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Cómo usar tus dones para servir a los demás según la Biblia – Parte 2

Mujer alabando a Dios


Lectura: 1 Pedro 4:10-11 (Traducido de la Amplified Version)


10 Así como cada uno ha recibido un don especial —un talento, una capacidad que Dios le ha concedido por Su gracia—, úselo para servirse los unos a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

11 El que habla, hágalo como quien comunica las palabras de Dios; el que sirve, hágalo con la fortaleza que Dios provee, para que en todo Dios sea glorificado por medio de Jesucristo. A Él pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén.


“Cuando habla, le salen víboras de la boca”. Este es un dicho coloquial que usamos en mi país para describir a alguien cuyas palabras constantemente hieren, critican o destruyen.


Nunca me gustaría que alguien dijera eso de mí.


Sin embargo, debo confesar que más de una vez he usado mi boca para hablar mal de alguien o incluso para insultarlo. Esto último sucedió muy recientemente mientras manejaba en el tráfico de Houston.


Ayer vimos que todas hemos recibido uno o más dones por la gracia de Dios. También aprendimos cómo usar nuestros dones para servir a los demás, glorificar a Dios y administrar fielmente lo que Él depositó en nuestras manos, sin considerar un don más importante que otro.


Espero que hayas completado el cuestionario y comenzado a identificar tus dones espirituales. Si todavía no sabes cómo ponerlos en práctica, pídele a Dios que te muestre una necesidad concreta que puedas atender.


Hoy continuamos con la segunda parte de nuestro estudio de 1 Pedro 4:10-11 y nos enfocaremos en el versículo 11: cómo hablar conforme a la Palabra de Dios y cómo servir con la fortaleza que Él provee.



Cómo usar el don de hablar para glorificar a Dios


Chisme.

Calumnia.

Insultos.

Crítica.

Manipulación.

Desánimo.


Pero también:


Motivación.

Inspiración.

Consuelo.

Sabiduría.

Verdad.

Esperanza.


Nuestra boca y nuestra capacidad de hablar pueden utilizarse para muchas cosas, tanto buenas como malas. Con nuestras palabras podemos edificar a una persona o herirla profundamente.


Los medios de comunicación y los abogados conocen el poder de las palabras y saben que una misma idea puede presentarse de diferentes maneras. Nosotras también podemos cambiar el tono de voz o la expresión del rostro para comunicar desprecio sin pronunciar un insulto directo.


¿Alguna vez alguien te ha ofendido de una manera tan “educada” que después te preguntaste si realmente te había insultado? Las palabras pueden parecer correctas y, aun así, tener la intención de herir.


Nuestra manera de hablar puede cambiar según cómo nos sentimos y las circunstancias que estamos enfrentando.


Hablar conforme a la Palabra de Dios


Sin embargo, hay algo que nunca cambia: la verdad de la Palabra de Dios.

Pedro escribe: “El que habla, hágalo como quien comunica las palabras de Dios”. Esto se aplica especialmente a quienes enseñan, predican, aconsejan o comunican verdades espirituales. Sus palabras no deben utilizarse para promover una agenda personal, impresionar o manipular a los demás. Su responsabilidad es representar con fidelidad lo que Dios ha dicho.


Si has visto series de abogados, como Suits o The Good Wife, probablemente hayas notado cómo, en las escenas de la corte, una persona puede seleccionar cuidadosamente sus palabras para presentar una versión distorsionada de la verdad.


Esta es una de las estrategias que el enemigo ha utilizado desde el principio: cuestionar, distorsionar y tergiversar lo que Dios ha dicho.


Pensemos en el jardín del Edén. Dios había permitido que Adán y Eva comieran de todos los árboles, excepto del árbol del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, la serpiente cuestionó la instrucción de Dios, contradijo sus consecuencias y sembró dudas acerca de sus intenciones.


¿Tergiversas la verdad? 


¿Utilizas tus palabras para promover tu propia agenda, impresionar o manipular a los demás?


Si tienes facilidad para enseñar, explicar, animar, aconsejar o comunicar ideas con claridad, quizá Dios te haya dado un don relacionado con la palabra.


¿Cómo lo estás utilizando? ¿Tus palabras reflejan la verdad y el carácter de Dios?


¿Comunican amor, paciencia, bondad, mansedumbre y dominio propio?


¿Eres de las que cambia un poco la historia para agregarle “sal y pimienta”?


¿O quizá omites ciertos detalles para no quedar tan mal?


Amiga, aquí no hay juicio. Yo también me reconozco en muchas de estas conductas.


Mientras escribo, Dios me recuerda las ocasiones en las que he usado mi boca para herir, mentir, exagerar u omitir la verdad. Y mientras Él me las muestra, le pido perdón.


Cómo servir con la fortaleza que Dios provee y usar tus dones para servir a los demás


En este pasaje, Pedro reúne los dones en dos categorías generales: los dones relacionados con hablar y los relacionados con servir.


“…el que sirve, hágalo con la fortaleza que Dios provee, para que en todo Dios sea glorificado por medio de Jesucristo…”.

Quienes sirven de manera práctica también necesitan depender completamente de Dios.

Dios no solamente nos encomienda una tarea; también proporciona la fortaleza necesaria para realizarla. Esto es especialmente importante porque el servicio cristiano puede convertirse en una fuente de agotamiento cuando servimos:


  • Con nuestras propias fuerzas.

  • Para obtener aprobación.

  • Para sentirnos indispensables.

  • Para demostrar nuestro valor.

  • Sin descansar ni depender de Dios.


Pedro nos enseña a servir con la fortaleza que Dios suministra, no impulsadas por la necesidad de demostrar quiénes somos, a usar tus dones para servir a los demás.


¿Estamos sirviendo a Dios o tratando de impresionar a otros?


Una mujer me dijo una vez que había dejado de asistir a cierto servicio de una iglesia porque todo le parecía más un espectáculo que un tiempo de adoración.


Su comentario me dejó pensando: “¿A quién queremos impresionar: a la congregación o a Dios?”. No podemos impresionar a Dios, porque no existe nada que Él no sepa o no haya visto.


Dios desea que lo sirvamos con un corazón humilde, agradecido y completamente rendido a Él.


Cuando servir fuera de casa nos hace descuidar nuestro primer ministerio


En una ocasión, escuché el testimonio de un pastor con una profunda pasión por las misiones. Había dedicado gran parte de su vida al ministerio, pero llegó un momento en el que reconoció que su servicio fuera de casa había ocupado el lugar del servicio a su propia familia.


Mientras atravesaba una crisis familiar muy dolorosa, Dios lo confrontó con una realidad difícil: estaba atendiendo las necesidades de muchas personas, pero había descuidado algunas de las necesidades más cercanas. Con el tiempo, Dios trajo restauración a su familia y utilizó aquella experiencia para enseñarle a servir con prioridades más saludables.


Cuando él le preguntó a Dios por qué había sucedido esto, Dios le reveló que se había enfocado más en el servicio de la iglesia que el servicio de su casa. Gracias a Dios, su hijo fue rescatado de los vicios y regresó a los brazos de Dios, ahora con una familia propia.


¿Cómo está tu balanza hoy?


¿Sirves incansablemente fuera de casa mientras llegas agotada a las personas que viven contigo?


¿Quién está recibiendo lo mejor de tus fuerzas: tu trabajo, tus compromisos, tu ministerio o tu familia?


Servir no significa solamente cantar en la iglesia, enseñar una clase o recoger la ofrenda. Servimos a Dios cuando atendemos a nuestros vecinos, amigos, huérfanos, viudas y personas necesitadas. También servimos cuando amamos y cuidamos fielmente a quienes Dios ha puesto en nuestra familia: nuestro esposo, nuestros padres, hermanos e hijos.


El propósito de nuestros dones es glorificar a Dios


Pedro nos recuerda que el propósito final de nuestros dones es que las personas puedan ver a Dios, no que concentren su admiración en quien sirve.


Dios concede el don, presenta las oportunidades y proporciona la fortaleza. Por eso, cuando nuestro servicio produce fruto, la gloria le pertenece a Él.


Pedro no nos llama a competir para determinar quién posee el don más visible. Nos llama a ser fieles con aquello que Dios depositó específicamente en nuestras manos.


Dios no te dio un don para que demostraras tu valor, sino para que Su gracia pudiera alcanzar a otras personas a través de ti.


Aplicación práctica: examina cómo estás hablando y sirviendo


La aplicación práctica de hoy es apartar 15 minutos para estar a solas con Dios.


Primero, permanece unos minutos en silencio y pídele al Espíritu Santo que te muestre las ocasiones en las que has usado tus palabras o tu servicio para obtener aprobación, controlar, impresionar, manipular o demostrar tu valor.


Este ejercicio no tiene el propósito de llenarte de culpa, sino de ayudarte a reconocer patrones que quizá repites sin darte cuenta.


Confiesa delante de Dios aquello que Él te revele y recibe su perdón. Después, pídele sabiduría para reconocer la próxima oportunidad de hablar con verdad, edificar a alguien y servir con la fortaleza que Él provee.


Oremos.


Oración:


Padre Celestial, gracias por darnos dones espirituales tan especiales. Muchas veces no sabemos de donde provienen nuestras palabras o nuestra actitud de servicio, y ahora sabemos que proveen de Ti. Queremos honrarte con lo que sale de nuestra boca y de nuestro corazón. Ayúdanos a romper patrones de comportamiento, de nuestra lengua y de nuestro actuar que no te dan la gloria a Ti ni reflejan que Tú vives dentro de nosotros. Guíanos para saber cómo responder, cómo comunicarnos y cómo servirte dependiendo completamente de tus fuerzas y no las nuestras. No se trata de mi Señor, se trata de ti. En el nombre de Jesús, Amén.



PODCAST:



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