El que persevera alcanza: cómo Dios nos sostiene en medio de las pruebas
- Melissa Fortín

- Jun 3
- 4 min read

Lectura: 2 Corintios 4:6-7
El que persevera, alcanza…
Una de mis clientas de personal training (entrenamiento personal) es una señora en sus 60’s. La llamaremos Tara.
La razón por la que Tara se unió a mis entrenamientos es porque ella ha visto de primera mano lo que es perder las funciones y capacidades “normales” del cuerpo. No porque ella las haya perdido sino porque cuida de sus padres que tienen 80 años y casi no pueden moverse.
En su vida joven, Tara era una atleta. ¡Levantaba hip thrusters de 200 libras! Pero, después de una separación de su relación, tuvo que mudarse de estado, y venir a vivir a Texas a cuidar de sus padres.
Tara es muy activa, tiene hormigas en los pies. Nunca deja de caminar a su perro, hacer mandados, trabajar. Pero, poco a poco ha ido perdiendo su capacidad de balancearse, y levantar peso.
Hemos estado trabajando casi un año ya. Cuando iniciamos no podía hacer un reverse lunge sin perder el balance y casi caerse. Esta semana, logró hacer varios reverse lunges con dos mancuernas de 12 libras cada una. Casi lloro…de la emoción.
La perseverancia tiene un propósito
Pero, Tara tiene algo que muchas pierden: es perseverante. (Porque, el que persevera, alcanza.)
Han habido muchos días en que Tara ha vivido cosas difíciles con sus padres y que no tiene ánimo de venir a entrenar. Pero, cuando viene entrando me dice: “no quería venir, pero necesito esto, así que aquí estoy.”
Tara sabe exactamente por qué entrena. No lo hace por un cuerpo escultural (es más, me dejó muy claro desde el día uno que ella eso ya no le importa, que lo que le importa es no caerse y quebrarse la cadera). Ella quiere ser fuerte y con habilidad para moverse cuando llegue a la edad de sus padres. Su meta es no ser una carga para sus hijos (aunque ella cuida de sus padres con amor totalmente desinteresado, lo he visto con mis propios ojos.)
Algo que no sabes de Tara, es que ella cuida de padres que nunca cuidaron de ella. No sé todos los detalles, pero ella me ha contado que no creció con ellos y que nunca tuvo una relación con ellos. Su abuela y bisabuela la criaron hasta su temprana adolescencia y luego murieron y ella quedó para verse por sí misma.
Tara ha vivido una vida muy dura. Pero, es una mujer que encontró a Dios, lo atesoró y ahora vive de acuerdo a Su palabra.
Ella sabe que cuidar a sus padres es honrar a Dios (Honra a tu padre y a tu madre…) y por eso es perseverante en la obediencia.
Cualquiera le daría un pase o excusa para no cuidar de ellos después de conocer su historia. Pero aquí podemos ver en una historia real de actualidad que la perseverancia en la obediencia no proviene de nosotras mismas. Proviene de Dios.
Somos vasijas de barro

Pablo nos habla en este pasaje que somos vasijas de barro: frágiles, quebrantables y limitados. Pero, dentro de nosotros está el tesoro de la muerte y resurrección de Jesús y la presencia del Espíritu Santo.
Todo lo difícil que hemos vivido y que vivimos son oportunidades para que el Poder de Dios se haga visible en nosotros. El mundo te va a decir que Dios te ha abandonado, pero no es así.
Pablo nos dice que estamos:
Afligidos, pero no aplastados
Perplejos, pero no desesperados
Perseguidos, pero no abandonados
Derribados, pero no destruidos
Cuando perseveramos, Cristo se hace visible
Tara podría haber abandonado a sus padres y con justa razón. Ellos no cuidaron ni se encargaron de ella. Ellos sí la abandonaron.
Tara podría haberse dejado consumir por la aflicción de ser una adolescente que tenía que velar por sí misma y perderse en la vida. Pero, decidió no serlo y seguir el camino de Dios.
Seguramente Tara fue derribada muchas veces por la soledad, el hambre, el rechazo, el dolor, pero no fue destruída.
Cuando compartimos los sufrimientos de Cristo (versículo 10) también manifestamos Su vida. Es decir, la fortaleza, el carácter, la esperanza y la obra de Jesús se hacen visibles en nosotros precisamente en medio de las pruebas.
Tara ha perseverado en Dios y ha alcanzado eso que es imposible de alcanzar por nosotros mismos: el tesoro de la muerte y resurrección de Jesús.
Dios muestra Su poder en nuestra debilidad

Tara también ha hecho algo que el mundo usualmente te dice que no hagas: ha mostrado sus debilidades. Al mostrar que somos débiles, Dios revela Su gloria a través de ellas. Cuando llegas al final de tus fuerzas y aun así sigues adelante, no es porque seas extraordinaria; es porque el poder de Cristo está obrando en ti.
Luego Eliseo oró para que Dios abriera los ojos de su siervo. Entonces el siervo pudo ver que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo: el ejército celestial de Dios protegiéndolos.
Oremos:
Padre Celestial, gracias por esas personas que pones a nuestro alrededor que nos dan ejemplos de vida que jamás podríamos entender con solo palabras. Gracias porque has mostrado tu misericordia a mujeres como Tara que ahora pueden dar testimonio de tus promesas y tus milagros. Ayúdanos a ser testimonio para otras mujeres que nos rodean, a guiarlas en tu camino, a invertir en relaciones cercanas de mentoría, pero sobre todo a adquirir la sabiduría necesaria de ti para poder ofrecer a otras. Ayúdanos a perseverar con tu poder dentro de nosotras y saber que aunque es difícil, nuestra labor no es en vano porque nuestras coronas están en el cielo y no en la tierra. En el nombre de Jesús, Amén.
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