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La mentira de creer en ti misma que muchas mujeres están aceptando

Mujer apuntando con el dedo hacia su pecho


Lectura: Deuteronomio 8:17-18

17 No se te ocurra pensar: «Esta riqueza es fruto de mi poder y de la fuerza de mis manos». 18 Recuerda al Señor tu Dios, porque es Él quien te da el poder para producir esa riqueza; así ha confirmado hoy su pacto que, bajo juramento, hizo con tus antepasados.


“Mi fe me salvó”.


“Tu fe puede hacer milagros”.


“Lo hice porque creí en mí”.


Ayer pasé un rato viendo videos en mi celular. Comencé con un video de una famosa que estaba contando su historia de cómo se enfermó por causa de un pellet para la artritis que tenía incrustado en su cuerpo y que su cuerpo rechazó, causándole múltiples daños a su salud.


Durante la entrevista, el periodista le preguntó si ella rezaba. Ella contestó que sí, que mucho, y que fue su fe la que la salvó y le hizo el milagro.


Cuando terminé de ver el video, ya sabes cómo es el algoritmo: me comenzó a enviar videos parecidos. La mayoría eran videos motivadores para mujeres.


Y la mayoría promueven la idea de “si crees en ti, lo puedes todo” o “yo lo logré porque finalmente creí en mí”.


Amiga, no caigas en la mentira de creer en ti misma. Quédate en este episodio y te explico por qué.



Las palabras que escuchas pueden transformar tu manera de pensar


OK, no voy a juzgar a la chica famosa, porque simplemente pudo haber sido un juego de palabras y quizá ella no se refería a que su fe la salvó, sino Dios.


Pero hoy en día tenemos que tener mucho cuidado con las palabras que escuchamos, decimos e internalizamos, porque las palabras tienen poder, especialmente si las estamos escuchando por todas partes.


La ciencia ha demostrado que aquello que escuchamos repetidamente puede comenzar a parecernos verdadero, aunque no lo sea. La repetición produce familiaridad, y nuestro cerebro puede confundir esa familiaridad con la verdad. Por eso, debemos examinar constantemente qué voces estamos permitiendo que formen nuestra manera de pensar.


Existe un fenómeno psicológico ampliamente estudiado llamado “efecto de verdad ilusoria” (illusory truth effect): cuando escuchamos repetidamente una afirmación, esta se vuelve más familiar y fácil de procesar, por lo que tendemos a percibirla como más verdadera, aunque sea falsa.


“Las afirmaciones repetidas son más fáciles de procesar y, posteriormente, se perciben como más verdaderas que las afirmaciones nuevas”.—Fazio, Brashier, Payne y Marsh, 2015. (Traducción al español)

El estudio, publicado en Journal of Experimental Psychology: General, encontró algo particularmente importante: la repetición puede aumentar nuestra percepción de que una afirmación es verdadera, incluso cuando poseemos conocimientos que la contradicen. Es decir, saber la verdad no siempre nos protege si seguimos exponiéndonos repetidamente a una mentira.


Y el algoritmo es tan inteligente que, con un solo video que veas en el que se exponga esta mentira, te mostrará miles de videos más que contienen ese mismo tipo de contenido. Así que, lo quieras o no, estarás escuchando repetidamente esas palabras cada vez que reproduzcas un video.


Te daré un ejemplo claro de esto.


Cuando una mentira se repite hasta parecernos verdadera


Hace unos años hubo un golpe de Estado en Honduras. Yo estaba en el colegio y, para mí, lo más emocionante era no tener clases.


Ese golpe de Estado dividió al país básicamente en dos bandos: los blancos y los rojos. Los blancos eran considerados los privilegiados y los rojos eran considerados los de la clase empobrecida.


Había emisoras de radio que transmitían información para los blancos y otras dedicadas exclusivamente a transmitir información para los rojos.


Una de mis abuelitas comenzó a escuchar la emisora de los rojos, aunque decía que solo lo hacía para informarse. Mi papá le dijo que tuviera cuidado porque muchas de las cosas que decían incitaban a la violencia y a actitudes que no eran buenas. Pero a mi abuelita nadie la hacía cambiar de parecer.


Quiero aclarar que esta abuelita era la mujer más paciente y dulce, y que guardaba silencio en lugar de pelear.


Pero, después de unos cuantos días de escuchar esa emisora, mi abuela se convirtió en una mujer amargada. Se quejaba por todo, ya no quería hacer nada y se llenó de resentimiento.


Por fin, alguien le hizo ver su cambio y un día dijo: “Ya no voy a escuchar esto más”.

Unos días después, mi abuela había vuelto a ser la mujer paciente, amable y amorosa que era.


Las palabras tienen poder, y el diablo lo sabe. Nunca se te olvide que anda como león rugiente viendo a quién devorar, y su estrategia favorita con las mujeres es darnos una mentira y luego repetirla incansablemente hasta que nos la creemos.


La mentira del “yo” también engañó al pueblo de Israel


Nos estamos creyendo la mentira del “YO”, tal como le estaba pasando al pueblo de Israel en este pasaje de Deuteronomio.


Estaban a punto de entrar a la Tierra Prometida y Moisés sabía que la prueba más peligrosa para el pueblo quizá no sería la escasez, sino la abundancia.


En el desierto dependían diariamente de Dios para recibir maná, agua, dirección y protección; pero en Canaán tendrían buenas casas, alimento, ganado, tierras productivas y riquezas. Cuando ya no sintieran necesidad, podían olvidar quién los había sostenido y comenzar a pensar: “He conseguido esta riqueza con mis propias fuerzas y capacidades” (v. 17).


La cultura de hoy nos quiere engañar haciéndonos pensar que podemos “solas” y que, gracias a nosotras mismas, logramos lo que logramos. Entre líneas te dice: “No necesitas un hombre” o “No necesitas a nadie más que a ti”.


Y aclaro: esto no significa que no tienes capacidades, que no tienes inteligencia, que no eres suficiente, ni tampoco que todas se tienen que casar y depender de un hombre para su sustento. Por favor, no me malentiendas.


Cuando el versículo 18 dice:

“Acuérdate del Señor tu Dios, porque Él es quien te da el poder para producir esa riqueza”,

no está diciendo que Israel no trabajaría. Ellos tendrían que cultivar, construir, administrar y producir. Pero incluso la fuerza para trabajar, la inteligencia, las oportunidades, la tierra, la lluvia y el fruto final provenían de Dios. Su esfuerzo era real, pero no era independiente de la gracia y la provisión divina.


Además, esta bendición estaba relacionada con el pacto que Dios había hecho con Abraham, Isaac y Jacob. Dios no los prosperaba simplemente porque ellos hubieran creído suficientemente en sí mismos, sino porque estaba siendo fiel a su Palabra y cumpliendo sus propósitos por medio de ellos.


La mentira de creer en ti misma parece inspiradora


Amiga, mantente atenta al poder de las palabras.


“Tú puedes si tan solo crees en ti” suena como una frase inspiradora, motivadora y hasta mágica.


Y al inicio lo es. Te da ese boost de energía que necesitas para continuar.


Pero Dios no nos hizo autosuficientes; no fuimos creadas para ser independientes de Él.


Juan 15:5 dice:“Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada”.

Jesús no dijo: “Crean más en ustedes mismas”, sino: “Permanezcan en mí”.


El peligro no es usar esas palabras como motivación. El peligro comienza cuando recordamos nuestro esfuerzo, pero olvidamos quién nos dio la fuerza; cuando celebramos nuestra fe, pero olvidamos en quién depositamos esa fe; y cuando disfrutamos el resultado, pero nos apropiamos de la gloria.


Tus talentos y capacidades provienen de Dios


Tú tienes talentos. Tal vez los tienes escondidos porque te ha dado miedo mostrarlos o crees que nunca serás lo suficientemente buena para algo —esta es otra mentira del enemigo, por cierto—.


Pero tú tienes talentos. Dios nos dio a TODAS talentos y dones espirituales. Te hablo más de ellos en el episodio de dos partes “Cómo usar tus dones para servir a los demás”.


Todo lo bueno que tú tienes no es gracias a tu ADN, ni a tus estudios o entrenamiento, ni a tu carrera o experiencia. Todo lo bueno que tú tienes proviene de Dios.


Santiago 1:17 dice“Toda buena dádiva y toda perfecta bendición descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y quien no cambia ni se mueve como las sombras”.
1 Corintios 4:7 dice: “¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y, si lo recibiste, ¿por qué presumes como si no te lo hubieran dado?”

Nuestros dones, oportunidades, fuerza, inteligencia y recursos fueron recibidos. No provienen de nosotras. Nuestra naturaleza es pecaminosa; todo lo bueno proviene de Dios.


No se trata de creer en ti misma.


No es tu fe.


Es en quién has puesto tu fe. Él es el autor y consumador de todas las cosas.


Preguntas para examinar la mentira del “yo”


Si este devocional está incomodando tu corazón, piénsalo de una forma objetiva. Es decir, quita toda emoción y escúchalo como si no fuera para ti, sino como si fuera simplemente información.


Si fuera suficiente creer en ti misma, ¿por qué hay situaciones que no puedes cambiar, por más segura que estés de ti?


Si tu fe fuera la que hace milagros, ¿por qué algunas personas con una fe profunda no reciben la sanidad que tanto pidieron?


Si tú fueras la fuente de tu propia fuerza, ¿por qué hay días en los que ya no puedes sostenerte a ti misma?


Si tu corazón siempre supiera lo que es correcto, ¿por qué alguna vez has estado completamente convencida de algo y después descubriste que estabas equivocada?


Si tu poder estuviera dentro de ti, ¿por qué tendrías que buscarlo constantemente en libros, podcasts, afirmaciones y conferencias?


Amiga, no caigas en la mentira del “yo”.


El enemigo quiere quitar tu mirada de Dios


El enemigo es astuto, y a él no le interesa que creas en él ni que lo sigas. Es mucho más fácil distraerte contigo misma y hacer que te sigas a ti; que tu atención siempre esté en ti para que así no pongas tu mirada en Dios.


El enemigo hará lo que sea para quitar tu enfoque de Dios y ponerlo en cualquier otra parte.


¿Te estás creyendo esta mentira? Examínate y pídele a Dios que busque en tu corazón, así como David le pedía que buscara en lo más profundo de sus emociones.


Este devocional no es para bajonearte ni desalentarte, sino para que redirecciones tus pensamientos.


Como dice Romanos 12:2, debemos pedirle constantemente a Dios que renueve nuestros pensamientos para que sigan su propósito para nosotras.


Y cada vez que caigas en la mentira de creer en ti misma, reemplázala con esta verdad:

“Recuerda al Señor tu Dios”.


Oremos.


Oración:

Padre celestial, gracias por tu sabiduría infinita. Gracias por tu soberanía, omnipotencia y poder. Queremos hoy reconocer que sin Ti no somos nada. Tú nos creaste del polvo y nos diste tu aliento. Cada parte de nuestro cuerpo funciona porque Tú la diseñaste para funcionar de esa manera. El día que Tú decidas, ya no seremos más.


Dependemos completamente de Ti, Padre. Queremos ser las ramas de tu vid; ser productivas, eficientes, creativas y soñadoras, y poner a trabajar todos los talentos que Tú nos has dado para tu gloria.


Nos cuesta, Padre. Luchamos con nuestro propio orgullo y también luchamos contra las presiones del mundo y las ideas que la cultura nos quiere hacer creer. Queremos estar siempre cerca de Ti, aprender de Ti y depender de Ti.


En el nombre de Jesús, amén.


Referencia científica:

Fazio, L. K., Brashier, N. M., Payne, B. K., & Marsh, E. J. (2015). Knowledge does not protect against illusory truth. Journal of Experimental Psychology: General, 144(5), 993–1002. https://doi.org/10.1037/xge0000098



PODCAST:



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