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Cómo criar hijos exitosos según la Biblia

Padres graduando a sus hijos


Lectura: Deuteronomio 11:18-21


“Guarden estas palabras de Dios profundamente en su corazón y en su mente. Llévenlas como recordatorios constantes en todo lo que hagan y contemplen. Enséñenlas diligentemente a sus hijos: hablen de ellas cuando estén en casa, cuando vayan por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten. Escríbanlas en las entradas de sus hogares, para que ustedes y sus descendientes disfruten de una larga vida en la tierra que Dios prometió, mientras los cielos permanezcan sobre la tierra.”


“Sacar excelentes notas no te asegura que serás exitoso en la vida.”


Eso me dijo mi abuelita Corina cuando yo todavía era una niña.


No recuerdo dónde estábamos ni qué había provocado aquella conversación. Pero sí recuerdo esas palabras, porque contradijeron todo lo que yo creía sobre el éxito.


Yo amaba estudiar. Sacaba buenas notas y me esforzaba por hacer todo correctamente.


Sin embargo, mi abuelita quería enseñarme que los reconocimientos, los títulos y los premios podían abrirme algunas puertas, pero no podían enseñarme a vivir.


En aquel momento no lo entendí. Años después, cuando comencé a criar a mis propios hijos, sus palabras adquirieron un significado completamente diferente.



¿Qué significa realmente criar hijos exitosos?


Si hoy estás criando hijos, y quieres que sean exitosos en la vida, quédate porque este episodio te dará la guía exacta de cómo hacerlo.


Fui hija única durante 14 años y amaba estudiar y aprender. Siempre he sido una persona de listas: hago lo que me piden y me gusta hacerlo bien. Sacar buenas notas era parte de mi identidad.


Mi papá se acostumbró tanto a verme sacar 100 que, cuando obtenía una calificación de 85 o menos, me preguntaba: “¿Qué pasó con el 100?”.


Sin embargo, alrededor de los 12 años, las palabras de mi abuelita comenzaron a resonar en mi mente: “De nada me sirve sacar 100 si no tengo un propósito para mi vida”.

Yo todavía no comprendía completamente lo que eso significaba, pero sus palabras ya habían quedado sembradas en mi corazón.


Hoy, al mirar hacia atrás, pienso que mi abuelita probablemente sabía que no estaría aquí para ver en quién me convertiría. Tal vez por eso procuraba darme, desde niña, consejos que pudiera guardar, atesorar y utilizar muchos años después.


Cómo me gustaría sentarme hoy en el porche de su casa y contarle todo lo que Dios ha hecho conmigo.


No sé si mi abuela se consideraba una mujer exitosa. Gran parte de su vida había sido secretaria, pero otra gran parte de su vida se dedicó a ser ama de casa y mamá de 9 hijos. 


Yo le doy el premio del éxito del mundo mundial…criar 9 hijos no tiene comparación a nada.


Pero, puedo imaginar, que muchos consejos que te dan tus abuelos y padres es porque no quieres que cometas los mismos errores que ellos, y te los dan con todo el amor del mundo, deseándote lo mejor.


La última enseñanza de Moisés para una nueva generación


Lo mismo le estaba sucediendo a Moisés en este capítulo de Deuteronomio. 


Dios ya le había dicho a Moisés que no entraría en la Tierra Prometida. Después de 40 años en el desierto, la nueva generación de israelitas estaba a punto de entrar en la tierra que Dios les había prometido.


Como un padre espiritual que sabe que no podrá acompañar a sus hijos en la siguiente etapa, Moisés comenzó a transmitirles la sabiduría y las instrucciones de Dios.


La generación que había salido de Egipto prácticamente había desaparecido. Ahora, sus hijos se preparaban para heredar la promesa y necesitaban aprender a vivir en obediencia, aun cuando Moisés ya no estuviera con ellos.


Moisés había vivido las promesas de Dios desde el inicio. Había vivido la opresión de Egipto. 


Moisés había conocido la opresión de su pueblo y también los privilegios de la casa de Faraón. Después tuvo que huir de Egipto y vivir como extranjero en Madián. Finalmente, Dios lo utilizó para liberar a una nación que muchas veces dudó, se rebeló y le hizo la vida de cuadritos durante 40 años.


Moisés tenía algo que muchos no tenían: experiencia.


Y, tenía algo muy importante: una relación íntima con Dios. Tan íntima que Dios hablaba con él de una manera extraordinariamente directa y personal.


Esta relación con Dios le permitió hablar al pueblo con autoridad y darles el mejor consejo posible:


Guarden estas palabras de Dios profundamente en su corazón y en su mente. Llévenlas como recordatorios constantes en todo lo que hagan y contemplen. Enséñenlas diligentemente a sus hijos: hablen de ellas cuando estén en casa, cuando vayan por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten. Escríbanlas en las entradas de sus hogares, para que ustedes y sus descendientes disfruten de una larga vida en la tierra que Dios prometió, mientras los cielos permanezcan sobre la tierra.

La enseñanza que debía comenzar en el corazón de los padres


¿De qué palabras hablaba Moisés?


En los versículos anteriores, Moisés había recordado al pueblo las condiciones del pacto y las instrucciones que Dios les había dado:


  1. Ama al Señor tu Dios.

  2. Sírvele con todo el corazón y el alma.

  3. Obedece cuidadosamente sus mandamientos.

  4. No permitas que tu corazón sea engañado.

  5. No te apartes de Dios para adorar otras cosas.

  6. Recuerda que la obediencia trae bendición y la idolatría trae consecuencias.


Dios, por medio de Moisés, les estaba pidiendo a los israelitas que guardaran profundamente Su Palabra, Sus mandamientos y las condiciones del pacto, y que después los enseñaran diligentemente a sus hijos.


Sus hijos no habían presenciado todo lo que la generación anterior había visto: las señales en Egipto, las diez plagas, la apertura del mar Rojo y otros actos poderosos de Dios. Por eso, la siguiente generación necesitaría conocer a Dios por medio del testimonio y la enseñanza diligente de sus padres.


Si Moisés no hubiese vivido todo lo que vivió y no hubiese tenido una relación personal e íntima con Dios, no tendría todos estos consejos ni mandamientos que pasarle a su descendencia. 


A medida que fui creciendo, me enfoqué todavía más en las buenas notas, en ser la mejor alumna, ganar premios y convertirme en una empleada ejemplar. Medía mi éxito por medio de lo que el mundo decía de mí.


Al llegar a mis treinta, comprendí que aquellos reconocimientos no tenían el valor permanente que yo les había atribuido. A un jefe no le interesa demasiado si fuiste la mejor estudiante de tu clase. Le importa que produzcas resultados, ayudes a la empresa y capacites bien a otras personas. Los elogios simplemente cambian de forma, pero nunca terminan de decirte quién eres.


Si tus hijos sacan buenas notas, recibirán elogios y reconocimientos durante las ceremonias escolares. Pero ¿qué sucederá cuando esos aplausos terminen?


¿Esos premios aseguran que serán buenos padres o madres?


¿Sus logros académicos garantizan que tratarán a los demás con amor y respeto?


¿Cada actividad extracurricular les enseñará a ser esposos y esposas fieles, capaces de cumplir su promesa hasta que la muerte los separe?


Nada de eso es malo. Las buenas calificaciones, el deporte, la música y la disciplina pueden ser herramientas valiosas. El problema comienza cuando confundimos esas herramientas con el propósito principal de la crianza.


El enemigo quiere convencernos de que, mientras más actividades hagan nuestros hijos y mejores calificaciones obtengan, significa que estamos haciendo bien nuestro trabajo. Podemos obsesionarnos tanto con llenar sus agendas y preparar sus currículos que terminamos relegando lo más importante: cultivar una relación personal con Dios, primero en nosotras y después en ellos.


Antes de comenzar a dar homeschool con mis hijos, entrevisté a varias mamás veteranas que ya habían graduado hijos de homeschool. 


Una de las preguntas que les hice fue: “¿Qué harías diferente si tuvieras que hacerlo de nuevo?”

Una de ellas me contestó algo que jamás se me va a olvidar. Me dijo, “Me hubiera enfocado menos en lo académico y les hubiera enseñado más a amar a Jesús con todo su corazón. Todo lo demás habría encontrado su lugar después”.


Dios sabía que yo necesitaría esas palabras, así que me hizo guardarlas en mi corazón.

Mi hijo mayor no aprende como yo. Al principio no disfrutaba la escuela y nuestro comienzo fue muy difícil debido a sus desafíos de aprendizaje y a su perfeccionismo, bueno, en esto último sí se parece a mí.


Dios tuvo que transformar mi manera de pensar. Tuve que dejar de perseguir “los cienes” y comenzar a buscar la gracia y la misericordia. Tuve que aprender que mi hijo no necesitaba convertirse en una copia de mí para cumplir el propósito que Dios había diseñado para él.


Cómo criar hijos exitosos según la Biblia


Entonces, ¿cómo criar hijos exitosos según la Biblia? Enseñándoles quién es Dios: Su carácter, Su bondad, Su gracia y Su misericordia. Pero también mostrándoles, mediante nuestro ejemplo, cómo se ve una relación personal e íntima con Él. Allí comienza el verdadero éxito.


Antes de enseñarles la Palabra de Dios a tus hijos, tienes que permitir que esa Palabra transforme primero tu propia vida. No puedes transmitir profundamente aquello que para ti continúa siendo solo información.


Deuteronomio 11 nos enseña que la Palabra no debía limitarse a una lección formal. Debía gobernar cada parte de la vida:


  • Cómo trabajas.

  • Cómo administras tu hogar.

  • Cómo tratas a las personas.

  • Cómo tomas decisiones.

  • Cómo adoras.


Que tus hijos no solamente escuchen lo que Dios ha dicho, sino que puedan verlo reflejado en la manera en que vives.


Un reto para comenzar hoy


Amiga, hoy quiero proponerte un reto. No necesitas ser teóloga (yo tampoco lo soy), memorizar toda la Biblia ni conocer todas las respuestas.


Escoge un versículo bíblico. Léelo despacio y pregúntale a Dios: “¿Qué quieres enseñarme por medio de este pasaje?”.


Después, siéntate con tus hijos, aunque ya sean adultos, y cuéntales una historia personal que les permita comprender esa verdad. Incluye el versículo y léelo directamente de la Biblia frente a ellos.


Después de sembrar esa semilla, confía en que Dios puede utilizarla.


Es posible que se incomoden si nunca lo has hecho. Tal vez no respondan como esperas o incluso parezca que no están escuchando. No permitas que eso te desanime. La responsabilidad de sembrar te corresponde a ti; la obra profunda en el corazón le corresponde a Dios.


Isaías 55:10-11 nos recuerda:


 “Así será Mi palabra que sale de Mi boca; no volverá a Mí vacía [inútil, sin resultado], sin haber realizado lo que deseo y sin haber cumplido con éxito el propósito para el cual la envié».


Quizá hoy no veas el fruto de esa conversación. Mi abuelita tampoco llegó a ver todo el fruto de las palabras que sembró en mí. Pero décadas después, aquí estoy: recordándolas, poniéndolas en práctica y compartiéndolas contigo.


El verdadero éxito comienza con una semilla


Hoy mismo puedes comenzar a sembrar en tus hijos una definición diferente del éxito, incluso si ya son adultos. Y si ellos ya están criando a sus propios hijos, las palabras que compartas podrán convertirse en un tesoro para ellos y para tus nietos.


¿Cómo criar hijos exitosos según la Biblia?


Guarda la Palabra de Dios en tu mente y en tu corazón. Permite que transforme tu manera de vivir. Después, enséñala diligentemente a tus hijos: cuando estén en casa, cuando vayan por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten.


Las buenas calificaciones pueden abrirles algunas puertas. Pero solamente Dios puede enseñarles quiénes son, para qué fueron creados y cómo vivir una vida que produzca fruto eterno.


Y hasta el cielo le envío un abrazo a mi abuelita Corina. Me hace mucha falta. Ella no llegó a ver todo lo que sus palabras produjeron, pero la semilla que sembró en aquella niña todavía continúa dando fruto.


Oremos.


Oración:


Padre Celestial, gracias por darnos la guía paso a paso de cómo debemos conducirnos en la vida para ser exitosas. Gracias por crear un lazo entre tú y nosotros, por medio de Jesús, para poder tener una relación personal contigo. Nos diste la salida, nos diste la solución y nos las has dado con amor, gracia y misericordia. Ayúdanos a poder criar hombres y mujeres que te amen, te respeten y sirvan a los demás. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.


PODCAST:



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