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Por qué necesitas a otras mujeres según la Biblia

Mujeres resentidas la una con la otra


Lectura: Hebreos 10:24-25 (DHH)


24 Busquemos la manera de ayudarnos unos a otros a tener más amor y a hacer el bien. 25 No dejemos de asistir a nuestras reuniones, como hacen algunos, sino animémonos unos a otros; y tanto más cuanto que vemos que el día del Señor se acerca.


Era una tarde lluviosa, con rayos y truenos. Casi todas mis clientas habían cancelado su sesión, excepto una.


Durante varios minutos consideré llamarla para cancelar y posponer la sesión, pero algo dentro de mí me decía que no lo hiciera.


Así que preparé el estudio y me senté a esperar. Mi clienta llegó unos minutos tarde y tardó otros minutos en bajar de su carro. Supuse que estaba esperando que disminuyera la intensidad de la lluvia, pero aquel tormentón no parecía dispuesto a ceder.


Finalmente, se bajó del carro y no me dio la sonrisa que normalmente tiene en su rostro. Ella es una mujer muy calmada, que inspira mucha paz y siempre está de buen humor. Pero aquella tarde se veía distinta. Traía una carga invisible que intentaba ocultar, pero yo la conocía lo suficiente para saber que algo no estaba bien. 


Cuando le pregunté ¿Cómo estás?


Me dijo: “Tuve un muy mal día, ni te imaginas.”


Yo todavía no sabía qué había sucedido, pero pronto comprendí por qué necesitas a otras mujeres y por qué Dios no nos diseñó para atravesar solas los días más difíciles. Quédate hasta el final, porque quizá hoy tú seas quien necesita ese abrazo o quien debe ofrecerlo.



Dios puede usar un pequeño acto de obediencia


Déjame darte un poco de contexto antes de continuar la historia. 


Conocí a esta clienta —a quien llamaré Fernanda para proteger su privacidad— en un grupo pequeño de mi iglesia. Ella y su esposo eran nuevos en el grupo y se sentaron justo detrás de nosotros.


Yo soy como un camaleón: hay días en los que quiero conversar con todo el que se me cruza y otros en los que no quiero decir ni una palabra. Sí, lo sé, soy rara. Ese día precisamente no quería hablar con nadie. Sin embargo, los líderes nos habían animado a conocer a las personas nuevas y hacerlas sentir bienvenidas.


Al Espíritu Santo no se le olvida nada. Ese día decidió sacarme de mi comodidad para que conociera a dos personas nuevas.


No pude ignorarlo. Me di vuelta para saludarlos y, como suele suceder cuando llegamos por primera vez a un grupo, se veían algo cohibidos. Mi esposo y yo procuramos platicar con ellos y hacerlos sentir en confianza.


Días después, el Espíritu Santo volvió a inquietar mi corazón para que los contactara y preguntara cómo estaban. Habían dejado sus datos en la hoja de ingreso del grupo así que le mandé un mensaje de texto a Fernanda.


Para no hacerte el cuento demasiado largo, aquello sucedió hace más de tres años y desde entonces nos convertimos en amigas inseparables.

Fernanda ha movido cielo y tierra para ayudarme cuando me ha visto caída. Incluso ha organizado eventos y pagado todos los gastos, sin que yo lo supiera, para apoyar mi negocio cuando atravesaba una temporada difícil.


En uno de mis cumpleaños yo estaría fuera de la ciudad, participando en una conferencia, y no podría celebrarlo con mi familia. Ella anticipó todo esto y semanas antes contactó a mis papás, a mi esposo y a amigas cercanas para que me escribieran una carta cada uno. Las cartas las llevó a la conferencia y el día de mi cumpleaños me las dio y pude sentirme acompañada a pesar de no estar con ellos físicamente.


Fernanda entrena conmigo desde hace más de un año. Nunca falta, a menos que tenga una emergencia o no encuentre quién cuide a sus niños. Y siempre viene con una sonrisa y actitud de servicio.


Las demás clientas han encontrado en ella una gran amiga, porque siempre está pendiente de ellas. Les envía mensajes para preguntarles cómo están, recuerda cada petición de oración, les da seguimiento y siempre tiene una palabra de ánimo cuando las ve.


Pero, en ese día lluvioso y tormentoso, Fernanda estaba desanimada y triste.


Por qué necesitas a otras mujeres en los momentos difíciles

Los creyentes que recibieron la carta a los Hebreos atravesaban algo similar: oposición, sufrimiento y un profundo desánimo. Algunos incluso parecían estar considerando abandonar su fe en Jesús y regresar a sus antiguas prácticas para evitar la persecución.


¿Te imaginas haber encontrado libertad en Cristo y luego ser atacada por la sociedad precisamente por creer en Él?


¿Cómo te sentirías? ¿Permanecerías firme o terminarías cediendo ante la presión?


Algo queda claro: sería mucho más difícil enfrentarlo sola.


Dios no nos diseñó para transitar solas por la vida. Necesitas a otras mujeres que te ayuden a cargar lo que pesa, que te hablen con esperanza y que te animen a continuar amando, sirviendo y haciendo el bien. 


Este pasaje no nos dice solamente: “Piensa en tu relación con Dios”. También nos enseña: “Presta atención a las personas que Dios ha colocado a tu alrededor”.

A veces no necesitan una solución, sino tu presencia


Aquella tarde lluviosa, lo único que yo quería era cancelar la sesión, ponerme la pijama y acostarme a dormir. Pero Dios tenía otros planes.


Fernanda necesitaba un abrazo, un oído atento y alguien que orara con ella y por ella.

Cuando finalmente entró al estudio y me dijo que había tenido un día muy difícil, no pudo contener las lágrimas. Había vivido una experiencia emocionalmente pesada. 


Había asistido a una reunión en la que hablaron del cielo y de las personas con quienes algún día nos reencontraremos allí. Inmediatamente pensó en sus padres, quienes ya están en la presencia del Señor.


Se sentía muy aturdida y triste, y aunque me dijo que sabía que sus padres estaban en un lugar mejor, los extrañaba profundamente. Le dolía pensar en todos los momentos importantes que no habían podido compartir con sus nietos, quienes estaban creciendo sin sus abuelos.


Fernanda no necesitaba que yo solucionara su dolor, porque no existían palabras capaces de borrar aquella ausencia. Necesitaba a alguien sensible, dispuesto a reconocer su tristeza, escucharla con atención, abrazarla y consolarla.


Considerarnos unas a otras requiere prestar atención


¿Eres sensible a lo que están viviendo las mujeres que te rodean?


Cuando llegas a una reunión, a tu oficina o a la iglesia, ¿piensas solamente en lo que vas a recibir o también observas a quién podrías servir?


Hebreos nos invita a “considerarnos unos a otros”. Esto significa que no debemos relacionarnos de manera superficial con quienes nos rodean.


A veces hacemos la típica pregunta: “¿Cómo estás?”, pero ni siquiera nos detenemos a escuchar la respuesta porque llevamos prisa.


Debemos prestar suficiente atención para reconocer:


  • quién está desanimada;

  • quién está dudando;

  • quién atraviesa una tentación;

  • quién necesita oración;

  • quién necesita apoyo o una palabra de esperanza.


No se trata de vigilar o entrometernos en la vida ajena, sino de interesarnos genuinamente en la condición espiritual y emocional de los demás.


Provóquense al amor y a las buenas obras


Este pasaje también nos invita a motivarnos unas a otras a amar y hacer el bien.


La palabra griega traducida como “estimular” es paroxysmós, de la cual proviene “paroxismo”. Puede comunicar la idea de provocar una reacción intensa. Sin embargo, en este pasaje se utiliza de manera positiva: debemos estimularnos intencionalmente unas a otras para amar y hacer el bien.


Nuestra manera de vivir debería despertar en otras personas el deseo de:


  • amar más;

  • servir más;

  • obedecer a Dios;

  • perseverar en la fe;

  • usar sus dones para ayudar a otros.


No es provocar culpa, competencia o condenación. Es estimular la obediencia mediante nuestro ejemplo, nuestras palabras, nuestras oraciones y nuestro acompañamiento.


Hace aproximadamente dos años asistí a un estudio bíblico de verano dirigido por una conferencista llamada Lori Joiner. Como decimos en Honduras, ella “me puso una candela en el trasero”; no literalmente, por supuesto.


Su pasión por servir y comunicar las buenas noticias de Cristo hacía que el fuego del Espíritu Santo ardiera en mi corazón. Me picaban los pies por salir y poner en práctica todo lo que ella nos estaba enseñando.


Dios utilizó su ejemplo para impulsarme a crear Strength & Scripture: un programa gratuito de doce semanas de entrenamiento de fuerza y estudio bíblico en mi estudio. Otro día te contaré los milagros que Dios hizo para que ese programa pudiera comenzar y cómo preparó mi estudio desde cero.


Dios nos llama a vivir con fuego, convicción y pasión. Que todo lo que hagamos inspire y motive a los demás a hacer buenas obras, a salir a servir, a bendecir a quienes nos rodean.

El amor cristiano no crece en aislamiento


Es difícil demostrar amor a los demás si nunca hacemos espacio para reunirnos con ellos, tomar un café, acompañarlos en momentos importantes o llamarlos por teléfono.


La fe cristiana tiene una dimensión personal, pero nunca fue diseñada para vivirse de manera individualista. Necesitamos una comunidad en la que podamos practicar un amor real mediante acciones que beneficien a personas reales.


Por qué no debemos dejar de congregarnos


Por último, el pasaje nos invita a no dejar de congregarnos. 


¿Asistes a la iglesia? Cuando termina el servicio, ¿te marchas inmediatamente o procuras detenerte para conocer, escuchar y animar a alguien?


Más allá de asistir, ¿has buscado alguna oportunidad para servir o todavía ves la iglesia principalmente como un lugar al que vas para recibir?


En Hebreos, algunos creyentes estaban abandonando las reuniones, posiblemente por persecución, temor, desánimo, aislamiento o porque se estaban alejando de la fe.


El comentarista bíblico David Guzik explica que el aislamiento permite que el desánimo crezca. Con frecuencia, cuando una persona está desanimada, desea apartarse precisamente en el momento en que más necesita el apoyo de otros creyentes.


Amiga, congregarte no consiste solamente en preguntarte: “¿Qué voy a recibir hoy?”


También debes preguntarte:


  • ¿A quién puedo animar?

  • ¿Por quién puedo orar?

  • ¿Quién necesita escuchar que Dios sigue siendo fiel?

  • ¿Cómo puedo utilizar mi presencia y mis dones para bendecir a alguien?


Nos reunimos para recibir de Dios, adorarlo, aprender Su Palabra, trabajar juntos y fortalecernos mutuamente.


Cuanto más se acerca el día del regreso de Jesús, más necesitamos animarnos, consolarnos y permanecer unidas.


Cuatro pasos para convertirte en la mujer que anima a otras


Tu aplicación práctica de hoy consiste en acercarte a alguien que lo necesite y convertirte en una mujer dispuesta a escuchar, acompañar y animar. Sigue estos cuatro pasos:


1. Pídele a Dios que te muestre a quién acercarte

Ora y pídele a Dios que te muestre claramente a quién debes llamar, escribirle o acercarte. Hazlo con fe y mantente atenta a la persona que Él coloque en tu corazón.


2. Obedece sin posponerlo

Cuando el Espíritu Santo coloque a alguien en tu corazón, no lo pospongas innecesariamente. Aunque la instrucción parezca pequeña o incómoda, responde con obediencia.


3. Escucha más de lo que hablas

No forces la conversación ni intentes tener todas las respuestas. Sé genuina, adopta una actitud de servicio y procura escuchar más de lo que hablas.


4. Dale seguimiento

Vuelve a comunicarte con esa persona. Pregúntale cómo sigue, recuerda su petición de oración y hazle saber que no está sola. Nunca sabes si con el tiempo podría convertirse en tu “Fernanda”.


Alguna vez leí que la persona más interesante de un salón no es la que más habla, sino la que hace preguntas y escucha atentamente las respuestas.


Quizá por eso necesitas a otras mujeres: no necesariamente para que resuelvan tus problemas, sino para que te recuerden que no tienes que cargarlos sola. Y quizá hoy Dios quiera convertirte en esa mujer para alguien más.


¿A quién está colocando Dios en tu corazón en este momento?

Oremos.


Oración:

Padre Celestial, gracias por estas mujeres. Gracias porque podemos apoyarnos unas a las otras aún cuando estamos lejos físicamente. Gracias por habernos creado, por pensar en nosotras, por acompañarnos cada minuto de nuestras vida. Queremos ser más como tú cada día. Queremos ser sensibles al llamado de tu Espíritu Santo cuando nos pide hablar con alguien, consolar a alguien, o simplemente abrazarla. Ayúdanos a permanecer y crear comunidad con otras mujeres, pues nos necesitamos. Ayuda a esa mujer que hoy se siente sola, abandonada, rechazada, mándale una de tus siervas a su rescate Padre. Asegúrale que no está sola ni nunca lo ha estado, que Tú siempre has estado con ella. Te pedimos esto en el nombre de Jesús, Amén.


PODCAST:



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