonada y sellada por el Espíritu Santo.
Ojo: todo esto aplica solo si has permitido que Jesús viva en tu corazón. El es un caballero y no entra donde no le has dado permiso. Si aún no le has dejado entrar y hoy quieres hacerlo solo repite esta oración: “Padre Celestial, gracias por enviar a tu hijo Jesús a morir en una cruz para perdonar todos mis pecados. Reconozco que no soy buena, que soy pecadora y que necesito que Jesús entre y me sane. Lo reconozco como mi Salvador y Redentor. Entra en mi vida y corazón. En el nombre de Jesús, Amén.”
Cuando Pablo te dice que te pongas la armadura de Dios, esta proviene de tu identidad como hija de Dios, no del miedo a las fuerzas espirituales que no ves.
Permanece firme, no ataques

Imagínate una guerrera (como soy milenial, la única imagen que se me viene a la cabeza es la de Sheerah…por el poder de Greyscol!)
Esta guerrera tiene una espada, un escudo, una faja y probablemente un casco en la cabeza (sí, las botas y piernas largas y pelo de Barbie, imagínate como tú prefieras ja, ja, ja).
En las caricaturas de Sheerah y He-Man, (si no eres millennial, lo siento, ve a buscarlos en Google) estos personajes estaban listos para atacar y defender, todo el tiempo. De hecho, todos los capítulos tratan de atacar y defender. Y, básicamente eso es lo que vivimos en el mundo hoy en día: atacar y defender, pero desde la comodidad detrás de un teclado de computadora o teléfono. ¿Cierto?
Queremos dar nuestra opinión o punto de vista a como dé lugar en los grupos de Facebook, o en los foros, en X (Twitter) o en algún chat. Y entonces atacamos con nuestras palabras, muchas veces a amigos, familia o completos extraños.
Pero, Dios no nos pide que ataquemos con su armadura. Dice que nos pongamos su armadura y permanezcamos firmes. Quédate quieta, no ataques, pero tampoco te duermas.
La Palabra te ayuda a resistir
En Washington D.C. hay una tumba famosa del soldado sin nombre. Nadie sabe cómo se llama ese soldado que está enterrado ahí. Hay otro soldado (vivo) que cuida su tumba 24/7. No hay un día del año en que esa tumba no esté siendo cuidada por un miembro de las fuerzas armadas. Ese soldado que cuida no se encarga de atacar, solo de cuidar. De tener su escudo, su rifle, su casco y su mirada puesta en el objetivo.
Así mismo es lo que Pablo nos dice: pónganse la armadura completa de Dios para que puedan resistir exitosamente y permanecer firmes en el día de peligro (en tu crisis).
En los siguientes versos puedes leer exactamente cuál es la armadura de Dios. Aunque no los voy a citar todos hoy (te los dejo de tarea), y volviendo al inicio de este devocional, la armadura de Dios proviene de Su Palabra.
Haz un experimento: deja de leer la Palabra de Dios por unos 3 días, anota cómo fue tu día y cómo te sientes. Luego, lee la Palabra de Dios los siguientes 3 días, y compara cómo fue tu día y cómo te sientes.
No quiero que pienses que el acto de leer la Palabra te hará ganarte la lotería, pero si te transformará el pensamiento, y el corazón y anidarás sus promesas dentro de ti para poder permanecer firme a los ataques del enemigo que no puedes ver.
Oremos
Padre Celestial, gracias por proveernos de todo lo que necesitamos para resistir al enemigo. Gracias porque eras, eres y siempre serás el que triunfa en este mundo. Gracias porque no tenemos porqué temer los ataques del enemigo porque sabemos que tu Santo Espíritu es quien lucha por nosotros, a diario. Ayúdanos a ponernos tu armadura todos los días. A ponernos la faja de la verdad, con coraje moral e integridad. A ponernos el pechero de justicia con un corazón puro. A ponernos las botas de cubo para poder permanecer firmes en ti y tus buenas nuevas. A levantar el escudo de la fe para extinguir todas las mentiras del enemigo y a ponernos el casco de la salvación para no escuchar ninguna palabra que no provenga de ti, y levantar nuestra espada que es tu Espíritu Santo y tu Palabra. En el nombre de Jesús, Amén.
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