Cómo vivir una vida agradable a Dios según la Biblia
- Melissa Fortín

- Jul 17
- 7 min read

Lectura: Deuteronomio 6:5-7–The Message (paráfrasis traducida al español)
5 Ama a Dios, tu Dios, con todo tu corazón: ámalo con todo lo que hay dentro de ti; ¡ámalo con todo lo que tienes!
6-9 Escribe en tu corazón estos mandamientos que hoy te he dado. Haz que penetren profundamente en ti y, después, incúlcalos en tus hijos. Habla de ellos dondequiera que estés: cuando estés sentado en casa o caminando por la calle; habla de ellos desde que te levantes por la mañana hasta que te acuestes por la noche. Átalos en tus manos y en tu frente para que te sirvan de recordatorio; escríbelos en los postes de las puertas de tu casa y en las entradas de tu ciudad.
¿Alguna vez has sentido que Dios está decepcionado de ti?
Durante muchos años dejé de hablar con Él porque pensaba que estaba molesto conmigo. Sentía que mis pensamientos, mis palabras y mis acciones lo avergonzaban, y no sabía cómo acercarme sin prometerle que nunca volvería a fallar.
Entonces hice lo que muchas hacemos cuando sentimos vergüenza: me escondí.
Cuando me acercaba a Dios, solamente le mostraba las partes de mí que consideraba limpias y dignas. Todo lo demás, mis pensamientos, mis emociones, mis errores y mis verdaderas intenciones, intentaba mantenerlo fuera de Su vista.
Pero ¿es posible esconderle algo a un Dios que conoce nuestro corazón?
Tal vez tú también amas a Dios, pero todavía existen áreas de tu vida que no te atreves a entregarle. Partes de ti que escondes porque piensas que, si Él las viera, dejaría de amarte.
Si alguna vez te has preguntado cómo vivir una vida agradable a Dios cuando continúas cometiendo errores, este episodio es para ti.
Cuando la vergüenza te aleja de Dios
Doble cara.
Hipócrita.
Eso es lo que el mundo te llama muchas veces cuando cometes errores y aún así vas a la iglesia.
Y cuando escuchamos esas acusaciones suficientes veces, podemos comenzar a creer que acercarnos a Dios después de fallar nos convierte en hipócritas.
Lo vi muchas veces mientras crecía. Personas que no asistían a la iglesia criticaban a quienes sí lo hacían, mientras que dentro de la iglesia algunos miembros también juzgaban y criticaban a los demás.
Yo fui una de las personas criticadas. Durante mucho tiempo me dolió tanto que terminé respondiendo de la misma manera: juzgándolos a ellos. Finalmente, me alejé de la iglesia. Si quieres conocer esa historia, puedes escuchar el episodio 14 del podcast.
Pero, al estudiar este pasaje y ponerme a reflexionar, me doy cuenta que el problema nunca fueron las críticas ni el juicio.
El problema es y siempre será un problema de corazón.
Cuando criticamos y condenamos a alguien, nuestra reacción puede revelar tanto sobre nuestro corazón como las acciones de esa persona revelan sobre el suyo.
Por ejemplo, puedo escuchar a una persona chismeando en un café y, más tarde, verla entrando a la iglesia. Si inmediatamente concluyo que es una hipócrita, estoy emitiendo un juicio sin conocer toda su historia.
No sé si, al llegar a su casa, se arrepintió y le pidió perdón a Dios. No sé si llegó a la iglesia precisamente porque necesitaba reconciliación, consuelo o ayuda.
Puedo reconocer que el chisme está mal sin pretender conocer las intenciones de su corazón. Esa parte le pertenece a Dios.
“Por sus frutos los conoceréis” no es una licencia para condenar
En Mateo 7:20, Jesús dice: «Así que, por sus frutos los conoceréis».
He visto este versículo utilizarse como un arma para atacar, desacreditar y condenar a las personas. Sin embargo, en su contexto, Jesús está advirtiendo sobre los falsos profetas: personas cuyas enseñanzas, motivaciones y patrones constantes de conducta terminan revelando su verdadera naturaleza.
Jesús no nos está invitando a emitir una sentencia definitiva sobre alguien basándonos en un solo error.
Pero ¿cuánto tiempo tarda un árbol en producir fruto?

Algunos árboles frutales necesitan años para madurar. Un árbol de aguacate injertado puede comenzar a producir en aproximadamente tres o cuatro años, mientras que uno cultivado desde la semilla puede tardar mucho más.
Durante ese tiempo, la ausencia temporal de fruto no significa necesariamente que el árbol esté muerto. Debajo de la superficie puede estar desarrollando las raíces, el tronco y las ramas que algún día sostendrán su cosecha.
El fruto revela la naturaleza del árbol, pero la ausencia temporal de fruto no siempre significa ausencia de vida. También puede significar que el árbol todavía está creciendo y madurando.
De la misma manera, un error aislado no define por completo la vida de una persona.
Debemos observar la dirección, el patrón y el fruto que se desarrolla con el tiempo.
Dios examina lo que nadie más puede ver
Jeremías 17:10 dice: «Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo la mente, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras».
Este versículo conecta el corazón con el fruto. Dios examina lo que los demás no pueden ver nuestras intenciones, motivaciones y deseos y también observa lo que nuestra vida termina produciendo.
Bíblicamente, el corazón representa mucho más que las emociones: incluye nuestros deseos, intenciones, pensamientos y decisiones. La ciencia también demuestra que lo que pensamos y percibimos puede producir respuestas físicas en el cuerpo.
Si ahora mismo piensas en algo que te preocupa, tu sistema nervioso puede activarse y hacer que tu corazón lata más rápido. Aunque el cerebro y el corazón son órganos distintos, existe una comunicación constante entre nuestros pensamientos, emociones y respuestas corporales.
Dios conoce todo ese mundo interior. Nada de lo que piensas, sientes o deseas permanece escondido para Él.
Amar a Dios con todo lo que eres
En este pasaje de Deuteronomio, Dios no está pidiéndote solamente una emoción religiosa. Te está llamando a amarlo con la totalidad de tu ser: con lo que piensas, deseas, decides, haces y posees.
«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas» (Marcos 12:30).
Jesús no está presentando cuatro compartimentos independientes de la persona. Está expresando la totalidad de la persona: ama a Dios con todo lo que eres, piensas, deseas, decides y posees.
Si Dios te llama a amarlo con toda tu mente y todo tu corazón, y Él conoce perfectamente tus pensamientos, sentimientos e intenciones, entonces no necesitas esconderte para acercarte a Él.

Dios te recibe tal como estás, pero te ama demasiado para dejarte igual. Cuando le entregas todo lo que eres, Él comienza a transformar también aquello que todavía no se parece a Él.
Cómo vivir una vida agradable a Dios sin ser perfecta
El enemigo quiere mantenerte ocupada intentando agradar al mundo. Pero la aprobación del mundo cambia constantemente: hoy te celebra, mañana te rechaza; hoy te dice quién debes ser y mañana cambia las reglas. Cuando finalmente crees haber cumplido sus expectativas, vuelve a mover el estándar y te deja cuestionando tu identidad.
Dios no te pide que construyas una imagen perfecta para agradarle. Te llama a confiar en Él y amarlo con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Ese amor comienza en el corazón, pero termina expresándose en obediencia, arrepentimiento y una vida que produce fruto.
Vivir tomada de la mano de Dios
Cuando mis hijos se sienten inseguros, asustados o inestables, lo primero que hacen es buscar la mano de papá o mamá y sujetarse con fuerza.
Eso es precisamente lo que Dios quiere de nosotros todo el tiempo.
El verso 7 dice que tenemos que enseñar sus mandamientos a nuestros hijos y hablar de ellos en la casa, en el camino, cuando nos acostemos y cuando nos levantemos.
En otras palabras, Dios debe formar parte de nuestra vida cotidiana. No solamente de los domingos ni de los momentos de crisis, sino de nuestras conversaciones, decisiones, rutinas y relaciones.
Es vivir tomadas de Su mano y regresar a ella cada vez que nos desviamos.
Amiga, vivir una vida agradable a Dios no significa que nunca volverás a cometer errores. Todas pecamos y necesitamos Su gracia. Pero existe una diferencia entre luchar contra el pecado y acomodarnos en él.

Dios conoce nuestro corazón. Sabe cuándo existe un deseo genuino de amarlo, obedecerlo y regresar a Él después de fallar. Cuando recibimos a Jesús y le entregamos nuestra vida, ya no vivimos únicamente para nosotras mismas: le pertenecemos a Él.
El Espíritu Santo viene a morar en nosotras, nos convence de pecado y nos guía hacia la verdad. Es quien nos advierte: «Por aquí sí; por aquí no».
Y cuando ignoramos Su dirección y escogemos el camino equivocado, podemos regresar a Dios. Él es fiel, misericordioso y lleno de gracia. Cuando confesamos nuestro pecado y nos arrepentimos, nos perdona, nos restaura y nos enseña nuevamente el camino.
Si todavía no has recibido el regalo de la salvación por medio de Jesús, ¿qué te impide acercarte hoy?
No necesitas limpiar primero las partes de ti que te avergüenzan. No tienes que esconder tus pensamientos, sentimientos ni errores. Dios ya los conoce y, aun así, te invita a acercarte, arrepentirte y recibir Su perdón.
Dios no hace acepción de personas. Tú no estás fuera de Su alcance ni de Su plan.
Él te recibe como estás, pero no te dejará como estás. Quiere sanar, purificar y transformar cada área que le entregues.
Vivir una vida agradable a Dios no consiste en aparentar que nunca fallas. Consiste en amarlo, confiar en Él y entregarle continuamente todo lo que eres.
¡Ámalo con todo lo que hay dentro de ti!
¡Ámalo con todo lo que tienes!
Él te está esperando con los brazos abiertos.
Oremos.
Oración:
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos ansiosos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.” Esas son las palabras de David para ti Señor que hoy repito y hago mías. Quiero vivir conforme a tu voluntad, quiero agradarte y poner una sonrisa en tu rostro con todo lo que hago, lo que pienso, lo que digo, lo que enseño, lo que escribo, lo que canto, lo que veo. Pero confieso que no puedo sola Padre. No quiero vivir luchando por agradar a las personas, quiero agradarte a Ti y solo a Ti. Ayúdame por medio de tu Espíritu Santo a ser sensible a tu voz, a tu guía. Quiero conocer lo que te gusta y lo que no te gusta, y pido que quites de mi todo lo que no es agradable a ti y lo purifiques. En el nombre de Jesús, Amén.
PODCAST:

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