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Cómo Ser un Buen Padre Según la Biblia | 6 Cualidades de Dios

Mi familia


Lectura: Salmo 103:7-12 (versión AMP traducida al español)


A Moisés y a los israelitas les dio a conocer sus planes y lo que esperaba de ellos.

8Mi Dios es muy tierno y bondadoso; no se enoja fácilmente, y es muy grande su amor.

9 No nos reprende todo el tiempo ni nos guarda rencor para siempre.

10 No nos castigó como merecían nuestros pecados y maldades.

11 Su amor por quienes lo honran es tan grande e inmenso como grande es el universo.

12 Apartó de nosotros los pecados que cometimos del mismo modo que apartó los extremos de la tierra.


¿Y si te dijera que la Biblia contiene el mejor manual para criar hijos?


No fue escrito por un psicólogo, ni por un pediatra, ni por un experto en crianza.

Fue escrito por el mejor Padre que ha existido.


Dicen que uno aprende a ser mamá o papá sobre la marcha. Y, aunque creo que esto en parte es cierto, creo que nos hemos equivocado. La Biblia nos enseña cómo ser un buen padre o madre.


Cómo ser un buen padre según la Biblia


Dios creó un manual para Padres, simplemente tenemos que dedicar tiempo para leerlo y estudiarlo. Es una composición de 66 libros llena de historias, consejos, mandatos e instrucciones de cómo llevar una vida de acuerdo a Su voluntad. 


En el libro de los Salmos, Dios nos da claros ejemplos de cómo ser buenos padres. Él mismo las ejemplifica, y uno de sus hijos, el Rey David, reconoce varias cualidades que un buen padre tiene.


Hoy, veremos 6 de ellas. 



Las primeras tres cualidades de un buen padre


¿Tuviste o tienes buenos padres? 


¿Cuáles son las cualidades que puedes enumerar de ellos? 


Si no se te ocurre ninguna, porque tal vez no tuviste buenos ejemplos como padres, toma un minuto y ora en este momento y pídele a Dios que te muestre al menos una buena cualidad de tu mamá o de tu papá. 


No soy del pensamiento que todos somos buenos, porque no lo somos. Somos pecadores y el pecado está en nuestra sangre. Pero, fuimos creados a Su imagen y llevamos en nuestro corazón un anhelo de volver a Él.


Como seres humanos no somos buenos. Pero, como hijos de Dios, somos santificados por medio de la sangre de Jesús para poder estar cerca del Padre, ser limpias de todo pecado y hechas nueva criatura. 


Tal vez tu padre terrenal nunca estuvo presente, o estaba presente en cuerpo pero no en mente. Tal vez tuviste un padre injusto, que nunca escuchaba lo que tenías que decir y solo dictaba reglas. 


Tal vez tuviste una madre insensible, que nunca le importó cómo te sentías y solo quería que trabajaras y le ayudaras en la casa.


Tal vez tienes padres desagradecidos, que solo te buscan cuando necesitan dinero y nunca te aprecian como hija ni como persona.


Si te identificas con alguno de estos padres, lo siento. No me imagino lo duro que es no ser visto, apreciado, amado ni reconocido por las personas que te trajeron al mundo.


Y, por eso existe este libro de los Salmos, y el resto de los 65 libros en la Biblia. Porque cuando los lees, te das cuenta de que por siglos han existido padres imperfectos (tú y yo somos uno de ellos), que han cometido muchos errores al criar a sus hijos, pero por la eternidad ha existido un Padre Celestial que es todo lo contrario.


No estás sola si nunca tuviste un buen padre o madre.


En Éxodo 1, cuenta la historia de un faraón que mandó a matar a todos los bebés varones hebreos. El faraón era cruel y despiadado. No mostró ninguna misericordia por las madres. 


Imagina sostener a tu bebé recién nacido, oler su cabeza, escuchar su respiración, y que unos soldados entren a tu casa para arrebatarlo de los brazos. ¡No puedo ni pensarlo!

Sin embargo, David nos dice en el versículo 8 de este Salmo que Dios es misericordioso y lleno de gracia. No solo no nos da lo que nos merecemos cuando pecamos, sino que nos extiende favor y bendición sin que lo merezcamos. 


La cualidad número 1 de Dios en este pasaje es justicia. 


La cualidad número 2 de Dios en este pasaje es misericordia. 


La cualidad número 3 de Dios en este pasaje es lleno de gracia.


Al inicio parecen contradictorias ¿no crees? 


Déjame darte un ejemplo para ilustrar esto mejor.


Justicia, misericordia y gracia no son lo mismo


Imagina que estás manejando a exceso de velocidad y provocas un accidente. Llegas al tribunal y todas las pruebas demuestran que eres culpable.


Un juez justo no puede simplemente decir:


"No te preocupes. Vete a casa."


Eso no sería amor; sería injusticia, porque estaría ignorando la ley y el daño causado.


La justicia exige que alguien pague la multa o cumpla la condena.


Pero imagina que, después de dictar la sentencia, el juez se quita la toga, baja del estrado, toma su propio dinero y paga él mismo tu multa.


En ese momento, la justicia no fue anulada. La multa sí se pagó.


Pero tú recibiste misericordia, porque ya no tuviste que cargar con el castigo.


Y además recibiste gracia, porque alguien hizo por ti lo que jamás habrías podido hacer por ti misma.


Eso es exactamente lo que hizo Jesús en la cruz.


Dios no ignoró nuestro pecado. No hizo como si nunca hubiera ocurrido. La deuda fue pagada, pero por Cristo y no por nosotros.


Un buen Padre vela por sus hijos siempre, y les extiende una mano misericordiosa aún cuando pecan. 

Un padre que sabe controlar su enojo


En el libro de Ester capítulo 3, Amán, la mano derecha del rey, quería exterminar a todo un pueblo por su odio a Mardoqueo (el tío de Ester). No sé si Amán era padre de familia, pero con ese comportamiento espero que no.


Su envidia y su enojo lo consumió tanto que quiso vengarse con todas las personas para que nadie le quitara su puesto de ser la mano del rey. 


David nos dice también en el verso 8, que Dios es lento para enojarse. 


¿Cuánto tienen que desobedecer tus hijos para que tú te enojes y comiences a gritar?


¿A la 1, a las 2 y a las 3? O, ¿a la 1? 


¿Cuántas veces tiene tu esposo que dejar la ropa sucia fuera del tambo para que te enojes? 


¿Cada cuánto te enojas? O, ¿vives enojada?


Dios es lento para enojarse y abunda en compasión y en amor.


La cualidad número 4, 5, 6 de un buen padre son estas: lento para enojarse, compasivo y amoroso.


Cuando yo no reaccioné como Dios


Mi tercer hijo, que tiene 3 años, es muy aventurero y no le tiene miedo a nada. También tiende a ser el más desobediente. Le puedo decir las cosas de buena manera, mostrarle con ejemplos y aún así decide hacer su propia voluntad.


Una noche no hace mucho, estaba brincando en uno de los sofás (que por cierto está muy viejo) y tanto su papá como yo le dijimos que dejara de hacerlo porque se podía golpear. 


Pues no pasaron ni 5 minutos cuando se había golpeado la frente con la mesa de la esquina. Corrió donde mamá, lo abracé, lo consolé y pasó el susto. 


A los pocos minutos estaba haciéndolo de nuevo. Nuevamente, le volvimos a decir, esta vez con más firmeza y un poco de enojo en nuestra voz. Por segunda vez desobedeció y se volvió a golpear la frente con la misma mesa. 


Esta vez, mamá no fue tan compasiva. Mamá se enojó y lo regañó fuertemente. Y si te soy honesta, no sentía compasión por él. Mi enojo era mayor que mi dolor de madre. 


Y fue ahí cuando me di cuenta de que me parezco mucho menos a Dios de lo que me gustaría admitir.


Ahora que lo pienso, ¿pude haber sido más compasiva, lenta para enojarme y mostrarle amor? Sí.  Pero no lo hice.


Dios SIEMPRE es lento para enojarse, compasivo y amoroso. Dios es amor. Es su naturaleza. Él creó el amor. No hay forma de que Dios no muestre amor porque sería como no mostrarse a sí mismo. 


Dios no nos castiga como lo merecemos según nuestros pecados y ofensas. Ni tampoco nos niega su compasión aún cuando repetimos el mismo pecado día tras día.



Piénsalo:

¿Cuál es el pecado que estás repitiendo todos los días?


¿Llegas tarde a tu trabajo y le robas tiempo a tu empleador?

¿Juzgas a los demás todo el tiempo?

¿Mientes sobre cómo manejas las finanzas?

¿Estás siendo infiel en cuerpo o en pensamiento?


Cualquier otro pecado que repites todos los días, imagínate si Dios actuara como yo actué con mi hijo: “Ay no, la segunda es la vencida. Yo ya te lo había dicho y no hiciste caso. Ahora, lidia con esto tú misma.”


Creo que si Dios hiciera eso con nosotras, no tendríamos esperanza en este mundo ni en el venidero.


Ningún padre terrenal puede amar como Dios


Hayas tenido buenos padres terrenales o no, no hay ningún padre que tenga estas 6 cualidades y las ejecute a la perfección más que tu Padre Celestial.


Tan vasto como el universo (que es infinito) es su amor por nosotras. Nunca se acaba.

Cuando aceptas a Cristo, Dios separa tu pecado de ti, y no hay nada que pueda separarte de Él jamás ni volver a unir tus transgresiones contigo. 


El este nunca podrá convertirse en el oeste, ni el oeste en el este. Así mismo tus transgresiones han sido separadas, no hay forma de que vuelvan a darte tu identidad.


No puedes reflejar el corazón de un Padre que todavía no conoces.


Hay una canción de José Luis Perales que mi abuelita y mi mamá escuchaban que se llama ¿Y Cómo es Él? Parte de su letra dice:


¿Y cómo es él?

¿En qué lugar se enamoró de ti?

¿De dónde es?

¿A qué dedica el tiempo libre?


Estas son las preguntas que debes hacerte sobre tu Padre Celestial. Y las respuestas solo las vas a encontrar en los 66 libros de la Biblia. La manera en que ves a Dios determinará la manera en que te ves a ti misma y también la manera en que criarás a tus hijos. Comienza por los Salmos si no sabes por dónde iniciar, estoy segura que el Rey David sabe exactamente cómo es Su Padre y te lo describe a la perfección.


Oremos.


Oración:

Padre Celestial, que bendición poder llamarte Padre. Gracias a ti no somos huérfanas ni estamos perdidas sin rumbo. Gracias porque eres justo, misericordioso, lleno de gracia, lento para enojarte, compasivo, y lleno de amor. Gracias porque no nos das lo que nos merecemos sino que nos amas hasta el infinito y más allá. Ayúdanos a conocerte y reconocer en ti esas cualidades que necesitamos para ser buenas madres a nuestros hijos y los hijos de los demás. Que abunde en nosotras tu justicia, tu misericordia, la gracia, la lentitud para enojarnos, la compasión y el amor que solo podemos tener gracias a tu Espíritu Santo. En el nombre de Jesús. Amén.


PODCAST:



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