Cómo escoger la carrera correcta según la Biblia
- Melissa Fortín

- Jul 13
- 8 min read

Lectura: Hebreos 12:1-2
Por tanto, ya que estamos rodeados por una multitud tan grande de testigos de la fe, despojémonos de todo peso innecesario y del pecado que tan fácilmente nos atrapa. Corramos con perseverancia y constancia la carrera que Dios ha puesto delante de nosotros.
Mantengamos nuestra mirada fija en Jesús, el Autor y Perfeccionador de nuestra fe. Por el gozo que sabía que vendría después, soportó la cruz, sin dejarse vencer por su vergüenza, y ahora está sentado en el lugar de honor, a la derecha del trono de Dios.
Introducción
Yo quería ser mamá.
Pero, también quería ser empresaria. Es más, quería ser una empresaria exitosa.
Mi sueño era ayudar a un millón de mujeres.
Mi sueño era que mi nombre fuese reconocido como alguien de peso, de valor, de buena reputación.
Yo quería que el mundo conociera mi nombre, y me olvidé que el único que importaba ya lo conocía.
Si estás persiguiendo un sueño que parece inalcanzable y no sabes cúal carrera correr, este episodio te ayudará a saber cómo escoger la carrera correcta.
Y cuando hablo de carrera, no me refiero únicamente a la profesión que escoges o al trabajo que realizas. Me refiero al camino completo que Dios ha preparado para ti: tu fe, tu familia, tu llamado, tu trabajo y la manera en que utilizas todo lo que Él puso en tus manos.
Cuando un sueño noble ocupa el lugar de Dios
Hemos venido hablando de cómo Dios ha obrado milagros en mi vida y en la de mi familia.
Cuando me dio mi primer bebé a pesar de que los médicos me decían que no funcionaba el tratamiento.
Cuando nos mudamos a USA y lo perdimos todo pero Él vino a nuestro rescate.
Cuando decidí en obediencia cerrar mi negocio que estaba creciendo exponencialmente.
Quiero expandir un poco más en este último, porque dolió por mucho tiempo y me movió mi mundo patas arriba.
Yo no soy naturalmente obediente, especialmente cuando se trata de algo que yo quiero con todas mis fuerzas y que he puesto mucho empeño, esfuerzo, dedicación y trabajo para conseguirlo.
Yo crecí trabajando desde niña. Mis papás me enseñaron que el trabajo duro es digno y que si me dedico, consigo lo que quiero. Mi papá es uno de mis mejores mentores, que se ha levantado de las cenizas una y otra vez y aunque lo he visto derrotado, nunca le dura más de un día porque al siguiente ya está viendo cómo solucionarlo.
Este ha sido mi modus operandi toda mi vida: si no funciona, prueba de nuevo. Si no funciona, prueba otra estrategia.
Cuando el trabajo se convierte en tu identidad
Melissa Wellness fue como un bebé para mi. Me enamoré tanto de la idea de servir y ayudar que fue creciendo. Mis intenciones siempre fueron nobles, ayudar, servir, guiar, enseñar.
Pero, a lo largo del camino, mi enfoque se fue centrando solo en el negocio, solo en crecer, solo en Melissa Wellness, y el resto de mi carrera: mi familia, quedó en el asiento trasero.
Cuando Dios me pidió que cerrara mi negocio, no le obedecí a la primera. Me mandó muchos mensajeros a darme el mensaje, pero en lugar de obedecer yo racionalizaba.
Buscaba distintas estrategias para hacer crecer más el negocio, buscaba mentores de marketing, administración, publicidad, etc.
Me quedaba estudiando o trabajando tarde en la noche, me levantaba temprano y literalmente respiraba el negocio.
¿Es malo que una mujer trabaje o tenga un negocio?
No estoy diciendo que dejes de trabajar si eres mujer.
El mundo te enseña que si quieres triunfar en la vida de emprendedor, vas a tener que hacer sacrificios y probablemente tendrás que trabajar más horas que en un trabajo asalariado. Vas a beber, comer, dormir y respirar tu emprendimiento.
Y, la Biblia afirma lo del duro trabajo:
Proverbios 13:4 “El alma del perezoso desea y nada alcanza; pero el alma de los diligentes será prosperada.”
De hecho, la mujer de Proverbios 31 era una mujer que se levantaba temprano para trabajar y se acostaba hasta que todos tenían lo que necesitaban. Era una mujer diligente.
También administraba recursos, compraba propiedades y vendía el fruto de su trabajo.
La Biblia no condena que una mujer trabaje, emprenda o prospere. Lo que muestra es una mujer cuyo trabajo está integrado con su fe, su familia, su generosidad y el temor del Señor.
El problema no era mi negocio, sino mis prioridades
Pero, la diferencia entre esa mujer y yo, es que yo tenía prisa por dar terminado mi día. Tenía prisa porque mis hijos terminaran su escuela para que yo pudiera sentarme a trabajar. Y si, te confieso, con dolor en mi corazón: yo amaba más trabajar que estar con mis hijos. No porque sea mala madre, sino porque mi trabajo era mi escape del estrés.
Sentarme frente a la computadora y crear era lo que alimentaba mi alma.
El problema no era que yo estuviera trabajando mucho. El problema era que el trabajo se había convertido en mi identidad, mi refugio y la fuente de mi valor. Estaba intentando recibir de mi negocio algo que solamente Jesús podía darme.
Mi luz, mi verdad, mi vida no eran Jesús, era mi trabajo.
Proverbios 31 dice “Reconoce el valor de su trabajo y no tiene prisa por dar por terminado el día.”
Mi trabajo no sólo era Melissa Wellness. Yo le había orado años a Dios por un bebé y Dios me dio tres.
Y ahora estaba dejando en segundo lugar una de las responsabilidades más importantes que Dios había puesto delante de mí. El problema no era que tuviera un negocio. El problema era que el negocio había dejado de ocupar su lugar y estaba comenzando a ocupar el lugar de Dios y de mi familia.
Y por favor, no me mal entiendas. No abandoné a mis hijos nunca, simplemente no les daba mi 100% sino lo que quedaba de mi después de invertir mi 100% en mi negocio.
¿Qué peso te impide correr la carrera de Dios?
En esta carta a los Hebreos, el versículo 1 dice “Por tanto, ya que estamos rodeados por una multitud tan grande de testigos de la fe, despojémonos de todo peso innecesario y del pecado que tan fácilmente nos atrapa. Corramos con perseverancia y constancia la carrera que Dios ha puesto delante de nosotros.”
¿Cuál es el pecado y el peso innecesario que tan fácilmente te atrapa?
¿El dinero?
¿El reconocimiento?
¿Cómo te ves?
Tus hijos están observando la carrera que corres
En su contexto, esa gran multitud de testigos se refiere a los hombres y las mujeres de fe mencionados en Hebreos 11. Sus vidas testifican que es posible confiar en Dios, perseverar y obedecer aun cuando no podemos ver todavía el cumplimiento de Sus promesas.
Pero este pasaje también me hizo pensar en quienes observan hoy nuestra carrera: nuestros hijos. Ellos ven nuestras prioridades y aprenden no solamente de lo que les decimos, sino de la manera en que vivimos.
Si nos ven trabajando arduamente mientras ignoramos a nuestra familia…eso es lo que ellos verán como normal.
Si lo que ven es que el dinero es nuestro señor, se pasarán la vida pensando en cómo hacer más dinero.
Si lo que ven es que constantemente estamos buscando ser reconocidas por nuestro jefe, o el círculo de amigas, o las redes sociales, nunca sabrán que el mayor reconocimiento viene de Jesús y que lo tienen desde antes de haber nacido.
En este versículo hay algo muy importante que no quiero que te pierdas. Al final dice “la carrera que Dios ha puesto delante de nosotros.”
No habla de “la carrera” como cualquier carrera. Habla de la carrera que Dios ha puesto delante de ti.
Cada persona tiene su propia carrera que correr.
Cómo escoger la carrera correcta según la Biblia
¿Cómo escoger la carrera correcta entonces?
El versículo 2 te da la respuesta:
“Mantengamos nuestra mirada fija en Jesús, el Autor y Perfeccionador de nuestra fe. Por el gozo que sabía que vendría después, soportó la cruz, sin dejarse vencer por su vergüenza, y ahora está sentado en el lugar de honor, a la derecha del trono de Dios.”
Amiga, la carrera correcta es la que mantiene tus ojos puestos en Jesús.
Si la carrera que estás corriendo te exige desplazar a Jesús, desobedecer Su Palabra o sacrificar continuamente aquello que Dios te confió, es momento de detenerte y preguntarle si estás corriendo en la dirección correcta.
Jesús realizó muchos viajes de trabajo. Pero nunca dejó de obedecer a Dios en el camino.
Y, nunca perdió el enfoque de su meta final: la cruz.
Jesús vivió cada etapa de su vida con intención y paciencia.
Jesús nunca trató a las personas como interrupciones
¿Te acuerdas cuando Jesús iba camino a la casa de Jairo porque su hija estaba gravemente enferma?
En medio de la multitud, una mujer que llevaba doce años padeciendo de flujo de sangre tocó Su manto. Jesús sabía que Jairo lo esperaba y que la situación era urgente, pero aun así se detuvo. No trató a aquella mujer como una interrupción. La miró, la escuchó y la llamó “hija”.
Cuando yo me sentaba a trabajar en mi computadora y alguno de mis hijos me venía a interrumpir, me molestaba. Yo estaba ocupada, y ellos venían con “cosas no importantes” a interrumpirme.
Yo había perdido mi enfoque, y Dios lo sabía.
Dios estaba salvando a mi familia cuando me dijo “cierra tu negocio”. Dios estaba salvando mi legado porque mis hijos estaban viendo en mí la forma equivocada de ser una mujer diligente y trabajadora.
Y ahora que lo escribo, Dios sigue esclareciendo aún más su decisión.
Yo le pedí a Dios tres niñas, y él me dio tres varones. Varones que algún día podrían formar sus propias familias y que están aprendiendo de nosotros qué significa trabajar, amar, servir y estar presentes.
Amiga, yo no estoy aquí para juzgarte si trabajas o si te quedas en casa. Tienes que saber que Dios tampoco te juzga. Dios te ama y quiere lo mejor para ti.
Tres preguntas para saber si estás corriendo la carrera correcta
Lo que quiero hoy es que te tomes un tiempo para pensar en el propósito de tu vida.
¿Quién se lleva lo mejor de ti: tu trabajo o tu familia?
¿Qué está desviando tus ojos de Jesús?
¿Cuáles son las distracciones que el mundo te ha puesto enfrente para que dejes de ver a Dios como tu meta final?
Estas respuestas solo las sabes tú.
Una vez que las descubras, pídele a Dios sabiduría. Santiago nos dice que cuando le pidamos a Dios sabiduría Él nos la dará abundantemente.
Dios ya tiene una carrera para que corras. Pídele que te la revele. Porque el premio al final de ella es mucho mejor que cualquiera que tú tengas planificado.
Quizás Dios no te está pidiendo que renuncies a tu trabajo.
Quizás te está pidiendo que cambies el lugar que ese trabajo ocupa en tu corazón.
Tal vez necesita enseñarte a trabajar sin convertir el éxito en tu identidad, a descansar sin sentir culpa o a volver a estar presente con las personas que te confió.
No copies la carrera de otra mujer.
Fija tus ojos en Jesús y pídele que te muestre cuál es la tuya.
Oremos.
Oración:
Padre Celestial, gracias por darnos el ejemplo por medio de tu hijo Jesucristo de cómo servir, trabajar, enseñar y vivir una vida con propósito firme. Danos la sabiduría necesaria para correr la carrera que tú has puesto delante de nosotros. Danos paz en cada decisión que tengamos que tomar para alinear nuestra vida hacia tu meta. Provéenos de todo lo necesario mientras hacemos los cambios necesarios en obediencia. En el nombre de Jesús, Amén.
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